DE LA CONTRAPOSICIÓN MODERNA ENTRE OBJETIVISMO FISICALISTA
FENÓMENOS SUBJETIVOS QUE PERMANECEN ANÓNIMOS
Tan pronto como —filosofando con Kant—, en lugar de avan zar a partir de su comienzo y por sus caminos, preguntamos retros pectivamente sobre tales autoevidencias (de las que el pensar kantia no, al igual que el pensar de cualquiera, hace uso en tanto autoevi dencias disponibles incuestionadas), tan pronto como nos hacemos cons cientes de ellas en tanto que «presuposiciones» y las hacemos me-
ESCLARECIMIENTO DliL PROBLEMA TRANSÍ T.NDI'N I Al I 17
i tu aloras de un interés propio universal y teórico, se nos rcvcln ron nociente asombro una infinidad de fenómenos siempre nuevos, le nómenos de una nueva dimensión, a saber: aquellos fenómenos que sólo salen a la luz mediante una consecuente penetración en las implicaciones de sentido y de validez de aquellas autoevidencias; una infinidad porque en la penetración progresiva se muestra que cada fenómeno alcanzado en este despliegue de sentido y, en prin cipio, dado desde la perspectiva del mundo de vida como siendo autoevidentemente, ya porta él mismo en sí implicaciones de senti do y de validez cuya exposición conduce de nuevo a nuevos fenó menos, etc. Se trata por completo de fenómenos puramente subje tivos, mas no, por ejemplo, de meras facticidades de transcursos psicofísicos de datos sensoriales, sino que se trata de procesos espi rituales que, en tanto que tales, ejercen con necesidad esencial la función de constituir configuraciones de sentido. Pero hacen esto, en cada caso, a partir de «material» espiritual, material que siem pre se evidencia de nuevo con necesidad esencial como configura ción espiritual, como material constituido, al igual que toda confi guración surgida de nuevo está llamada a convertirse en material, así pues, a funcionar para la formación de configuraciones.
Ninguna ciencia objetiva, ninguna psicología (que, sin embargo, quiso ser ciencia universal de lo subjetivo), ninguna filosofía, ha lematizado este reino de lo subjetivo y, en esta medida, tampoco lo han descubierto realmente. Tampoco la filosofía kantiana, que, sin embargo, quería retrotraerse a las condiciones subjetivas de posibi lidad del mundo experimentable y cognoscible objetivamente. Se trata de un reino de lo subjetivo absolutamente cerrado en sí, que es a su manera, que funciona en todo experimentar, en todo pen sar, en todo vivir, así pues, que no puede disolverse en lo anterior y que, sin embargo, nunca ha sido captado, nunca ha sido aprehen dido ni conceptuado.
¿Satisface la filosofía su sentido originario y fundacional en tanto que ciencia universal y fundamentadora en última instancia, si deja a este reino en su «anonimato»? ¿Puede hacer esto, puede hacerlo cualquier ciencia que desea ser una rama de la filosofía, así pues, que no puede tolerar bajo sí ninguna presuposición, ninguna esfera fundamental de lo ente de la que nadie sepa nada, que nadie haya cuestionado científicamente y de la que nadie se haya adueña do por medio del conocimiento? Denomino a las ciencias ranu». d<
la filosofía a pesar de que exista una convicción sumamente habi tual de que las ciencias positivas, objetivas, son autónomas y auto- suficientes por mor de su método supuestamente fundamentado por completo y, en esta medida, ejemplarizante. Pero, en último extre mo, el sentido teleológico unitario que atraviesa todos los intentos sistemáticos de la historia global de la filosofía, ¿no reside en poner de manifiesto la intelección de que la ciencia en general sólo es posible en tanto que filosofía universal, y de que ésta es en todas las ciencias, sin embargo, una única ciencia, sólo posible en tanto que totalidad de todos los conocimientos?, ¿y tal intelección no residía en el hecho de que todas ellas descansaban sobre un único fundamento, un fundamento que, ante todo, tenía que investigarse científicamente? ¿Y esto, añado, puede serlo algún otro fundamen to que no sea, precisamente, aquél de aquella subjetividad anónima? Pero esto sólo se podía y se puede inteligir si se pregunta definitiva mente y con total seriedad por lo autoevidente que todo pensar y toda actividad vital en todos sus fines y realizaciones presupone, y si, cuestionando consecuentemente su sentido de ser y de validez, se torna punto central la inquebrantable unidad de contexto de senti do y contexto de validez, unidad que atraviesa todas las realizacio nes espirituales. Esto concierne en primer lugar a todas las realiza ciones espirituales que nosotros los hombres ejercemos en el mundo unipersonalmente y en tanto que realizaciones culturales. A todas las realizaciones semejantes siempre les ha precedido ya una realiza ción universal que toda praxis humana y toda vida precientífica y científica ya presuponen, y cuyas adquisiciones espirituales tienen a éstas como subsuelo constante al que están llamadas a afluir sus propias adquisiciones. Aprenderemos a comprender que el mundo, que es constantemente para nosotros en la fluida transformación de las formas de dación, es una adquisición espiritual universal, y que lo es en tanto que figura devenida y que, al mismo tiempo, conti núa deviniendo como unidad de una configuración espiritual, en tanto que una figura de sentido —en tanto que figura de una sub jetividad universal funcionante en último extremo—. En relación con ello, a esta realización constituyente del mundo pertenece esen cialmente el hecho de que la subjetividad se objetive a sí misma como subjetividad humana, como parte integrante del mundo. Toda consideración objetiva del mundo es consideración en el «afuera», y sólo aprehende «exterioridades», objetividades. La consideración
ESCLARECIMIENTO DLL PROBLEMA TRANSCENDIAN I Al
iiulual del mundo es una consideración interna sistemática y pura de la subjetividad «que se exterioriza» a sí misma en el alucia. Ocurre lo mismo que cuando tomamos en consideración la unidad de un organismo viviente, al cual, en efecto, cabe considerar y desmembrar desde el exterior, pero al que sólo cabe comprender cuando uno se retrotrae a sus raíces ocultas y persigue sistemática mente en todas sus realizaciones la vida que impele hacia adelante en tales raíces y desde ellas, y que configura desde el interior. Se (rata, en efecto, tan sólo de una metáfora; pero nuestro ser huma no y la vida de consciencia que, junto con su más profunda proble mática del mundo, le pertenecen, ¿no son en último extremo los pasajes donde se disputan todos los problemas del ser interno vivien te y de la exposición externa?
§ 30. La CARENCIA DE UN MÉTODO INTUITIVO-MOSTRATIVO