• No se han encontrado resultados

Limando asperezas: Saer entre poesía y prosa

Guerscovich, Diana: “Limando asperezas: Saer entre poesía y prosa”

Nadie está, aunque parezca estar, en el mundo.

Juan José Saer, 1977 En su proyecto literario, Juan José Saer1 intentó combinar la apreciación poética con la rigidez de la narración, como bien dice Jorge Monteleone en “El canto de lo material. Sobre El arte de narrar: “Saer declaró a menudo que su obra trataba de borrar las fronteras entre narración y poesía, combinando el rigor formal de la narración moderna con la percepción poética del mundo” (2010: 376) Respecto a esta propuesta puede señalarse la poetización de su narrativa, manifiesta en los personajes que sostienen una mirada organizadora de lo que constituye lo real y lo imaginario, a través de un topos conformado por objetos o un conjunto de éstos. El sujeto saeriano suele experimentar durante la narración un momento de epifanía, es decir,

suele alcanzar, por un breve instante, una atención desmesurada que no sólo parece sacarlo de una habitual distracción y sumergirlo por un breve lapso en la “permanencia de lo que fluye” o “el devenir”, sino también obtiene en la ficción-es decir en el ámbito de lo imaginario-su sentido verdadero. (Monteleone 2010: 376)

En esos instantes, la narración se centra en un montaje de imágenes que imprime un espacio en movimiento, un movimiento en el presente que se perpetúa para dar la sensación del aquí-ahora, la densidad de lo efímero del tiempo presente, percibido en un acto tan común como pasarse la mano por la cara, como se ve en La Mayor:

Por un momento todo se borra: la pared amarilla, la mesa, con el cenicero y los libros, con la carpeta negra que ha de decir, en letras rojas, irregulares, de imprenta, PARANATELLON, las manchas encuadradas de blanco, de negro, las manchas azules, amarillas, negras, el humo en dispersión, la luz, la biblioteca. Todo en el interior de la galaxia, se confunde, se sobresalta y queda, por un momento, temblando, cuando la mano se desliza, apretándose contra ella, por la membrana. Y mientras la mano va, despacio, a reunirse, sobre el abdomen, con la otra, la galaxia, el espacio negro queda, de un modo gradual, otra vez, inmóvil, mientras reaparecen, del otro lado de la membrana, más allá, el escritorio, los libros apilados detrás, contra la pared, el vaso con los lápices, la carpeta en la que estoy escribiendo, en grandes letras de imprenta, con tinta roja, irregulares, rápidas, PARANATELLON. Estuve o estoy estando o estoy estando estando, irregulares, rápidas, con tinta roja, PARANATELLON. (Saer 1976: 10; 11)

Este procedimiento funciona, cada vez, como una terca búsqueda acerca de la inconsistencia de lo real y la incapacidad del lenguaje de expresarlo:

¿Estoy todavía estando, y no al mismo tiempo, sentado en el sillón? ¿Estoy todavía estando sentado en el sillón y estoy todavía estando atravesando el espacio entre el sillón y la puerta, y estoy todavía estando oyendo, al abrir la puerta, vaga, remota, la campanada, mientras estoy estando, inmóvil, parado, mirando en dirección al frío negro, en el hueco de la puerta, entre la habitación y la terraza? ¿Estoy? ¿Estoy todavía estando? Y si estoy, y estoy todavía estando, estoy y estoy todavía estando ¿en qué mundo? (1976:19; 20)

1

Juan José Saer nace en la ciudad de Serodino, Pcia. de Santa Fe, el 28 de junio de 1937 y muere en París, Francia, el 11 de junio de 2005.

Guerscovich, Diana: “Limando asperezas: Saer entre poesía y prosa”

Ya no estoy, estuve, pero en ese tiempo, en ese fragmentar del momento en que se estuvo, recae la sensación de realidad, ese presente que se extiende mediante gerundios. Contar el presente significa en Saer deconstruir el tiempo cronológico, fragmentarlo y luego actualizarlo, y reactualizarlo constantemente desde la mirada singular de un personaje, como Tomatis en su intento por atraer al recuerdo, recobrar el tiempo perdido. En este sentido, la percepción funciona por fragmentación, segmentar el entorno, la pared, la mesa, la carpeta, PARANATALLON, aislar un momento y descomponerlo para poder así comprender la masa de informaciones que recogen los sentidos.

En Nadie nada nunca (1980) se ve como en el fragmento nº IX, Elisa le comenta, al pasar, al Gato un episodio de la tarde: “No había cruzado casi nadie en las dos o tres cuadras que había recorrido a pie desde la estación hasta el coche: casi nadie, y, sin embargo, no eran más de las siete y el sol estaba todavía alto. Al llegar al coche negro, había tenido la sensación de que…” (1980:169), pareciera que ella duda sobre el recuerdo y lo interrumpe bruscamente aludiendo que no tiene importancia. En el fragmento siguiente, donde sobresale la mirada de Elisa, regresa a ese momento de la tarde, anterior a la conversación con el Gato, reactualizando la información. Se observa en este uso del fragmento, la variación anecdótica que suma densidad mediante la expansión y la contracción de un recuerdo. Se corrige la percepción anterior.

En ese recordar de Eliza –“la única materia para nuestro vínculo con lo real” (Dalmaroni 2011: 100)–, la percepción de lo recordado recae en el extraño que la miraba desde un balcón: “Un hombre miraba desde un balcón, a mitad de cuadra”; “(…), había podido comprobar que el hombre que miraba desde allá arriba, desde el balcón, había desaparecido” (1980: 186,187). Se percibe la mirada. La sensación de ser observada es la que trae consigo el recuerdo y en el mismo, durante ese momento donde parece espesarse el tiempo, en el personaje se “precipita la mortalidad como una redención de la forma” (Monteleone 2010: 376). Esto puede verse reflejado en la conversación que sostiene una hija con su madre sobre en un acto tan nimio como su visita al supermercado. Un pequeño episodio que define una vida:

LA HIJA:

(…). Mis días, todos iguales,

no han debido, inesperadamente, ser divididos, y para siempre, por esa

herida. Aunque desde el lugar en donde estás-la madurez-

Guerscovich, Diana: “Limando asperezas: Saer entre poesía y prosa”

En este momento poetizado en que la vida se constituye como totalidad se percibe el hilo conductor de la narrativa saeriana: la experiencia de lo real que atraviesa la realidad, el instante en que lo extraño entra en lo cotidiano y se instala para siempre, en el recuerdo: “El otro o los otros mundos que se vislumbran, a veces, en las miradas ajenas son, para el que los vive desde dentro, desiertos” le responde la madre a su hija. Esos desiertos, percibidos en la mirada del otro o en la presencia del otro, -material como el hombre que observa a Elisa o virtual como Pichón Garay que le escribe a Tomatis desde París en “El extranjero”- son la expresión de la consciencia del tiempo que pasa, la infancia perdida que remite a el lugar de lo cotidiano, el ya no ser nunca más el que se fue. Es la percepción poética del mundo narrado.

Sobre este tema rondará una de las cartas que le escribe Pichón Garay, desde París, a Tomatis: “Dichosos los que se quedan, Tomatis, dichosos los que se quedan. De tanto viajar las huellas se entrecruzan, los rastros se sumergen o se aniquilan y si se vuelve alguna vez, no va que viene con uno, inasible, el extranjero, y se instala en la casa natal” (1976:139-140), reactualizándose su afirmación en “La elegía Pichón Garay”: “Bienaventurados/ los que están en la realidad/ y no confunden/ sus fronteras.” (1977: 95). Así, la idea latente de extrañeza ante el presente se reactualiza, tanto en los personajes como en las obras, siendo una constante en la construcción saeriana.

En sus “Razones”, a pedido de María Teresa Gramuglio, Saer nos dice respecto, al tema de lo extraño que se instala en lo cotidiano, al extranjero: “Fuera de lo conocido, de la infancia, de lo familiar, de la lengua, se atraviesa una especie de purgatorio, de no ser, hasta que se reaprende un nuevo mundo, que consiste en el aprendizaje de lo conocido relativizado por lo desconocido” (2010: 317). En lo no conocido, en la incertidumbre, se encuentra la construcción poética que trabaja minuciosa y reiteradamente sobre la percepción, sobre el recuerdo y sobre lo inaprensible: el tiempo, las cosas, los seres, el espacio, para poder así, mediante el fragmento, constituir una totalidad poética. En palabras de David Oubiña: “Sólo se puede escribir sobre aquello que se convierte en una obsesión porque se ha extraviado definitivamente.” (2010:441).

Puede concluirse que el uso hiperbólico de gerundios, el uso excesivo de comas y la fragmentación poetizan la narrativa saeriana, tal como se narrativiza su poesía. Se sostiene el proyecto narrativo que Saer ensaya, desde los personajes mismos que sostienen una mirada organizadora de lo que constituye lo real y lo imaginario, buscando una continuidad ad infinitum entre lo que narran y el modo en que lo hacen. Así, si el recuerdo se contrae y se expande, su escritura también se vale de esos procedimientos en la composición, la sintaxis saereana oscila en la expansión de la sintaxis poética y se contrae reduciendo descripciones al

Guerscovich, Diana: “Limando asperezas: Saer entre poesía y prosa”

uso de comas como descomposición absoluta de un instante, fragmentándolo y parcelándolo a fuerza de elipsis.

Bibliografía Fuentes:

Saer, Juan José, 1976, El arte de narrar, Ed. Visor Libros, España, 2008.

---, 1977, La Mayor. Nota de digitalización: texto extraído de la publicación efectuada Seix Barral, Biblioteca breve Juan José Saer – Cuentos Completos- 2001 – ISBN 950-731-321-3 (Págs. 123/211)

---, 1980, Nadie nadie nunca, Editorial Planeta, Bs. As, 2000.

Bibliografía sobre Juan José Saer:

Dalmaroni, Miguel, “El grafismo visible de la voz de lo real. La lección del poema en Juan José Saer”. En: http://www.lectorcomun.com.

---,2011, “Los aros de acero de la sortija” en Ricci, Paulo (comp.), Zona de prólogos, ed. Seix Barral, Bs. As.

Gramuglio, María Teresa & Saer, Juan José, 1984, “Razones” enCritica Cultural (Critic), v. 5. n. 2, jul./ dez., 2010, p. 315-324

Monteleone, Jorge, 2010, “El canto de lo material. Sobre El arte de narrar” en Crítica Cultural (Critic), v. 5. n. 2, jul./ dez., p. 375-386.

Oubiña, David, 2010, “El fragmento y la detención. Literatura y cine en Juan José Saer” en Critica Cultural (Critic), v. 5. n. 2, jul./ dez., p. 433-442

Sarlo, Beatriz, 2010, “Narrar la percepción” enCritica Cultural (Critic), v. 5. n. 2, jul./ dez., p. 309-313.

Hernández, Luis Esteban: “‘Partes del discurso’ en Aristóteles. Consideraciones sobre algunos conceptos en el libro XX de la

Poética

HERNÁNDEZ, LUISESTEBAN [email protected]

Outline

Documento similar