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Conglomerados mediáticos latinoamericanos

Hay evidencias de un desarrollo importante de conglomerados mediáticos ori- ginarios de América Latina con vínculos y alianzas entre sí. Como documentan

Arroyo, López Gómez y Vega (2003) por lo menos existen cuatro grandes con- glomerados regionales latinoamericanos: Grupo Clarín en Argentina, Televisa en México, Globo en Brasil y Grupo Cisneros en Venezuela. Aunque no son los úni- cos, sí son los más grandes, y los que cuentan con alianzas estrechas entre sí y con otros grupos regionales o locales.

El Grupo Clarín, por ejemplo, está relacionado con empresas en Paraguay, Guatemala y Puerto Rico en alianza con Grupo Cisneros en los últimos dos países. Televisa, por su parte, es propietaria o tiene alianzas con televisoras en Brasil, Chile, Ecuador, Guatemala, Estados Unidos,1 Paraguay y Perú, entre otros países. El Grupo Cisneros aparece con vínculos o propiedades en Argentina, Brasil, Guatemala, Estados Unidos y Puerto Rico (Arroyo, López y Vega, 2003), y presume de con- tar con seis cadenas de medios en el hemisferio americano2 (Colitt, 1998, 24 de marzo). Además, dicho grupo venezolano se ha embarcado en los últimos años en la compra de acciones en medios latinoamericanos, españoles y portugueses, buscando convertirse en socio mayoritario de grupos locales.

“[Si trabajas solo] te tomará más tiempo y te costará más dinero”, afirma Carlos Cisneros. “Un socio adecuado, señala, agrega eficiencia y rapidez a la ope- ración [...] Cisneros busca alianzas con socios locales o le ofrece a inversionistas locales una participación minoritaria en el negocio.]”

De acuerdo con Colitt, en 1998 el Grupo Cisneros adquirió Imagen Satelital, la programadora de cable más grande de Argentina, permitiendo a los adminis- trativos comprar el 20% de las acciones. Además, tenía un convenio con Admira (propiedad de Telefónica España) firmado en el 2001 para coproducir telenovelas para el mercado latinoamericano e hispano en Estados Unidos (De Pablos, 2003, pp. 20-26 de enero).

Televisa tenía como socio a la compañía Prensa Española en el Grupo Euro- Producciones, para coproducir telenovelas para el país ibérico (Hopewell, 2001). Después de un declive en el interés de las audiencias españolas por ver telenovelas latinoamericanas, la fórmula de llevar argumentos ya realizados por Televisa en México y reescritos para el mercado español parecía estar funcionando a partir de 2003.

Irónicamente, estos grandes conglomerados latinoamericanos de medios, pese a su poderío económico y su capacidad de producción de mensajes comunica- cionales –o quizás gracias a eso–, tienen vinculaciones y alianzas claras con los gigantes transnacionales mediáticos. El Grupo Clarín era aliado en Argentina de

directv Latinoamérica (Sutter, 2001). Televisa y Globo son socios por su parte de sky

Latinoamérica, junto con News Corporation y Liberty Media. Televisa también tiene relaciones comerciales con Entretenimiento Plural, subsidiaria de producción del gigante español Prisa, para producir largometrajes, películas para televisión y miniseries (De Pablos, 2003). Gaylord Cable Networks, de Estados Unidos, es

1 En el 2004 Televisa tenía el 15% de las acciones de Univisión y le proveía el 40% de su progra-

mación, mientras que el Grupo Cisneros tenía el 19% y le proveía el 11% de su programación. Joe Perenchio tenía el resto de la acciones.

2 En 1999 compró el canal de videos musicales htv, basado en Miami, e incluido en la programa-

socio de grupos locales argentinos en los canales de música MusicCountry Latin America y Tango, así como del grupo Mega Cable de Guadalajara, México, en el canal Video Rola (Cobo, 2001). La compañía peruana de cable, Cable Mágico, es apoyada por Telefónica, de España (Sutter, 2001). El sistema de cable venezo- lano mso Super Cable es parcialmente propiedad del grupo estadounidense mso

Adelphia Cable Communication, quien en 1999 poseía el 20% de las acciones en forma directa y otro 20% a través de su subsidiaria ecuatoriana Eljuri, considerada por el Pacto Andino como socio local a pesar de su dependencia de la compañía estadounidense (Duarte, 1999).

En ocasiones, estos conglomerados transnacionales son los propietarios di- rectos de importantes medios de comunicación. Es el caso de la cadena cana- diense ctg, dueña del canal de música MuchMusic en Argentina y de la men-

cionada Gaylord Cable Networks, propietaria exclusiva del canal MusicCountry Brasil (Cobo, 2001, 17 de febrero). El Grupo Árbol de España es la propietaria de la argentina Promofilm, que ha comercializado reality shows en Colombia y Venezuela como Protagonistas de novela y el show de variedades Sala de parejas para Colombia, Venezuela y Estados Unidos (De Pablos, 2003). La compañía francesa MultiThematiques, adquirió en 2000 el canal Eurochannel de Brasil, de manos del grupo latinoamericano Abril (James, 2000).

De hecho, no sólo conglomerados norteamericanos y europeos, sino ciudades enteras, como Miami, tienen una influencia extraordinaria en la programación televisiva latinoamericana, como lo hace notar Sinclair (2003). Dicha población es la base de operaciones de canales como mtv Latino, y de las cadenas hispa-

nas Telemundo, propiedad de la cadena nbc y Univisión, de Perenchio, Televisa

y Grupo Cisneros. Este último conglomerado mediático de Venezuela tiene una importante base de operaciones en Miami, para la producción de contenidos di- rigidos a la región (p. 224). Su competidora rctv tiene a la vez una distribuidora

de su programación para Estados Unidos llamada Coral Pictures. Todo lo anterior hace más complejo el análisis de los mercados regionales latinoamericanos, ya que implica también de manera predominante una ciudad en territorio norteamerica- no pero desde una óptica principalmente regional.

Resumiendo, se puede afirmar que si bien, por un lado, efectivamente se han desarrollado y consolidado grandes conglomerados regionales en América Latina, lo cual indica que el predominio norteamericano no es absoluto, por otra parte los gigantes comunicacionales estadounidenses o transnacionales tienen todavía una influencia desproporcionada en la región, lo que no ocurre en sentido inverso.