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Al finalizar esta primera parte del estudio quisiera señalar, a modo de recapitulación lo que se puede establecer o lo que hemos hallado a partir de lo investigado y lo que queda pendiente para ser analizado ya sea en éste o en otros trabajos

1. Hallazgos principales

En el terreno de los hallazgos, considero también los no-hallazgos, vale decir: constituye un avance el hecho de poder establecer qué es lo que no hay investigado o no se ha encontrado sobre un tema. Siendo el terreno de esta investigación considerablemente vasto y multifacético, considero un buen resultado, si puedo establecer con alguna precisión y dentro de los límites establecidos, los principales problemas de mi objeto de estudio.

El recorrido de aportes en el tema, va mostrando de qué manera se enriquece la cuestión clásica de itinerario,352 vías, pruebas, noches, con los aportes de la psicología, a los que espontáneamente recurre la teología espiritual. Esta perspectiva nos permite apreciar que se da una espontánea interdisciplinariedad en las mismas expresiones utilizadas, por ejemplo: “crisis espiritual”. La palabra crisis, como hemos visto al estudiar la etimología del término, no pertenece originariamente al léxico de la espiritualidad, sin embargo los autores la van incorporando para describir una realidad que los lectores conocen bien: la crisis, y una determinada crisis, la espiritual. Por lo tanto, el diálogo con la psicología ya está entablado cuando nos ponemos a investigar el tema; se trata de un diálogo interdisciplinar que encontramos comenzado, y que en todo caso, lo profundizamos y estudiamos.

En el repertorio de autores espirituales que elegimos en aportes al tema, se pueden apreciar los acentos con que se lo trata desde la perspectiva espiritual: desde una perspectiva casi exclusivamente teologal: Keating;353 en diálogo con la Biblia y la tradición espiritual, Nemeck-Coombs.354

Junto con el tema crisis, aparecen dos elementos: la percepción del proceso en el cual se gesta y se manifiesta la crisis y la necesidad de un acompañamiento. La metáfora del parto, tal como lo expresé en la hipótesis de trabajo, se revela adecuada para indicar la gestación, la procesualidad y la necesidad de acompañamiento. Este aspecto quedó de

manifiesto en el capítulo sobre M. Guenther,355 en el cual también se vio la

conveniencia de formar acompañantes espirituales que estén preparados para estar junto a estos procesos de crisis.

La aproximación desde la psicología, trajo consigo otros hallazgos; el primer hecho a destacar, es el abundante material que ofrecen los estudios de intervención en crisis. A partir del artículo programático de E. Lindemann, se desarrolló una bibliografía tan abundante, que alguien podría objetar mi elección de K. Slaikeu.356

352

Cf. F.K.NEMECK –M.T.COOMBS, Nuestra Trayectoria Espiritual.

353

Cf. TH.KEATING, Crisis de fe, crisis de amor. Tal vez en este autor, que responde a una línea más clásica, es donde se ve más la prescindencia del diálogo con la psicología, aunque no se puede decir que esté des-contextualizado, ya que hay referencias a la situación actual.

354

Cf. F.K.NEMECK –M.T.COOMBS, Nuestra Trayectoria Espiritual.

355

Cf. M.GUENTHER, Holy Listening. The art of Spiritual Direction.

356

Es de destacar que hubo, desde mitad de la década de los ’80, el comienzo de una “avalancha” de libros sobre intervención en crisis, en especial en EE.UU. Con el tiempo esta proliferación, con repeticiones y aplicación del tema crisis en distintos contextos – escuelas, servicios telefónicos, entrenamiento para fuerzas de seguridad, etc.–, fue cediendo, con excepción del repunte sucedido, después del 11/9/2001.

En este momento, el ritmo de publicación es parejo, y muchos de los textos de intervención en crisis se publican como manuales.357 La repetición de los ítems y de los autores nos permite decir que lo que se investiga y define sobre el tema, está fundamentalmente en lo desarrollado en el capítulo dedicado a Slaikeu.358 Por supuesto en sus características generales o trazos más gruesos: definición de crisis, tipos de crisis y posibilidades de intervención de primera y segunda instancia.

Otra constante es la integración del proceso de duelo como parte de la crisis o como crisis en sí misma. Este es otro hallazgo de esta parte del trabajo: la importancia del proceso de duelo, su riqueza y características. Ha sido relevante estudiar el acompañamiento en los procesos de duelo, porque allí tenemos muchas pautas para la comprensión de las crisis. En especial es inspiradora la idea de proceso: pensar el duelo como proceso, nos ayuda a reflexionar en la crisis como tal.

Aquí la precursora y referente es indiscutiblemente la Dra. Kübler-Ross. Su percepción de la dinámica del duelo y de los procesos de terminalidad han sido una herramienta verdaderamente revolucionaria del acompañamiento a las personas que viven dichas instancias. Con el transcurso del tiempo, la teoría de Kübler-Ross ha sido matizada, y hoy se habla más que de un proceso en etapas, de tareas que deben realizarse, de modo tal que el doliente adopte un rol más activo en la evolución de su duelo.359

2. Temas pendientes

Las investigaciones suelen ser interesantes precisamente por los interrogantes abiertos que dejan, por las nuevas preguntas que suscitan. Aquí el gran pendiente es una reflexión sistemática sobre la crisis espiritual. En relación con ese tema, hay también otras cuestiones a profundizar:

357

Entre los más difundidos:D.C.AGUILERA, Crisis Intervention: Theory and Methodology, St Louis, 1997; J.L.GREENSTONE,S.C.LEVITON, Elements of Crisis Intervention: Crises and How to Respond to Them, Florence, Kentucky, 2001; A. R. ROBERTS (ed.), Crisis Intervention Handbook: Assessment, Treatment, and Research, New York, 2005; K. KANEL, A Guide to Crisis Intervention, Florence, Kentucky, 2006; R.K.JAMES, Crisis Intervention Strategies, Florence, Kentucky, 2007; L.EVERSTINE

D.SULLIVAN EVERSTINE -J.I.RODRIGUEZ, Personas en crisis,México, 2007.

358

Cf. C.PINEDA MARÍN-W.LÓPEZ-LÓPEZ, “Atención Psicológica Postdesastres: Más que un «Guarde la Calma». Una Revisión de los Modelos de las Estrategias de Intervención” Terapia Psicológica 28-2 (2010) 155-160.

359

Muy interesante el enfoque de “tareas” de duelo que propone R.A.NEIMEYER en Aprender de la pérdida. Una guía para afrontar el duelo, Barcelona, 2007. Este autor que pertenece a una línea de tipo cognitivo-constructivista, habla de la diferencia entre los significados más estructurados y que se expresan verbalmente sobre las experiencias de duelo y un nivel de significación más tácito, a menudo de carácter más nuclear y pre-verbal. Los significados más verbales a menudo conforman las "explicaciones" del sujeto a su experiencia emocional, mientras que los pre-verbales conforman el significado emocional profundo de esa experiencia. Obviamente el trabajo terapéutico o de acompañamiento debe apuntar a llegar al nivel pre-verbal. Para llegar a ese nivel, hay que trabajar en una reconstrucción de significados, que no acontece por sí misma –como en las teorías de etapas–, sino sobre las que hay que accionar. El trabajo de resignificación, que es la tarea fundamental en esta conceptualización, le da un rol mucho más activo a los dolientes en su proceso.

a. Nuevas palabras, nuevas sistematizaciones: una cuestión está planteada en el hecho de que hay elementos, aportes, inquietudes por reformular. Hay temas tradicionales de la espiritualidad cristiana, tales como el tema del itinerario y los umbrales, crisis o puntos clave que cualifican ese itinerario. Existe la dificultad, en este punto concreto, que no se pueden mezclar categorías tradicionales –por ejemplo, vías o purificaciones–, con categorías nuevas –tales como madurez, crisis o proceso–. En la lectura de los místicos veremos, sin embargo, que aunque los autores clásicos designan algunas realidades con un nombre diverso al que nosotros emplearíamos en la actualidad, estamos no obstante hablando de lo mismo. Esta “homologación”, útil y fructífera en muchos casos, no siempre puede hacerse sin el peligro de concordismo o de descontextualización. Una palabra o un concepto nuevo reclaman un contexto nuevo, un sistema distinto.

b. La novedad del tema crisis dentro de la teología espiritual: no sólo las palabras y la sistematización está cambiando en el ámbito de la teología espiritual; pude darme cuenta que el tema crisis es nuevo. El estado de la cuestión, en el apartado dedicado a la teología/espiritualidad, da cuenta también de dicha novedad: no hay libros de teología espiritual que lo traten, pero sí hay muchos libros de espiritualidad que lo hacen, por lo cual hay mucha experiencia cristiana en este sentido, aunque no haya mucha reflexión sistemática al respecto.

c. La crisis espiritual implica un duelo: la literatura espiritual también habla de la crisis como duelo, así como la psicología en los últimos decenios ha redescubierto este proceso, en especial en su dimensión de acompañamiento. El duelo requiere un seguimiento, un acompañamiento, que es inherente a una buena resolución o cierre del mismo. La crisis tiene una dimensión de duelo, por lo tanto la crisis en ese aspecto –y en otros también–, requiere de acompañamiento para una buena resolución.

Esto está claro, lo que no está tan claro es cómo llevar adelante ese acompañamiento, se pueden proponer pautas, ciertamente, pero esas pautas ¿están debidamente fundamentadas y consensuadas?, o ¿dependen más de una escuela espiritual o una teoría particular?

d. El acompañamiento espiritual que requieren las crisis: lo que acabo de decir, nos lleva también a la cuestión de la transformación que está experimentando el acompañamiento espiritual. La dirección espiritual es un tema clásico, pero esta

dirección ha ido deviniendo acompañamiento en los años del post-concilio; la misma terminología nos está indicando que esta praxis eclesial, tradicional, está cambiando hacia una vertiente no directiva que se refleja en el modo concreto en el que se la practica. Esto también marca un cambio de sujeto en el acompañante, que en muchos casos vuelve a ser laico, como en los primeros siglos de la Iglesia, en los que el acompañamiento lo hacían los monjes.

Podemos ver, entonces que el escenario teórico desde el punto de vista de la teología/espiritualidad es nuevo y complejo, pero por lo mismo, hay mucho para investigar y decir.

e. La psicología se ha desarrollado más en este terreno, desde la década del ’60 utiliza de una manera extendida y análoga el término crisis. Las escuelas psicológicas y las diferentes psicoterapias proponen diversos significados, teorizaciones y consiguientes tratamientos para las crisis psicológicas. Precisamente por la dificultad de estas determinaciones, que implican opciones por una visión del hombre y de la sociedad, y

que me llevaban demasiado lejos en la génesis del problema para lo que yo quería investigar, opté por la intervención en crisis, la cual, siendo una profundización en el tema, brinda los elementos teóricos necesarios –definición, tipos de crisis y formas de acompañamiento–, sin hacer las antedichas opciones de escuela. La intervención en crisis es una disciplina nueva, desarrollada en el contexto de hechos especiales,360 y pensada para los servicios de emergencias, de rescate, para que los distintos agentes comunitarios que intervienen en una situación de desastre, sepan cómo proceder. Estos agentes pueden ser bomberos, policías, asistentes sociales, personal de servicios de salud, pastores, sacerdotes, rabinos, etc. Por ese motivo el material de intervención en crisis siendo sumamente específico, es también muy accesible, porque los destinatarios de esta literatura no tienen necesariamente formación psicológica.

Esta disciplina es eminentemente norteamericana, no sólo en cuanto a su origen –que hemos detallado–, sino en cuanto a su enfoque y desarrollo: su pragmatismo y funcionalidad constituyen su límite más importante y al mismo tiempo, su mejor posibilidad. El límite es, precisamente, el de las definiciones simples y eficaces, dadas para poder diagnosticar y acompañar sin hacer profundizaciones sobre la naturaleza de las patologías. Su posibilidad es la prolija observación fenomenológica del proceso, una observación en algún punto neutra, que permite visualizar con nitidez el problema. Esta posibilidad es muy provechosa y de alta utilidad para mi investigación, en la que preciso por parte de la psicología, sobre todo una descripción aguda del fenómeno de una crisis personal que no excluya lo comunitario.

Desde el comienzo del desarrollo del tema de intervención en crisis, se lo ligó a la cuestión del duelo, recordemos que el título del mentado artículo de Lindemann es: “Symptomatology and management of acute grief”: sintomatología y manejo del dolor agudo. El duelo no es más que el manejo del dolor, y en esa línea se encaminaba la reflexión; en el fondo, se trata de cómo hacer el proceso de duelo, de luto por las personas, situaciones, experiencias o cosas perdidas.

Vale decir, la relación entre crisis y duelo, desde el punto de vista psicológico, está clara desde el comienzo. El asunto es ver cómo se inserta el duelo en una crisis espiritual: ¿Qué es lo que se pierde, espiritualmente hablando, en una crisis? ¿Qué es lo que amerita un duelo, desde el punto de vista espiritual? ¿Hay algún duelo que no sea espiritual?

3. Síntesis conceptual y líneas emergentes de investigación

Dada una situación de crisis humana ¿cómo se responde desde la fe? Este es un modo de abordar la cuestión, un modo, que sin embargo, deja pendiente o no responde otros interrogantes, en particular hay dos que parecen quedar pendientes: una crisis espiritual, en una primera aproximación, parece algo más específico, por ejemplo una crisis de fe o una crisis de vocación dentro de la Iglesia ¿cómo se responde a esa crisis que toca, ciertamente lo humano, pero que comienza en la esfera de lo considerado estrictamente “espiritual”?

360

Como hemos recordado varias veces, esta disciplina comienza con el artículo de Lindemann, en el que él describe la evolución de los sobrevivientes de un incendio en un club nocturno de Boston, a comienzos de la década del ’40. Cf. E. LINDEMANN, “Symptomatology and management of acute grief”, en:

American Journal of Psychiatry 101 (1944) 141-148. Para que nos demos una idea, es algo similar a lo que podría hacer un médico que escribiera un artículo sobre la evolución de las historias clínicas de los sobrevivientes del incendio del local “República de Cromagnon”, sucedido el 30/12/04.

El segundo interrogante, o conjunto de interrogantes que se desprenden del primero: ¿hay una crisis vital que no sea espiritual? ¿Hay alguna crisis espiritual que no sea vital y humana? ¿Cómo se contempla y trabaja el proceso de madurez humana o las heridas psicológicas de una persona desde el punto de vista espiritual? ¿Cómo se mira humana y psicológicamente un proceso espiritual? ¿Cuál es el punto de cruce y de distinción entre los dos campos?

Creo que estamos en el centro de la problemática, objeto de este estudio. Adentrándonos en la experiencia de los místicos, seguramente encontraremos nuevas pautas para una respuesta.

PARTEII:

LACRISISESPIRITUALALALUZDEDOSMAESTROS