II. Vida y obra de Manuel Chaves Nogales
2.5. EL PERIODISMO DE CHAVES NOGALES
2.5.1. PRIMERA ETAPA (1915-1923): ANDALUCÍA
2.5.1.2. LA VOZ DE CÓRDOBA (1920-1923)
En 1920 se marcha a Córdoba junto a su mujer Ana y participa en la creación del periódico La Voz, en la misma ciudad nace su primera hija, que aún vive: Pilar, más tarde nacerían Josefina, Pablo y Juncal, ésta última en el exilio y bajo unas duras condiciones. Manuel Chaves no corta las relaciones con Sevilla. Realizará visitas a familiares y a sus amigos y aún fuera de la ciudad le seguirá dedicando su interés. La Voz pretendía ser un diario moderno, fue el primer diario local que contó con rotativa. Lo dirigía Ramiro Rosés.
59 El periódico obtiene éxito inicialmente, pero entrará en crisis ya antes de
la llegada de la Dictadura. Afirmaba vender 3.500 ejemplares y tenía siete redactores en plantilla, claramente por encima de sus colegas. La familia Rosés vendió pronto el periódico que comenzó – y sería siempre su tónica – a dar bandazos ideológicos (Checa Godoy, 1991:254).
Aparece en 1920 a primero de año, era de gran formato y contaba con cuatro páginas con abundantes anuncios, se declaraba “diario independiente y de gran información nacional y extranjera, defensor de los intereses del comercio, la industria y la agricultura” (Checa Godoy, 1991: 254). En los primeros años recogía la información de la agencia Mencheta. El periódico cuenta con una plantilla de redactores de calidad. Manuel Chaves estaba entre ellos, pero lógicamente sin firma, pues sus labores eran de coordinación o de redactor jefe. Ya en esta época viajaba continuamente a Madrid.
En julio de 1921 aparece el primer libro de Chaves, La Ciudad, premiado en un concurso público del Ayuntamiento de Sevilla. María Isabel Cintas lo confirma con las Actas Capitulares del Ayuntamiento de Sevilla en su Obra Periodística (Cintas Gullén, 2001a: XXXV). A partir de aquí tanto El Noticiero como La Voz de Córdoba se hacen eco del premio y recogen fragmentos de esta obra, los actos en honor al joven periodista se suceden y en la revista España en su número 314 del mes abril aparece publicado un juicio crítico de esta obra (Cintas Guillén, 2001a: XXXVI).
Chaves, a raíz de este premio y tras cinco años de silencio, vuelve a colaborar con El Liberal de Sevilla, retomando sus colaboraciones tras publicación de la noticia de su libro en este diario. Cintas Guillén dice que se observa en estas colaboraciones una más marcada capacidad para el análisis político y social favorecido por el desapasionamiento y la amplitud de miras que la distancia impone (Cintas Guillén, 2001a: XXXVI).
En este primer libro publicado, Manuel Chaves era crítico con el atraso que por aquella época padecía la ciudad de Sevilla, él era partidario de que se abriera a Europa y América, creía que tanto España como Andalucía avanzarían en su progreso de la mano de las demás naciones sobre todo Europa y América. Uno de los temas que le preocupaba de su ciudad era el retraso al que habían sometido varias veces a la Exposición Iberoamericana y
60 manifestaba: Nos inquieta la pasividad de Sevilla; por eso nos esforzamos en hallar un contenido ideológico a ese nominalismo; por eso buscamos un camino nuevo, un cauce amplio para la transfusión espiritual que soñamos. Este artículo fue publicado en El Liberal de Sevilla el 17 de enero de 1922. La madurez de los juicios de Manuel Chaves en su primera obra, La Ciudad, es inusual en un joven de 20 años. En La Ciudad nos encontramos con una conciencia crítica de un Chaves que huye de la etiqueta folklorista de la capital andaluza. Su punto de partida es dejar todo pintoresquismo y mostrar sus claves más profundas. La Exposición Iberoamericana, cuyos trabajos se inician a principios del siglo XX pero que no se acabaron hasta el 1929, fomentó en los círculos culturales la idea de neutralizar esa imagen extorsionada que la ciudad tenía producto del flamenquismo y el casticismo decimonónico, sustituyéndolas por un retrato más moderno. También acuden a la Exposición personas de los pueblos limítrofes de Sevilla. Este ambiente hace que Manuel Chaves escriba su ensayo y hable además de las bolsas de pobreza y del lamentable estado en que se encontraban los obreros. Describe las lacras sociales de una ciudad que se estaba preparando para la Exposición Iberoamericana y sus variopintos personajes: los “sesudos clérigos”, los gitanos, los judíos, los obreros de la pirotecnia y sobre todo a las pobres “obrerillas” de los corrales de vecinos, que eran víctimas de la explotación laboral y de la tiranía que en ellas ejercían los hombres (Reyes Cano, 2009: 40).
Hallaremos también en el curso de La Ciudad teorías sobre el cante hondo, la Semana Santa, las leyendas…, y sobre el carácter genuinamente cristiano de la ciudad frente a su pasado romano y árabe (Reyes Cano, 2009:43).
La calidad de estilo del libro, el léxico y sobre todo la soltura expositiva de su prosa es un dato de la precocidad del autor que más tarde se reflejaría en su obra.
La gente de los barrios, la gente netamente sevillana, tiene un alto sentido de ella misma. Ausentes de toda reflexión, se producen casi exclusivamente por un secreto instinto de ciudadanía, y saben vivir su
61 buena media docena de sensaciones y ningún pensamiento, plenamente
conscientes, sin embargo, de una trascendental misión, para la que en lo íntimo se suponen predestinados. ¿Qué misión es ésta, que salva al ciudadano hispalense de su tremenda ignorancia? ¿Qué puede moverles, al parecer conscientes, que no es la consciencia? ¿Intuición? ¿Gracia? ¿Atavismo? ¿Religión? Es la ciudad, la ciudad que les infunde su espíritu sabio; la ciudad, la única preocupación formal de estos hombres despreocupados, que de su despreocupación hicieron norma (Chaves Nogales, 1993: 211).
Chaves Nogales en La Voz de Córdoba aparece con un cuento, es su primera firma en el periódico, Los caminos del mundo, el 6 de julio de 1923, el segundo aparece pocos días más tarde, La gran burla, que integra en Narraciones Maravillosas con el nombre de El bromazo (Cintas Guillén, 2001a: XXXIX).