7
Todavía recuerdo cuando iniciaba la carrera de periodismo, la carrera de mi vida. Encontré muchos obstáculos: mi familia me presionaba con el argumento de que era una profesión mal pagada. Pero haber sido perseverante me dio la oportunidad de conocer las historias más extraordinarias que jamás un hombre vivió. Pero yo conozco una historia maravillosa que no viví como reportero... es la historia de las personas que más amo.
Al poco tiempo de iniciar mi vida marital, mi esposa tuvo muchos problemas para poder tener un bebé, lo que era para ambos nuestra mayor ilusión.
Por fin llegó el momento en que vimos realizado nuestro sueño. Nuestra alegría no duró mucho, al poco tiempo perdimos a nuestro bebé.
Lloramos y sufrimos como nunca y para colmo, el doctor nos dio la mala noticia de que sería muy difícil que mi esposa se volviera a embarazar
Fueron días muy difíciles y aprendí a perder la esperanza de llegar a tener un hijo entre mis brazos. Mi esposa con más valor que yo intentaba darme ánimos. En uno de tantos momentos, en los que me encontraba triste y pensativo, ella se acercó a mí, y de un salto se acostó en la cama diciéndome juguetonamente.
-¿Qué haces ahí acostadote? ¡Así nunca vamos a terminar de hacer al bebé! ¡Me resultaba sorprendente la firmeza y el valor de mi mujer!, ¡Ella sabía lo peligroso que sería un nuevo embarazo!. Un nuevo embarazo pondría en peligro la vida de ella y del bebé.
Ella me decía con ternura.
-¡Mi amor, ten fe! ¡Si realmente crees en nuestro sueño, todo saldrá bien! No dije nada sólo la miré con amor, la tomé en mis brazos y la besé con cariño. Gracias a nuestro amor y a nuestra fe, al poco tiempo, mi esposa me dio la gran noticia de su segundo embarazo. Mi alegría fue indescriptible, pero la preocupación me causaba cierta incertidumbre. Poco a poco el
desasosiego se apoderó de mí, de ninguna manera quería perderlos. Desde el principio fue un embarazo de alto riesgo. Constantemente la ten ía que internar de emergencia por la amenaza de aborto. En ese tiempo la clínica parecía mi casa, ahí comía, ahí escribía y a veces también dormía. Sólo tomaba el tiempo necesario para asearme y acudir al periódico amarillista donde trabajaba en aquel entonces. En ocasiones escribía mis artículos en la mesita de la habitación de mi mujer.
Al mirarla y ver crecer su vientre, algo interior me decía que lo estábamos logrando.
Los momentos más felices y que recompensaban todos nuestros sacrificios, eran cuando mi esposa tomaba mi mano y la colocaba en su vientre. Sentía como el bebé se movía y pensaba para mis adentros. "Dios mío, qué grande eres, el permitirme sentir a mi hijo vivo es algo maravilloso"
Era tanta mi emoción que no pude contener el llanto, en esos momentos me sentía el hombre más feliz del mundo, y dejaba volar mi imaginación hasta casi verlo correr y jugar conmigo.
Los médicos estaban sorprendidos de la evolución del embarazo. Todo parecía indicar, que con los debidos cuidados y precauciones, todo saldría bien.
Para las pocas ocasiones que estábamos en casa, contraté ayuda de servicio doméstico, quería evitarle el menor esfuerzo posible.
Por fin cumplió siete meses de embarazó y ese día pensé en invitarla, para celebrar todos nuestros logros.
Serían las diez de la mañana cuando la recepcionista me indicó que tenía una llamada. Inadvertidamente tomé la bocina, era la jovencita que nos ayudaba en las labores domésticas, y con palabras encontradas por los sollozos. Me dijo que mi esposa se había puesto mal, que le habían dado dolores fuertes en el vientre y que sangraba abundantemente, lo cual le ocasionó un desmayo, ella llamó al hospital y enviaron una ambulancia para llevarse a mi esposa de urgencias.
La noticia me ocasionó mucho temor y tristeza, por un momento me quedé inmóvil. Cuando por fin pude reaccionar, subí a mi auto y manejé deses- peradamente hasta el hospital.
Los únicos pensamientos que ocupaban mi mente eran la vida de mi esposa y mi hijo.
Por fin llegué al hospital y busqué al médico que atendía de mi esposa, cuando lo encontré, me tomó del hombro y me condujo a uno de los consultorios, donde
hablamos a solas. Recuerdo todavía sus palabras como un eco, algo lejano, muy lejano y ajeno a mí.
Después de explicarme las complicaciones, en que se encontraba mi esposa, concluyó diciendo.
-Señor...lo lamento, usted sabía que el embarazo era de alto riesgo.
Yo estaba en silencio e inmóvil, esperando una trágica noticia, sin darme cuenta... tomé al doctor con fuerza y casi a gritos le pregunté. -¿Pero, cómo está doctor...cómo?-. Él me contestó- ¡Cálmese por favor, ella se encuentra en trabajo de parto y por el momento... Sólo por el momento, está bien! En estos momentos el que peligra es el bebé, porque sólo tiene 27 semanas de gestación y no podemos detenerlo por más tiempo. Ahora trate de tranquilizarse, estamos haciendo todo lo posible... pero no le puedo garantizar nada.
Fueron las horas más angustiosas de mi vida, fumaba un cigarro tras otro. La desesperación se estaba apoderando de mí. Caminando por los pasillos encontré una capilla. En realidad yo no era muy devoto, pero en ese momento sentía la necesidad de la ayuda de "alguien" verdaderamente omnipotente.
Por primera vez en mucho tiempo me arrodillé frente a un altar y dejando correr mis lagrimas y mi dolor empecé a suplicar.
"Dios mío... sé que nunca visito tu casa y pocas veces me acuerdo de tu existencia. Es triste, pero la verdad es que no sé ni siquiera como decir una oración. Tampoco sé, Señor, si me estás escuchando ahora, pero mi dolor es muy grande y no sé a quién acudir".
En este momento, Señor no te pido nada para mí, ni siquiera que me concedas la vida de mi hijo, si ese es tu deseo... sino, por ella Señor, te pido por ella, porque este hijo es su más grande anhelo y su mayor ilusión y no soportará perderlo.
Tal vez soy el más insignificante de tus hijos, y no merezco tu misericordia, pero te lo pido Señor, te lo suplicó desde lo más profundo de mi corazón. ¡Te ofrezco mi vida a cambio de la de mi hijo!. Tu ya tienes muchos ángeles en el cielo, ¡déjale éste a ella!
Después de desahogar mi corazón como un niño, salí de la capilla y en el camino me encontré al doctor y nunca olvidaré su rostro, el optimismo se reflejaba en él, me tomó del brazo y me dijo.
-La operación terminó, su esposa se encuentra bien... muy débil pero bien. -¿Y mi hijo doctor?... ¿Cómo está mi hijo?
-El bebé nació vivo, muy delgado y, auque parezca increíble, por el momento está estable, se encuentra en la incubadora y si logra sobrevivir la primeras 24 horas, tendrá mayores posibilidades de vivir. Ahora vaya con su esposa que está
preguntando por usted.
Corrí literalmente a la habitación de mi esposa, su rostro estaba iluminado por una sonrisa a la que traté de corresponder para no alarmarla. -Vamos amor... Sé que estás preocupado por nuestro bebé, no tienes que fingir conmigo.
Rompiendo el dique de tanta angustia contenida, me arroje a sus brazos.
-¡Despediré a la muchacha por haberte descuidado, nunca debí dejarte sola, me siento tan culpable mi amor!.
Mirándome fijamente como sólo ella, mi esposa, sabía hacerlo, me dijo:
-¡No seas tonto, no te culpes, tampoco a la muchacha, las cosas pasan porque tienen que pasar! Debemos agradecer a Dios que el bebé está vivo...muy delicado, pero con ganas de vivir, está luchando por ello, no pierdas la fe.
¡Tú lo verás, en unos cuantos meses nos estará dando mucha lata y eso nos llenará de felicidad. Ni siquiera nos acordaremos de las angustias vividas!
¡Anda... ve a verlo, que sienta que estás con él, que lo amamos, dale un beso de parte de su madre y dile que lo amo tanto como amo a su padre.
Me llenaba tanto de admiración y de amor la valentía de mi mujer. Desde luego, logró su propósito, levantarme el animo y me llegó a convencer de que no tenía que darme por vencido.
Llegué al cunero, a través del cristal le indiqué a la enfermera cual era mi bebé, acercó la incubadora al vidrio para que yo pudiera verlo más de cerca, ¡era tan pequeño!...podrí a caber en una caja de zapatos. Ignoro si lo que ocurrió fue real o producto de mi gran amor de padre, pero juraría que enderezó su cabecita como si de verdad me mirara, como si quisiera trasmitirme un mensaje de esperanza.
Al día siguiente recibí la noticia de que todo estaba saliendo como lo rogamos en nuestras súplicas, feliz le llevaba las buenas nuevas a mi esposa.
La encontré dormida y no quise interrumpir sus sueños, me senté a su lado y el cansancio me venció y me quedé dormido. Una voz me despertó.
-¡Hey dormilón, despierta. Aquí hay alguien que te quiere ver!
Puso a nuestro hijo en mis brazos y mi emoción fue indescriptible. -¡El milagro se ha realizado, sobrevivirá!
-¡Gracias amor...no sólo por darme un hijo tan bello, gracias por enseñarme a no perder la fe, gracias por tu optimismo, por enseñarme a creer en Dios, pero
sobre todo...gracias por amarme, por ser mi mujer!
Es tan sorprendente e increíble el milagro de la vida, el poder constatar como un ser frágil e indefenso nos da una lección de valor.
Es tan triste ver como esos pequeñitos, valerosos y ansiosos de vivir, van sufriendo transformaciones hasta convertirse en hombres...han perdido ya totalmente su fuerza de voluntad y el obstáculo más ínfimo, nos aterroriza y no nos atrevemos a dar un paso hacia adelante, por temor a una caída.
Es realmente sorprendente el enorme potencial que desperdiciamos durante nuestra juventud y también en la edad adulta, dejamos morir dentro de nosotros nuestros sueños y, sin darnos cuenta, poco a poco, nos dejamos morir como algo que pasó por la vida, sin ninguna trascendencia. Resulta absurdo que sea así, todos llegamos al mundo con una misión y en la mayoría de las veces, morimos sin llegar a conocerla.
8
CARTA
A MI MADRE
8
El tiempo sigue su marcha inexorable y el éxito de mi columna llegó a ser tan grande, que me está transformando, casi sin darme cuenta y progresivamente me convertía en lo que tanto detestaba. Recibía llamadas para participar en eventos nacionales e internacionales, económicamente todas mis aspiraciones estaban cubiertas, sin embargo, me estaba olvidando de algo de trascendental importancia. ¡Mis raíces, mi familia y las personas que desde un principio habían creído en mí!
Una tarde desperté a la realidad y fui bajando bruscamente de mi mundo de "nubes". Me encontraba en mi oficina hojeando el material de mi siguiente publicación...cuando de pronto...entra mi secretaria como una tromba, sin tocar la puerta. Este hecho me molestó, pero al conocer el motivo la comprendí, su cara tenía un rictus de preocupación.
-¡Acaban de hablar de casa de sus padres, que urge se comunique, parece que su mamá se puso mal!
Sin pensarlo, salí apresuradamente, a medida que el tiempo transcurría la angustia me abrumaba. Lo que más me molestaba era ese sentimiento de culpa que se acercaba dentro de mí. Me había dejado absorber tanto por mi trabajo y me encontraba tan preocupado por ser "el dueño del mundo", que olvidé que mi viejita también necesitaba de mi atención. •
El camino me parecía interminable, aún faltaban algunos kilómetros, un escalofrío recorrió mi c u e r p o . . . E l t e m o r i b a e n a u m e n t o ; inconscientemente pisé el acelerador...a lo lejos distinguí la casa de tantos y tantos recuerdos. Mi mirada se centro en las personas que estaban en la puerta, me bajé tan apresuradamente que ni siquiera cerré el auto. Sentí enloquecer al mirar que todos lloraban. Entré y tuve ante mí una escena desgarradora.
En la sala mi padre y mis hermanos lloraban alrededor del cuerpo inerte de esa gran señora, llena de vida que me enseño casi todo lo que sé, esa mujer maravillosa que había dedicado su vida a hacer felices a sus hijos, se encontraba ahí ahora en ese horrible cajón. Como un niño me abalancé sobre el cuerpo tan amado, aferrándome a su mano como cuando tuve que ir a una escuela por
primera vez y que yo le gritaba que no me dejara, que me llevara con ella... Pero esta vez era diferente porque no habría regreso. Mi padre intentó calmar mi dolor tomándome del hombro.
Que valor tenía mi viejo, acababa de perder a la compañera de toda su vida y reprimía su llanto para inftindarme valor. Me levanté y lo abracé más fuerte que nunca, juntos lloramos, por la extinción de la luz de nuestro hogar, no supe cuánto tiempo transcurrió y yo aún sostenía la mano de mi madre entre las mías suplicándole que no me abandonara, que me hacía falta.
Más tarde, aun dentro de mi letargo, acudieron a mi mente los recuerdos de lo vivido a su lado, sus consejos, sus regaños y hasta esa nalgadas que odié, pero en mi corazón, estaba un enorme remordimiento por no haber tenido la oportunidad para despedirme de ella.
En mi mente resonaban las palabras que yo, como muchos adolescentes llegamos a decir a nuestras madres, cuando pensamos que todo lo sabemos y no necesitamos los consejos de nadie, frases como..."No te metas en mi vida, ¡no te metas en mis cosas!, ¡No me beses que ya no soy un niño! Lamentablemente" entendemos el valor de una madre, al momento de perderla.
¡Hay mamita, te fuiste de mi lado sin que yo pudiera llagar a decirte cuánto te amaba!. Tal vez te fuiste lamentando el que jamás hayas recibido una muestra de gratitud por parte de tus hijos, por los que realizaste tantos y tantos sacrificios, y ahora...casi al final yo preferí enviarte dinero que venir a verte, ¿mamá, me habrás perdonado?. ¿Cuál sería tu último pensamiento para tú hijo?...
Los funerales fueron emotivos, me sorprendí gratamente al comprobar la gran estimación que había logrado despertar mi madre a lo largo de su vida. Por dondequiera había arreglos florales, coronas, no faltaban personas que quisieran hacer guardias de honor al féretro incluso llegó un arreglo bellísimo de
%un alto funcionario del país con un mensaje que decía: "Gracias, señora, por
haber dado hombres extraordinarios al país."
Han transcurrido algunos días desde que despedí a mi madre en su última morada y como un justo homenaje, no quise enviarle flores, sino hacerlo de la manera que ella me enseñó...escribiendo.
Querida mamita:
Es tarde ya para decirte muchas cosas, es tarde para que lleve una rosa. Ya no existen palabras para expresarte lo que mi corazón siente al sentirte ausente. Un gran vacío invade mi existencia.
a mi lado y no supe apreciar en toda su magnitud, mis manos acarician ese pedazo de papel con tu imagen en una búsqueda inútil de sentir la caricia que de niño me hizo tan feliz, busco el brillo de tus ojos, la ternura de tu mirada dirigiéndose hacía mí, trato de escuchar el sonido de tu voz con la palabra idónea para mitigar este dolor que me lastima, al darme cuenta de que no estás aquí.
Mamá tengo que agradecerte que me enseñaste a amar y recordar a cada instante el valor de una muj er ; lo importante de aceptar a los demás y ser aceptados por ellos, la existencia de Dios y lo maravilloso de estar vivo me enseñaste a disfrutar de mis triunfos y aprender de mis fracasos, que la marguera del atardecer se olvida cuando el amanecer hace su aparición y nos regala la esperanza de volver a empezar. Me formaste un carácter y la convicción de que para superarse hay que aprender a agradecer lo que se tiene.
¡Puedes irte tranquila, cumpliste, formaste una familia sana y llena de amor!. En el corazón de tus hijos sembraste la semilla de honradez e integridad. ¿Cómo agradecer que amaras tanto a mi padre al grado de que formaste ante nosotros una imagen suya, casi como la de un santo? ¡Todavía en las paredes se escuchan aun el eco de sus pasos! ¡Cómo me haces falta mamita adorada!. Cómo quisiera regresar el tiempo atrás, y decirte una y mil veces...que lo siento, que me perdones y que te amo de corazón!.
Quise escribir esta carta, con frases que sé que no podrás leer, pero quiero que sepas... Tengo la esperanza de que cuando nuevamente me toque estar ante ti... Te diré "orgulloso...mamá, he cumplido, puedes estar tranquila, soy un digno hijo tuyo". Mientras tanto sólo te diré... ¡Gracias, mamá, en donde quiera que estés!
EPILOGO
Con el transcurrir del tiempo, El Buscador continuó su labor encontrando más historias y cosechando nuevos triunfos.
El tiempo ha seguido su marcha inexorable y el éxito de la columna "La búsqueda" ha llegado a ser tan grande que ha transformado mi vida casi sin darme cuenta.
Algunas veces sentí que me convertía en lo que tanto detestaba: un hombre vacío y ocupado en su trabajo.
Recibía llamadas para participar en eventos nacionales e internacionales, económicamente todas mis aspiraciones estaban cubiertas, sin embargo, me estaba olvidando de algo esencial e importante. Mis orígenes mi familia y las personas que desde un principio ¡habían creído en mi!
Que lejano me parecía ahora aquel Viernes, cuando viajaba en mi Mustang-65 de colección. Cuántas cosas habían cambiado en mi persona desde entonces. Mi vida se transformó desde aquella carta del joven drogadicto a sus padres.
Recordé con tristeza y orgullo las grandes lecciones de vida que me habían enseñado aquellos viejos amigos. En silencio dije una plegaria por todos los ausentes; mi madre, Montserrat, el joven drogadicto y otros amigos entrañables:
Dios los bendiga a todos en donde quiera que estén... i Gracias!
El Buscador.
Con el transcurrir del tiempo, el Buscador continuó su labor encontrando más historias y cosechando nuevos triunfos. Pero la muerte de su madre transformó su vida, su crecimiento como ser humano lo llevó a mirar la vida de otra manera. Por su forma de vivir conoció muchas historias maravillosas de personas increíbles.
Algún día,' al pasar el tiempo, nuevas historias de estas vidas increíbles llegarán a tus manos estimado amigo...hasta siempre.