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2. La progresiva pérdida global de la biodiversidad: causas y consecuencias

2.2. Las consecuencias y algunas soluciones

Como hemos examinado, los elementos biológicos que componen el entorno o medio sufren constantemente los efectos perniciosos de la civilización, provocando una degradación que a la vez se convierte en una importante amenaza para la propia humanidad. La afirmación realizada aparece reflejada con toda nitidez en el siguiente texto, que si bien data de 1988 no ha perdido, y quizás no pierda jamás, vigencia: “todos los días y en todos los lugares del Planeta se produce un combate brutal a vida o muerte. A veces es invisible, como ocurre cuando una especie vegetal, con su conjunto de genes irremplazables, desaparece para siempre de un bosque amazónico. Otras veces es dolorosamente visible: un hombre muere asfixiado en un metro de México D.F., muerto por un ataque de asma desencadenado por la contaminación; una mujer de Nueva York ve que su rostro queda desfigurado por un cáncer de piel, uno de los 200.000 casos de ese tipo que se predice ocurrirán en los próximos decenios al ir reduciéndose la capa protectora de ozono en torno a la Tierra. Hay miles de plantas que se van convirtiendo en polvo... La suciedad del agua provoca 25.000 muertes al día en los países en desarrollo. La contaminación del aire es motivo de enfermedades entre los habitantes del mundo desarrollado. Se destruyen lagos y bosques... Se están talando las selvas tropicales, la mayor reserva genética de la Tierra, para obtener combustibles, campos cultivables o construir carreteras. Gran parte de esa destrucción es irreversible”90. Esta situación ha llevado a decir que la manipulación humana de los ambientes casi siempre acaba en un empobrecimiento de los hábitats y de las especies y, por

tanto, como afirma el Director Ejecutivo del PNUMA, si bien los seres humanos son los principales causantes de la degradación de la Tierra son también sus primeras víctimas91.

La degeneración de la biodiversidad, sea en los niveles de extinción o reducción, trae consigo, desde el punto de vista antropocéntrico, la disminución de recursos básicos que ofrecen bienes (alimentos, medicinas, viviendas, indumentaria, energía, entre otros) y servicios ecosistémicos92 esenciales al sostenimiento y desarrollo de la sociedad93. Al mismo tiempo, desde el punto de vista ‘ecocéntrico’, pone en peligro el desaparecimiento de especies, ecosistemas y recursos genéticos que en conjunto con otros elementos ambientales vertebran la biosfera y hacen posible la vida. Aunque muchas de las pérdidas no puedan ser recuperadas, los procesos de disminución o extinción pueden ser reducidos a un índice mínimo tolerable por la naturaleza de modo que la permita respirar, autosostenerse y seguir ofreciendo a la especie humana lo que ésta tanto necesita.

Como consideración final, destacamos que sería infructuoso y quizás actualmente desproporcionado proponer que la humanidad dejase de beneficiarse de los bienes que le proporciona la biodiversidad y sus componentes, puesto que le permite el progreso de su raza. Sin embargo, ha de tenerse muy en cuenta que el Planeta Azul viene desde hace décadas experimentado situaciones de extinción de especies y de degradación de ecosistemas.

La aplicación de la expresión y paradigma ‘desarrollo sostenible’, a través de la cooperación internacional y del estímulo a la elaboración de políticas económicas y sociales que integren el medio ambiente, podría favorecer y corregir el dilema utilización

versus deterioro y así contribuir al proceso de conservación de la biodiversidad que, según

Lévêque, consiste en “idear estrategias razonables para gestionar los medios naturales, su

91

Al respecto, TOLBA, M: Salvemos el planeta: problemas y esperanzas, Naciones Unidas, Nairobi, 1992.

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Por ejemplo, formación de los suelos, purificación del agua, reciclaje de nutrientes, fotosíntesis, polinización, etc.

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Por ejemplo, “un raro escarabajo posado en una orquídea en un remoto valle de los Andes podría segregar una sustancia que cure el cáncer de páncreas. Una hierba reducida a sólo veinte plantas en Somalia podría proporcionar cubierta verde y forraje para los desiertos salinos del mundo” (WILSON, E: La diversidad..., cit., pág. 281).

flora, su fauna y la diversidad genética. Esas estrategias, que deben conjugar, de forma frecuente, las conservaciones in situ y ex situ, se apoyan en los conocimientos científicos relativos a la dinámica de las especies y de los ecosistemas ecológicos sometidos a las presiones de origen climática o humana”94.

Wilson menciona un programa más concreto cuyas iniciativas se dirigen al mismo objetivo: guardar y utilizar a perpetuidad tanta biodiversidad utilizada de nuestra Tierra como sea posible. Este programa incluye: estudiar la fauna y la flora del mundo, crear riqueza biológica, promover el desarrollo sostenible, conservar lo que queda y restaurar las tierras salvajes95. En fin, como se indicará en el próximo capítulo, este programa está reflejado en los mecanismos para la aplicación de los objetivos y demás disposiciones del Convenio sobre la diversidad biológica.

Por último, es interesante citar algunos de los motivos, indicados por Pérez de la Hera, por los cuales no se puede permitir que la biodiversidad desaparezca: éticos, porque no hay razón para que el ser humano provoque la extinción de otras especies; estéticos porque hay gente que le gusta disfrutar al contemplar esos animales y plantas en la naturaleza; científicos, porque no se sabe para qué pueden servir, si encierran en su interior la cura de alguna enfermedad, por ejemplo; económicos, porque la biodiversidad tiene un alto precio, y cada especie que se pierde es un recurso económico, bien sea procedente del ecoturismo, o de su utilización como comida, vestido, medicina, etc. Por tanto, aunque sólo sea por puro egoísmo, si la ‘sociedad de la trituradora de la biodiversidad’ quiere seguir disfrutando de ella, debe convencerse de que ante todo, debe conservarla96.

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LÉVÊQUE, C: A biodiversidade, cit., pág. 170.

95

Véase WILSON, E: La diversidad..., cit., págs. 312-342.

96

PÉREZ DE LAS HERA, M: La Cumbre de Johannesburgo. Antes, durante y después de la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible, Mundi-Prensa, Madrid, 2003, pág. 100.

3. DE LA CONFERENCIA DE ESTOCOLMO A LA CUMBRE MUNDIAL SOBRE