Su súplica me conmovió y la invité a una cafetería cercana. Pedimos café y me dispuse a escucharla con atención...
Esperé con paciencia; traté de calmarla para que dejara de llorar, después de la segunda taza de café ella comenzó a hablar...
En realidad mi matrimonio no fue planeado, tuve un noviazgo muy breve, debido a un embarazo no deseado, sin embargo, él lo aceptó todo de buena manera. Se sentía muy feliz y orgulloso de que llegara nuestro primer bebé.
Al tercer mes de embarazo, se presentó una amenaza de aborto... desafortunadamente perdí a mi bebé.
Fueron días muy difíciles, realmente estar en hospitales es horrible. El siempre se mostró muy comprensivo y atento conmigo. Me tomaba de la mano para animarme mientras me decía que no me preocupara, que todo iba a estar bien, que algún día llegaría nuestro bebé. Incluso me grabó un cassette donde le hablaba a nuestro bebé fallecido. Pero todo intento por animarme fue inútil. Llorábamos juntos y me consolaba diciendo que muy pronto Dios nos mandaría otro bebé.
A partir de entonces comenzaron nuestros problemas No sabía que me pasaba, no soportaba que mi marido me tocara, cuando teníamos relaciones sexuales fingía para no lastimarlo, pero esto tenía como consecuencia más problemas, él se daba cuenta que fingía, pero no me decía nada.
Me convertí en irresponsable y descuidaba mi hogar me ensimismaba en mis recuerdos. Me refugiaba en mi trabajo e ignórate las necesidades de mi esposo.
Peleábamos constantemente, é. me reclamaba que hasta para besarme tenía que rogarme. Yo ponía cualquier pretexto para evitarlo. La situación se tornaba tensa. Sentía mi rechazo y esto lo obligaba a salir. Salía de casa a tomar unas copas con sus amigos.
En ese tiempo estaba segura de ser la víctima de su incomprensión. Siempre me encontraba a la defensiva, como si el fuera culpable de nuestra desdicha y lo recibía con mal humor y desagrado.
Nuestro matrimonio estaba a punto de terminar. Cuando supe que otra vez estaba embarazada, sentí alegría y eso nos dio una "tregua". Tomamos la decisión de olvidar nuestros problemas y pensar sólo en el bebé.
Fue un embarazo de ocho meses, casi todo el tiempo hospitalizada y también muy costoso. Pero por fin nació nuestro bebé y nuestro matrimonio mejoró. Mi esposo abandonaba en ocasiones su trabajo para estar con nosotros.
Y aun así no sabía valorarlo. Lo menospreciaba y lo ofendía. Quizá piense usted que no lo quería, pero no era así, lo amaba profundamente!, Ignoraba qué me sucedía y porque mis sentimientos estaban fuera de control.
Me convertí en mamá de tiempo completo y me olvide de mi marido, incluso muchas veces utilice al bebé para chantajearlo.
A pesar de comportarme de esa manera, él no pensaba en buscar a "otra" y abandonarme.
Me volví celosa compulsiva, le inventaba romances y llegue a hacerle "escenas" en su oficina. Y aún con todo eso, él no me dejó. Todavía me pregunto ¿Porqué me aguantaba tanto...?
Estando mi bebé muy pequeño nuevamente me embaracé fue entonces cuando él comenzó a cambiar, estaba dejando de ser el hombre amable y cariñoso que conocía. Era de esperarse que yo lo atribuyera inmediatamente, a la aparición de otra mujer.
Y por primera vez tuve razón, me encontraba muy desconcertada y sin saber que hacer, mi único pensamiento era -"era desgraciado me engaña y me las va a pagar"- Otra vez era yo la "víctima".
Una tarde, al llegar del trabajo, lo esperé enfurecida y le reclamé, e incluso empecé a golpearlo en el pecho y la cara. Luego salí corriendo con mi bebé en brazos, él salió tras de mí y recuerdo que yo le gritaba "¡Me voy al DIF, prefiero pedir limosna que seguir contigo!"
Todavía recuerdo su mirada de desesperación, me tomó del brazo y me subió al automóvil. Enloquecida empecé a gritar que me estaba golpeando, tomó el rumbo de la casa de mis padres; estaba yo tan furiosa que en pleno movimiento del auto intenté arrojarme con mi hijo en brazos... . él me detuvo como pudo.
Llegamos a casa de mis padres, me dejó ahí y se fue. Yo estaba segura que sería como en las otras oc asion es, que tendr ía qu e aguant ar mi s "berrinches", y en uno o dos días regresaría por mí. Sin embargo no fue así, los días pasaban, él no regresaba y yo empecé a preocuparme seriamente.
Venciendo mi orgullo lo busqué, segura de que estaría molesto, hubiera preferido un insulto, pues su actitud me dolió más.
Entré a su oficina con fría indiferencia me invitó a pasar y me preguntó que cómo estaba. Me desconcertó tanta indiferencia y me puse a llorar. Antes no soportaba que llorara, ahora parecía no importarle. Le pedí perdón y le dije que me diera otra oportunidad.
-Mira...yo te amo- Me contestó- pero tengo cuatro años dándote una oportunidad tras otra... ¡ya estoy harto!... i Quiero divorciarme de ti!
Su respuesta me lastimó mucho, sentí que el piso se hundía bajo mis pies, estaba perdiendo al hombre que más miraba.. .y no sabía que hacer.
Me pidió que le permitiera visitar a los niños el fin de semana, me sugirió que nuestra separación fuera tranquila, que no teníamos por que pelear más, ni dañar a los niños...
Intente golpearlo, lo maldije. Le hice otra escena y lo amenacé.
Entonces me despidió de su despacho por mi actitud ante sus compañeros de trabajo. Lo avergoncé.
Con mis ocho meses de embarazo, en ese momento, fingí trabajo de parto para hacer que se sintiera culpable, pidió un taxi y me envió al médico pero no me acompañó.
Volví a casa de mis padres llorando, desesperada, una vez más yo me sentía la "víctima", estaba llegando a su fin.
Mi madre se molestó conmigo y con voz triste, pero firme, me dijo "¡Tú te lo buscaste!, ¡Muchas veces te lo advertí! ¡Con la vida de las personas no se juega!"
Era mucha mi frustración y decidí que no le sería fácil deshacerse de mí...busque mil formas de llamar su atención.
Cuando él veía al niño, yo nuevamente lo amenazaba. Incluso tramité varias demandas en su contra: esto fue un gran error.
Cuando nació el segunda bebé, él estuvo conmigo y todo parecía indicar que la llegada de nuestro nuevo hijo lo había enternecido, nuevamente empezó a cambiar, otra vez era cariñoso conmigo.
Dos días después al salir del hospital, fue detenido en plena calle por una de las demandas levantadas en su contra. Yo estaba convaleciente, pero aún así fui a la Agencia del Ministerio Público, donde estaba detenido. Cuando vi su lamentable estado me sentí muy mal...lo habían golpeado, estaba triste y muy decepcionado de mí, quise hablar con él, pero se negó.
Retiré la demanda lo más rápido que pude, después de unos días salió libre y regresó a casa. Yo le pedí perdón, él me contestó como si ya nada le importara "No me duele que me hayas demandado, que me metieran en la cárcel, que me golpearan y que perdiera mi trabajo. Lo que me duele son las
mentiras que fuiste a contar... ¡Eso si me duele!".
Y era verdad...en mí locura por hacerle daño, "aconsejada" por mis abogados; declaré que él me había golpeado y por causa de los golpes había perdido a mi primer bebé, nunca terminaré de arrepentirme por haber mentido. Él continuó "Tú sabes todo lo que sufrí cuando perdimos a nuestro hijo, tú sabes cuánto lloré por él, como nos apoyamos en nuestro dolor, ¡y ahora has inventado que yo lo maté!"
Cada palabra suya me hacía sentir más culpable, lo miré. Ahí estaba mi esposo; humillado, golpeado, llorando, suplicándome que por favor lo dejará en paz, que saliera de su vida...y en su desesperación me gritó: "Me arrepiento de haberte conocido, ¡de haberme casado contigo! ¡Has sido lo peor que he tenido en mi vida!".
Lo más triste era que tenía razón, yo destruí lo poco que quedaba entre nosotros. Me marché con el alma destrozada.
Las semanas transcurrieron lentas e inexorables, lo extrañaba mucho, pero no podía presentarme ante él. Una tarde me visitó en la casa de mis padres; quería ver a los niños y me llevaba también los documentos para iniciarlos tramites de divorcio.
¿Qué había sido de aquel hombre cariñoso que yo conocía? ¿Dónde había quedado todo su amor?
Me negué a firmar los documentos, él estuvo con los niños un rato y después se marchó dejando los documentos en una mesita de servicio.
Así transcurrieron varios meses, él seguía cumpliendo con sus obligaciones y sólo iba por los niños los fines de semana. Para entonces me había llegado el rumor de que tenía una relación amorosa con su secretaria.
Una noche, esta joven se presentó en mi casa y me entregó una carta, dirigiéndose a mí con un tono que pretendía ser amable. “yo no quiero robarle nada señora, usted sabe que él salió de su vida hace mucho tiempo, déjelo ir para que no siga sufriendo, por favor".
Ni siquiera tenía fuerzas para hablar, arrugué la carta y la tiré al suelo. Cuando ella se marchó, un impulso me hizo recoger aquella carta.
La dama abrió su bolso y me tendió la carta, para que la leyera, la carta decía lo siguiente:
Señora:
Tal vez le sorprenda que le escriba esta carta, quizá no sea la persona indicada, pero me sentí en la obligación de hacerlo para evitar tanto sufrimiento. No piense que se trata de una carta de perdón, porque en mi no existe este
sentimiento. En ninguno de nosotros debe haber culpa o arrepentimiento. El único sentimiento que invade mi corazón hacia mi pareja es de amor.
Y por amor, es que le escribí esta carta de agradecimiento.
Si señora, gracias a sus desprecios y desdenes, usted perdió a su pareja. Aunque usted no se diera cuenta, yo con frecuencia vi los ojos de él a punto de llorar y el temblor de su cuerpo ante la impotencia de comprender sus actitudes. Gracias a su falta de respeto y al poco aprecio que le tenia, usted me dio la oportunidad de conocer la nobleza de su corazón, de ese corazón que sin ninguna mala intención, fue inclinándose poco a poco hacia mí.
Gracias por dejarlo solo en sus fracasos y sus triunfos y dejarme compartirlos con él; yo viví intensamente con sus sueños y sus logros, desfruté su felicidad y me sentí orgullosa de que muchos de sus triunfos me los dedicara a mí.
Gracias por darme la oportunidad de sustituirla, para llorar con él sus fracasos. Fue mi mano la que lo levantó cuando se derrumbó y nadie le dio apoyo.
Gracias, señora, porque usted sólo se acordaba de él cuando necesitaba que alguien le pagara las cuentas. Yo me conformé con un poco de su amor y unas migajas de su tiempo.
Ahora le doy gracias a Dios por concederme el milagro de que este hombre me ame como yo lo amo a él.
Muy seguramente usted pensará que soy una cualquiera, quizá me califique como una "destruye hogares", pero créame?...cuando usted reciba esta carta, él estará conmigo y yo nunca le pediré que la desampare con sus hijos. Sólo deseo decirle que usted tuvo un gran tesoro entre sus manos, un manantial de ternura y amor que jamás supo valorar, y cuando él más la necesitó usted le dio la espalda y lo dejó solo con sus sueños y tristezas.
Yo lo amaré por todo el tiempo que me resta de vida, nuevamente gracias. La otra.
Al terminar de leer la carta, le pregunté a la dama, quien lloraba con tristeza. -¿Para qué conservar una carta como esa?
-¿Porque esa joven, ahora es la esposa del hombre que aún amo, me enseñó a valorar a las personas que se aman. Si me pregunta si todavía le guardo rencor a ella, le diré que no, pues al perder a mi esposo, me di cuenta de la magnitud de mis errores y del gran amor que aún siento por él, solamente deseo que sea feliz y si lo es con ella está bien...y soy sincera al decirlo.
Mi relación con él ahora es de amigos, él adora a sus hijos y con eso me conformo. Al marcharse la señora me quedé pensando un largo rato; en la importancia de asumir cada uno su papel y buscar el justo medio entre ser esposa y madre. Y sobre todo, i amar siempre!, Y no esperar amar a las personas...cuando ya es demasiado tarde.