CAPÍTULO III. EDAD MEDIA
2. FUENTES LITERARIAS – TRATADÍSTICA
2.5. CONSIDERACIONES A LAS FUENTES
TRATADÍSTICA
Del examen de los textos medievales se puede plantear una serie de consideraciones acerca del contenido de las mismos y, por lo tanto, de la técnica del dorado durante este extenso periodo histórico. Así se constata que hasta finales el siglo XIII, estas fuentes aportan datos de interés, tanto sobre materiales, como sobre algunas de las operaciones relativas a la técnica del dorado en los objetos de madera. Sin embargo, estos datos no permiten hacernos una idea precisa del desarrollo de todo el proceso de dorado, ya que como se ha podido constatar, la información que contienen sobre el mismo se limita en gran medida a la redacción de recetas368, muchas de las cuales se repiten literalmente en
365 Ibídem nota anterior. 366 Hetherghton, P., 1974, p. 9. 367
Hetherghton, P., 1974, p. 10.
368 El tratado de Teófilo constituye una excepción, ya que la información que contiene sobre algunas de
las operaciones del proceso del dorado es más extensa y detallada. No obstante, presenta todavía importantes lagunas al respecto. También la obra de St. Audemar responde, en cierta medida, a estas características.
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los diferentes tratados. Se trata de fórmulas destinadas a la obtención de sucedáneos del oro369, elaboración de mordientes, barnices y, en menor medida, del aparejo de yeso. No sucede así con el proceso de obtención de las láminas de oro que aparece descrito de forma mucho más extensa. La interpretación de estas recetas y de las instrucciones que en ocasiones aparecen en ellos suele resultar complicada, tanto por la terminología empleada, como por la falta de detalle con la que por lo general se exponen los datos. Ello se debe a que en muchos casos se trata de fórmulas incompletas que los tratadistas recogen de textos anteriores, también procedentes de recopilaciones más antiguas, o que traducen de forma incorrecta. Además, en los tratados se dedica especial atención a la iluminación de manuscritos370, mientras que las referencias al dorado de otro tipo de superficies, entre las que se encuentran las de madera, son comparativamente mucho más escasas, e inexistentes en relación con los muebles.
A pesar de dichas dificultades, el estudio comparativo de los datos que aportan los primeros tratados y los que encontramos en los de siglos posteriores, permite establecer una evolución en la técnica. Así, a partir del siglo XIV, se aprecia un cambio cualitativo en los textos de técnica que incorporan nuevos métodos y sustancias, así como pormenorizadas descripciones de las distintas fases del proceso del dorado. Así mismo, en los siglos XIV y XV aparecen los tratados más completos, destacando entre ellos el de Cennini, que proporciona la exposición más completa de estas prácticas. En él aparece la primera mención a los muebles, a los que se aplican la mayor parte de los procedimientos para el dorado de las superficies de madera que se incluyen en el mismo.
Por último cabe señalar que, en la mayor parte de los tratados de técnica, se observa una similitud de procesos y materiales independientemente de su lugar de origen, lo que indica que éstos se conocían y posiblemente se daban por igual en los diferentes países, si bien con ciertas variaciones. Según Eastlake371, este hecho se explica por las relaciones existentes entre los distintos establecimientos religiosos, que hasta el siglo XIV fueron el origen principal de estos tratados. También, las relaciones comerciales entre los diferentes países y la movilidad de los tratadistas y de los artífices que viajaban de un lugar a otro propiciaron el conocimiento de estos textos, así como la trasmisión de estas prácticas, lo que favorecía que se dieran grandes semejanzas en la técnica del dorado.
A continuación pasaremos a mencionar los procedimientos y materiales que pudieron haberse utilizado para el dorado de las superficies de madera en época medieval a partir de las fuentes de época analizadas. Comprobamos así que, hasta el siglo XIV, los objetos de madera se doraban al agua372 sobre un aparejo confeccionado con carbonato o sulfato cálcico y cola animal. Además, en ciertas ocasiones, se podían añadir sustancias colorantes. Con respecto a esta operación se constata una evolución ya que, en los primeros tratados, las menciones son sucintas, mientras que a partir del siglo XIV, en el Manuscrito de Estrasburgo, en el tratado de Alcherio y especialmente en la obra de Cennini, se describe con mucho más detalle. Así, se aprecia una progresiva complejidad del procedimiento que comprende la sucesiva aplicación de estratos de
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Esto se debe a la escasez y elevado precio del oro en época medieval.
370 Lo que indica la importancia que se concedía al dorado de estas obras. 371 Eastlake, C. L., 2001, pp. 125, 126.
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La técnica de dorado al agua se denomina así por los adhesivos acuosos empleados como mordientes para la fijación de la lámina metálica.
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yeso373 que se pulían antes de aplicar el siguiente para uniformar la superficie enyesada. Esta fase comprendía también una serie de operaciones para la obtención de motivos en relieve que se trabajaban directamente sobre la superficie de yeso o se realizaban con moldes de distinto tipo. Estas operaciones, que describe Cennini con detalle, tenían como resultado una mayor ornamentación de la superficie dorada. Todo ello significa la toma de conciencia de la importancia de esta fase para la obtención de un dorado de calidad, lo que trae consigo el perfeccionamiento de la técnica.
Para la aplicación de la lámina metálica se empleaban diferentes mezclas que se extendían sobre la superficie enyesada374. Los mordientes empleados para fijar el oro se componían de diferentes sustancias: un adhesivo como la yema375 o la clara de huevo, la cola animal (de pescado, buey, ternera o pergamino), una goma vegetal como la extraída de la almendra así como el jugo de higuera o de ajo. A veces estas sustancias se combinaban en un mismo mordiente. El caso más representativo lo constituye la mezcla de clara de huevo y cola376, que se repite a lo largo de toda la Edad Media. Además, como colorante se utilizaba el azafrán, tierras de color rojo o marrón y pigmentos como el bermellón o el cinabrio. A partir del siglo XIV se empieza a mencionar el bol de Armenia377como uno de los materiales más empleados en los mordientes al agua. En Cennini, esta fase del proceso de dorado que comprende la aplicación de varias capas de bol toma el nombre de embolado, tal y como se sigue haciendo en la actualidad.
Así mismo, estos mordientes podían contener una pequeña de cantidad de yeso y, con menor frecuencia, otros materiales como el polvo de ladrillo que se incorporaban como carga en la mezcla para aportarle mayor consistencia. En ocasiones, también a partir del siglo XIV, como se constata en el Manuscrito de Estrasburgo, se empieza a mencionar la adición de otras sustancias, como la miel o el azúcar, para retardar el secado del mordiente y aportarle elasticidad. Además, ocasionalmente se empleaba la cera de oídos con la finalidad de evitar la formación de burbujas de aire en los mordientes a base de huevo. También, se podían añadir gomas y resinas para incrementar la elasticidad de la mezcla. Por último cabe destacar que, a finales del siglo XIV, aparecen las primeras referencias al empleo de mordientes envejecidos, es decir, preparados con antelación o resultantes de operaciones de dorado anteriores. Ello se debía probablemente a la constatación empírica del incremento de adhesividad que experimentaban los mordientes con el paso del tiempo. En definitiva, apreciamos también en lo relativo a los mordientes un esfuerzo por perfeccionar la técnica del dorado ya que, aunque se continúan empleando ciertos materiales a lo largo del tiempo como la cola o la clara de huevo, se incorporan otras sustancias para mejorar sus propiedades. Como norma general, estos mordientes estaban destinados al bruñido del oro378. No obstante,
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En los tratados se señala como norma general a partir de St. Audemar el empleo de tres o cuatro capas de aparejo de yeso.
374 De los mordientes se aplicaban por lo general tres o cuatro manos.
375 Esta sustancia aparece mencionada solo una vez como adhesivo del mordiente en el Manuscrito de
Lucca. Burnam J. M., 1920, p. 100.
376 Debido a la naturaleza flexible de esta mezcla que endurecía al secar pero conservaba un grado
indispensable de elasticidad.
377 En los tratados de Alcherio y de Cennini aparecen las primeras menciones a esta sustancia. Según
Vasari, el pintor conocido como Margaritone d’Arezzo inventó en la segunda mitad del siglo XIII el sistema de aplicar el oro sobre bol: fu egli inventore di dare di bolo e mettervi sopra l’oro in foglie e
brunirlo… Vasari, G., Le vite dei piu eccellenti pittori, scultori e architetti, 1550, ed. cons. 1993, p. 147.
378 A excepción del realizado con jugo de ajo o de higuera que se empleaba para realizar líneas, puntos o
pequeñas zonas doradas que debían conservar el tono amarillo del pan de oro sin bruñir y se aplicaban en pintura sobre tabla o en la iluminación de manuscritos. Thompson, D.V., 1956, p. 209.
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ocasionalmente los mordientes al agua podían emplearse también para la obtención del dorado mate379. Un ejemplo de ello lo encontramos en el tratado de St. Audemar380.
Por lo que respecta a la lámina de oro fino resulta difícil establecer con exactitud, a partir de las referencias en las fuentes de época, sus dimensiones y grosor. No obstante, según la opinión mayoritaria de los autores consultados, éstas eran mucho más gruesas que las actuales381. Por otro lado, constatamos que se podían emplear láminas confeccionadas con aleaciones de otros metales que imitaban el oro fino382. A estas láminas Cennini383 las denomina por primera vez “oro falso”. Para la obtención de las láminas metálicas encontramos dos sistemas bastante semejantes; el primero aparece descrito en el Manuscrito de Lucca, que reproduce el Mappae Clavicula con ligerísimas variaciones y que hacía uso de láminas de cobre que se intercalaban entre las de oro a la hora del batido. El segundo procedimiento lo proporciona Teófilo y en él se emplean tiras o trozos de pergamino en lugar de láminas de cobre para el batido del oro. Este procedimiento es bastante parecido al que se sigue utilizando en la actualidad.
En cuanto al bruñido de la superficie dorada384, a partir de finales del siglo XIII se empieza a mencionar esta fase del proceso con detalle, siendo Cennini385 a finales del siglo XIV quien proporciona la descripción más completa y pormenorizada de la misma. Este hecho indica la importancia que se concedía a dicha acción para el resultado final de la superficie dorada. Los instrumentos empleados para el bruñido eran piedras de diferentes tamaños y formas como el ónice, la hematites, la amatista o dientes de animales carnívoros como el de perro, oso o caballo, entre otros. El tipo de bruñidor a utilizar dependía de la superficie que se debía bruñir. Como afirma Thompson386, para el bruñido de las superficies doradas de los muebles, dadas sus dimensiones, no resultaban apropiados los dientes de animales, por lo que debía recurrirse al uso de piedras como la hematites dado su mayor tamaño. Además, en un mismo mueble debían emplearse varias piedras de diferentes formas para que pudieran adaptarse a su variada ornamentación a base de molduras, tallas y amplios fondos lisos, algo que se sigue haciendo en la actualidad.
Por otro lado, las superficies doradas, una vez bruñidas, podían ornamentarse con distintas labores387 como punteados realizados con punzones finos o buriles, o graneados, que consistían en marcas más profundas y variadas al ejecutarse con buriles con la punta de distinta forma: roma, cabeza de clavo, en lágrima etc. También se podían obtener dibujos más complejos a base de estrellas, flores, puntos, ojos de perdiz, etc. realizados con troqueles que presentaban estas formas en la punta. Además, sobre la
379 Se recurría a esta práctica con frecuencia en la pintura sobre tabla para la realización de dibujos
dorados o plateados sobre zonas pintadas o estofadas. Thompson, D.V., 1956, p. 211.
380 Merrifield, M. P., 1999, rec. 191, p. 155.
381 Como se ha dicho anteriormente, las láminas de oro que se mencionan en el Mappae Clavicula eran
casi cincuenta veces más gruesas que las actuales. Smith, C. S. y Hawthorne, J. G., 1974, p. 65, nota 174.
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Estas láminas se empleaban por razones económicas dada la carestía del oro.
383 Cennini, C., 2000, cap XCV, pp. 139, 140.
384 Proceso que se llevaba a cabo cuando la superficie dorada conservaba todavía un cierto grado de
humedad, lo que implicaba que el aparejo de yeso siguiera estando blando y flexible, facilitando que el bruñidor se deslizara mejor.
385
Cennini, C., 2000, cap. CXXXV, p. 171; cap. CXXXVII, pp. 171-173.
386 Thompson, D. V., 1956, p. 213.
387 Hasta el siglo XIII los fondos de oro de la pintura sobre tabla son lisos. En la primera mitad del siglo
XIII, en la pintura toscana, dichos fondos se empiezan a ornamentar con incipientes trabajos de buril. González, Martínez, E., 1997, p. 35.
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superficie dorada se podía aplicar pintura para la obtención de estofados esgrafiados o estarcidos. La mayor parte de estas técnicas las encontramos descritas con detalle por primera vez a finales del siglo XIV en la obra de Cennini.
Pero el dorado también podía llevarse a cabo mediante pintura de oro que se confeccionaba con polvo de este metal aglutinado con un adhesivo y se empleaba fundamentalmente en la iluminación de manuscritos y, en menor medida, en otro tipo de objetos como pinturas, esculturas, etc. Sin embargo nunca se utilizó para dorar superficies grandes, sino zonas puntuales. Así mismo se podían utilizar otros metales pulverizados, como el estaño con el fin de economizar costes. A partir del siglo XIV este material recibe el nombre de “purpurina” 388 como aparece en los tratados de Alcherio, Cennini y en el Manuscrito de Bolonia.
En cuanto al plateado con hoja no aparece mencionado en las fuentes hasta el siglo XIV, en los tratados de Cennini y en el Manuscrito de Estrasburgo. En este último el plateado se ejecuta siguiendo indicaciones semejantes a las que se proporcionan para el dorado, si bien se aprecian mínimas variaciones389. Con anterioridad el pan de plata sólo se emplea reducido a polvo, si bien, desde los primeros tratados se menciona el uso de láminas de estaño390 como sustituto de las de oro para obtener superficies que semejaran doradas mediante la aplicación de un barniz de este tono.
Por último, el barnizado de las superficies doradas representa una constante en las fuentes, ya que aparecen referencias a esta operación desde el siglo VI hasta el XV. Sin embargo, el tratado de Cennini constituye una excepción ya que recomienda eludir su uso. Este procedimiento se aplicaba sobre las superficies doradas con láminas de estaño o plata391, en cuyo caso era de tono dorado. Pero también se recurría al barnizado para proteger el oro, así como para evitar que la superficie de yeso se viera en las zonas en donde el mismo no se había aplicado.
A partir del siglo XIV se constata en los textos de época una importante innovación en la técnica del dorado. Se trata del empleo de mordientes grasos para la fijación de la lámina metálica. Ello determina la puesta en práctica de un sistema diferente de dorado denominado tradicionalmente “al aceite” por el uso de esta sustancia como ingrediente principal del mordiente. Sin embargo, las fórmulas que aparecen en los tratados para su confección son mucho menos variadas y numerosas que las que se proporcionan para los mordientes al agua. Los mordientes grasos se confeccionaban fundamentalmente a base de bol, aunque también se podían emplear pigmentos de tono ocre aglutinados con aceite de linaza y barniz. Ocasionalmente se añadían a la mezcla otras sustancias, como por ejemplo el cardenillo, que actuaban como agentes secantes del aceite. Esta técnica proporcionaba superficies doradas mate ya que la presencia del aceite impedía el bruñido de las mismas.
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Se desconoce el origen de este nombre. Thompson apunta que quizás proceda de la asociación de ideas entre púrpura y oro. Así el color purpurinus, término empleado por Alcherio, podría haberse considerado semejante al color de la escritura dorada de los Codex Purpureus de la temprana Edad Media, Thompson, D. V., 1956, p. 181. Estos códices miniados estaban realizados en pergamino de color púrpura de donde deriva su denominación.
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Borradaile, V. y R., 1966, p. 25.
390 Esta técnica la encontramos ya en Europa en esculturas de los siglos XI-XII. González Martinez, E.,
1997, p. 25.
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La finalidad de este barniz era proteger estos metales de la oxidación además de proporcionarles una tonalidad semejante a la del oro.
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Desconocemos sin embargo el momento en que se origina esta técnica, quizá ya en el siglo XII, cuando aparece la primera mención a un mordiente al aceite en el Mappae Clavicula, según la interpretación que hacen Smith y Hawthorne392. Si esto fuera cierto, resulta sorprendente que no se vuelva a citar un mordiente graso en los tratados hasta finales del siglo XIV en las obras de Cennini, Alcherio y en el Manuscrito de Estrasburgo. Pudiera ser que esta técnica, aunque conocida con anterioridad, no se adoptara para el dorado de superficies de forma generalizada hasta el siglo XIV. Quizá sucediera como en el caso de la pintura al óleo, cuyo origen aún no ha sido establecido con certeza aunque se considera que es anterior a los Van Eyck, quienes perfeccionaron la técnica que se había desarrollado de forma gradual desde tiempos antiguos. De hecho, existen menciones a esta técnica pictórica en los tratados de técnica medievales entre los siglos X y XIII en las obras de Teófilo393 y Heraclio394.
Resulta también difícil determinar con certeza el texto en el que aparece reflejada por primera vez esta técnica, ya que no existe unanimidad sobre la fecha de aparición del Manuscrito de Estrasburgo, aunque autores como Eastlake395 afirman que recoge técnicas anteriores al siglo XIV. Loumyer396, sin embargo, lo data a finales del siglo XIV o principios del XV. En consecuencia tampoco se puede establecer el lugar geográfico en el que se empieza a emplear el dorado al aceite, aunque parece ser que se daba ya en Inglaterra por lo menos desde mediados del siglo XIV, como deduce Eastlake397 a partir del exámen de diferentes relaciones de gastos de la catedral de Ely y de la de Westminster de los siglos XIII y XIV. Por su parte, Loumyer398 cita una serie de documentos de 1351 y 1352, conservados en los archivos de Brujas, en los que se refleja el encargo realizado a un artista local para decorar con dorados y pinturas al óleo la capilla del ayuntamiento de Damme. En cualquier caso, este sistema pudiera haber surgido con el objetivo de intentar proteger las superficies doradas de la humedad, agente atmosférico presente en mayor medida en los países del norte de Europa. Una opinión que defiende Eastlake399 al afirmar que en el norte se requería una base más resistente para el dorado que la que proporcionaban los mordientes al agua. De hecho, dónde se ha aplicado tradicionalmente el dorado al aceite con mayor frecuencia ha sido en las superficies expuestas a la humedad, extremo que aparece mencionado en la obra de Alcherio400 quien, al aportar una fórmula para un mordiente al aceite, dice que no le afectan las adversas condiciones atmosféricas. También en el Manuscrito de