Rutinarios 58.2% Procedimientos oficiales Comunicados de prensa Conferencias de prensa Eventos no espontáneos 12.0% 17.5% 24.2% 4.5% Informales 15.7% Sesiones de trasforo Filtraciones Procedimientos no gubernamentales
Informes de noticias, editoriales, etcétera 7.9% 2.3% 1.5% 4.0% Individuales 25.8% Entrevistas Eventos espontáneos
Libros, investigaciones, etcétera Análisis de reportero
23.7% 1.2% 0.9%
No determinados 0.3%
Casi simultáneamente, otro de los teóricos más importantes en este enfoque, Herbert Gans (1980, pp. 9-13), realizó un análisis de contenido (tanto cualitativo como cuantitativo) de los noticieros de la cbs y de la revista Newsweek, para dis-
tintos años entre 1967 y 1975. A través de su estudio, Gans concluyó que dichos medios privilegiaban como fuentes informativas a los personajes políticos, econó- micos y culturales más renombrados (knowns). Cuatro quintas partes de las noticias totales se dedicaban a esas fuentes. Cuando el semanario o el noticiero llegaban a permitir el acceso a fuentes que no pertenecían a la élite, lo hacían para grupos no organizados, como víctimas, testigos de accidentes o crímenes, manifestantes, delincuentes y votantes anónimos.
En 1989, un grupo de analistas críticos de la prensa estadounidense (Fairness &
Accuracy in Reporting: fair), presentó los resultados de un laborioso análisis de 40
meses de transmisión del programa televisivo de entrevistas políticas y de asuntos públicos Nightline, de la cadena abc (véase la figura 4.6 del capítulo 4). Con la
reputación de ser uno de los mejores programas noticiosos de la televisión norte- americana por el profesionalismo y la agresividad de su conductor, el periodista Ted Koppel, Nightline se caracteriza por contar con invitados de opiniones muy diversas, por lo general encontradas, sobre temas de actualidad, y por animarlos a debatir libremente frente a las cámaras. Los resultados de fair fueron contundentes.
La lista completa de los 2,498 invitados a los 865 programas dejaba mucho que desear en términos de verdadera representatividad. Más que provenir de todos los grupos políticos, sociales, étnicos y culturales que conforman la compleja sociedad estadounidense, el 80% de sus participantes eran funcionarios gubernamentales o representantes de las grandes corporaciones privadas. Sólo el 5% hablaba a favor de grupos de interés público (organizaciones pacifistas, ecologistas, de consumido- res, etcétera) y menos del 2% eran representantes de los trabajadores o de minorías étnicas (Lee y Solomon, 1990, pp. 26-27).
Recientemente en Estados Unidos ha proliferado un gran número de análisis de contenido que responde a las preocupaciones de este enfoque. La mayoría de los cuales se sigue centrando en el análisis del acceso concedido a las fuentes gu- bernamentales y corporativas de la información (Smith, 1993; Berkowitz y Beach, 1993; Reese, Gant y Danielan, 1992).
En América Latina esta clase de análisis de contenido no es muy frecuente. México es uno de los pocos países donde se han realizado algunos estudios, aun- que éstos siguen siendo insuficientes. Algunos de los trabajos al respecto analizan las rutinas de trabajo de los reporteros, al cubrir acontecimientos extraordinarios que evidencian sesgos y omisiones. Fregoso (1992/1993), por ejemplo, detectó la ausencia de ingredientes explicativos y contextuales en la cobertura periodística lo- cal de las explosiones de hidrocarburos en un colector de la ciudad de Guadalajara que dejó un saldo de 200 muertos y 13 kilómetros de calles destruidas. Lozano (1993), por su parte, estudió la cobertura periodística de una manifestación cívica en la ciudad fronteriza de Nuevo Laredo que terminó en actos vandálicos contra las oficinas de la aduana federal, junto al puente internacional que permite el paso a Laredo, Texas, Estados Unidos. Al encontrar que el periódico regiomontano El
Norte, el más importante del noreste de México, había favorecido claramente las
los manifestantes y líderes implicados (como lo exigía su propio manual de estilo en casos de controversia), Lozano infirió que los procesos rutinizados de recopila- ción de datos e internalización de valores profesionales, en los reporteros y jefes de sección o de información favorables a las fuentes gubernamentales, eran los principales causantes de una cobertura sesgada hacia la versión oficial.
Otros de los trabajos basados en los enfoques de sociología de la producción noticiosa, a diferencia de los anteriores, se han centrado en estudiar el flujo ruti- nario de noticias sensacionalistas (Cervantes, 1996a; Orellana, 1997) o de noticias nacionales en la prensa mexicana (Arellano et al., 1995, Agudelo, 1996, Cervantes, 1996b; Lozano, 1994). En el caso de los primeros, se trata de análisis de contenido de la transmisión de noticias policiacas en noticieros televisivos (Cervantes, 1996a) o de diarios vespertinos (Orellana, 1997), lo que constituye una línea novedosa de investigación en el ámbito mexicano. Cervantes, después de analizar el noticiero regional Al Tanto, de Guadalajara, discute los valores noticiosos que aparecen en el plano de los mensajes y que, según concluye, se relacionan principalmente con el “ma- crovalor” relacionado con la “satisfacción de las necesidades de la organización” (p. 134). Orellana, por otro lado, se concentra en el análisis de las características sociodemográficas de los protagonistas de la información policiaca, y concluye que las rutinas de trabajo y los valores profesionales de los periodistas propician que éstos ignoren el contexto social e histórico que produce y condiciona la existencia de los delitos, para enfocarse en el delincuente, el individuo trasgresor que se desvía de la norma social.
Otras investigaciones en México han analizado el flujo rutinario de noticias nacionales en periódicos diarios, demostrando el centralismo en el origen y la procedencia de las noticias nacionales (el Distrito Federal); en la dependencia de los medios informativos medianos y pequeños respecto de agencias informativas y no en corresponsales o enviados propios; y en la reducida agenda de temas propuestos por los diarios a las audiencias mexicanas, donde sobresalen la política, la administración pública y la economía, y se omiten otros asuntos igualmente relevantes como el medio ambiente, la educación, la salud y la seguridad pública (Arellano et al., 1995, Agudelo, 1996, Cervantes, 1996b; Lozano, 1994).
FIGURA 6.2