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DE LA CONSCIENCIA DE HORIZONTE Y DE LA MANCOMUNIZACIÓN DE LA EXPERIENCIA

DE LA CONTRAPOSICIÓN MODERNA ENTRE OBJETIVISMO FISICALISTA

DE LA CONSCIENCIA DE HORIZONTE Y DE LA MANCOMUNIZACIÓN DE LA EXPERIENCIA

Pero en primer lugar será necesario continuar el tanteante cami­ no hacia este desconocido reino de fenómenos subjetivos y realizar algunas mostraciones ulteriores, todavía toscas conceptualmente y, desde algunas perspectivas, aún imperfectamente determinadas. De­ mos de nuevo la preferencia a la percepción. Hasta el momento hemos orientado la mirada hacia las multiplicidades de las represen­ taciones desde distintos lados de una y la misma cosa y hacia el cambio de las perspectivas de cercanía-lejanía. Pronto notamos que estos sistemas de representación «de» están referidos retrospectiva­ mente a multiplicidades correlativas de transcursos cinestésicos que poseen el peculiar carácter del «yo hago», «yo muevo» (donde también hay que añadir el «yo dejo en reposo»). Las cinestesis son diferentes de los movimientos somáticos que se representan coi po raímente y, sin embargo, extrañamente, son idénticos a éstos, lor man parte del propio soma en esta duplicidad (cinestesis internas

movimientos externos eorporales-reales). Si preguntamos por este «formar parte», advertimos que «mi soma» exige descripciones de particular alcance, advertimos que posee sus particulares peculiari­ dades en la forma de representarse en multiplicidades.

* Todavía no hemos mencionado otra dirección temática extraor­ dinariamente importante; esta dirección está caracterizada por el fenómeno del cambio de validez, por ejemplo, del cambio de ser a apariencia. En la percepción continua está para mí una cosa ahí con la lisa y llana certeza de ser de la presencia inmediata —normal­ mente, debo añadir—. Esto es, sólo cuando dejando jugar mis cinestesis experimento vivencialmente representaciones que trans­ curren conjuntamente como representaciones copertenecientes, sólo entonces, se conserva con presencia actual la consciencia de cosa única, que se representa múltiplemente como ella misma. Pero si pregunto qué encierra en sí esta pertenencia de las representaciones de la cosa a las cambiantes cinestesis, entonces alcanzo a conocer que aquí entra en juego una oculta conexión intencional «si-enton- ces»: las representaciones tienen que discurrir según ciertas co-suce- siones sistemáticas; de este modo, en el curso de percibir en tanto que un percibir que está en consonancia, son preinterpretadas desde el punto de vista de las expectativas. Las cinestesis actuales residen en esta medida en el sistema de la posibilitación cinestésica, respec­ to a la cual está en correlación el sistema de las posibles consecuen­ cias consonantemente pertenecientes. Así pues, este es el transfondo intencional de cualquier lisa y llana certeza de ser de la cosa llevada a presente.

Pero a menudo se llega a la ruptura de esta consonancia: ser se transforma en apariencia, o tan sólo en ser dudoso, en mero ser posiblemente, en ser probable, en-no-ser-sin-embargo-mera-aparien- cia-nula, etc. Entonces la apariencia se resuelve mediante «correc­ ción», mediante la modificación del sentido en el que se había percibido la cosa. Es fácil ver que la modificación del sentido aper- ceptivo se verifica mediante la modificación del horizonte de expec­ tativa de las multiplicidades anticipadas como normales (es decir, que transcurren consonantemente); como, por ejemplo, cuando se ve a un hombre y entonces, asiéndolo, tiene que ser reinterpretado como un muñeco (que se representa visualmente como un hombre).

Pero en esta dirección de intereses cabe percatarse de muchas cosas inesperadas, y no sólo en la cosa singular, sino ya en cada

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percepción. Lo singular no es —consciencialmente— nada poi sí; la percepción de una cosa es su percepción en un campo perceptual, Y así como la cosa singular sólo tiene sentido en la percepción mediante un horizonte abierto de «percepciones posibles», en tanto que lo auténticamente percibido «remite» a una multiplicidad siste­ mática de posibles representaciones conforme a la percepción que le pertenecen consonantemente, así también la cosa tiene de nuevo un horizonte: frente al «horizonte interno» un «horizonte externo», precisamente en tanto que cosa de un campo de cosas; y esto remite en definitiva a todo «el mundo en tanto que mundo perceptivo». I ,a cosa es una cosa en el grupo global de cosas percibidas simultá­ nea y realmente, pero este grupo no es para nosotros consciencial­ mente el mundo, sino que en él se representa el mundo; este grupo, en tanto que campo perceptual momentáneo, siempre tiene para nosotros el carácter de un sector «del» mundo, del universo de las cosas de posibles percepciones. Esto es, pues, el mundo en cada caso presente; éste está en cada caso representándose para mí me­ diante un núcleo de «presencia originaria» (con lo que queda carac­ terizado el carácter continuamente subjetivo de lo actualmente per­ cibido en cuanto tal), al igual que mediante sus valideces de hori­ zonte internas y externas.

El mundo es constantemente percibido de esta forma en nuestra vida en vela que es constantemente la vida de cada cual, y fluye constantemente en una unidad de mi vida perceptiva de consciencia, pero, sorprendentemente, de modo tal que en lo singular no siem­ pre tiene lugar un transcurso consonante de las multiplicidades tra­ zadas con anterioridad, transcurso que da por resultado la conscien­ cia de la lisa y llana existencia de las cosas concernidas. La certeza de ser en la que reside la certeza previa de llevar de manera conso­ nante las multiplicidades pertinentes a un transcurso que las satisfa­ ga, esta certeza de ser, no se mantiene frecuentemente y, sin embar­ go, se mantiene constantemente una consonancia en la percepción

global del mundo, y, ciertamente, por medio de una corrección que

en verdad co-actúa constantemente. En ello hay que contar, por ejemplo, con aquella corrección que, a propósito de todo ver de lejos, determina más próximamente lo visto de lejos y, en esta medida, lo corrige al mismo tiempo (por ejemplo: lo uniformemen­ te rojo en la lejanía, se muestra salpicado de manchas desde cerca).

nuestras propias intuiciones, dirijamos nuestra atención al hecho de que en nuestra percepción continuamente fluyente del mundo no estamos aislados, sino que en esta percepción estamos a un mismo tiempo en conexión con otros hombres. Cada cual tiene sus percep­ ciones, sus cosas hechas presentes, sus consonancias, desvalorizacio- nes de sus certezas a meras posibilidades, a dudas, interrogantes, apariencias. Pero en la vida en común cada uno puede tomar parte en la vida de los otros. De este modo, el mundo no es sólo siendo para los hombres aislados, sino para la comunidad de hombres, y, ciertamente, ya en virtud de la mancomunación de aquello lisa y llanamente susceptible de ser percibido.

En esta mancomunación también tiene lugar constantemente, en la correción recíproca, un cambio de validez. En el cruce de comprensiones, mis experiencias y mis adquisiciones entran con las de los otros en una conexión análoga a la de las series particulares de experiencia en el marco de mi vida experiencial, o bien en el marco de la vida experiencial en cada caso propia; y esto sucede de nuevo de modo tal que, en líneas generales respecto de las particu­ laridades, la consonancia intersubjetiva de la validez y, en esta medida, una unidad inter subjetiva en la multiplicidad de las valide­ ces y de lo válido en su interior, se manifiesta como lo normal; y de modo tal que, ciertamente, se muestran además bastante a menudo disonancias intersubjetivas, pero que entonces, ya sea tácita e inclu­ so inadvertidamente, ya sea expresamente, se produce un acuerdo en la discusión recíproca y en la crítica o, por lo menos, tal acuerdo es seguro de antemano para cualquiera en tanto que existe la posi­ bilidad de obtenerlo. Todo esto tiene lugar de modo tal que en la consciencia de cada uno y en la consciencia común que se propaga y se origina en la conexión, llega a constante validez y permanece constantemente uno y el mismo mundo en tanto que mundo, en parte ya experimentado y en parte como horizonte abierto de las posibles experiencias de todos: el mundo en tanto que el horizonte universal y común a todos los hombres de las cosas que existen realmente. Cada cual en tanto que sujeto de posibles experiencias tiene sus experiencias, sus aspectos, sus conexiones perceptivas, sus cambios de validez, sus correcciones, etc., y cada grupo particular tiene de nuevo sus aspectos comunes, etc. En ello, expresado con mayor exactitud, cada cual tiene de nuevo sus cosas de experiencia, esto es: si bajo ello entendemos lo en cada caso'válido para él, lo

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visto por él y lo experimentado en el ver como siendo ahí y siendo así sin más ni más. Pero cada cual se «sabe» viviendo en el horizon te de sus congéneres, con los cuales puede entrar en una conexión ya actual ya potencial, al igual que (como igualmente sabe) ellos pueden hacerlo en la comunidad actual y potencial. Sabe que él y sus compañeros en la conexión actual están referidos a las mismas cosas de experiencia, en la forma que cada cual tiene de las mis­ mas cosas distintos aspectos, distintos lados, perspectivas, etc., pero siempre a partir del mismo sistema global de multiplicidades del que cada cual tiene consciencia para sí como siendo las mismas (en la percepción actual de la misma cosa) siempre en tanto que horizonte de experiencia posible de esta cosa. En dirección hacia la diferencia entre cosas «originalmente propias» y cosas que sabe «por empatia» que otro experimenta en el cómo de las formas de aparición, e incluso en dirección hacia la posibilidad de disonancias entre las concepciones propias y las que sabe por empatia, aquello que cada uno experimenta realmente originaliter como cosa de percepción se transforma para cada cual en mera «representación de», en «apari­ ción de», i.e.: de lo único que es objetivamente. A partir de la síntesis las cosas adoptan precisamente el nuevo sentido «aparición de», sentido que rige de aquí en adelante. «La» cosa misma es en verdad aquello que nadie ha visto en tanto que real, puesto que, más bien, está constantemente en movimiento y es constantemente —para cualquiera— la unidad consciencial de la abierta e infinita multiplicidad de las cambiantes experiencias y cosas de experiencia propias y ajenas. En este contexto, los co-sujetos de esta experien­ cia son, ellos mismos, para mí, y cada uno de ellos es un horizonte abierto e infinito de hombres que posiblemente se encuentran y que, entonces, entran en una conexión actual conmigo y entre sí.

§ 4 8 . To d o l o e n t e d e c u a l q u i e r s e n t i d o

Y DE CUALQUIER REGIÓN COMO ÍNDICE DE UN SISTEMA