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ACTIVIDADES NO URILITARIAS 3.1 Prácticas peritanáticas

3.1.1 Practicas funerarias.

3.1.1.2 Europa Oriental

Sitios: Krapina, Kiik koba, Teshik-Tash, Staroselje, Mezmaiskaya, Zaskalnaya.

KRAPINA (Croacia)

El sitio de Krapina, además de ser el que mayor número de restos humanos ha conservado, conocido por las posibles evidencias de canibalismo que serán tratadas más adelante. Sin embargo, cabe destacar que ha sido propuesta la hipótesis de otras prácticas mortuorias de las que pudieron ser objeto algunos de los individuos cuyos restos conocemos (Trinkaus, 1985). Esta hipótesis no ha sido secundada en la literatura y las revisiones existentes sobre inhumaciones neandertales no incluyen la evidencia de Krapina. Esto se debe probablemente a que no se dan, aparentemente, ninguno de los requisitos generalmente aceptados como criterio discriminatorio. En Krapina, teóricamente, no se detectaron fosas, ni esqueletos en conexión anatómica, ni hipotéticos elementos de ajuar funerario. Sin embargo, el criterio empleado por Trinkaus para sopesar la posible evidencia de enterramientos puede resultar convincente. Se basa en la distribución de frecuencias de los elementos óseos representados en la colección del sitio y su comparación con las de restos de homínidos de Pleistoceno medio y final recuperados en contextos supuestamente funerarios y otros en los que no existe la menor evidencia de ello. También compara esa distribución con contextos funerarios recientes. La cuestión es que, como pone de manifiesto Trinkaus, en contextos no funerarios en los que el cadáver es abandonado sin más, las partes esqueléticas más representadas son cráneos, mandíbulas y piezas dentales. Por el contrario, cuando se trata de individuos enterrados artificial o naturalmente, las distribuciones se equiparan, creciendo claramente la presencia de elementos más frágiles como costillas, huesos de la mano y del pie, omóplatos, diáfisis de huesos, largos, clavículas, hioides, etc. El argumento de Trinkaus es que la distribución de frecuencias de las osamentas recuperadas en Krapina es mucho más similar a

88 la de contextos funerarios que la observada en contextos no funerarios. Admite el autor que no es descartable que esté patrón se deba a una muerte y deposición natural debida a un colapso rocoso, pero que el buen estado de conservación de los huesos en cuanto a abrasión se refiere, hace que no sea esto especialmente convincente. Propone, por tanto, que no sería sorprendente que al menos algunos de los individuos de Krapina hubieran sido objeto de sepultura antrópica.

Lo cierto es que, muy posiblemente, jamás pueda contrastarse esta hipótesis, en buena parte debido a la gran antigüedad de las excavaciones y publicaciones sobre los hallazgos. Es fácilmente imaginable que en dichas excavaciones se ignorasen detalles sutiles que hoy podrían resultar diagnósticos. De hecho, se han llevado a cabo recientes revisiones de las colecciones almacenadas, poniéndose de manifiesto elementos de gran transcendencia que fueron en su momento pasados por alto, como es el caso de las garras y talones de rapaces con marcas de corte, debidas con gran probabilidad a la extracción de estas para su empleo como elementos de ornamento personal (Radovcic et al., 2015).

En conclusión, es posible que estemos ante uno de las más extensas y antiguas instancias del comportamiento funerario entre neandertales, pero lamentablemente no es posible demostrarlo, si bien tampoco refutarlo.

KIIK-KOBA 1 (Crimea)

Esta cueva está situada en Crimea, en el valle del Zouia, afluente del Salgir, a 460 metros de altitud. En realidad, es un abrigo rocoso de 12 metros de largo, con 5 metros de profundidad y una altura de 7 metros. Las excavaciones comenzaron en 1924 y prosiguieron en 1926 a cargo de un grupo de universitarios dirigidos por Bonch-Osmolovski.

El primer esqueleto descubierto perteneció a un adulto del que no quedaban

89 más que los huesos de los dos pies, tibia y peroné derechos, algunos huesos de las manos y un diente. La presencia de los huesos de los dedos y del diente no deja dudas sobre la descomposición del cadáver in situ.

Para Bonch-Osmolovski (1940) no cupo duda que el individuo fue inhumado. Estaba orientado este-oeste, con el cráneo al este, y debió ser depositado apoyando sobre su costado derecho y con las piernas ligeramente flexionadas. Los límites de la fosa funeraria pudieron ser reconocidos, penetrando entre 0,20 y 0,30 metros en el substrato rocoso. Desgraciadamente, el conjunto fue casi totalmente destruido por los habitantes del nivel superior musteriense mediante la excavación de una fosa profunda que, según Bonch-Osmolovski, era una de las 6 fosas presentes en la zona excavada, practicándose 4 de ellas a partir del nivel 4. La extracción de los huesos, aún conectados por ligamentos, pudo tener alguna motivación ritual (Vlcek, 1973).

En el croquis publicado (Bonch-Osmolovski, 1940) puede reconocerse perfectamente el contorno de la fosa y de su fondo que, aparentemente, tenía la extensión justa para albergar a Kiik-koba 1. En el dibujo puede contemplarse también la reconstrucción de la mayor parte del esqueleto, reconstrucción que puede resultar un tanto aventurada.

Defleur (1993) considera que existen suficientes elementos de juicio para atribuir este depósito a la agencia humana.

Gargett (1989) contrapone la hipótesis de que, dado que existen en la proximidad otras fosas más profundas originadas por disolución, es muy probable que las llamadas fosas funerarias tuviesen un origen natural. La conservación de los restos es explicada por sedimentación natural, especialmente activa en las fosas. Utiliza, como argumento para desbaratar la posible inhumación, la ausencia de buena parte del esqueleto, quizás ignorando que Bonch-Osmolovski citó la presencia de una gran fosa posterior cuya práctica probablemente distorsionó el esqueleto y provocó la pérdida de muchos elementos óseos.

En cualquier caso, aunque la fosa en la que yacía el esqueleto de Kiik-koba 1 no fuese más que una depresión natural, queda por explicar la presencia de los restos en tal depresión, presencia más sencillamente explicable por la actuación humana que por la eventualidad de que este individuo falleciese en esta formación. Además, la presencia a escasos centímetros de los restos de otro individuo hace más difícil imaginar que ambos muriesen sincrónicamente en depresiones contiguas.

90 Vlcek (1973) concuerda con la interpretación de Bonch-Osmolovski y considera que Kiik- koba 1 fue objeto de una inhumación.

KIIK-KOBA 2 (Crimea)

A 0,30 metros del cráneo del adulto y sobre el substrato rocoso fue descubierta la mitad inferior del esqueleto en conexión anatómica de un niño de 1 año de edad.

Según Bonch-Osmolovski (1940), estos restos yacían en una fosa artificial y eran los remanentes de un cuerpo que apoyaba originalmente sobre su costado izquierdo, ligeramente contraído y con la mano izquierda sobre las rodillas.

La presencia original del esqueleto completo queda patente por la conservación de diminutos fragmentos del calvario y la impresión del cráneo en la arcilla, recubierta de hueso totalmente pulverulento (Vlcek, 1973). Alekshin (1995) opina, como en otras ocasiones, que los restos de Kiik-koba 2 representan un enterramiento secundario de parte del cadáver o del esqueleto.

Defleur (1993) considera que, a pesar de lo incompleto del esqueleto, la presencia de la fosa y la posición contraída son evidencia suficiente para hablar de inhumación.

Aunque Gargett (1989) no comenta la evidencia de Kiik-koba 2 (solo revisó la de Kiik- koba 1 cuando fue criticado por no incluir la revisión de este yacimiento), es de suponer que lo mismo que escribió para el depósito del adulto es aplicable para el del niño.

Ilustración 31: Plano de ambos supuestos enterramientos de Kiik koba. El número dos es el individuo infantil.

91 Como ya se ha dicho, la evidencia de ambos esqueletos se complementa mutuamente, haciendo bastante improbable que ambos individuos eligiesen estas depresiones o fosas para morir.

TESHIK-TASH (Uzbekistán)

Se trata de una cueva situada en un macizo calizo jurásico al Sureste de Uzbekistán que se abre al Nordeste sobre la orilla izquierda de las gargantas del Turgan-Daria, afluente del Chirab-Daria. Tiene una amplitud en la entrada de 20 metros, una altura media de 7 metros y una profundidad máxima de 21 metros.

Los trabajos llevados a cabo en esta gruta por Okladnikov en 1938 y 1939 fueron las primeras excavaciones importantes llevadas a cabo en Uzbekistán. En 1953, Movius realizó un completo y detallado informe. Una parte del relleno había sido destruida y solo subsistían dos tercios de la superficie inicial.

Los restos humanos aparecieron el 4 de Julio de 1938 y pertenecieron a un niño de 8 a 10 años de edad. El hallazgo se produjo en la parte superior del nivel C, a una profundidad de 0,25 metros por debajo de la base del nivel I. El cráneo apareció fragmentado en 150 fragmentos y reposaba sobre el parietal izquierdo, con la fosa occipital hacia arriba. Los huesos del esqueleto postcraneal se encontraban aproximadamente al mismo nivel que el cráneo y la práctica totalidad estaba desprovista de sus conexiones anatómicas naturales. Según el informe de Movius, la primera vértebra cervical estaba en posición horizontal, a 0,10 metros del cráneo y, a 0'25 metros de éste, había un incisivo superior. A escasa distancia del maxilar se encontraron dos costillas rotas, mientras que los fragmentos de otra costilla se hallaron cerca de una placa elongada de caliza. Justo debajo de otra laja caliza apareció otra costilla casi completa, así como fragmentos de otras. En esta zona se registró la presencia de algunos huesos de animales y también del único coprolito de carnívoro descubierto en la gruta. En la proximidad había un húmero cuya epífisis había desaparecido, aparentemente por la acción de roedores. Al norte del cráneo, a lo largo de una línea más o menos paralela a la pared de la gruta, se hallaron las dos fíbulas rotas y un fémur, supuestamente in situ, cuyas epífisis habían

Ilustración 32: Plano de la posible inhumación de Teshik Tash.

92 desaparecido. Estos huesos permanecían paralelos en un nivel ligeramente más profundo que el del cráneo (unos 0,15 metros). Bajo el cráneo reposaban un fragmento de costilla y la mandíbula, esta última con el mentón hacia abajo y los ramos ascendentes rotos. También bajo el cráneo, a 0,10 metros de su parte inferior, se encontró un hueso largo fragmentado (quizás una tibia), cerca del cual aparecieron las clavículas (Movius, 1953).

Es probable que el esqueleto yaciese originalmente paralelo al muro oeste, con los pies hacia la entrada. Según Movius, tanto la orientación como la posición estratigráfica sugiere que el cuerpo fue deliberadamente enterrado en una leve fosa excavada en el estrato estéril.

La confirmación de esta afirmación estaría en el hecho de que todos los huesos de animales encontrados en el área, aparte de los cuernos de cabra, estaban rotos en pequeños fragmentos debido a la acción antrópica y a pequeños colapsos rocosos, mientras que los huesos del esqueleto humano no estaban rotos de esa manera (rompiéndose el cráneo en 150 fragmentos por la presión de los sedimentos) debido a que fueron protegidos por la capa de tierra situada sobre el enterramiento (Movius, 1953).

Al mismo nivel que el cráneo se registró la presencia de una serie de cornamentas de

Capra siberica. Aparentemente, estos objetos estaban especialmente concentrados en la zona

en que aparecieron los restos humanos, aunque en el resto de la cueva también era evidente su presencia. En total se registraron 5 pares de cuernos en asociación directa con la supuesta sepultura. Según Movius (1953), las cornamentas delimitaban una superficie más o menos circular en la que el cráneo y otros huesos quedaban inscritos. Todas las cornamentas debían haber pertenecido a individuos adultos de gran tamaño y dos de los pares estaban aún unidos por parte del hueso frontal.

Movius (1953) pensó que los tres primeros pares debieron estar sólidamente fijados a la tierra “como una horquilla”. Cuando se completó la excavación de la zona, apareció una sexta cornamenta muy fragmentada.

93 Según Defleur (1993), la erosión jugó un papel determinante en la conservación de los restos óseos, ya que los mejor conservados son los que estaban en la parte este de la supuesta sepultura, es decir, en la zona más alejada de la pared de la gruta. Aunque fue imposible durante la excavación encontrar los límites de una fosa funeraria, según este último autor es muy probable que existiese, ya que el esqueleto reposaba a 0,25 metros bajo el nivel I en una arcilla limosa compacta y arqueológicamente estéril. Continua Defleur suponiendo que la presencia de numerosas lajas de caliza, indudablemente posteriores a la formación del nivel C, podría mostrar que la fosa estaba al menos en parte delimitada por aquellas.

Por la posición de las lajas, Defleur ha calculado la profundidad máxima de la supuesta fosa en 0,45 metros. En cuanto al resto de dimensiones de la fosa, mediante la superposición de los croquis publicados por Okladnikov, calcula que todos los objetos pertenecientes o asociados a la supuesta sepultura se encontraban concentrados en un espacio ovoide de 1,20 metros de largo por 0,80 metros de ancho (Defleur, 1993). Finalmente, este autor concluye que el niño de Teshik-Tash fue inhumado utilizando los siguientes argumentos:

- Presencia de la mayor parte del esqueleto,

- Probable presencia de una fosa y

- Presencia de un material de carácter excepcional (las cornamentas de Capra siberica).

En cuanto a las causas de la distorsión del esqueleto, de la posición caótica de los huesos, de la desaparición de algunos de ellos y de la pérdida de algunas epífisis, Defleur concuerda con la interpretación de Movius, la que responsabiliza a un carroñero,

94 probablemente una hiena. Alekshin (1995) considera que la ausencia de algunas partes de esqueleto se debe a que el cadáver fue objeto de un enterramiento parcial secundario.

Gargett (1989) arguye que ninguno de los perfiles publicados por Okladnikov (Movius, 1953) muestra el enterramiento y que Movius no fue capaz de correlacionar ninguno de ellos con el plano publicado. Por otro lado, discrepa con la idea de Okladnikov sobre la protección diferencial de huesos humanos y cornamentas con respecto a otros huesos en el área, dado que el cráneo estaba roto en más de 150 fragmentos, fracturación explicada por Okladnikov en base a la presión de los depósitos suprayacentes. Gargett no ve clara la razón por la que Okladnikov distingue tan claramente entre las fracturas producidas por peso de sedimentos y por colapsos rocosos y considera que la mera proximidad al muro de la cueva es sinónimo de una menor exposición al deterioro, lo que para este autor daría cuenta perfectamente de la “inusual concentración” (su énfasis) de cornamentas conservadas. Gargett se cuestiona cómo es posible que las cornamentas apareciesen en posición horizontal si, como se dijo, éstas estaban originalmente en posición vertical formando un círculo (inferencia realizada a partir del registro de dos mitades de un par de cuernos en posición cruzada o en aspa).

También le intriga lo siguiente: si las cornamentas escaparon a la acción de predadores como Okladnikov registró, ¿cómo es posible que no estuviesen aún en posición vertical? Gargett considera que las cornamentas no escaparían a la distorsión dada la caótica distribución de las costillas humanas y concluye que la explicación más simple para el depósito de los huesos humanos, teniendo en cuenta que no se registraron indicios de fosa, es la que recurre a la actividad de carnívoros, pudiendo haberse producido la rotura por pisoteo, presión o colapso. Gargett continua su argumentación de la siguiente manera: los huesos del esqueleto no se encontraban en conexión anatómica y un incisivo apareció a 0,25 metros del cráneo. Okladnikov anotó que ni el cráneo ni la mandíbula presentaban marcas de mordedura y sugirió que algún predador exhumó el cadáver y devoró las partes blandas, dejando intactos cráneo y mandíbula.

Gargett no concibe como el predador podría no haber afectado a estos huesos, más aún cuando un incisivo apareció alejado y expone que el cadáver debió quedar expuesto durante algún tiempo, lo que explicaría la confusión y disposición aleatoria de los huesos humanos y de las cornamentas. Continúa argumentando que las marcas de mordedura en el fémur son testimonio en contra de la hipótesis de Okladnikov sobre la posición intacta original de los huesos de las piernas.

95 Gargett interpreta la disposición en paralelo de los tres huesos largos como consecuencia del azar o, más probablemente, del traslado natural por la ligera pendiente. La evidencia de la actividad de un predador es razón suficiente para Gargett para suponer que lo que se ha llamado asociación ritual no sea más que el resultado de aquella, lo que se ve apoyado por la presencia de marcas de dientes y del coprolito. La presencia generalizada de cuernos de cabra sería sencillamente explicable por la misma razón. Esta última suposición se vería apoyada por el hecho constatado de que un 85% de los restos de fauna hallados en la gruta pertenecen a Capra siberica y, dado que los cuernos son las partes menos susceptibles a la destrucción, la probabilidad de que 6 pares de cuernos se conservasen casualmente en la zona es alta.

Finalmente intenta desbaratar la inferencia de Okladnikov sobre una somera fosa, imaginando que fue realizada en base al hecho de que el cráneo fue localizado a 0,25 metros del contacto con el estrato cultural suprayacente (Gargett, 1989). La posibilidad de que un cadáver sea intencionalmente depositado en una fosa en posición completamente desarticulada antes de cerrarse el conjunto ha sido apuntada por algunos autores (Ullrich, 1986) y más concretamente para el caso de Teshik-Tash, Smirnov (1989 contra Gargett) sugiere que esta posibilidad explicaría perfectamente la desconexión anatómica de los restos humanos de este yacimiento.

En conclusión, resulta evidente que los argumentos de que disponemos para hablar de inhumación (al menos primaria) del niño de Teshik-Tash son poco sólidos.

Hay, en cualquier caso, un punto en común en las interpretaciones contrapuestas, que es la mediación de la actividad de un carnívoro, evidenciada por las marcas de mordedura en un fémur y por la presencia de un coprolito en la zona. La cuestión estriba en determinar el momento en que tal predador irrumpió en el área distorsionando el esqueleto. Los defensores de la inhumación en Teshik-Tash consideran que tras producirse ésta, un carnívoro, probablemente una hiena, exhumaría el cadáver y destruiría las conexiones anatómicas. Por el contrario, Gargett supone que el predador accedería al cuerpo tras haber sido éste abandonado a su suerte.

Por otro lado, suponer que se realizó un arreglo ritual de la supuesta sepultura con cornamentas de cabra en base a los planos publicados por Okladnikov puede considerarse

96 como una cuestión de fe o de imaginación excesiva. Es posible que el niño de Teshik-Tash fuese realmente inhumado, pero no existen argumentos de peso para afirmarlo.

Si, como supone Smirnov (1989), el niño de Teshik-Tash hubiese sido objeto de un enterramiento secundario, la inconexión anatómica sería perfectamente congruente con la evidencia, pero, por el momento, estamos muy lejos de contar con pruebas para determinar cuál fue el destino de este individuo tras su muerte.

En resumen, considero que es bastante probable que estemos ante lo que quedó de una inhumación tras la acción de carnívoros, probablemente hienas. Debemos admitir que las pruebas son débiles, pero el conjunto es consistente con el que cabría esperar en una sepultura muy distorsionada.

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