Hernández, Luis Esteban: “‘Partes del discurso’ en Aristóteles. Consideraciones sobre algunos conceptos en el libro XX de la
Poética”
Y, hecho de consonantes y vocales, habrá un terrible Nombre, que la esencia cifre de Dios y que la Omnipotencia guarde en letras y sílabas cabales.
JLB
El lenguaje preocupó desde tiempos muy antiguos a los filósofos griegos. Célebre es ya, por ejemplo, el famoso diálogo de Platón, Crátilo, en el que se discute acerca del lenguaje, como también la Póetica de Aristóteles, texto en el cual el autor se ocupa de su aspecto artístico. En este último caso, se trata de un texto fundador, pues es uno de los más antiguos, en Occidente, que se pregunta acerca de qué es en sí el hecho creativo (poíesis), de cuáles son sus formas, y del acto creativo realizado específicamente a través del lenguaje. A pesar de ser una reflexión pionera en su tipo, no presenta, sin embargo, un aparato conceptual primitivo ni planteos ya perimidos, sino que, por el contrario, es más bien una obra que da cuenta de un pensamiento maduro y elaborado, con puntos de vista que aún gozan de pervivencia y actualidad, como muchos otros textos antiguos. Se trata de una caracterización muy completa de la palabra poética, y uno de los accesos que el Estagirita hace de ella, del que nos ocupamos ahora, es el gramatical.
Antes que nada, debemos tener en cuenta que esta cuestión supone varios desafíos. Estamos en un momento histórico previo a la constitución de lo que modernamente llamamos “gramática”, y que lo que los griegos nombraban con la palabra grammatiké es algo muy diferente de lo que nosotros llamamos así hoy. Aquí se hace presente una necesidad metodológica, no por obvia menos relevante: la gramática, como la literatura, debe ser leída en un contexto.
Respecto del “original” griego, surge otro problema: si bien la Poética es un texto sumamente documentado, acreditado y atestiguado, lo cierto es que algunos de sus pasajes, entre ellos, el que ahora nos ocupa, están corruptos. Es decir que, a veces, cabe vacilar acerca de hasta qué punto uno está leyendo a Aristóteles y hasta qué punto a los copistas y comentadores que se ocuparon de la edición del texto. Algo más: ha de tenerse en cuenta con qué clase de obra estamos trabajando. Se supone que la Poética, como muchas otras piezas que componen el corpus aristotelicum, era una suerte de soporte didáctico que Aristóteles empleaba para sus clases en el Liceo, es decir, algo así como una especie de recopilación de notas o apuntes, más que un libro organizado desde el primer momento como tal. Desde luego, no se trata tampoco de una antología de frases e ideas yuxtapuestas; es, sin duda, un
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cuestiones, pues o bien las desarrollaba más ampliamente en sus clases o bien, también, sus discípulos podían colegirlas del desarrollo general de las mismas.1
Ahora bien, ¿qué es lo que dice Aristóteles en cuanto a este acceso “gramatical” a la palabra poética? El Estagirita comienza el libro XX de la Poética (1456b20-21) diciendo que:
Τῆς δὲ λέξεως ἁπάσης τάδ' ἐστὶ τὰ μέρη, στοιχεῖον συλλαβὴ σύνδεσμος ὄνομα ῥῆμα ἄρθρον πτῶσις λόγος.
Las partes de la dicción –considerada en su conjunto– son las siguientes: la letra, la sílaba, la conjunción, el artículo, el nombre, el verbo, la flexión y la frase.2
A continuación, Aristóteles define estas “partes de la dicción”, y es allí cuando se presentan los primeros problemas para el traductor y también para el lector, que señalaremos a continuación.
En el original griego se habla de mére tês léxeos, lo cual nos lleva a interrogarnos hasta qué punto es conveniente traducir léxis por “dicción”, o en todo caso, cuál sería la traducción más precisa, en este contexto, de una palabra tan polisémica como lêxis. Un problema similar surge cuando Aristóteles define, por ejemplo, árthron, que es un término que generalmente se traduce por “artículo”, y que la tradición gramatical aún llama así, pero a continuación lo que aparece en el texto son ejemplos de preposiciones como amphí o perí, no de “artículos”. Otro punto problemático es el término que en muchas ediciones se traduce como “flexión”: la palabra que aparece en el texto griego es ptôsis, literalmente, el “caso” gramatical, término que se reserva para la flexión nominal, pero que Aristóteles emplea tanto para el nombre como para el verbo. Desde luego, el término general “flexión” resuelve la dificultad, pues sí se puede aplicar indistintamente a ambas clases léxicas, pero eso es ya intervención del traductor. Lo cierto es que la tradición gramatical empleó ptôsis sólo para hablar de los nombres, de la declinación. Por otro lado, aparecen en una misma categoría (lêxis) clases léxicas como el nombre y el verbo, unidades de un nivel menor como la sílaba y la letra y el problemático concepto de lógos, del que nos ocuparemos especialmente.
Quisiéramos aclarar que no se trata aquí de buscar una suerte de purismo a la hora de traducir, sino de señalar una serie de problemas que surgen al momento de cotejar una versión castellana con el original griego, y que invitan a una reflexión sumamente enriquecedora, apasionante e instructiva.
1
Algo que, salvando las distancias, recuerda un poco al Curso de Lingüística General de Ferdinand de Saussure, publicado por sus discípulos.
2
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Con el fin de echar alguna luz sobre estos problemas, hemos recurrido al excelente libro Polémicas y Paradigmas en la Invención de la Gramática, de la Dra. Claudia T. Mársico. En esta obra, la autora investiga los textos de los pensadores antiguos, que van desde el Crátilo de Platón, hasta autores de la era cristiana, como Dionisio Tracio y Apolonio Díscolo. Del trabajo de Mársico extraemos algunas ideas interesantes: por ejemplo, la oposición entre lêxis y lógos, que, según la autora, se explicita por primera vez en la Poética, dado que es en dicha obra donde se atestigua por primera vez la expresión “mére tês léxeos”. Al parecer, el término lêxis hacía referencia, en tiempos de Aristóteles, a la “palabra”, tanto en una acepción general, en el sentido de “discurso”, como a “palabra” en términos de unidad mínima del léxico, mientras que lógos, voz frecuentemente traducida, al igual que lêxis, como “palabra” y “discurso”, hacía referencia al “discurso”, pero con una connotación sintáctica. Por ello, podría decirse que, hasta muy entrada la época alejandrina (posterior a Aristóteles), los estudios gramaticales operaban sobre la oposición “mére tês léxeos” vs. “mére toû lógou”3; como si modernamente dijésemos “partes del discurso” vs. “partes de la oración”. Esto nos lleva a preguntarnos qué se entendía en tiempos de Aristóteles por “oración”, o si, incluso, se disponía propiamente de un concepto semejante. Dada la naturaleza de este trabajo, no pretendemos, ni mucho menos, elaborar conclusiones al respecto, sino solamente presentar la discusión. Esto no deja de ser interesante porque todavía a nosotros, lectores modernos, nos resulta controversial el complejo concepto de “oración”, y todo depende de qué punto de vista teórico se tome para definirla.
Volviendo a Mársico, y a su propuesta de pensar, en este contexto, la voz lógos como unidad sintáctica, es interesante observar cómo, según la autora, los antiguos griegos pensaban dicha unidad. Al parecer, las primeras menciones se vislumbran ya en el Crátilo, de Platón, diálogo en el que lógos es definido como un binomio ónoma+rhêma, es decir “Nombre+Verbo”, esto es, una secuencia predicativa en la que un verbo se refiere a un nombre que, desde una lectura muy posterior, se puede identificar como su “Sujeto”. Este lógos es llamado también lógos apophantikós, es decir “discurso demostrativo”, pues, como bien se plantea en el Crátilo, “Blanco” y “Hombre” (ejemplos que, curiosamente, reaparecen en Aristóteles) significan algo, pero por sí solos no expresan nada con sentido. A los asiduos lectores de gramáticas seguramente les resonará la definición de oración en términos de “sentido completo”. Ya se echa de ver cómo se pueden ir rastreando las ideas lingüísticas a lo largo de los tiempos y cómo discusiones muy actuales son también discusiones muy antiguas.
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Desde luego (y esto lo sabían bien los antiguos griegos), una oración, o mejor, un lógos apophantikós, no se compone sólo de ónoma y rhêma, pero cabe pensar hasta qué punto se consideraba las clases de palabras como mére toû lógou, y hasta qué punto como mére tês léxeos, esto es, como partes del discurso en general, y como partes de la unidad sintáctica propiamente dicha. A propósito de la discusión del término lógos, es interesante ver la definición que da el propio Aristóteles (Poética, 1457a24-30):
λόγος δὲ φωνὴ συνθετὴ σημαντικὴ ἧς ἔνια μέρη καθ' αὑτὰ σημαίνει τι (οὐ γὰρ ἅπας λόγος ἐκ ῥημάτων καὶ ὀνομάτων σύγκειται, οἷον ὁ τοῦ ἀνθρώπου ὁρισμός, ἀλλ' ἐνδέχεται ἄνευ ῥημάτων εἶναι λόγον, μέρος μέντοι ἀεί τι σημαῖνον ἕξει) οἷον ἐν τῷ βαδίζει Κλέων ὁ Κλέων. εἷς δέ ἐστι λόγος διχῶς, ἢ γὰρ ὁ ἓν σημαίνων, ἢ ὁ ἐκ πλειόνων συνδέσμῳ, οἷον ἡ Ἰλιὰς μὲν συνδέσμῳ εἷς, ὁ δὲ τοῦ ἀνθρώπου τῷ ἓν σημαίνειν.
Lógos es una voz compuesta significativa de la que alguna parte por sí sola significa algo
(pues no todo logos se compone a partir de verbos y de nombres, como la definición de “Hombre”, sino que puede ser un lógos sin verbos, aunque siempre una parte será algo
significativo), por ejemplo en “Cleón camina”, “Cleón”. Sin embargo, uno solo es el
logos doblemente, ya el que significa una sola cosa, ya el que a partir de muchas cosas
significa una sola en conjunto, como por ejemplo la Ilíada, que es una sola en conjunto, pero la definición de “Hombre” lo es por significar una sola cosa.
De este pasaje, haciendo una lectura detenida, se desprenden varias cuestiones importantes. En primer lugar, estamos ante una “voz compuesta”, es decir, unaunidad fónica, que se distingue, por ejemplo, de las letras (stoikheîa), que son indivisibles, es decir, no compuestas; pero también se trata de una unidad significativa, lo cual hace que la podamos agrupar junto al verbo y al nombre, que también son voces compuestas y significativas. Sin embargo, se advierte una diferencia, tanto con los verbos como con los nombres: ninguna de las partes de las palabras que conforman estas clases significa algo por separado, en cambio en el lógos, una de sus partes, o al menos una de ellas, significa algo por sí sola. Por lo tanto, estamos ante una unidad sonora y semántica cuyas partes se pueden aislar y analizar por separado, pero también se puede pensar en función de un conjunto (morfología y sintaxis). La aclaración que hace el Estagirita acerca de que no todo lógos se compone de nombres y de verbos, sino que puede haber lógos sin verbo, pero siempre habrá una parte significativa, es decir, que dé a entender algo, que debe haber una parte predicativa.
Aquí se presenta un aspecto complejo, pues es un pasaje particularmente ambiguo del texto. Aristóteles dice que “no todológos se compone a partir de verbos y de nombres, como la definición de Hombre”, de lo cual se siguen dos lecturas posibles:
Hernández, Luis Esteban: “‘Partes del discurso’ en Aristóteles. Consideraciones sobre algunos conceptos en el libro XX de la
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a) Hay un tipo de lógos compuesto de nombre y verbo, cuyo ejemplo es la definición de Hombre, pero no siempre es así.
b) Hay un tipo de logos compuesto de nombre y verbo, y otro que no lo es, cuyo ejemplo es la definición de Hombre.
Nosotros, a diferencia de otros traductores,4 nos inclinamos por la interpretación A. Es decir, Aristóteles parece estar pensando el lógos, la unidad sintáctica, fundamentalmente en términos de “nombre+verbo”, aunque puede haber otras secuencias predicativas, es decir, en las que “una parte por sí sola significa algo”. Esto nos permite conjeturar estructuras que la Gramática Tradicional llamó “Predicado Nominal” y que, más modernamente, se conocen como “oraciones copulativas con elipsis verbal”. Apoyamos esta suposición en el hecho de que Aristóteles toma como ejemplo “la definición de Hombre”, como si dijésemos “El hombre esun animal racional” o “El Hombre, animal racional”, donde no hay verbo, pero sí hay una secuencia predicativa, y sus partes por separado (hoy diríamos: sujeto+predicado) significan algo.
Otro argumento que esgrimimos en pos de esta interpretación es la oración adversativa que sigue a “pues no todo lógos se compone a partir de verbos y de nombres, como la definición de Hombre”, que dice “sino que puede ser un lógossin verbos…”. Aristóteles dice que “uno solo es ellógos doblemente, ya el que significa una sola cosa, ya el que a partir de muchas cosas significa una sola en conjunto”.
Es decir, hay un doble status del lógos. Por un lado, puede ser una secuencia “ónoma+rhêma”, caracterizada por la unidad temática, pero también se puede incluir en la misma categoría una unidad mucho más compleja, como la propia Ilíada, siempre que respete el requisito de unidad temática.
En otras palabras, contamos con una unidad sintáctica simple, como la definición de “Hombre”, que es una sola “por significar una sola cosa”, de manera que hay una correspondencia entre unidad sintáctica y unidad lógico-semántica. A la vez, se incorpora una unidad sintáctica compleja, que se caracteriza por “a partir de muchas cosas, significar una en conjunto”, con lo cual estamos en presencia de un lógos en el que no hay correspondencia entre unidad sintáctica y unidad lógico-semántica. Sin embargo, el criterio que prime será el de unidad lógico-semántica. Es decir, una sola cosa puede ser dicha a partir de varias secuencias ónoma+rhêma; por ello, nos hallamos en un punto en el que se conectan no ya simplemente nombres y verbos, sino varias secuencias de nombres y verbos, o sea, una
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unidad sintáctica compleja, compuesta de varias unidades sintácticas más simples, lo cual es consistente con la propuesta general del pasaje que estamos trabajando, en el que se define cada categoría desde la más simple hasta la más compleja.
De manera que con lógos se podría cubrir lo que, desde un acercamiento funcional, llamaríamos “oración”, pero también el “texto”.
Sin embargo, podemos preguntarnos: ¿qué es lo que hace que dos cosas tan diferentes, como la definición de “Hombre” y la Ilíada entren en una misma categoría? Pues bien, Aristóteles lo dice claramente, si bien subraya la diferencia: significar “una sola cosa”, es decir, la unidad temática, dado que bien podríamos, aunque con un notable reduccionismo, resumir la Ilíada en “Aquiles se encolerizó” o la Odisea en “Ulises regresó a Ítaca”. Esta preeminencia del criterio de unidad lógico-semántica hace que propongamos para verter al castellano, en este contexto, la voz lógos como “proposición”, a la vez que, dado su carácter amplio, en el que se conjugan unidades de muy diverso rango, reservemos para lêxis el término “discurso”.
Hechas estas salvedades, proponemos, para Poética, 1456b20-21, la siguiente versión al castellano:
Las partes del discurso–considerado en su conjunto–son las siguientes: la letra, la sílaba, la conjunción, el artículo, el nombre, el verbo, la flexión y la proposición.
Para concluir: como adelantábamos, vemos que, a pesar de ser un trabajo pionero en su tipo, la Poética constituye una reflexión profunda, compleja y consistente del lenguaje, a la vez que todavía hoy goza de una notable pervivencia, puesto que en ella se hallan presentes discusiones que siguen concerniendo al quehacer del pensamiento lingüístico moderno.
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Bibliografía
Ediciones y traducciones de la Poética de Aristóteles:
Aristóteles. Poética. Edición bilingüe. Traducción de José Alsina Clota, Bosch, Barcelona, 1977.
Aristóteles. Poética. Introducción, traducción y notas de Eduardo Sinnot, Colihue, Buenos Aires, 2006.
Aristotle. Ars Poetica. Edited by R. Kassel, Clarendon Press, 1966. [disponible en http://www.perseus.tufts.edu; consulta: 09/09/2013].
Diccionarios:
Liddel, H. G.-Scott, R. A Greek English Dictionary, Oxford University Press, Oxford, 1968. Sebastián Yarza, F. I., Diccionario Griego-Español, Sopena, Barcelona, 1954.
Estudios:
Mársico, C. T.: Polémicas y paradigmas en la invención de la gramática, Del Copista, Córdoba, 2007.
Hernández, Rocío Belén: “La constitución de la subjetividad en las patologías del lenguaje”
HERNÁNDEZ, ROCÍOBELÉN [email protected]