CÓMO SE VIVE EN LOS PAISES DE RÉGIMEN FASCISTA , LA REVOLUCIÓN DE ASTURIAS
3.4.1. LA VUELTA DE UN PEQUEÑO BURGUÉS POR EUROPA EN UN AVIÓN 1 ANÁLISIS DE LA CRÓNICA PERIODÍSTICA: LA VUELTA A EUROPA EN
3.4.1.1.2. CONSIDERACIONES DE LOS NACIONALISMOS DESDE EL AIRE: ARAGÓN Y CATALUÑA
Cuando Chaves sobrevuela Aragón va señalando y haciendo una similitud del paisaje con el carácter del pueblo aragonés, un carácter duro, fuerte e indómito. Y parece dar una cierta
178 idea sobre el inmovilismo que poseía Aragón, en el sentido de que escribe que incluso, cuando todo el mundo esté ganado para la causa de la civilización, los aragoneses seguirán siendo cerriles e indómitos en este rincón de abruptas sierras. Podría decirse que Chaves cree en un mundo de todos donde los nacionalismos no entran en su pensamiento, sin embargo reconoce que ciertos caracteres, bien por estar aislados entre montañas o bien, como dice, por “ser tierra de esta tierra”, son proclives a desearlos. Chaves, con una metáfora sobre las montañas aragonesas describe genialmente la manera de ser del aragonés:
No tengo ninguna admiración por los héroes de la independencia nacional; los he mirado siempre con un poco de prevención; desde Viriato hasta Agustina de Aragón. Ahora, volando sobre la tierra aragonesa, me los explico un poco. Esta tierra es como ellos: demasiado fuerte, demasiado abrupta, demasiado cortada a pico. Estas barbacanas y estos torreones naturales tenían que dar hombres así. La principal virtud del aragonés es lo bien enraizado que está, el sabor a tierra que tiene; son como tierra de esta tierra un poco cruda todavía. Lo mejor que pueden ser es eso: héroes de su independencia. Lo serán siempre, como lo son sus montañas y sus torrenteras. Cuando el vasto mundo esté totalmente conquistado, ganado para la causa de la civilización, cuando hayan perdido su independencia las selvas tropicales, los mares del Ecuador y los hielos del Polo, aún quedará cerril, indómito, este rincón abrupto de España. Nuestro avión, que brilla al sol entre las nubes, debe pasar un poco asustado sobre estos peñascales de Albarracín, Cucalón y Gúdar, que le amenazan con sus agudos cuchillos de piedra (Chaves Nogales, 1993: 343).
Como es bien conocido, Chaves Nogales no acepta los radicalismos por eso no tiene una especial predilección por los héroes de la independencia, él mismo lo señala en la crónica “No tengo ninguna admiración por los héroes de la independencia nacional; los he mirado siempre con un poco de prevención”, sin embargo, el carácter aragonés lo describe con lo abrupto de sus montañas y tan testarudo que cuando, incluso las selvas tropicales, los mares
179 de Ecuador y los hielos del polo dejen de ser independientes, los aragoneses seguirán luchando por su independencia. Parece ser que Chaves en su interior concibe el mundo sin fronteras, teniendo en cuenta que para un periodista no hay fronteras para la información y, con lo europeísta que Manuel Chaves, no concebía que los pueblos pusiesen barreras unos a otros, por eso dice que ese rincón de España aun quedará cerril e indómito. Chaves entendía la palabra liberal igual que sus contemporáneos: defensor de los principios de la Ilustración, partidario de todas las libertades, de conciencia, religiosa, de educación, de pensamiento, enemigo de extremismos, partidario del diálogo y del parlamentarismo. Muy pronto se adentran en tierras catalanas y escribe:
Hemos encontrado la primera nube artificial. La va formando pacientemente una alta chimenea que, todavía a muchos kilómetros de Barcelona, anuncia ya el poderío industrial de la tierra catalana. El avión se posa en el aeródromo del Prat, y camino de Barcelona cruzamos su espléndida huerta en automóvil. Este catalán que nos lleva está muy orgulloso de sus coles, de sus melones y de toda su tierra catalana. —La tierra es buena —nos dice—, y los hombres la trabajan bien. ¡Si nos ayudasen los gobiernos de España! Ya ve usted, para ir desde el Prat a Barcelona no hay más que un puente, construido por un particular. Cada vez que pasamos se nos cobra una peseta. Menos mal que el propietario del puente quiso dejar fama de filántropo, y lo que nos cobra a nosotros se lo deja a los pobres, por mano, claro es, de los curas. El hombre se lamenta y suspira. Está disgustado de todo menos de su tierra, la tierra catalana que tanto ama. No he visto gentes con este amor y este orgullo en Castilla (Chaves Nogales, 1993: 344).
Chaves Nogales alaba el progreso, la industrialización de Cataluña le fascina, el progreso humano, ya desde que era joven en su Sevilla natal. Chaves no hablaba de ideologías, ni de movimientos sociales, sino de personas que vivían dentro de esas realidades y las encarnaban. Y entendía que solo a través del retrato de quiénes eran protagonistas, como el que hace del catalán que se siente orgulloso de sus coles, o del propietario del puente, se
180 podía entender el mundo que les rodeaba y en definitiva Manuel Chaves escribe del presente pero si analizamos con detenimiento estos párrafos podemos también pensar en el futuro. Hoy en día, igual que en el pasado siglo, las demandas del pueblo catalán son las mismas, ¡Si nos ayudasen los gobiernos de España! Los catalanes siempre se han sentido abandonados por los gobiernos, quizás en esto esté la causa de los independentismos de ahora y de siempre. En la siguiente cita se puede apreciar qué opinión tiene del catalanismo:
El catalán es tradicionalista. Por encima de esos libres juegos de la inteligencia a los que se entrega, ama la tradición. Conserva a fuerza de restauraciones —afortunadas unas, desdichadas otras, las más recientes, las de la época de la Dictadura—; todo un barrio gótico sirve de fondo al escenario donde se ha desarrollado la pugna de la espiritualidad catalana en los últimos cincuenta años. Ahora, la lucha está sólo latente. Se ha decretado que no hay espiritualidad catalana, y sólo se ve el fondo gótico de su escenario vacío, en el que campean los anagramas de la realeza y las lápidas a los militares. Cuando estuve, iban a quitar un pequeño busto de Prat de la Riba que quedaba por allí.
Hay una estampa clásica de puerto mediterráneo que se da maravillosamente en la Barcelona con sus tabernas llenas de gente, sus puestos de fritanga, sus calles oscuras, su vino en porrón y sus munchetas. Los vecinos duermen al fresco en las aceras. Una muchedumbre en mangas de camisa come, bebe y ríe escandalosamente, meridionalmente. Entran en la taberna la amante de un futbolista famoso, un torero, uno que está fichado por la Policía… En un rincón, mientras una docena de catalanes se come una ensalada, hay otro que toca con sordina su acordeón: Els Segadors, La Santa Espina.
181 ¿Y este desapoderado amor por la literatura? Buena o mala, actual o
pretérita. A la literatura. Ya de madrugada nos hemos encontrado a Rusiñol, que va renqueando penosamente. Rusiñol —me dicen— hace una vida incorregible de literato. Hace poco estuvo muriéndose. Y no cambia. Se toma todos los días dos ajenjos y no se acuesta hasta las cinco de la madrugada. Esta semana, a pesar de todo, ha escrito dos comedias. Verá usted, el argumento de una de ellas es el drama de una muchacha que se echa a la mala vida y tiene una hermana monja… El Ateneo barcelonés tiene un patio maravilloso; maravillosamente catalán. Tiene, además, una magnífica biblioteca, unos salones suntuosos, unas estatuas grandes; pero no he querido ver bien más que este maravilloso patio con su aire deliciosamente provinciano, lleno del buen sentido y de regusto de la vida. A pesar del esfuerzo de los intelectuales catalanes hacia la universalidad, este rincón tiene un claro sentido de provincia. Hay, refugiados aquí, esos tipos absurdos de gente ida y desorbitada, esos monomaniacos tan de provincias, tan de biblioteca de casino provinciano; el cura que no cree en Dios, el hombre que pasa diez horas diarias haciendo combinaciones para jugar teóricamente a la ruleta y ganar, el que se copia todos los días una página del Diario de Sesiones del Congreso… (Chaves Nogales, 1993: 346)
El pueblo catalán para Chaves está representado por sus gentes humildes, los vecinos de la Barceloneta, el obrero que va en mangas de camisa. Su sentido de la tradición para Manuel Chaves no es en modo alguno un sentido separatista. En Cataluña, la Lliga Regionalista apoyó el golpe de Primo de Rivera e inmediatamente se llevó a cabo desde el Gobierno de Madrid una política de persecución del catalanismo. Se prohibió el catalán en los actos oficiales, se intentó suprimir el uso del catalán en los sermones y en las ceremonias religiosas, se impuso el castellano como única lengua administrativa, se castellanizaron y cambiaron los topónimos catalanes, se prohibió izar la bandera catalana, se limitó el baile de sardanas, se persiguió a instituciones profesionales, sindicales y deportivas simplemente
182 por usar el catalán. Esta política dio lugar a numerosos conflictos con las instituciones catalanas que no lo aceptaban, y muchas de ellas fueron cerradas temporal o definitivamente como, por ejemplo, el local de la Lliga Regionalista y el de su periódico La Veu de Catalunya que fue suspendido temporalmente. Chaves en su crónica parece advertir al dictador sobre el espíritu independentista de Cataluña y escribe: “Ahora, la lucha está sólo latente. Se ha decretado que no hay espiritualidad catalana, y sólo se ve el fondo gótico de su escenario vacío, en el que campean los anagramas de la realeza y las lápidas a los militares. Cuando estuve, iban a quitar un pequeño busto de Prat de la Riba que quedaba por allí” (Chaves Nogales, 1993: 344). Manuel Chaves explica que, pese a la prohibición de Primo de Rivera, que castigaba a los que intentaran disgregar a la patria, y prohibía las banderas que no fuesen las nacionales y el uso del catalán en las instituciones, los catalanes en su interior seguían conservando ese catalanismo. Más tarde en 1936 cuando escribe el 2 de febrero en el periódico Ahora “¿Qué pasa en Cataluña?” explica: “Un sentimiento tan metido en la entraña de este pueblo como el del afianzamiento de su personalidad tiene fuerza bastante para subsistir soterrado y brotar pujante cuando llega su hora, aún en aquellos que se han esforzado por arrancárselo y sacrificarlo a otras convicciones (Chaves Nogales, 1936a: 18). Chaves no es un catalán que analiza a su país desde dentro, sino un sevillano que quiere entender el carácter del pueblo catalán.
3.4.1.1.3. EL AVIÓN EN MEDIO DE UNA TORMETNA, UN ATERRIZAJE