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6.2. Juan Manuel de Prada y las esquinas de la memoria

6.2.1. Consideraciones iniciales

En esta segunda parte del capítulo 6 se analiza, como en capítulos anteriores, la convergencia entre oralidad y escritura que se produjo, con frecuencia y a través de diferentes modalidades, en la narrativa española reciente para la puesta en literatura de la memoria del pasado bélico y dictatorial español, pero aquí teniendo especialmente en cuenta los procedimientos en torno al testimonio que estudiamos en MV en la primera parte.

Tomando en consideración Las esquinas del aire. En busca de Ana María Martínez Sagi (2000),109 de Juan Manuel de Prada, y partiendo de la problematización genérica que supone el texto, se llevó a cabo un detenimiento en las operaciones puestas en juego en la configuración del personaje que se pretende rescatar del olvido. Al igual que en lo que ocurrió en el análisis de la textualidad divergente de Hardt (divergente del corpus

fundamental de esta tesis, constituido esencialmente por novelas), aquí también hay un ligero apartamiento del género y una apuesta a la oscilación entre un dominio genérico y

otro (entre la autoficción y la biografía novelada). El presente análisis no se focalizó en ese deslinde sino en la técnica de pretendida desgrabación por la que se imposta la voz del Otro.

6.2.2.¿Funcionalidad de literaturizar lo oral?

De las cuestiones relacionadas con el recurso de la transmisión oral de la memoria en la narrativa española de finales de los 90 y comienzos del siglo XXI, las que pasan por la mediación de voces narradoras que encarnan a reporteros o periodistas que retoman la Guerra Civil y el franquismo constituyen una elección en la que se insiste. Se trata, como se viene exponiendo, de sujetos ajenos vivencialmente a la guerra y a la posguerra, pero vinculados a la memoria de ese pasado traumático por algún aspecto sentimental que los afecta, algún aspecto por el cual la memoria colectiva se encuentra intervenida por un matiz individual. Como ya se ha delineado en capítulos anteriores, la memoria comunicativa, aquella memoria oral que no abarca más de tres generaciones (unos ochenta años) y definida, al menos en principio, contrastivamente con el concepto de

memoria cultural (aquella memoria formada y relacionada con determinados objetos simbólicos para garantizar su perdurabilidad) deja abierto un planteo acerca de la ficcionalización y las dosis de falsación (Albert, 2006: 21 y ss.) que supone el recurso de la transmisión oral incorporada a la literatura, en tanto gesto de ceder la voz para rehabilitar el pasado, para dar lugar a episodios silenciados. La decisión estética de construir este espacio discursivo es la consecuencia de una pesquisa en la que en ocasiones surge el cuestionamiento acerca de la necesidad de hacer hablar a alguien que manifiesta su voluntad de callar, como ya se ha perfilado en la primera parte de este capítulo y en el análisis de Soldados de Salamina, algo menos problemático que lo que advertíamos en O lapis do carpinteiro. A continuación se desarrolla lo que ocurre en otro caso de aplicación de una técnica por la que se aspira a trasponer lo oral o a simularlo en el texto escrito.

En Las esquinas del aire, texto definido por el autor como biografía novelada, un joven escritor que se desempeña como narrador se encuentra en forma azarosa con una serie de referencias a una ignota y enigmática poetisa catalana cuyo rastro aspira a recuperar. La protagonista es presentada así:

Una mujer que con apenas veinte años, publica un libro de versos y viaja sola a Madrid (cuando viajar sola podía acarrearle a una mujer los epítetos de descarriada o buscona) para promocionarlo, que interviene en concursos de lanzamiento de disco y jabalina y en mítines en los que no tiene empacho en hacer profesión de republicanismo (cuando declararse republicana podía acarrearle multas y otras amonestaciones no estrictamente pecuniarias) no podía ser una mujer trivial (EA, 44)

Un tercio del total del libro es un simulacro de desgrabación del testimonio oral de Ana María Martínez Sagi. La centralidad que alcanza la incorporación de la oralidad da cuenta, por un lado, de la falta de exhaustividad de la documentación proveniente de otros soportes, pero también de una excesiva confianza en recuperar el pasado reciente. En este aspecto de la decisión estética que nos ocupa, existe una vez más el riesgo –en el que se viene insistiendo en esta tesis– de que se pierda la dimensión de construcción

propia de los trabajos de la memoria. Mechthild Albert observa que en gran parte de la novela memorialística actual aparece un núcleo de investigación constituido muchas veces

po el testi o io o al de algú testigo de la po a o o últi o e o del tie po pe dido

que el novelista-do u e talista apta e su i te to de da oz al pasado Al e t, : 22).

Como lo que observábamos en la realización de Hardt, aunque obviamente desde

u luga de e u ia ió ie dife e te, se da u a sue te de isió de los es ito es de

segunda o tercera generación que consistiría en rescatar, habilitar, hacer viable la emergencia de voces que están por perderse y que en su momento no contaron. Esto puede advertirse, como procedimiento literaturizado, en el texto de de Prada:

Me propuse redimir de las tinieblas su memoria, con esa fiereza mística que reservamos a las misiones bajo cuyas vicisitudes se oculta la búsqueda de nuestra identidad. (EA: 54, énfasis nuestro)

Este enfoque se explicita aún más en la medida en que se confunde el objeto de estudio con la situación particular del autor. La mezcla entre la declaración de una suerte de método y las motivaciones personales difuminan la cuestión genérica y los móviles que inducen a llevar a cabo una literatura de carácter testimonial:

Ahora el deseo de saber más sobre Ana María Martínez Sagi ya no era un asunto de mera arqueología literaria, sino una misión que podía justificar una vida, o al menos mi vida demasiado justificada por la falta de horizontes y el acecho de la esterilidad. Al comienzo de mi búsqueda me animaba un propósito muy complicadamente egoísta, según el cual el rescate de una poetisa olvidada podría conjurar, a modo de recompensa o reparación, el peligro de olvido que se cernía sobre mí. (EA, 144)

Esto también se da cuando se produce el hallazgo físico de la futura testimoniante, resultado que se expresa a partir de una isotopía que incluye los términos resurrección,

milagro y misión.

El nombre de Ana María Martínez Sagi acarrea en el texto de Juan Manuel de Prada cierta ubicuidad, puesto que llega un punto en que resulta improcedente el cotejo de la documentación y el cuestionamiento acerca de la complejidad de inscripción genérica es dudoso que importe realmente preguntarse cuánto de biografía y cuánto de novela hay en el texto. En todo caso, este personaje, pese a expresar la memoria en su dimensión mayormente personal, tiende una línea hacia lo colectivo ya que se torna representativo de muchos otros nombres que pueden haber quedado en la misma situación de olvido, producto de treinta años de exilio.

Hacerse cargo, desde la literatura, de una función de tal envergadura, entraña algunas contradicciones que conviene tener en cuenta para evitar lecturas fosilizadas y acríticas. No debe anularse la posibilidad de leer el texto como una novela. Hay procedimientos que exceden las marcas de un abordaje biográfico puro. Por ejemplo, el hecho de que el narrador-personaje sea innominado, ya que hay algunos guiños a través de los cuales podemos acceder a una oblicua identificación con el autor, pero esto no se hace explícito. Por otra parte, la ciudad levítica del investigador que alimenta la búsqueda queda también sin más denominación.

A su vez, es cierto que la inclusión de documentos literarios y fotográficos, y otras

i sta ias pa ate tuales o o las ad e te ias apa tado ue a ju to a los ag ade i ie tos i pide e p i ipio e glo a el te to de t o de las o elas so e Gue a Ci il f a uis o . La i lusió de la desg a a ió de u a p esu ta e t e ista o

permite tampoco la adscripción al ámbito de la historia oral. Son elementos heteróclitos que complejizan –a la vez que enriquecen— la incorporación de este texto en un corpus

específico de la narrativa española actual.110

Como ya se sugirió desde el comienzo de esta tesis, en la narrativa española contemporánea, particularmente desde la última década del pasado siglo, aparece como

u a uestió p o edi e tal e u e te la t a s isió del testi o io la uestió de e

qué medida la memoria puede ser legada, de manera verídica, de una generación a la otra

–a través de transmisión escrita u oral, basada en otros medios y docume tos… Al e t, 2006: 21). En el caso de Juan Manuel de Prada, la presunta fidelidad al también presunto testimonio adolece de inverosimilitud en la medida en que no da cuenta de vacilaciones, falsos comienzos, polisíndeton, acumulación de subordinadas, contradicciones ni frases

i o lusas, todos esos aspe tos ue le da a ida a las o es ap opiadas ue o o a

110 Juan Manuel de Prada sostuvo en una entrevista a propósito del libro Desgarrados y excéntricos, que

ie a lo ue l ha lla ado t ilogía del f a aso , o stituida ta i po Las máscaras del héroe y por Las esquinas del aire— ue l apela o f e ue ia a o ta i a las i sta ias de do u e ta ió : Mu hos lectores que han leído el libro piensan que las cosas más raras son las más falsas y que los escritores de los que no hay fotografía no existieron. No es cierto; de algunos autores no encontré fotografías y no las he puesto, otras las he creado yo. Cuando nos movemos en un mundo tan disparatado como el que vivieron estos escritores tenemos que acostumbrar os a o i i o lo e t a aga te la a eza ás a soluta

Hardt en su documental. Es cierto que el resultado de la desgrabación ficcionalizada constituye una decisión estética que guarda cohesión con la narración guiada por el investigador y personaje central junto con Martínez Sagi, tanta cohesión que se sacrifica la ruptura que podría darse al falsear el código fónico a través de su puesta en literatura y se opta por las tranquilizadoras respuestas a un horizonte de expectativas guiado por la curiosidad que rige todo el texto. En la función casi reivindicatoria de salvar del olvido a la escritora111 asoma una condescendencia que espeja los riesgos de la literatura testimonial. Se advierte un marcado perfil de este tipo de abordajes, susceptible de dar cabida a fórmulas que entrañan cierta deificación. En un momento de mucha especulación teórica sobre la memoria del pasado traumático para el caso español, esto podría tender a una fosilización en esquemas susceptibles de reproducción: la fórmula del joven que escribe, momentáneamente frustrado, y que necesita un héroe, no sólo para honrar su memoria sino para paliar la incompetencia o el temor a la falta de reconocimiento en el terreno de la escritura, ya había sido adoptada –como se ha visto en capítulos anteriores– por el escritor gallego Manuel Rivas en O lapis do carpinteiro (1998) y fue retomada al año siguiente del texto de Juan Manuel de Prada por Javier Cercas en Soldados de Salamina.

La obtención del testimonio y su puesta en literatura –y en esto también hay coincidencia con la problemática abordada por Rivas y Cercas– en ocasiones está reñida con la voluntad de quien está en condiciones de constituirse en el anhelado emisor. Y pese a declaraciones iniciales de optar por un abordaje que no transgreda dicha voluntad, como en

Tabares y Jimena me animaban para que contase aquella fértil derrota de Ana María Martínez Sagi en una especie de biografía, pero había razones que me lo impedían: a la razón más estrictamente técnica (una historia sin final dificulta el principio) se sumaba otra de índole moral, pues escribir sobre

111 Se registran metáforas que refuerzan esa idea, que hacen hincapié en el hecho de que la literatura

e d ía a u pli u a espe ie de se i io de epa a ió a te el ol ido: A a Ma ía Ma tí ez “agi pa e ía hacernos señales, como un náufrago que clama por su salvamento. Quizá estuviese viva en algún sitio, espe á do os EA, 280).

alguien que ha elegido voluntariamente el silencio se me antojaba una obscena deslealtad. (EA, 367)

…p e ale e la e esidad de u héroe susceptible de documentación.

A este espe to, a e e o da ue el Ma ifiesto i augu al del G upo

Latinoamericano de Estudios Subalternos establece un llamado de atención sobre los

lí ites de la idea de estudia al otro que en este caso manifiesta un grado de subalternidad en tanto ya no cuenta con herramientas suficientes para hacerse oír por sí misma cuando se decide textualizar su vida. Como ya se advertía en relación con MV, no se trata de desarrollar nuevos métodos para estudiar al subalterno … si o de o st ui nuevas relaciones entre nosotros y aquellos seres humanos que tomamos como objeto de

estudio (Barnet, 1991: 519). No queda claro en Las esquinas del aire que se haya establecido con convicción la primacía formulada por Barnet de que el informante debe ser lo primero a tomar en cuenta (ibíd.) Con el agravante de que aquí no hay vínculo familiar que motorice y justifique la pesquisa, como en el caso de Hardt, sino esencialmente una gran curiosidad de índole esencialmente (aunque no sólo) literaria.

Viene a cuento también, en este punto, la idea que sostiene Elizabeth Burgos respecto de que el empleo del material oral significa disponer de una fuente de información inaccesible mediante los documentos de archivo. De esto se desprende que se trataría, entonces, de una instancia a la que se recurre cuando aquello que quiere literaturizarse no es accesible por otros medios. Si, pese a reticencias iniciales, las fuentes orales han adquirido reconocimiento en tanto rango de objeto de conocimiento intelectual, resulta fundamental una vez más la apreciación de Burgos (2002) que aplicábamos a MV al ha la de todo o al . Ta po o a uí se a a la es u ha de la

palabra del Otro (Burgos, 2002), sino a la espera de una respuesta predeterminada. A nivel de planteamiento estructural, el texto de Juan Manuel de Prada estaría adscribiendo a esta prerrogativa teórica. Toda la primera parte, la que da cuenta de la pesquisa y de los hallazgos parciales aquellos que no suponen el acceso a la fuente de testimonio parece preparar el terreno para la posterior entrada en escena del discurso directo.

Desde el plano de los problemas teóricos que han surgido en los últimos años en torno a la literatura testimonial, es factible reconocer dos zonas de la denominada por Juan Manuel de Prada iog afía o elada : toda la p i e a pa te, t a sg edie do la extensión esperable en el marco de los dominios de un paratexto, funcionaría a manera de prólogo. Viene a cuento aquí nuevamente Álvaro Kaempfer y su trabajo sobre los prólogos testimoniales. El impulsor del proyecto es en este caso el innominado narrador, quien da cuenta de su legitimidad como subjetividad que va guiando la historia; también aquí el acopio de saber sobre el otro se diluye en una conjunción discursiva, con el agravante de una prosa de adjetivación y sintaxis hiperbólica.