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3. LA TENTACIÓN EN LA VIDA CRISTIANA HOY, A LA LUZ DE LA NUEVA

3.3. Vivir en fidelidad la humanidad

3.3.1. El pan compartido: Mt 14, 13-21

En esta perícopa encontramos el relato de la multiplicación de los panes y los peces; resulta significativo ver como Jesús en esta ocasión, en una aparente contradicción accede a que haya abundancia de pan utilizando su poder divino, mientras en el relato de las tentaciones se negó a utilizar su poder divino para convertir las piedras en pan, en este relato accede por motivación de los discípulos a alimentar a la multitud con unos cuantos panes y peces. Queremos resaltar algunos elementos significativos que aparecen tras la figura del pan en ambos relatos.

Según lo visto en el capítulo primero el motivo de la tentación se da por la relación hambre- pan, en esta perícopa nos encontramos ante la misma situación; Jesús se ha alejado a un lugar solitario, pero la gente va tras de él ante esta situación; Jesús siente compasión y cura a los enfermos, en la tarde son sus discípulos quienes van a Jesús para pedirle que despida a las personas pues ya es tarde, están en un lugar deshabitado y con seguridad tienen hambre. (Cf. Mt 14, 13-15).

El motivo de la tentación en 4, 1-11 radica en inducir a Jesús a la desobediencia para que obre en su propio beneficio sin contar con el plan de Dios; la intención final del tentador es mover a Jesús a partir de una necesidad concreta y válida (hambre), a actuar pensando solo para sí, que se sirva de sus poderes divinos de manera egoísta, llevándolo así a la desconfianza

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en Dios que lo puede sustentar ante tal situación apremiante; así lo material quedaría cubierto desde entonces, frente a cualquier necesidad, ya no necesitaba sujetarse a la voluntad de su Padre, por sus propios medios podría solucionarlo todo. La respuesta de Jesús es contundente al vivir su condición humana de cara a la fidelidad y confianza en Dios, que no abandona a sus fieles y no los deja sucumbir ante la necesidad.

En la perícopa de la multiplicación de los panes, se da un vuelco significativo que nos permite afianzar la idea de que Jesús venció las tentaciones permaneciendo en actitud de fidelidad radical a su Padre. Ya el versículo 14 es una clave importante de comprensión: al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos y curó a sus enfermos. (Mt 14, 14). La misericordia es la clave de comprensión, se constituye como el motor de todo lo que va a

hacer. “Por misericordia sana primero a los enfermos del pueblo. No es un detalle decorativo:

la misericordia del mesías de Israel con su pueblo es importante para Mateo; se manifiesta

casi siempre en las curaciones”.201 Además, resalta el hecho de la presencia de Dios en medio de su pueblo, como en los tiempos del Éxodo, Dios mismo se hace presente en los tiempos difíciles para cuidar de sus necesidades, ahora Jesús con sus señales, muestra la irrupción del tiempo mesiánico.202 Así lo deja ver el escenario del desierto en ambos relatos: “evoca la provisión por Dios de alimento al pueblo después de liberarlo de la opresión política en Egipto (cf. 14,1-12)”.203

En el relato de las tentaciones en el desierto se le induce a Jesús a desconfiar de la presencia de su Padre (Si eres hijo de Dios…), pero Jesús mantiene en ambas situaciones de necesidad la seguridad de la acción de Dios. La diferencia fundamental por la cual en este pasaje lo vemos multiplicando el pan, es porque se trata de alimentar a los otros, no es un servirse de manera egoísta para sí, sino que sus actos están dirigidos en favor de los demás; corrobora una vez más, que no tiene ninguna pretensión en hacer uso de su condición en favor propio, asume su humanidad con las limitaciones y carencias, pero a su vez manifiesta una nueva manera de situarse frente a los demás; cuando el prójimo entra en juego aparece un factor nuevo en la relación hombre-Dios-mundo.

201 Luz, “El evangelio según San Mateo”, 528.

202 Cf. Grilli; Cordula, “Comentario al Evangelio de Mateo”, 382. 203 Carter, “Mateo y los márgenes”, 450.

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Confiar y permanecer fiel a Dios implica una actitud en coherencia con lo que quiere Dios frente a la necesidad; no es un servirse de manera egoísta, sino de actuar movido entrañablemente en favor del prójimo, la tentación es querer solo el bien para sí, Jesús trasciende y vence la tentación de esta necesidad material al subrayar el valor absoluto del individuo frente a la vulnerabilidad y la confianza en Dios que atiende frente a la necesidad:

En cambio Jesús, curando a los enfermos y proveyendo de alimento a las multitudes, representa la promoción del bienestar general y anticipa un futuro diferente: la nueva creación y el imperio de Dios, en que habrá abundancia para todos (2 Bar 73-74). Mientras que los discípulos ponen la mirada en los medios humanos, Jesús confía en el poder de Dios para obtener las cosas necesarias (6,25-34).204

La cita de Carter resalta la acción del alimento a la multitud como signo de la presencia del Reino que está en medio de ellos. Los ojos de los discípulos y de la multitud están puestos en Jesús, él toma lo poco que se le ofrece y mira a Aquel de quien procede toda bendición, así la acción de gracias que eleva a Dios en el relato (Mt 14, 19), deja en claro la total adhesión

y confianza en su Padre, “en Dios está la superabundancia y la plenitud de la misericordia.

Solamente en él se sacia todo el hambre que pueda sentir el hombre”.205 Esta es la nueva relacionalidad que muestra Jesús y que aparecerá manifestada en las bienaventuranzas; el hambre y la sed tienen como causa la injusticia y la pobreza y claman por justicia y rectitud. Jesús se hace fiel al Padre y ahora actúa en favor del otro, la relación hambre-pan en este caso, tiene que quedar superada por la presencia del Reino de Dios; en la nueva manera de asumir la humanidad debe haber abundancia para todos. Hemos afirmado que el pecado como consecuencia de la tentación llevada al acto, deshumaniza y reproduce las cadenas de injusticia y dolor; pero la autenticidad de la condición humana como Jesús la expone, reclama una mirada incluyente, capaz de salir de los egoísmos materiales, para asumir una actitud de misericordia que se conmueve desde las entrañas por el dolor ajeno.

204 Ibid., 452.

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La comunidad de los bautizados no debe menos que asumir esta actitud frente a la tentación de lo material y la desconfianza del poder de Dios por cuidar de los suyos; no se trata de quedarse encerrado en sí mismo, es preciso salir de los intereses personales, de los instintos que reclaman satisfacción desde el ego, para actuar con los principios de misericordia expuestos por Jesús. El valor absoluto del individuo se impone en la relacionalidad que propone Jesús desde su manera concreta de vivir su humanidad.