ACTIVIDADES NO URILITARIAS 3.1 Prácticas peritanáticas
3.1.1 Practicas funerarias.
3.1.1.5 Conclusiones sobre prácticas funerarias
Una vez evaluada la evidencia existente sobre las prácticas mortuorias previas al Paleolítico Superior euroasiático, podemos enfrentarnos al desafío que supone la búsqueda de algún patrón de regularidad temporal y/o geográfico que ayude a la comprensión del desarrollo de dichas prácticas. A primera vista, la evidencia parece muy dispersa temporal y geográficamente, escasa, ambigua y heterogénea. Sin embargo, ciertos autores (Le Mort, 1988; Russell, 1987; Ullrich, 1986; Smirnov, 1989; Defleur, 1993; Alekshin, 1995) se han atrevido a enumerar una serie de pautas más o menos generales y a especular sobre el significado y trasfondo metafísico de las inhumaciones e hipotéticos rituales embebidos en el hecho funerario.
Por ejemplo, Alekshin (1995) ha querido ver una evolución en las prácticas mortuorias de Paleolítico Medio, partiendo de inhumaciones tempranas en las que se enterraba el cadáver (o parte de él) tras ser desmembrado y/o descarnado (Regourdou, La Quina, Roc de Marsal, Kiik koba 2, Zaskalnaya 6, Qafzeh 7, 8, 10 y 15, Skhul 3, 6, 8 y 9, Shanidar 2 y 8, Amud, Kebara y Teshik-Tash), para más tarde adoptarse la inhumación de cadáveres completos sin manipulación previa de los mismos (Le Moustier, La Chapelle-aux-Saints, La Ferrassie 1 y 2, Spy 1, Kiik-koba 1, Staroselje, Skhul 1, 4 y 5, Tabun y Shanidar 1).
Si bien no podemos excluir la posibilidad de que alguno de los esqueletos incompletos represente una inhumación de parte de un cadáver desmembrado, parece injustificable que Alekshin no tenga en cuenta la posibilidad de que el resto no conservado de la osamenta pueda haberse perdido debido a la acción de procesos geológicos o de bioturbación, siendo además poco plausible que acepte acríticamente el carácter antrópico de todas las sepulturas. Por lo tanto, la evolución que propone a lo largo del Paleolítico Medio carece, en mi opinión, de fundamento; además, el patrón observado por Alekshin es justo el que cabría esperar considerando exclusivamente la lógica tafonómica: el grado de conservación de partes del esqueleto y de sus conexiones anatómicas es, dejando otras variables aparte, inversamente proporcional a la antigüedad del depósito. Pero la argumentación de Alekshin (1995) no acaba aquí y propone una explicación mediante analogías etnográficas. Piensa que la manipulación de los cadáveres antes de ser inhumados responde sólo parcialmente al “hecho” de que éstos eran temidos por los vivos. El verdadero significado, según Alekshin, puede venir de la observación de los “festivales del oso” llevados a cabo por sociedades cazadoras tradicionales, durante las cuales se procedía a la “devolución a la vida” de los animales tras el consumo de su carne y la
166 inhumación de partes desmembradas de sus esqueletos. Estos ritos de reproducción, muy arcaicos, tenían la función de aumentar los poderes productivos de la naturaleza y de restaurar el equilibrio natural roto por los cazadores mediante la resurrección de los animales cazados (Kabo, 1986, op. cit. en Alekshin, 1995).
Así, Alekshin (1993 y 1995) sugirió que los primeros enterramientos tendrían la finalidad de restaurar el equilibrio del grupo tras la muerte de los individuos. Concluye Alekshin que los orígenes de estos ritos podrían remontarse a tiempos premusterienses. Si bien la idea de Alekshin es original y digna de ser investigada más a fondo, la premisa de la que parte, es decir, que los primeros enterramientos lo fueron de cadáveres desmembrados, es muy débil ya que solo se basa en la ausencia de partes del esqueleto, ausencia explicable de forma mucho más sencilla recurriendo a agentes naturales no antrópicos.
También Alekshin (1995) cree ver diferencias entre los enterramientos de hombres, de mujeres y de niños, lo que le hace sugerir que las prácticas funerarias reflejaban la edad y el sexo del difunto. Por ejemplo, alega que los hombres adultos eran enterrados en posición supina, lo que se cumple en los casos de Kebara, La Ferrassie 1 o La Chapelle-aux-Saints, pero no en los de Shanidar 4, Kiik-koba o Amud. También concluye que mujeres, adolescentes y niños fueron depositados apoyando sobre su costado derecho, pero Tabun, Staroselje o Dederiyeh no cumplen este criterio. Creo que el número de posibles enterramientos musterienses conocidos no es lo bastante grande como para que sea prudente confiar en difusos patrones que relacionen la posición del esqueleto con el sexo o la edad del individuo al morir.
Russell (1987), tras trabajar con los restos humanos de Krapina, llega a la conclusión de que es muy probable que se diese un enterramiento secundario de los huesos tras su descarnamiento; la diferencia entre ambos autores es que Russell se fundamenta en el estudio detallado de la morfología y distribución de las marcas de corte presentes en los huesos y en su comparación con otros cuyo origen es conocido etnográficamente.
Mucho más prudente en este tipo de diferencias se muestra Defleur (1993), quien se limita a enumerar algunas conclusiones generales:
- Especialización global de las sepulturas en la que niños y hombres son favorecidos en detrimento de las mujeres, opinión compartida por Harrod (1980). Sin embargo, Lesnik y Sams (2014) consideran, tras analizar estadísticamente los datos, que la muestra no es
167 lo suficientemente grande como para extraer conclusiones fundadas, por lo que el predominio de hombres sobre mujeres en las sepulturas neandertales podría ser solamente un espejismo.
- Posición más o menos agrupada o contraída de los cadáveres, nunca extendida por completo salvo el caso de Staroselje.
- Predominio del eje este-oeste grosso modo en la orientación de los cadáveres,
- Elevada representación de fetos, neonatos, niños y adolescentes, más del 40% en el Paleolítico Medio frente al 27 % de Paleolítico Superior. El porcentaje es en realidad sensiblemente superior debido a que Defleur no recoge la evidencia de Sessefels, Amud 7, Dederiyeh, Mezmaiskaya y Zaskalnaya, donde se han registrado sepulturas de individuos de muy corta edad, especialmente en Zaskalnaya donde se ha descrito una inhumación múltiple de niños.
- Las sociedades de neandertales debieron ser igualitarias, con alguna jerarquía sexual y una consideración especial a los niños.
La representación, sorprendentemente alta, de individuos de corta edad no deja de abonar el terreno para la especulación sobre la paleodemografía y paleopatología de las poblaciones de Paleolítico Medio. La Ferrassie 4, 4b, 5, 6 y 8, Le Moustier 2, Roc de Marsal, Skhul 1, Qafzeh 10, 11 y 15, Kebara 1, Shanidar 7 y 9, Dederiyeh, Amud 7, Mezmaiskaya, Zaskalnaya, Staroselje, Kiik-koba 2 y Teshik-Tash quizás Sessefels, además de restos aislados como los de Barakai, Hahnoffersand, Amud, Archi, Aubesier, Buca de Taso, Carihuela, Chateauneuf, Combe Grenal, Croze de Dua, Cuckvati, Devil’s Tower, Engis, Fate, Hortus, Krapina, Leuca, La Masque, Molare, Monsempron, Montgaudier, Montmaurin, Pech de l’Aze, Le Placard, Putride, La Quina, Rene Simard, Ribage, Salemas, Sipka, Spy, Subalyuk, Taubach, etc. murieron antes de alcanzar los 10 años de edad (Trinkaus, 1995).
Existen, hasta donde mi conocimiento alcanza, cerca de una centena de individuos en este intervalo de edad en el Paleolítico Medio euroasiático, lo que supone un aproximadamente un 35 % con respecto al total de individuos, es decir, más de la tercera parte de los individuos de cuyos restos disponemos murió antes de llegar a la década de vida.
En cuanto al sesgo que debemos tener en cuenta a la hora de entender la relativa escasez de enterramientos neandertales en un área tan vasta y durante varias decenas de miles
168 de años, es interesante la apreciación de Diedrich (2014). Argumenta que las hienas produjeron repetidamente una serie de daños a los huesos de diferentes tipos de megafauna, incluyendo los huesos humanos, como parte de su estrategia sistemática de alimentación. Los típicos daños por mordedura sobre huesos neandertales fueron producidos sobre todo por hienas y, en menor medida, también por leones, leopardos o lobos. En muchos casos, las hienas probablemente exhumaron cadáveres neandertales enterrados no muy profundamente en cuevas y abrigos rocosos, lugares que fueron usados por ambos, humanos y hienas manchadas. Según el autor, hay un mínimo de 48 sitios de ocupación neandertal que se solapan con 150 madrigueras de hiena. También llama la atención el autor sobre una cierta cantidad de huesos neandertales hallados en madrigueras de hienas, lo que indica que estos predadores distorsionaron muchos posibles enterramientos neandertales.
En cuanto a la posibilidad de que el comportamiento funerario se diese entre neandertales merced a un fenómeno de aculturación o imitación a los humanos modernos en Próximo Oriente, la probable mayor antigüedad del enterramiento de Tabun con respecto a los de Skhul debilita esta idea.
A continuación, se intentará establecer una correlación entre las dataciones de las posibles inhumaciones con las de las situaciones de stress causadas por extremos climáticos, catástrofes naturales e interacciones con poblaciones de humanos anatómicamente modernos.
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170 Se ha realizado un análisis gráfico para intentar correlacionar la distribución temporal de las inhumaciones neandertales con los principales eventos naturales (climáticos y catastróficos), así como con los supuestos episodios de hibridación que los análisis genómicos han revelado (Ilustración 2). De dicho análisis podrían extraerse las siguientes conclusiones:
a) Las primeras inhumaciones de neandertales conocidas (Tabun) son, a tenor de las dataciones existentes, considerablemente anteriores a las de humanos anatómicamente modernos (Skhul), con un margen de aproximadamente 40.000 años.
b) Con la excepción de Tabun, Kiik Koba y de Roc de Marsal, todas ellas son posteriores a la erupción del volcán Toba (Sumatra) y el consiguiente invierno volcánico, acaecida hace entre 70.000 y 75.000 años.
c) El resto de posibles inhumaciones (Saint Cesaire, La Chapelle-aux-Saints, La Ferrassie, Regourdou, La Quina, Le Moustier, Grotte de Loup, Spy, Feldhoffer, Sessefels, Sima de las Palomas, Staroselje, Mezmaiskaya, Zaskalnaya, Shanidar, Amud, Kebara y Dederiyeh) son posteriores al segundo evento de hibridación revelado genómicamente y situado hace aproximadamente 55.000 años, si bien Amud, Kebara y Dederiyeh podrían ser anteriores.
d) La mayor concentración temporal de inhumaciones (Saint Cesaire, Regourdou, Le Moustier, Grotte de Loup, Spy, Feldhoffer, Staroselje, Zaskalnaya y Shanidar) se da, siempre según las dataciones disponibles, aproximadamente entre 42.000 y 35.000 B.P., coincidiendo grosso modo con el Evento Heinrich 4, la inversión paleomagnética Laschamp, la erupción campaniense (Campos flegreos, sur de Italia) y la irrupción en Eurasia de las primeras oleadas de humanos anatómicamente modernos.
e) Durante el período estudiado (200.000-35.000 B.P.), las posibles sepulturas de humanos anatómicamente modernos (Skhul, Qafzeh, Taramsa hill y Nazlet Khater) suponen una proporción muy pequeña al compararlas con las de neandertales.
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