El Encuentro
La conferencia
Más impactante
De todos los tiempos,
La obra maestra del
Escritor
MIGUEL A. TENORIO MEDELLIN
El BUSCADOR
Colección Grupo CYMA
El Buscador
Miguel A. Tenorio Medellín
Diseño de la colección: Grupo CYMA Diseño Editorial: Qlaudia Reyes Flores
© 2000 Grupo CYMA Miguel A. Tenorio Medellín Av. De los Reyes No. 10 Local 7 Col. Cuautitlán Izcalli Centro México, C.P. 54700 Tels. 5873-2480/5868-5491
01800-7199 325 / 01800-5230-943 ISBN: 970-93129-52
Segunda Edición: Diciembre 1999
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de la presente obra en cualquier forma, conocida o por conocerse sin consentimiento previo y por escrito del editor.
A mis padres Gume y Gloria,
A mi maestro de la vida,
Mi abuelo Gumercindo Tenorio,
A mi esposa Claudia que es mi inspiración,
A mis hijos Pablo, Miguel, Jonh y Parné.
Contenido
Introducción ... 9
1. El Buscador. ... 17
2. Carta de un drogadicto a sus padres. ... 25
3. La promesa ... 37
4. Señor... Soy Montserrat y tengo SIDA ... 49
5. La otra ... 65
6. Seis tiros. ... 79
7. El milagro de vivir. ... 97
8. Carta a mi madre muerta ... 109
INTRODUCCIÓN
A nadie importa si la humanidad sucumbe,
ni a los pájaros, ni a los árboles;
la primavera misma al despertar con la aurora,
Apenas sabrá, que no estamos más...
Sara Teasdale
Ese día tenía muchos planes, había un interesante entretenimiento con los amigos y por la tarde una cita romántica con mi novia, jamás pensé que ese día iba a ser el primero de una nueva vida.
Apenas despertaba, cuando mi hermana abría mi puerta para pedirme que fuera a comprar las cosas para el desayuno, muy molesto y lleno de furia tuve una discusión estúpida con ella, tomando la postura de macho tonto, como si el ir de compras me iba a quitar mi hombría.
Si sólo hubiera sabido que esa era la última oportunidad que tenía de poder escucharla, tal vez en lugar de discutir la hubiera abrazado y dicho lo mucho que la quería, porque sé que así nuestra despedida hubiera sido más fácil y el remordimiento que me ha acompañado por toda mi vida desde su muerte, no sería tan fuerte, pero nadie sabe cuándo vamos a perder a las personas que amamos.
Recuerdo que mi padre llegaba de su turno de trabajo y nunca voy a olvidar que después de saludarlo vi claramente como dejó su revólver de cargo sobre la mesa del comedor y subió a bañarse como todos los días lo hacía, si tan sólo ese día hubiera subido el arma con él...
En ese momento le pedí a mi hermana menor que en ese entonces tenía tres años que me acompañara al mercado, recuerdo que después de las compras todavía veníamos jugando, todo parecía indicar que iba a ser un Domingo muy feliz hasta que entramos a la casa...
Recuerdo que entré como si nada y entré directamente a la cocina, mi hermanita se quedó en la entrada como espantada, como si hubiera visto un fantasma, recuerdo que todavía me acerqué a ella muy despacio, sin la intención de espantarla, tratando de descubrir lo que miraba con tanta atención y al voltear la vista lo que pude observar fue la
escena más horrible de mi vida, mi hermana, la misma con la que estuve discutiendo momentos antes estaba tirada en el piso en medio de un gran charco de sangre.
Y les puedo jurar que esa misma escena me ha seguido durante diez años, todos los días con sus noches, y en mi mente siempre la misma pregunta ¿Pude haberlo evitado?...
La desesperación se apoderó de mí, no podía pensar ni moverme, llegué hasta olvidar que esa pequeña niña seguía observando a su hermana morir delante de ella, recuerdo que lo único que pude hacer en ese momento fue gritarle a mi padre con mucha desesperación:
¡Papá! ¡Papá!
¡Gabi se cayó!, baja rápido... por favor, por favor...
En ese momento no había visto la pistola a su lado, mi padre la descubrió, yo estaba tratando de hacer que ella respirara levantando su cabeza una y otra vez, recuerdo que sólo jalaba aire, con la desesperación de el ser humano por sobrevivir, cuando volteé y observé como mi padre arrancaba la pistola de las manos de mi hermana no pude pensar, con la desesperación salí a la calle, desesperado tomé el coche de mi papá y salí como demonio a buscar ayuda, pero recuerdo en la primera esquina, el automóvil se detuvo y no podía volverlo a encender, un amigo al notar mi forma de manejar detuvo su automóvil frente al mío para evitar que volviera a manejar, recuerdo que se paró frente a la ventana del coche y me preguntó que qué me pasaba y el llanto se apodero de mi...
Recuerdo que me hizo bajar y me abrazó como a un niño y me acompaño a buscar ayuda y por cierto hasta ahora no he podido agradecerle por esa ayuda.
Encontramos de inmediato una patrulla que se encontraba dando sus rondas por la colonia y de inmediato pidió una ambulancia, pero ya era tarde, mi hermana había muerto sin remedio.
Después de eso todo fue conmoción y entre tristeza y coraje lo único que pudimos hacer fue abrazarnos, mi papá y yo lloramos mucho y por mucho tiempo, pero lo que en ese momento era más importante: el cómo mi madre iba a reaccionar, no tuvimos que esperar mucho pues mi madre llegó con mi otra hermana, su reacción fue como la de cualquier madre que ama a sus hijos, se arrodilló en el suelo y le suplicaba a Dios que todo fuera una pesadilla, no podía creer que su niña ya no estuviera, que toda una vida se desvaneciera en unas cuantas horas.
Lo demás fue como cualquier evento de ese tipo, la familia, los amigos, flores y rezos, pero nada de eso me iba a regresar a mi hermana; yo no quise irme con mis padres al sepelio, recuerdo que me quede de pie frente al lugar donde ella murió y maldecía a todo el mundo y culpé hasta a Dios por lo que sucedió, mi padre me tomó de la cabeza y me pidió que ya
no sufriera, que ella debía vernos unidos y no pude más que llorar le pedí, que me dejara las llaves del coche, y le dije que no se preocupara, que iba a estar bien y antes de que se marchara me quité mi chamarra de piel, esa chamarra que tanto le, gustaba a ella. Le pedí a mi tío que se la pusieran y que si era posible la sepultaran con ella, en ese tiempo era lo único que yo le podía dar.
Manejé muy despacio hasta llegar a los funerales, recuerdo que desde la puerta la gente me miraba entrar, mi padre en una esquina fumando y mi madre en un sillón llorando, caminé hasta el cajón sin hablar con nadie, la miré por la ventanilla de la caja y no lloré, no pude llorar al mirarla como dormida, venían a la mente todos los recuerdos que compartimos, yo recordaba cuando nuestras habitaciones las convertíamos en naves espaciales, o salíamos al jardín convertidos en grandes exploradores que descubrían lugares nunca antes vistos, toda una vida pasó en unos cuantos segundos.
El sepelio fue muy lindo, la misa fue hermosa con un sermón sobre la muerte muy motivante y lo que fue desgarrador, cuando introducían la caja en la fosa, mis padres gritaban que les arrebataban a su hija, yo lloraba abrazando a mis hermanas y todo terminó, la tierra empezaba a cubrir su ataúd y todos comenzaron a retirarse, todos menos yo. Cuando ya se habían marchado y antes de que la máquina terminara con su trabajo, tomé un poco de tierra con mis manos y me despedí de ella con una promesa.
"No importa el tiempo que me lleve lograrlo, no sé si alguien va a creer en mí, pero te juro que esto no se va a repetir otra vez, te juro por tu memoria que todo el mundo va a conocer tu nombre."
Diez años han pasado ya desde su muerte, y después de luchar con todas mis fuerzas por cumplir esa promesa, e impartido más de 6000 conferencias y estoy convencido de que he podido lograr que miles de jóvenes, hayan dejado la idea de suicidarse después de escuchar mis pláticas, la promesa no está cumplida del todo pues todavía hay millones de jóvenes que sufren como ella y otros tantos que cometen el mismo error, pero lo que si es un hecho es que mientras tenga fuerza en mi corazón no pararé, seré incansable en mi lucha.
El Buscador ha sido mi sueño que ustedes convirtieron, en realidad, fue mi primer libro y la primera experiencia de comunicarme con ustedes sin un micrófono, sus historias las hicieron como propias y lograron crear en todos ustedes la necesidad de mejorar como seres humanos, ustedes mis lectores han hecho de El Buscador un éxito, eso es algo que jamás dejaré de agradecerles.
Gracias en nombre de El Buscador y el de un servidor, pues las muestras de cariño que he recibido a lo largo de estos ocho años de camino me siguen dando las fuerzas para cumplir con mi promesa. Puedo prometerles qué mientras el creador me lo permita, seguiré trabajando para ustedes.
Gabi, cumplí...
Miguel Ángel Tenorio Medellin. Con amor a la memoria de Gabriela Samantha Tenorio Medellin.
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EL BUSCADOR
El alma que ha visto la verdad, Deberá construir un hombre, Que consagrará a la sabiduría, A la belleza y al amor...
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Siendo aproximadamente las doce de la noche, de un Viernes, día y hora normal en mi trabajo, conducía mi Mustang-65 que en ese tiempo consideraba mi mayor tesoro.
Desarrollaba las actividades propias de cualquier reportero de La ciudad de México. Mi trabajo consistía en recorrer calles oscuras, visitar hospitales y acudir a las delegaciones en busca de las noticias de mayor impacto. Aún con los riesgos de mi profesión, siempre he disfrutado el poder ser útil, ayudar a los demás. Mi nombre muy pocas personas lo conocen.
Por mi singular forma de escribir, me identifican con el sobrenombre de EL
BUSCADOR.
Me convertí en el recolector de las historias y relatos más increíbles, que fueron llenando mi corazón con su gran sabiduría y me hicieron reflexionar y entender los acontecimientos que ocurren en diferentes lugares de nuestro país. Mi historia es sencilla, comienza como la de cualquier joven entusiasmado con un sueño, el mío, llegar a ser el mejor reportero de la época. Ingenuamente pensaba que un título universitario, gran ánimo y buena fe, bastaría para abrir las puertas de los periódicos, editoriales y revistas de gran prestigio, estaba seguro de que se pelearían por publicar mis artículos, sin embargo, la realidad fue muy triste y diferente, más de lo que yo imaginaba...
Empezó mi peregrinar de periódico en periódico, de revista en revista, de editorial en editorial, desde los más importantes hasta los más modestos, con resultados verdaderamente adversos. Después de casi tres meses de buscar empleo, por fin llegué a las oficinas de un periódico, que para mi gusto era uno de los últimos en que hubiera querido trabajar, se trataba de una publicación amarillista especializada en nota roja.
Me armé de valor y olvidando mis prejuicios entré. La joven que atendía la recepción me trató con amabilidad, me comentó que el director había salido un momento, que regresaría pronto. Estuve esperando un rato, cuando el director volvió no tardo en recibirme.
Después de entrevistarme y ponernos de acuerdo en nuestras pretensiones, por fin obtuve el empleo de reportero, con un sueldo verdaderamente miserable.
Mi oficina era apenas de dos metros por dos, había un pequeño escritorio de madera desgastada y un par de sillas de las que regalan para las fiestas las compañías cerveceras. Me sentía verdaderamente incómodo, pues cuando me enteré que solicitaban reporteros, me puse mi mejor traje, zapatos y corbata impecables, y salí en busca de esa oportunidad, nunca me imaginé lo que estaba viendo; por supuesto sentía el impulso de salir corriendo, pero desafortunadamente era mi única oportunidad de trabajo, además mi situación económica empezaba a ser crítica.
Por el momento estaba bien, no había más...
Mis primeras historias, ¡Eran verdaderamente terribles! ¡Créanme!, Me llenaban de profunda depresión, se me había asignado cubrir la información de personas atropelladas, accidentadas, asaltos, crímenes de todo tipo incluyendo el asesinato. Desde pequeño todo lo relacionado con violencia y sangre me producía náuseas, pero tenía que reprimirme para conservar mi empleo.
El fotografiar cuerpos mutilados, ver a la gente con el dolor en sus rostros, entrevistar violadores, asesinos y ladrones me fue endureciendo. Con el tiempo me fui adaptando a este trabajo, convirtiéndolo en parte de mi vida, en algo habitual que llegó a ser casi natural.
Dos años habían pasado desde entonces, en los que me habían convertido en una lacra más del periodismo una de esas lacras que yo tanto criticaba al inicio de mi carrera, pero en el fondo de mi alma, en lo más profundo de mi corazón, seguía conservando mis ilusiones y mis anhelos originales.
Aquel viernes, como les decía, aproximadamente a las doce de la noche entró una llamada a la redacción, unos momentos antes me alistaba para hacer mi recorrido de rutina. La llamada era de la agencia No. 5 del Ministerio Público, nos avisaban que por la tarde habían detenido a un sádico asesino, quien había matado a un hombre maduro para poder comprar droga. Inmediatamente me dirigí hacia aquel lugar, mientras viajaba en mi Mustang-6s pensaba en todas estas cosas y con la clase de asesino que iba a encontrarme, seguramente como todos los demás, agresivo, mal encarado y poco cooperativo; mi sorpresa fue enorme al entrar en los separes y contemplar al terrible asesino, el cual era un chico de 18 años con aspecto frágil y débil.
Con cierta molesta, sin saber exactamente por qué me apresuré a realizar mi trabajo, seguramente era el chico que me había desconcentrado, los agentes lo sacaron de la celda y empecé a sacarle fotografías y le hice algunas preguntas de rutina. Por mi trabajo conocía delincuentes, pero la mirada triste y sin esperanza de este muchacho me conmovió profundamente, algo dentro de mi me hizo salirme de la rutina, le pedí a los oficiales que me permitieran hablar unos momentos con este joven a solas, los oficiales se retiraron. No tuve miedo de quedarme con él a solas, realmente no parecía un
joven agresivo, guardaba silencio, no decía nada se mantenía totalmente hermético, yo no sabía como empezar la plática, prendí un cigarrillo y no me pareció conveniente invitarle uno, pero él con voz titubeante me pidió que le convidara, transcurrieron algunos minutos en silencio, mientras aspirábamos el humo de los cigarrillos, después me miró a los ojos y me dijo:
-¿Quieres saber si realmente soy un asesino?- Su pregunta me dejó confundido...yo esperaba escuchar un "¡No! No es cierto de lo que me acusan". No le conteste, sólo le mire... Y pensé que la mayoría de los delincuentes siempre niegan sus delitos.
Con la cabeza inclinada y con voz trémula me dijo -Si, fui yo... ¡Yo lo maté!- su aparente frialdad y su joven figura me tenía asombrado, era casi un niño. ¿Cómo podía hablar de esa manera tratando de fingir seguridad?.
Un poco más relajado reanudó la plática con una pregunta obvia-¿Oye, eres reportero? -No esperó mi respuesta y continuó-Si me regalas algo para comer y tus cigarros, te puedo ayudar contándote mi historia.
Cerramos el trató con la mirada. Llamé de nuevo a los oficiales y les pedí que trajeran algo de "cenar" para ellos y para el joven, además, podían disponer del dinero que sobrara, también les solicité que me dejaran un poco más de tiempo con el detenido, para poder platicar con él a solas. Aceptaron de buena manera y después de traer la "cena" se retiraron dejándonos solos.
-Quisiera que mis padres se enteraran de lo que voy a decirte- Me dijo con la mirada llena de tristeza. -Escríbelo todo y publícalo si quieres, pero no me interrumpas hasta que termine. Tomé mi libreta, el joven empezó su monólogo como si me estuviera dictando una carta y comencé a escribir, sin omitir ninguna de sus palabras...
2
CARTA
DE UN
DROGADICTO
A SUS PADRES
Aún ahora, mientras te escribo, sé que el resultado ha de ser imperfecto...
Según tu criterio, has trabajado durante toda tu vida, te has sacrificado...
Principalmente por mí. Franz Kafka
2
Queridos Padres:
Les escribo aquí, desde estas cuatro paredes blancas, desde esta sucia celda donde estoy pagando el precio de mi torpeza, el precio de mi debilidad.
¿Saben... Pensaba por qué... Por qué llegar a este extremo, por qué robar, por qué matar? Sólo para conseguir mi maldito veneno, esas malditas drogas que me están matando y que no las puedo dejar.
Quisiera pedirles perdón... ¿Pedirles perdón?... Por favor ¿Cómo quieren que yo les pida perdón a ustedes? ¿A ustedes que jamás tuvieron tiempo para mí? A ustedes que jamás tuvieron tiempo para verme, tiempo para abrazarme, tiempo para preguntarme si estaba bien?... no sé...¡Para decirme que me querían!, Si por el contrario, lo único que hicieron ustedes conmigo fue golpearme, fue maltratarme...gracias a ustedes estoy aquí, gracias a su falta de amor, de cariño...estoy aquí siendo un delincuente, un maldito asesino. ¡Y aún así quieren que les pida perdón!... Yo no voy a pedirles perdón... Y a ti menos que a nadie, papá... a ti papá que me ves aquí encerrado y me llamas cobarde. Te paras enfrente de mí y ¿qué me dices? -¡Yo!, ¡yo me sobé el lomo trabajando por ti!, Yo te compré todo lo que tú querías, ¡te lo di todo y mira como me pagas!, ¡eres un mal hijo...eres un cobarde!, ¡me avergüenza ser tu padre! ¡ojalá y te quedes aquí encerrado para siempre!.
Pero qué cínico eres, papá... De verdad, que cínico eres. ¿Tú me llamas cobarde a mí, papá?... Por favor... ¡Tú!, Tú que las pocas veces que te vi siempre estabas borracho, siempre embriagándote en una maldita cantina. Ahí encerrado, embruteciéndote con alcohol, como si te doliera la vida, bebías hasta que no podías más, te "divertías" con mujeres, gastándote con ellas, el poco dinero que nos hacía falta a nosotros para poder vivir. Y ahora vienes aquí, para llamarme cobarde. Dime, papá...aparte de tu dinero, ¿qué nos diste?...aparte de tu cochino dinero...dime ¡¿Que nos diste, papá?!
Por nuestra necesidad y tu dinero, nos hiciste vivir a diario con miedo, coa temor, con angustia, con la angustia de verte llegar borracho, con el miedo de no saber si ibas a llegar a golpearnos o no... ¡Siempre tomabas, papá!...y no me digas que no te acuerdas, por favor...siempre llegabas a las dos o tres de la mañana y venias tan borracho que ni de pie te podías poner ¿Te acuerdas?
¡Ah, pero eso sí!, El señor llegaba aventando todo, gritando diciendo "Qué...en esta maldita casa no hay nadie que me atienda" ¿Para eso trabajo todo el día? ¿Para que ni el perro me salga a recibir? ¡Maldita sea! ¡Quiero verlos a todos aquí y ahorita! "Y yo" papá,...yo, papá, te juro que te escuchaba llegar y comenzaba a temblar y lloraba...me dabas miedo, papá me daba terror oír tu voz, te juro que hasta me escondía debajo de la cama, para que no me vieras, para que no me fueras a golpear... Pero eso no serbia de nada ¡No!. Me acuerdo que llegabas enfurecido a la recámara, aventabas todo y gritabas... Me acuerdo que veías dormida a mamá y sin piedad la tomabas de los cabellos y la comenzabas a jalonear, la empezabas a golpear...me acuerdo que mi madre espantada, te suplicaba y te decía. “Mi amor ya no me pegues, por favor, ya no me grites, los niños están durmiendo los vas a espantar, ¡vamos a dormir!".
...¿Pero no verdad? ¡No!... ¿Cómo al macho de la casa le iban a decirlo que tenía que hacer?... ¡No!...
Me acuerdo que en lugar de hacerle caso y aceptar que estabas mal ¿Sabes que hacías papá?..La golpeabas cada vez con más furia, con más rabia, le gritabas...- ¡Tú, mujer! ¡Tú...en esta casa no eres nadie! ¡Aquí tú estás de arrimada, de mantenida! ¡Yo te doy de tragar! ¿Y sabes qué?...¡A mi casa llego a la hora que quiera... Y como quiera llegar! ¡Por eso mando aquí,.. .para eso los mantengo!
Y me acuerdo papá, que mientras tú la seguías golpeando, yo estaba viendo...y te juro que me llenaba de rabia...de furia...en ese momento tenía ganas de salir a golpearte... ¡de matarte!
Pero tenía ocho años papá... ¡¿Qué podía hacer contra ti?! Y aun así, me armaba de valor y corría a abrazarla para protegerla con mi cuerpo, para que me golpearas a mí y no la golpearas a ella.
Pero... ¿sabes qué?... Créeme...créeme que tus golpes...no me dolían...de veras que no. ¿Sabes qué es lo que a mí más me dolía? Me dolía saber...que la persona que más quería...que más respetaba... ¡Qué más admiraba!... Que mi propio padre... ¡Nos estaba matando! ¡Eso dolía!... Me dolía saber que tú no sabias pedir perdón...
Al día siguiente, li siquiera te disculpas con nosotros, nada más sacabas dinero de tu cartera y nos decías -Tengan cómprense lo que quieran-. Guardabas silencio y al poco rato te marchabas nuevamente.
¡Qué pena papá!... ¿tú creías que con tu dinero comprabas nuestro respeto y cariño? ¿Acaso teníamos que respetarte? Recuerda que en lugar de amor...nos diste dinero.
Lo único que compraste fue lástima, papá... ¡Me dabas lástima!...¡Nos dabas lástima!...tú no eras un hombre... eras un simple macho cobarde y egoísta... y solamente te sentías hombre cuando golpeabas a mi mamá... y a nosotros... tus hijos, pero nada más.
¿Qué te costaba dejar de tomar?...por nosotros, papá... ¿qué te costaba jugar conmigo?... y ahora dime... ¡¿Quien fue más cobarde de los dos?!... ¿Quién?...¿Yo?... yo que salí a buscar en la calle todo lo que tú no me diste... yo que salí a buscar en la calle... ¡Todo el amor que me negaste!... o tú, que jamás me diste nada... ¿Quién fue más cobarde de los dos papá?... ¿Y sabes qué?... ahora sí... ¡Ya no te necesito, papá!... ¡Ya no necesito de ti!... ¡ Lárgate de mi vida, papá!... ¡Lárgate!.. .¡Ya no te quiero ver!... ¡Lárgate!...
¿Por qué me trataron así?... ¿por qué?... Si yo lo único que les pedía era un poco de amor...de cariño...de comprensión... ¡que me quisieran!... y a cambio ¡que me dieron?... siempre, a diario, verlos pelearse por el maldito dinero... i ¿Qué de veras no se daban cuenta?!... No se daban cuenta, que con sus peleas, lo único que hacían era quitarme las ilusiones de vivir...
¡Yo, ya no quiero vivir! ¡Todas las noches le suplico a Dios que me quite la vida!... le reprocho, le digo ¿Por qué Dios mío? ¡¿Por qué?!... Por qué si tú sabías que mis padres no me querían... que les iba a estorbar... ¡Para qué me diste la vida!... ¡Para qué! ¿Que no era más fácil que mi madre embarazada se deshiciera de mi?... me regalara con alguien que me quisiera... Que me diera amor. No como ustedes... ¿Por qué me trataron así?... ¿Porqué?...
Y tú, mamá... Ya deja de llorar, creo que es lo único que has sabido hacer toda tu vida; llorar ¿Quieres compasión?... ¿Quieres que la gente se compadezca de ti?... que te digan "Pobrecita mujer, tanto que sufrió por sus hijos, tanto que se preocupó por ellos y mira como le pagan" ¿Quieres compasión mamá? No te preocupes... ¡La gente ya te está compadeciendo!.
Pero déjame decirte algo... que hipócrita eres, mamá... De verdad.. .qué hipócrita...
¿Cuándo tuviste tiempo para darnos un beso? ¿Cuándo tuviste tiempo para abrazarnos? ¿Para decirnos, te quiero? Siempre te escuché quejándote, era lo único que sabias hacer; quejarte. ¿Sabes?... también por ti estoy aquí encerrado...por ti,...por ti,... Por tu maldita cobardía.
Tú le soportaste todo a mi papá; que te golpeara, que te humillara, que te engañara con otras mujeres, que golpeara a tus hijos delante de ti,...y jamás dijiste nada. ¡Jamás nos defendiste, mamá! Pero, yo me pregunto, ¿De que sirvió que siguieras con mi padre? ¿Para qué? ¿Para que siempre estuvieras hablando mal de él? Siempre te escuche hablar mal de mi padre...siempre...
"Tu padre no nos quiere" me decías, es un irresponsable, es un bueno para nada. ¿Para qué atormentarme? Con lo que yo sabía... pero cuando mi papá llegaba con el dinero, y te compraba cosas, ¿por qué no le decías? "Yo no quiero el
dinero de un irresponsable, yo no quiero el dinero de un bueno para nada." -¡Tu padre me golpea! ¡Es un desgraciado! Pero sabes que se te olvidó mamá, se te olvidó algo bien importante, ¡Qué mi papá también tenía corazón...! que sentía. Que en las tardes, cuando llegaba del trabajo, en lugar de recibirlo con un beso y preguntarle; "¿Cómo estás? ¿Cómo te fue?" Siempre eran reproches, gritos, insultos, le decías -Mírame ve la porquería de trapos que traigo encima, mírame parezco sirvienta por tu culpa; ¿que no puedes trabajar más?-, y mi padre para no escucharte mejor se iba a la cantina para emborracharse.
Me mandaban a la escuela, pero nada más para deshacerse de mí. ¿Se acuerdan como me decían? Me decían," ¡Ya lárgate, vete ya a la maldita escuela! Allá que te aguanten los maestros, para eso les pagan ¿no? Para aguantarte, ya me tienes cansada. Yo sí me iba mamá, pero a propósito no entraba a la escuela y reprobaba todas las materias, me iba de pinta insultaba a los maestros y no era porque no me interesara mi escuela, ¡A mí me gustaba estudiar! Así me desquitaba, les trataba de decir "mírenme... ¡Existo!". Luego perdí el interés por la escuela y comencé a juntarme con mis amigos los borrachos, los mariguanos.
Entonces empecé con las drogas. Primero me la regalaban mis "cuates", algunos "toques" de mariguana, "tachas" y pastillas, después me dijeron que ya no me la podían regalar.
Para conseguir las malditas drogas teníamos que robar, golpear a la gente y asaltar. Mis amigas casi unas niñas de trece y catorce años se tenían que prostituir para que les dieran las malditas drogas. Cu a nd o co n se gu ía m o s po co d in e ro no s drogábamos con resistol y tiner.
Pero aún sabiendo todo eso ¡Ni así lo podía dejar! ¡Era un infierno!. Hasta que llegó este día. ¡Dios sabe que no quería que fuera así!.
Recuerdo que estaba sentado en la banqueta y empezaba a atardecer, yo estaba desesperado porque en todo el día no había conseguido dinero para comprar mi maldito veneno, me sentía frenético, sentía que me estaba muriendo.
Un hombre vestido de traje se acercaba a mi caminando por la banqueta, al pasar junto a mí ni siquiera lo pensé, me fui tras él, saque mi navaja y me abalancé amenazándolo, le pedí su dinero; rápidamente tomo su cartera, sacó el dinero y me lo aventó en la cara. Con miedo en su voz me gritó-¡Ten... yo sí quiero a mis hijos...yo no tengo la culpa de que a ti nadie te quiera ¡Ten!-. No hubiera dicho eso, lo tome del cabello y le enterré la navaja en la espalda, una y otra vez.
¡ Me recordó que ustedes no me querían!. Por eso lo mate!... ¡Porque ustedes no me querían!. Luego quise correr...pero ya no pude más.
Después me detuvieron, me golpearon, me tortu raron y me encerraron aquí.
Más tarde los llamaron para que se enteraran de mi sil nación, y ustedes ni siquiera me dejaron hablar, solo escuché sus reproches y su llanto.
Mi situación legal es complicada, sé que será un proceso difícil y seguramente me condenarán por muchos años. Me arrepiento, por ustedes y por mí. Tengo mucho miedo.
¡Dios mío! Si en verdad existes, dime ¿por qué leñemos que pagar por los errores de nuestros padres? ¿Por qué nosotros? Si nosotros no pedimos venir al mundo. ¡No pedimos nacer!. ¿Por qué nos tratan así?... Papá... Mamá... yo los quiero mucho de verdad... ¡Los amo!. Pero ya no puedo más...ya no quiero que me sigan maltratando... ya no quiero que me sigan golpeando... los amo y donde quiera que estén los voy a seguir amando. Pero ya no aguanto más... ya no...ya no puedo más... ¡Ya no!... ¡Ya no!... ¡Ya no!
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LA PROMESA
¿Pudo alguien impedir que aquel joven se Mancillara con pecados, vaciara la Copa de la amargura y encontrara Por si mismo su destino? Hermann Hesse
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Cuando terminó su carta no podíamos contener las lágrimas, no nos importaba llorar. No quise apenarlo, tenía el rostro inclinado sobre mi libreta y fingía seguir escribiendo.
Él rompió el silencio y me dijo. - Lo mejor será que le marches, ojalá y te dejen publicar mi carta, para que les sirva de ejemplo a los jóvenes y padres de mi país-. Las lágrimas corrían por sus mejillas-. Ojalá que encuentren el amor que yo no tuve, que no tengan que v i vi r lo mismo que yo, que los padres y sus hijos tomen conciencia de su enorme responsabilidad y del cariño que necesitan.
Me dio la espalda y siguió llorando. Yo salí en silencio, nunca supe que fue de él ni en que terminó su proceso.
Era ya de madrugada cuando volví a mi casa, un sentimiento de tristeza embargaba mi corazón. Todo daba vueltas en mi cabeza. Vi en mi menta la imagen de mi pequeño hijo, yo me sentía culpable sin saber exactamente ¿por qué?.
Entonces mi pequeño tenía un año de edad, pero lo imaginé a la edad de ese joven y me embargo un verdadero sentimiento de tristeza. ¿Qué hacer para que mi hijo no llegará a terminar así?
Sentía la necesidad de cambiar, empezando por mí, de cumplir todas las promesas que siendo joven me había hecho.
Algo se iluminó dentro de mí ¡Tenía que cambiar!, No podía permitir que la carta de ese joven se convirtiera en la nota roja de un periódico barato, no podía seguir dejando que la gente perdiera su dignidad
Cuando llegue a mi casa eran las 2:45 A.M., Mi esposa como era su costumbre, me esperaba despierta, corrí hacia ella y la abracé con mucha fuerza, la tomé de la mano y la llevé a la recámara donde dormía mi pequeño hijo; y frente a los dos les hice esta promesa...
"A partir de hoy, desde este momento, no permitiré nunca que les falte un ¡te quiero!... Tu esposo mi amor i/ tu padre hijo, luchará mucho para que el día que ustedes piensen en mí, se sientan orgullosos de contar con el hombre que los ama y respeta"
Le pedí a mi esposa que se fuera a descansar, tenía que cumplir la promesa que le hice aquel joven, de que sus padres serían los primeros en obtener una copia (le lo que él me dictó.
Después de terminado mi trabajo descansé como nunca, con la esperanza de mañana ver un nuevo día.
A la mañana siguiente me levanté muy temprano, todavía con sueño en mi rostro, pero tranquilo porque sabía lo que tenía que hacer. Busqué a los padres del joven en la dirección que él me dio y les entregué una copia de su carta.
Después fui a la oficina del periódico y esperé a que I legará el director y le presenté mi renuncia.
Otra vez me encontraba como al principio, sin trabajo, con muchas ilusiones y con muchos deseos de luchar, sólo que ahora tenía dos grandes aliados: mi esposa y mi hijo.
Inconscientemente, me dirigí a la redacción del periódico más importante del país. La señorita de la recepción me hizo esperar un momento, y después me comentó "Tiene suerte joven, el director lo va a atender personalmente. Puede pasar."
El director me atendió aunque me observaba con indiferencia y curiosidad, me armé de valor, tenía que luchar por la promesa hecha a aquél joven. Lo miré a los ojos y le dije... -Señor, no vengo a pedirle trabajo, sé que un reportero amarillista, por su fama, no puede aspirar a trabajar en un periódico tan importante como el suyo; solamente le quiero pedir que me dé unos minutos y que lea esta carta por favor. En ella está la esperanza de un joven, que creé que su historia puede servir de ejemplo para otros jóvenes, ojalá y su periódico pueda publicarla.
El director tomó la carta, y empezó a leerla con indiferencia, después su rostro se fue relajando poco a poco, hasta que terminó. Me miró asombrado, me pidió mis datos y una copia de la carta. La entrevista terminó y yo salí de su oficina con la satisfacción de haber cumplido el deseo de un adolescente.
Después llegué a comer con mi familia, no pude encontrar la forma de decirle a mi esposa que ya no tenía trabajo, preferí callar; después de todo era un día maravilloso. ¡Era un día realmente hermoso¡
Al día siguiente, porque mañana, no quise contarle la mala noticia. Cuando me preguntó que a qué hora me iba a i r a trabajar le sonreí, y le dije que le tenía una gran sorpresa. No me dejó continuar, me dio un beso y me dijo que tenía que salir, que volvería pronto, y que hasta entonces le contara mi sorpresa.
Por el momento la mala noticia seguía pendiente. Cuando regresó ella a la casa me abrazó fuertemente y me dijo -¡Conozco tu secreto, es la mejor sorpresa que me pudiste dar!-. Yo no sabía exactamente de qué me estaba hablando, hasta que ella extendió el periódico delante de mí; y en la primera plana se leía "CARTA DE UN DROGADICTO A SUS PADRES", el artículo continuaba en una de las secciones de mayor importancia, y lo más agradable, me daba el crédito. Apenas lo podía creer, leí el artículo una y otra vez. Por respeto al joven, no le había hecho modificación alguna a su carta, para que pudiera expresar sus sentimientos. Pero lo más increíble, el periódico lambían había respetado lo escrito y lo publicó sin corrección de estilo.
Al mediodía, sonó mi teléfono, era la secretaria del director para pedirme un cita, que solicitaba su jefe para invitarme a comer. Yo no sabía que contestar, solamente recuerdo que le dije que estaba a sus órdenes, cuando él lo dispusiera, ella me preguntó si podía ser esa misma tarde; acepté de inmediato y quedó confirmada la cita.
Durante la comida, el director me dijo: "Para ser un reportero de nota roja escribes muy bien" Él parecía muy complacido "¿Deberías trabajar con nosotros? Para crear una nueva sección de ayuda social. Le podemos poner tu sobrenombre... ¿qué te parece... La Búsqueda?, Por supuesto, te pagaríamos lo suficiente para que te resulte atractivo trabajar con nosotros".
Antes de terminar de comer, ambos nos habíamos puesto de acuerdo. Ahora tenía un gran reto frente a mí.
A partir de entonces me convertí en un profesional del periodismo, mi oficina estaba en el tercer piso y era realmente hermosa comparada con mi viejo cuartucho, donde antes había trabajado. Por primera vez contaba con una eficiente secretaria.
Este trabajo aunque se relacionaba con el anterior, tenía una línea diferente. Ahora buscaba historias de verdadero interés, para hacer reflexionar a mis lectores. Trataba de ofrecer soluciones a sus problemas cotidianos.
"La Búsqueda" era una de las secciones más importantes y yo me sentía orgulloso de ser "El Buscador".
Empecé a asistir a las conferencias de temas tan importantes para nuestra sociedad, como son: drogadicci ón, alcoholismo, prostitución, delincuencia, violencia intrafamiliar, SIDA y otras.
Los profesionales nacionales y extranjeros, de esta área me empezaron a capacitar. Con esta ayuda mi sección fue volviéndose más interesante cada día, mi nivel de vida se desarrollaba mejor y tenía éxito tanto en lo espiritual como en lo material. Me sentía pleno.
Mi teléfono no cesaba de sonar, generalmente eran llamadas de personas que me agradecían los consejos y deseaban compartir sus experiencias conmigo. Tuve encuentros increíbles; algunos agradables, otros tristes y hasta cómicos. Conocí a gente de todo tipo y cada historia me hacia valorarlos con el cariño de un amigo.
Pero hubo una entrevista que tuvo para mí un especial significado...
Mi secretaria recibió un telefonema del Centro Médico La Raza, se trataba de un médico que llamaba de parte de una joven que tenía SIDA y que a veces, cuando podía, leía mi sección con mucho interés, ella les había pedido, que antes de morir la dejaran hablar conmigo...
Con todo el dolor que ello me causaba acudí rápidamente a su llamada.
Llegué a un área del hospital destinada para estos enfermos, tenía que cumplir al pie de la letra todas las indicaciones que se me daban. Me ofrecieron una bata, un tapabocas y unos guates de látex. Por fin entré en una habitación extremadamente pulcra, pero muy fría, había una sola cama en el centro y sobre ella reposaba una jovencita de edad indefinida, su rostro tenía rictus de dolor y unas profundas ojeras, pero yo presentía que su dolor no era físico, ahí, en su lecho de muerte se encontraba Montserrat...
-¿Así que usted es el famoso "Buscador"?- dijo con su dulce voz _Gracias por venir_ ella trataba de ser simpática, yo trataba de seguir su intento sonriéndole suavemente. De pronto, frente a mí sufrió un breve desvanecimiento.
Cuando volvió a abrir sus ojos hizo una mueca que intentaba ser una sonrisa. Miré sus grandes ojos verdes y bonitos. Con voz tenue y apagada me empezó a decir...
-Ya no tengo mucho tiempo, pronto moriré, no sé si tener miedo o pensar que la muerte es el alivio. Siempre he vivido con tanto dolor...lo que más lamento, ¿sabe?, Es que ya no conoceré el mar. ¿Usted cree que Dios me permita hacerlo después?.- No supe que decirle, había aprendido a asimilar la muerte con cierta facilidad, pero ahí me sentía impotente, sólo le acaricié la cabeza suavemente y le dije. -Vamos...hay que tener fe.
-Siéntese, señor 'Buscador", lo que tengo que contarle es muy largo, aunque mi vida se ha ido muy rápido...
En el silencio oía tenuemente los quejidos de otros enfermos, escuchaba atento y no comprendía por qué los seres humanos tenemos tanta capacidad para lastimarnos. Sin pensarlo, me quité los guantes y tomé su mano, su piel era suave, delicada y fría. Ella empezó a hablar y más que una conversación... miró al cielo y comprendí que se trataba de una oración...
4
SEÑOR...SOY
MONTSERRAT Y
TENGO SIDA
Vivir, ver el sol, tener salud y alegría, reír, correr hacia la gloria, sentir Un corazón que late, amar, tener Luz y de pronto...decir: ¡Hace Un momento yo vivía!... Víctor Hugo
4
Señor...tal vez no te acuerdes de mí, pero tengo más de dos años suplicándote, cada instante de mi vida, un milagro, que al parecer...no llegó.
Soy aquella niña delgada que vivía en la vecindad amarilla, enfrente del mercado. De ese barrio pobre sucio y olvidado.
En la vecindad vivían más de veinte familias y a pesar de nuestras carencias, éramos gente muy unida.
¿Me recuerdas, verdad?...¡No me digas que no!. En estos momentos Señor...tú eres mi único consuelo.
Mi soledad es fría y triste. En esta habitación la gente me mira a través de cristales y los médicos tienen que tocarme con guantes de látex, para no contagiarse.
Señor... Señor no me abandones ahora. ¡Dios mío! ¡Perdóname! Porque desde pequeña te he culpado de todo. Y no sabes cuánto me arrepiento. Pero, tú sabes Señor lo horrible que era vivir con esa mujer a la que tenía que llamar, mamá. Ella solamente venía a dormir después de trabajar todas las noches en un burdel vendiendo sus encantos.
Nunca acepté la idea de ver a mamá llegar casi todas las noches con un hombre distinto.
«Mis arrullos en lugar de ser canciones de cuna, eran los ruidos que hacían mi madre y sus amantes en la recámara.
Soporté de ella su rechazo y su frustración, pero qué culpa tenía yo de que ella envejeciera y los clientes no la buscaran con la misma frecuencia.
Siempre anhelé que mi madre me despertara por las mañanas con un beso, que me peinara y preparara nuestro desayuno.
Pero nunca fue así, todas las mañanas eran frías, me levantaba con sueño y como podía me vestía para irme a la escuela. Recuerdo que todos mis maestros y mis compañeros me tenían asco, porque normalmente iba sucia. Pero eso no me
importaba... no me importaba, por que yo tenía sueños, tenía ilusiones. Quería llegar a ser un gran médico.
Siempre me esforcé por obtener las mejores calificaciones, aun siendo pobre sobresalía en mi grupo.
Mi vida no era tan mala, tenía hambre, pero las vecinas se compadecían de mí y me regalaban algo para comer.
¿Por qué me tuvo que pasar eso?
Realmente mis problemas empezaron cuando mi madre se juntó con ese hombre, ¡con ese maldito hombre! Que nunca voy a dejar de odiar. Era un hombre joven, más joven que ella y muy atractivo. MI madre estaba loca de amor por él y lo que ella ganaba en los bares era para dárselo.
Pero mi madre nunca pensó que ese infame iba a destruir mi vida, y cuando lo supo tampoco le Importó.
Cumplí doce años, mi cuerpo y mis ideas empezaron a cambiar, comencé a usar las pinturas de mi madre.
Me sentía dichosa de ser una hermosa mujer. Tenía muchos sueños, ilusiones y anhelos; soñaba con que un príncipe azul llegaría algún día y me llevaría con él. Y entonces mi vida cambiaría.
i Que tonta fui por tener sueños!.
Una noche como otras mi madre y su amante llegaron a dormir. Los escuche venir, no tenía sueño. Sentí calor y me levanté para darme un baño.
¡Qué error tan grande cometí! Me desnudé, admiraba mi cuerpo y mi belleza en el espejo.
El agua se deslizaba por mi cuerpo, como mis ilusiones. *
Quería que mi vida fuera distinta a la de mi madre; pero todos mis sueños, todas mis ilusiones se derrumbaron, cuando ese hombre malvado entró sigilosamente por la puerta del baño y como un animal me atacó; se abdanzo contra mí...
Sus sucias manos mancillaron mi cuerpo y mi inocencia, su asquerosa boca me lamía y trataba de besarme salvajemente, desesperada suplicaba y gritaba para que mi madre me ayudara.
Lloraba, necesitaba que me ayudaran, no quería ser violada. Pero mi madre nunca acudió en mi auxilio. ¡ Dejó que me violara cuantas veces quiso!.
Me dejó lastimada y llorando, con un dolor que nunca terminara. Me dolía el cuerpo y el alma.
Apenas podía balbucir por ayuda pero todo fue inútil, no sé cuánto tiempo estuve ahí tirada suplicando que me ayudaran... que me ayudaran... me ayudaran...
Cuando la luz de la mañana me despertó vi entrar a mi madre al baño. Yo traté de levantarme, para abrazarla, con la esperanza de que no hubiera escuchado nada. Necesitaba su ayuda, necesitaba su comprensión y que ése hombre se fuera de nuestras vidas, pero fue todo lo contrario; me tomó de los cabellos y me golpeó en la cara. Yo le suplicaba -mamita escúchame, escúchame mamita, por favor, él me violó, él abusó de mí, él me lastimó...
Mi madre me gritaba sin escucharme –i Eres una cualquiera ! ¡Cómo es posible que mi propia hija me quiera quitar a mi hombre!.
No comprendía las palabras de mi madre, supliqué y lloré para que me escuchara pero todo fue inútil. Recuerdo que su odio era tanto que me arranco la ropa y casi desnuda me sacó a la calle.
Abandoné mi casa corriendo, no me importó que la gente me viera casi desnuda y llorando. Siempre recordaré sus gritos y a mamita que me insultaba "Eres una cualquiera, lárgate de mi casa, tú no eres mi hija".
No supe cuanto tiempo vagué por las calles. Sólo sé que terminé sentada llorando en la puerta de una casa. Miraba al cielo suplicándote, Señor...que me ayudaras, que si mi vida no le importaba a nadie me llevaras contigo. ¡Dios mío, ya no quiero vivir más!, Sólo sirvo para hacer sufrir a mi mamá...
Aún lloraba cuando una señora acarició suavemente mi pelo, Su rostro era dulce y bondadoso, su mirada era un bálsamo que mitigaba mis heridas. Sin preguntarme nada me tomó del brazo y me invitó a entrar en su casa.
Después de arropar mi desnudez, preparó chocolate caliente y por primera vez en mi vida cenaba junto a una mujer que, sin conocerme, sin ser de mi sangre, era buena conmigo como debían ser todas las madres.
Le conté mi vida y ella me comprendió. Nunca más volvió a tocar el tema. Me invitó a quedarme con ella.
Fueron los tres años más felices de mi vida; me cuidaba, me ofreció su casa, su cariño y su amor. Ella era mi madre y yo su hija.
Alguna vez me comentó que estaba enferma, que no me alarmara, que ya era una señorita y que debía prepararme para no estar tan desprotegida en la vida.
Busqué empleo en una tienda, en donde al pasar el tiempo conocí a un muchacho muy guapo. El tenía dieciséis años y un automóvil que parecía que se iba a desarmar. Todas las tardes iba por mi al trabajo.
Lo presenté con la señora y ella nos permitía estar juntos en la sala de la casa. Pensaba que era el hombre de mi vida, por el cual te había pedido tanto Señor. Cumplí mis quince años y entonces me pidió que fuera su novia. Recuerdo que no lo pensé, solamente lo abracé y lo bese con mucha alegría.
Era mi primer novio. Pero sin saber porqué me sentí triste por lo que me había pasado. Pero eso no me importó, yo lo amaba.
Al poco tiempo él insistió para que tuviéramos nuestra primera relación sexual. Me llevó a un "hotel de paso" y me hizo suya. Me entregué con amor, para mí ese momento fue hermoso y maravilloso.
Casi me había olvidado de la violación de aquel hombre. Pero a mí novio no le había contado nada de lo que pasó, por miedo a que me dejara y me despreciara... fue un grave error. Después de la primera relación, empezó a alejarse de mí.
Ya no era atento conmigo. Iba pocas veces por mí al trabajo y tampoco quería platicar en la casa de la señora. Solamente una o dos veces pasaba por mí para llevarme al hotel. Y después me dejaba sola otra vez. Sus caricias ya no eran iguales, ni sus besos, ni sus palabras. Yo no entendía lo que sucedía.
En aquel tiempo fue cuando murió la señora y mi hermoso mundo se derrumbó. Ella que había sido mi única madre, ahora estaba muerta...y aún la extraño.
No sabía que estaba pasando. Él no me quería y sospechaba que estaba embarazada.
Confirmé lo de mi embarazo y fui a buscarlo, tenía la esperanza de que con la llegada de nuestro bebé todo se arreglaría. Le propuse que nos casáramos y me dijo algo que me dejó muy triste. “Mira no me quiero casar contigo. Porque estoy seguro de que ese hijo, no es mío".
¿Cómo me podía decir eso... Si él había sido el único hombre en mi vida? El único hombre al que amaba ¿qué pasaba? Me sentí decepcionada. Estábamos solos mi bebé y yo.
pequeña, por haber sido una hija no deseada.
El recuerdo de tanta injusticia que tuve que vivir; fui rechazada, golpeada, humillada, nunca conocí a mi padre, uno de los amantes de mi madre me violó y ella me abandonó para seguir amando a ese maldito hombre.
Mis lagrimas bajaron por mis mejillas cuando le platiqué todo, para que él comprendiera lo triste que era tener una vida así. Para que nuestro hijo tuviera una vida mejor; pero no le importo.
Pasaron los días. Traté de adaptarme a mi nueva vida. Sola, sin amigos, sin el padre de mi hijo. Luchando para sobrevivir en un mundo injusto.
Buscando la salida para que mi hijo no sufriera, como yo.
Cuando tenía tres meses de embarazo mi novio fue a buscarme y me pidió perdón. Me propuso que viviéramos juntos. Yo lo amaba tanto, qué aún con lo difícil que sería nuestra vida, lo acepté...
Nuestra vida se convirtió en un infierno, todas las noches llegaba, triste, borracho y muy agresivo. Me culpaba de haberlo atrapado en una vida que él no quería. Me maltrataba, a veces me golpeaba y siempre me gritaba.
Con el tiempo también empezó a drogarse. Muchas veces encontré cigarros de mariguana y pastillas en su ropa. Pero le tenía miedo y no le dije nada.
Estuvimos juntos todo ese tiempo, pero una noche desilusionada me di cuenta de lo que había pasado, de lo tonta que había sido. Esa noche él llegó tomado y muy drogado a la casa. Yo tenía cinco meses de embarazo. Salí a recibirlo, y él me dio una cachetada. Traté de calmarlo pero todo fue inútil. Empezó a golpearme, pateaba mi vientre, como si quisiera matar a la criatura que llevaba dentro.
Solamente cerré mis ojos, deje que pasara. Fue horrible...lo único que recuerdo fue que empecé a sangrar. Desperté en el hospital con la triste noticia de que había perdido a mi bebé. Que mi situación a causa de los golpes aún era crítica, los médicos, me decían, que aunque todo saliera bien, lo más seguro era que ya no podría tener hijos.
Lloré mucho, deseaba tener a mi bebé, pensaba que con él, todo iba a cambiar. Otra vez mis sueños se habían destruido.
Apenas me recuperé, le pregunté al doctor por mi "esposo", y me dijo con mucho coraje "A ese desgraciado lo tienen bien encerrado y ojalá nunca salga". Apenas salí del hospital y fui a buscarlo.
ese momento me sentí como mi madre, pero al verlo golpeado, totalmente desfigurado por el abuso de los agentes policíacos, lo único que pude hacer fue ayudarlo...mi hijo muerto, ya no importaba.
En la casa curé sus heridas, lloré por mi bebé. No paso mucho tiempo para que él me abandonara.
Perdí mi empleo, sola, con mi vida destrozada, incapaz de ser una mujer completa, y sin la dicha de ser madre.
Empecé otra vez a vagar, busqué otro empleo pero era difícil conseguirlo, los hombres siempre querían abusar de mí.
Miserable y con hambre; empecé a trabajar en un bar donde los hombres iban a ver a las chicas desnudarse y por una propina nos teníamos que dejar
manosear. Aprendí a vender cigarros y las mejores mesas; para los mejores "clientes". Muchas terminábamos saliendo con los hombres para conseguir un poco más de dinero. La gran mayoría de las chicas, ni siquiera usaban
preservativos, mucho menos protecciones contra el SIDA.
Empecé a atender muchos hombres. Me convertí en la mejor prostituta y una de las más solicitadas. Pero mi vida me daba mucho asco, tenía que soportar las sucias caricias de muchos hombres, tocándome, maltratándome.
En el mismo bar nos vendían las drogas para "alivianarnos" de las desveladas. Pero luego me di cuenta que no era por las "desveladas" que nos vendían la droga. Lo hacían para controlarnos.
Terminé inyectándome morfina, inhalando coca y fumando mariguana, así fue como me convertí en una adicta y una prostituta.
¡Y mírame aquí ahora Señor!.
Señor.. .soy Montserrat y tengo SIDA...
En estos momentos estoy a punto de morir, y el único milagro que te pido Señor...no es para mí.
Yo sólo te pido que ilumines la mente y los corazones de los jóvenes y padres del mundo.
Que ayudes a que siempre exista comunicación y entendimiento entre padres e hijos.
Que los padres tengan confianza y fe en sus hijos, y que siempre les crean. Que los jóvenes no busquen en la calle lo que no tienen en su casa.
Y sobre todo, Señor...que se encuentre la curación para esta terrible enfermedad.
Al salir del hospital me sentía muy triste y pensaba en Dios y en Montserrat, únicamente pude decir una oración.
Escribiendo esta historia, un pensamiento de rebeldía e impotencia sacudió mi mente. Era doloroso mirar a los jóvenes morir a diario por las drogas, violencia y maltrato. Los suicidios, asesinatos y abusos se extendían por toda la ciudad...por todo mi país...por todo el mundo.
Cuando terminé de escribir todavía estaba deprimido y lloraba por cualquier cosa. No me había dado cuenta de un sobre que estaba en mi escritorio, era una invitación del Colegio Williams para dar una conferencia en su plantel.
Bueno...tal vez esta era la oportunidad para dar un mensaje a las familias de mi país. Le dije a mi secretaria que confirmará mi asistencia.
La conferencia fue un éxito inesperado, la gente recibió mis palabras con interés y emoción, ignoraba que mi sección de la "Búsqueda" hubiera adquirido tanta popularidad. Me hicieron sentir que, aún cuando hubiera tantas cosas al servicio del mal, mi modesto trabajo servía a muchas familias. Entendí que era un balance, un equilibrio entre la gente sórdida que luchaba para envilecer a nuestra sociedad y los pocos que contribuíamos a defender nuestros valores.
Descubrí que me gustaba mucho el convivir con estas personas. Me sentí feliz al saber que mis palabras servían para reforzar los lazos familiares, principalmente de la gente más debilitada en sus valores, me pareció increíble.
Toda la experiencia fue nueva para mí, al finalizar la conferencia una dama con los ojos nublados por la emoción se acercó para decirme:
-Señor...si usted pudiera regalarme un poco de su tiempo, me gustaría hablar con usted...
5
LA OTRA
Cuando confies en ti... Sabrás vivir.
Goethe
Su súplica me conmovió y la invité a una cafetería cercana. Pedimos café y me dispuse a escucharla con atención...
Esperé con paciencia; traté de calmarla para que dejara de llorar, después de la segunda taza de café ella comenzó a hablar...
En realidad mi matrimonio no fue planeado, tuve un noviazgo muy breve, debido a un embarazo no deseado, sin embargo, él lo aceptó todo de buena manera. Se sentía muy feliz y orgulloso de que llegara nuestro primer bebé.
Al tercer mes de embarazo, se presentó una amenaza de aborto... desafortunadamente perdí a mi bebé.
Fueron días muy difíciles, realmente estar en hospitales es horrible. El siempre se mostró muy comprensivo y atento conmigo. Me tomaba de la mano para animarme mientras me decía que no me preocupara, que todo iba a estar bien, que algún día llegaría nuestro bebé. Incluso me grabó un cassette donde le hablaba a nuestro bebé fallecido. Pero todo intento por animarme fue inútil. Llorábamos juntos y me consolaba diciendo que muy pronto Dios nos mandaría otro bebé.
A partir de entonces comenzaron nuestros problemas No sabía que me pasaba, no soportaba que mi marido me tocara, cuando teníamos relaciones sexuales fingía para no lastimarlo, pero esto tenía como consecuencia más problemas, él se daba cuenta que fingía, pero no me decía nada.
Me convertí en irresponsable y descuidaba mi hogar me ensimismaba en mis recuerdos. Me refugiaba en mi trabajo e ignórate las necesidades de mi esposo.
Peleábamos constantemente, é. me reclamaba que hasta para besarme tenía que rogarme. Yo ponía cualquier pretexto para evitarlo. La situación se tornaba tensa. Sentía mi rechazo y esto lo obligaba a salir. Salía de casa a tomar unas copas con sus amigos.
En ese tiempo estaba segura de ser la víctima de su incomprensión. Siempre me encontraba a la defensiva, como si el fuera culpable de nuestra desdicha y lo recibía con mal humor y desagrado.
Nuestro matrimonio estaba a punto de terminar. Cuando supe que otra vez estaba embarazada, sentí alegría y eso nos dio una "tregua". Tomamos la decisión de olvidar nuestros problemas y pensar sólo en el bebé.
Fue un embarazo de ocho meses, casi todo el tiempo hospitalizada y también muy costoso. Pero por fin nació nuestro bebé y nuestro matrimonio mejoró. Mi esposo abandonaba en ocasiones su trabajo para estar con nosotros.
Y aun así no sabía valorarlo. Lo menospreciaba y lo ofendía. Quizá piense usted que no lo quería, pero no era así, lo amaba profundamente!, Ignoraba qué me sucedía y porque mis sentimientos estaban fuera de control.
Me convertí en mamá de tiempo completo y me olvide de mi marido, incluso muchas veces utilice al bebé para chantajearlo.
A pesar de comportarme de esa manera, él no pensaba en buscar a "otra" y abandonarme.
Me volví celosa compulsiva, le inventaba romances y llegue a hacerle "escenas" en su oficina. Y aún con todo eso, él no me dejó. Todavía me pregunto ¿Porqué me aguantaba tanto...?
Estando mi bebé muy pequeño nuevamente me embaracé fue entonces cuando él comenzó a cambiar, estaba dejando de ser el hombre amable y cariñoso que conocía. Era de esperarse que yo lo atribuyera inmediatamente, a la aparición de otra mujer.
Y por primera vez tuve razón, me encontraba muy desconcertada y sin saber que hacer, mi único pensamiento era -"era desgraciado me engaña y me las va a pagar"- Otra vez era yo la "víctima".
Una tarde, al llegar del trabajo, lo esperé enfurecida y le reclamé, e incluso empecé a golpearlo en el pecho y la cara. Luego salí corriendo con mi bebé en brazos, él salió tras de mí y recuerdo que yo le gritaba "¡Me voy al DIF, prefiero pedir limosna que seguir contigo!"
Todavía recuerdo su mirada de desesperación, me tomó del brazo y me subió al automóvil. Enloquecida empecé a gritar que me estaba golpeando, tomó el rumbo de la casa de mis padres; estaba yo tan furiosa que en pleno movimiento del auto intenté arrojarme con mi hijo en brazos... . él me detuvo como pudo.
Llegamos a casa de mis padres, me dejó ahí y se fue. Yo estaba segura que sería como en las otras oc asion es, que tendr ía qu e aguant ar mi s "berrinches", y en uno o dos días regresaría por mí. Sin embargo no fue así, los días pasaban, él no regresaba y yo empecé a preocuparme seriamente.
Venciendo mi orgullo lo busqué, segura de que estaría molesto, hubiera preferido un insulto, pues su actitud me dolió más.
Entré a su oficina con fría indiferencia me invitó a pasar y me preguntó que cómo estaba. Me desconcertó tanta indiferencia y me puse a llorar. Antes no soportaba que llorara, ahora parecía no importarle. Le pedí perdón y le dije que me diera otra oportunidad.
-Mira...yo te amo- Me contestó- pero tengo cuatro años dándote una oportunidad tras otra... ¡ya estoy harto!... i Quiero divorciarme de ti!
Su respuesta me lastimó mucho, sentí que el piso se hundía bajo mis pies, estaba perdiendo al hombre que más miraba.. .y no sabía que hacer.
Me pidió que le permitiera visitar a los niños el fin de semana, me sugirió que nuestra separación fuera tranquila, que no teníamos por que pelear más, ni dañar a los niños...
Intente golpearlo, lo maldije. Le hice otra escena y lo amenacé.
Entonces me despidió de su despacho por mi actitud ante sus compañeros de trabajo. Lo avergoncé.
Con mis ocho meses de embarazo, en ese momento, fingí trabajo de parto para hacer que se sintiera culpable, pidió un taxi y me envió al médico pero no me acompañó.
Volví a casa de mis padres llorando, desesperada, una vez más yo me sentía la "víctima", estaba llegando a su fin.
Mi madre se molestó conmigo y con voz triste, pero firme, me dijo "¡Tú te lo buscaste!, ¡Muchas veces te lo advertí! ¡Con la vida de las personas no se juega!"
Era mucha mi frustración y decidí que no le sería fácil deshacerse de mí...busque mil formas de llamar su atención.
Cuando él veía al niño, yo nuevamente lo amenazaba. Incluso tramité varias demandas en su contra: esto fue un gran error.
Cuando nació el segunda bebé, él estuvo conmigo y todo parecía indicar que la llegada de nuestro nuevo hijo lo había enternecido, nuevamente empezó a cambiar, otra vez era cariñoso conmigo.
Dos días después al salir del hospital, fue detenido en plena calle por una de las demandas levantadas en su contra. Yo estaba convaleciente, pero aún así fui a la Agencia del Ministerio Público, donde estaba detenido. Cuando vi su lamentable estado me sentí muy mal...lo habían golpeado, estaba triste y muy decepcionado de mí, quise hablar con él, pero se negó.
Retiré la demanda lo más rápido que pude, después de unos días salió libre y regresó a casa. Yo le pedí perdón, él me contestó como si ya nada le importara "No me duele que me hayas demandado, que me metieran en la cárcel, que me golpearan y que perdiera mi trabajo. Lo que me duele son las
mentiras que fuiste a contar... ¡Eso si me duele!".
Y era verdad...en mí locura por hacerle daño, "aconsejada" por mis abogados; declaré que él me había golpeado y por causa de los golpes había perdido a mi primer bebé, nunca terminaré de arrepentirme por haber mentido. Él continuó "Tú sabes todo lo que sufrí cuando perdimos a nuestro hijo, tú sabes cuánto lloré por él, como nos apoyamos en nuestro dolor, ¡y ahora has inventado que yo lo maté!"
Cada palabra suya me hacía sentir más culpable, lo miré. Ahí estaba mi esposo; humillado, golpeado, llorando, suplicándome que por favor lo dejará en paz, que saliera de su vida...y en su desesperación me gritó: "Me arrepiento de haberte conocido, ¡de haberme casado contigo! ¡Has sido lo peor que he tenido en mi vida!".
Lo más triste era que tenía razón, yo destruí lo poco que quedaba entre nosotros. Me marché con el alma destrozada.
Las semanas transcurrieron lentas e inexorables, lo extrañaba mucho, pero no podía presentarme ante él. Una tarde me visitó en la casa de mis padres; quería ver a los niños y me llevaba también los documentos para iniciarlos tramites de divorcio.
¿Qué había sido de aquel hombre cariñoso que yo conocía? ¿Dónde había quedado todo su amor?
Me negué a firmar los documentos, él estuvo con los niños un rato y después se marchó dejando los documentos en una mesita de servicio.
Así transcurrieron varios meses, él seguía cumpliendo con sus obligaciones y sólo iba por los niños los fines de semana. Para entonces me había llegado el rumor de que tenía una relación amorosa con su secretaria.
Una noche, esta joven se presentó en mi casa y me entregó una carta, dirigiéndose a mí con un tono que pretendía ser amable. “yo no quiero robarle nada señora, usted sabe que él salió de su vida hace mucho tiempo, déjelo ir para que no siga sufriendo, por favor".
Ni siquiera tenía fuerzas para hablar, arrugué la carta y la tiré al suelo. Cuando ella se marchó, un impulso me hizo recoger aquella carta.
La dama abrió su bolso y me tendió la carta, para que la leyera, la carta decía lo siguiente:
Señora:
Tal vez le sorprenda que le escriba esta carta, quizá no sea la persona indicada, pero me sentí en la obligación de hacerlo para evitar tanto sufrimiento. No piense que se trata de una carta de perdón, porque en mi no existe este
sentimiento. En ninguno de nosotros debe haber culpa o arrepentimiento. El único sentimiento que invade mi corazón hacia mi pareja es de amor.
Y por amor, es que le escribí esta carta de agradecimiento.
Si señora, gracias a sus desprecios y desdenes, usted perdió a su pareja. Aunque usted no se diera cuenta, yo con frecuencia vi los ojos de él a punto de llorar y el temblor de su cuerpo ante la impotencia de comprender sus actitudes. Gracias a su falta de respeto y al poco aprecio que le tenia, usted me dio la oportunidad de conocer la nobleza de su corazón, de ese corazón que sin ninguna mala intención, fue inclinándose poco a poco hacia mí.
Gracias por dejarlo solo en sus fracasos y sus triunfos y dejarme compartirlos con él; yo viví intensamente con sus sueños y sus logros, desfruté su felicidad y me sentí orgullosa de que muchos de sus triunfos me los dedicara a mí.
Gracias por darme la oportunidad de sustituirla, para llorar con él sus fracasos. Fue mi mano la que lo levantó cuando se derrumbó y nadie le dio apoyo.
Gracias, señora, porque usted sólo se acordaba de él cuando necesitaba que alguien le pagara las cuentas. Yo me conformé con un poco de su amor y unas migajas de su tiempo.
Ahora le doy gracias a Dios por concederme el milagro de que este hombre me ame como yo lo amo a él.
Muy seguramente usted pensará que soy una cualquiera, quizá me califique como una "destruye hogares", pero créame?...cuando usted reciba esta carta, él estará conmigo y yo nunca le pediré que la desampare con sus hijos. Sólo deseo decirle que usted tuvo un gran tesoro entre sus manos, un manantial de ternura y amor que jamás supo valorar, y cuando él más la necesitó usted le dio la espalda y lo dejó solo con sus sueños y tristezas.
Yo lo amaré por todo el tiempo que me resta de vida, nuevamente gracias. La otra.
Al terminar de leer la carta, le pregunté a la dama, quien lloraba con tristeza. -¿Para qué conservar una carta como esa?
-¿Porque esa joven, ahora es la esposa del hombre que aún amo, me enseñó a valorar a las personas que se aman. Si me pregunta si todavía le guardo rencor a ella, le diré que no, pues al perder a mi esposo, me di cuenta de la magnitud de mis errores y del gran amor que aún siento por él, solamente deseo que sea feliz y si lo es con ella está bien...y soy sincera al decirlo.
Mi relación con él ahora es de amigos, él adora a sus hijos y con eso me conformo. Al marcharse la señora me quedé pensando un largo rato; en la importancia de asumir cada uno su papel y buscar el justo medio entre ser esposa y madre. Y sobre todo, i amar siempre!, Y no esperar amar a las personas...cuando ya es demasiado tarde.
6
SEIS TIROS
Con tres heridas viene: La de la vida, La del amor. La de la muerte. Miguel Hernández.
6
Una noche, casi de madrugada, me encontraba trabajando en mi oficina, cuando recibí una llamada comunicándome una noticia: un policía, después de asesinar a su esposa, retenía como rehenes a sus dos hijos menores y amenazaba con matarse.
Podía rechazar la propuesta de cubrir esta noticia, ahora ya no atendía este tipo de reportajes, además de las altas horas de la madrugada en que se presentaba. Pero algo dentro de mí, me impulsó a acudir en ayuda de estas personas.
Al llegar a la casa donde ocurría esta desgracia, me quede observando aquel hogar que estaba siendo destruido de esa forma tan cruel.
Busque al comandante responsable de detener al asesino, la casa estaba acordonada y algunos francotiradores cubrían las esquinas. En ese momento estaban esperando al grupo de asalto para tomarla iniciativa.
Otros policías me informaron que se trataba de un compañero, que al parecer había dado muerte accidentalmente a su esposa; parecía que todavía se encontraba bajo los efectos del alcohol y lo más grave, retenía a sus dos hijos como rehenes.
Aquel hombre acorralado gritaba que no se entregaría, que él era policía y no podía ir a la cárcel. Amenazaba a los policías para que se retiraran y les pedía que enviaran a un reportero, que sólo quería darle su último comunicado.
Le sugerí al comandante que negociara con el homicida el envío del reportero a cambio de la vida de los rehenes, y que si nadie quería ir me permitiera ser el voluntario. No sé si mi plan le pareció adecuado o lo hizo para ganar tiempo. El caso es que anunció la voz desde el interior de la casa, que contestó que estaba de acuerdo, pero sin trucos; que primero enviáramos al reportero y luego él dejaría libres a los rehenes.
Después, de "prepararme" y recibir las i n s t r u c c i o n e s d e l c o m a n d a n t e , a v a n c é nerviosamente hacia la casa.