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2. LA TENTACIÓN A LA LUZ DE LAS CIENCIAS HUMANAS

2.4. Conclusión

El acercamiento hecho a estas disciplinas humanas junto con el aporte de San Agustín, nos ha permitido encontrar una mirada más humana sobre la realidad de aquello que llamamos tentación. La necesidad estriba en que basados en el lenguaje bíblico, muchas veces se establece una vinculación directa entre tentación y pecado, pero no se da el espacio para analizar esta experiencia que es universal de la condición humana. Como un hecho humano generalizado y no solamente un hecho cristiano o religioso, el horizonte de comprensión se ensancha, para que el creyente pueda comprenderse a sí mismo dada esta realidad y a su vez pueda comprender de manera más acertada su prójimo. De esta manera, antes de establecer una mirada errónea o sancionatoria sobre su comportamiento o el de los demás, podrá detenerse y conociendo lo que vive o percibe se dispondrá para asumir una decisión más acorde con su opción fundamental de vida. O de manera contraria, en el caso en que muchas veces se relativiza esta experiencia humana, quitándole la seriedad de lo que significa, tiene ahora la oportunidad de afrontar esta experiencia de manera diferente y así eludir las consecuencias que se pueden entretejer, luego de que se hace permisible dicha experiencia en la vida personal y cristiana.

El estudio establecido en este capítulo desde algunas disciplinas del saber humano, nos ha permitido constatar en primer lugar que el vocablo tentación pertenece al ambiente religioso.

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No hemos encontrado un aporte bajo este vocablo en particular para tratar de explicar esta experiencia propia del ser humano. Precisamente por ello, hemos realizado el ejercicio investigativo; dado que nos hemos apropiado en la cotidianidad del vocablo tentación que es propio del lenguaje religioso, pero sin tener una comprensión sólida de lo que ella significa y su funcionamiento en la existencia humana vital. A la luz de este aporte, podemos traer dicho vocablo en ocasiones abstracto, darle un contenido y una explicación desde lo antropológico, y si queremos, devolverlo a su contexto religioso propio, pero ahora cargado de un significado más preciso, para una vivencia positiva de esta realidad.

Algunos reflejos sobresalientes luego del aporte de los diferentes autores son:

 En el proceso de clarificación de lo que podemos entender por tentación, se hace necesario partir de lo que los diccionarios explicitan sobre esta, para así comenzar a traducir a un lenguaje más antropológico dicha experiencia humana. Tenemos de esta manera que al hablar de tentación nos referimos en esencia a un estímulo, instigación, un impulso interno que lleva al ser humano a inclinarse por una realidad en particular. Este estimulo ya en su definición misma aparece referida al deseo; es a través de este que se inicia un proceso interno en la persona y que puede desembocar en una acción específica; esta acción que nació por el deseo es categorizada como disonante con las aspiraciones del ser humano en la construcción plena de su identidad.

 La antropología filosófica ha establecido un camino amplio en la explicación de cómo se sucede esta realidad al interior del ser humano. En términos generales hemos podido percibir que nos movemos en el ámbito de la voluntad. El ser humano en esencia es un ser que desea, quiere, y finalmente decide a partir de lo que ha capturado su atención. Sin embargo, esta disciplina del saber deja en claro que el ser humano por naturaleza aspira al bien, y como ser superior sus aspiraciones trascienden hacia el Absoluto; pero finalmente, por la libertad que goza, y dadas también una tendencias inferiores en la persona, puede suceder que su deseo, mueva a la voluntad hacia otras realidades que subjetivamente pueden ser consideradas como buenas, pero que objetivamente no lo son.

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 Al interior del ser humano se suscita una atracción natural hacia algo; hay un cierto bien que se le presenta a la voluntad, esto mediante el placer captado por los sentidos; este placer es captado como bien, lo que hace que surjan una serie de motivaciones que pretenden llevar al sujeto finalmente a que obre en su voluntad. La tentación surge precisamente cuando esta atracción no está en sintonía con el placer auténtico de la vida superior a la que el hombre aspira, sino que es un placer que quiere ser complacido y que no sale del campo del egoísmo.

 La psicología muy en sintonía con lo expuesto por la antropología filosófica, considera que como seres humanos desarrollamos comportamientos de decisión que culminan finalmente en alguna decisión determinada; todo ello también en el ejercicio de la libertad. Esta decisión que se ejecuta en su interior gira en torno a una preferencia, teniendo como antesala lo que el sujeto considera como vida deseable. Se sucede aquí la dificultad: entre lo deseable se establece una brecha de contraste entre lo que se es o lo que se hace y lo que se desearía hacer y ser de manera objetiva. El gran desafío consiste en movilizar la voluntad hacia el bien objetivo.

 Con lo aludido desde San Agustín y su aporte desde el libre albedrío podemos concluir que esta experiencia humana asumida en la integralidad de la vida, a partir de la libertad responsable puede ser resignificada, de tal manera que en lugar de convertirse en un obstáculo, sea considerada y evaluada para que no interrumpa las aspiraciones en la construcción de un proyecto de vida que responda a la dignidad del ser humano, donde aparece contemplada la realidad de Dios, como el mayor bien objetivo al cual puede aspirar.

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CAPITULO III

3. LA TENTACIÓN EN LA VIDA CRISTIANA HOY, A LA LUZ DE LA NUEVA