• No se han encontrado resultados

Capítulo II: Construcción Teórica

2.4 Construcción de Identidad

Referirse al concepto de identidad implica tener en cuenta diversos elementos que en una relación e interacción constante configuran los procesos identitarios de sujetos o grupos frente a determinados espacios, prácticas o formas de pensar; en este sentido, la identidad se va a configurar por medio de la subjetivación de la realidad y la representación que cada sujeto elabora de su vida cotidiana, en relación con los otros sujetos que lo rodean; pues, al encontrar aspectos comunes o similares en cuanto a ideologías, prácticas sociales o percepciones del mundo, los sujetos establecen relaciones que los identifican entre sí, ya sea por intereses comunes o motivaciones personales decantando en una construcción común de esa realidad,

que al ser interiorizada y reconfigurada, es subjetivada y se expresa en características identitarias de un individuo frente a un grupo social.

Para Saucedo (2012) la identidad de las personas es una construcción subjetivada (narrada o actuada) que supone una negociación del significado de sí mismo ante la mirada de los demás y las formas de participar en distintos contextos de práctica; los cuales se van construyendo por medio de la representación y apropiación que el sujeto en su relación con otros sujetos encuentra; es decir, que como individuos, poseemos diversas miradas y significados de la realidad que hemos construido en conjunto con los otros y el accionar que desarrollamos en cada escenario o contexto de práctica, va acompañado del significado que del mismo, hemos realizado y las pautas identitarias que nos identifican con cada uno.

De esta manera, podemos hablar de identidades múltiples (Saucedo, 2012), en las cuales juega un papel fundamental las motivaciones e intereses personales frente a los diversos grupos de los cuales hacemos parte a diario y la subjetivación que de ellos hemos realizado, por lo que elementos tales como puntos de vista en común, intereses, necesidades, motivaciones, experiencias vividas y compartidas, determinaran las formas de relación de los sujetos, para identificarse unos con otros y así proyectar en su práctica cotidiana, expresiones y manifestaciones bajo las que se pueden identificar como grupo y a su vez diferenciarse de los otros grupos existentes, “las identidades sociales no son monocausales, por el contrario están compleja y multidimensionalmente articuladas a un conjunto de elementos sociales, económicos y políticos.” (Reguillo, 2000: 56), que van a determinar el accionar del sujeto en los diferentes contextos en donde participa cotidianamente, dependiendo de los requerimientos necesarios.

Con lo anterior se puede decir que surge una interdependencia que los sujetos generan unos con otros (Elias, 2009) y que se constituye en un elemento fundamental en la construcción de identidad y la subjetivación de la realidad que se ha construido con el(los) otro(s), permitiendo el reconocimiento del “otro” como un elemento importante a lo largo del proceso de configuración y representación de una cotidianidad, “se hace necesario reconocer la importancia que tienen los otros para el nosotros. El otro se utiliza para definir el territorio propio. El otro justifica lo que somos, nuestras leyes, instituciones, reglas, ética, moral y estética.” (Guido, 2010, p. 71); de esta forma la interacción con el otro(s) como elemento fundamental va a desencadenar un entramado social, compuesto por las relaciones que entre

los sujetos se han consolidado, visibilizándose en sus prácticas sociales a lo largo de su vida cotidiana.

De esta manera se va configurando un tejido social, donde los individuos se integran entre sí, a la luz de una realidad construida y compartida, por lo que según Castorina (2011): […]las redes de interdependencias o configuraciones de diverso tipo que establecen los individuos - sea las escuelas, las familias, las vinculaciones entre recién llegados y pobladores originarios de un barrio, las naciones o los Estados - las que se caracterizan centralmente por diferentes equilibrios de poder[…] jamás los individuos son independientes de sus tratos con otros actores, como amigos, enemigos, colegas, los “otros” del barrio, ni tampoco están linealmente determinados por las configuraciones de las que forman parte. Ellos son, simplemente, interdependientes. (P. 88).

Así las cosas, esa interdependencia resulta determinante a la hora de configurar procesos identitarios, que se consolidan de las experiencias comunes y las vivencias que con los “otros” se construyen, teniendo como punto de partida intereses en común; el reconocer en los demás individuos elementos comunes, invita a generar un acercamiento y un apartarse de esa singularidad que es propia de cada ser humano, reconociendo que un grupo, puede contener pluralidad de ideas, pensamientos, intereses y motivaciones. De esta forma “frente a la diversidad, cuando aparecen los otros, se hace necesario integrarlos, asimilarlos y normalizarlos, unificarlos a una totalidad de pensamiento.” (Guido, 2010, p. 68).

En estos términos, la consolidación de la identidad por parte de los sujetos se va a dar cuando en su relación con los “otros” se hace un proceso de subjetivación de esa realidad y se construye una realidad nueva, es decir, una representación, que surge a la luz de los intereses y las motivaciones personales de cada individuo en función de los demás individuos; hace presencia entonces, el sentido vivido, las vivencias y experiencias que se desarrollan cuando se produce la apropiación de un espacio o la interiorización de unas prácticas sociales y culturales.

Es así como el reconocimiento del otro como interlocutor válido con el cual se pueden generar procesos identitarios de acuerdo a las experiencias vividas o los momentos compartidos, y esa configuración de identidad se ve expresa en la consolidación de factores que vivenciados y experimentados, propenden en el reconocimiento de elementos únicos de esa identidad compartida y que por su misma homogeneidad, se va a diferenciar de otros procesos identitarios; en este sentido, las particularidades que van a caracterizar una identidad,

son construidas por los sujetos que en su reconocimiento unos con otros le van a dar sentido, apropiándose de ella.

Por lo que reconocer al otro, establece vínculos en cuanto a experiencias de vida, afianzando aún más la identidad que caracteriza a un grupo social, generando criterios de valor emocional y de apego a esas prácticas comunes que al compartirlas, hacen que se instaure más el proceso identitario y se extienda un poco más la diferenciación con procesos que generan otras prácticas y lógicas de acción diferentes.

En este sentido, toma gran importancia la experiencia vivida y la vivencia compartida que los sujetos han configurado a lo largo de su trayectoria personal, se evidencia un proceso de transición de la subjetividad del individuo, de su experiencia única en un contexto determinado, a la vivencia colectiva que mediante elementos unificadores como intereses, sentimientos o sentidos de apropiación, van a decantar en vivencias compartidas con otros sujetos con los que encuentran estos elementos en común, generando un sentir colectivo frente a las acciones realizadas que los va a terminar identificando, en este sentido Prieto (2012) señala:

[…]el individuo es producido por la historia. Su identidad se ha construido a partir, por un lado, de acontecimientos personales que ha vivido, que forman la trama de su biografía… pero, al mismo tiempo, estos elementos son comunes a la historia de su familia, de su cultura,

de su medio social, de su clase de pertenencia, de la sociedad en la cual vive. (p.249).

Esta percepción que del contexto se va a configurar por medio de las experiencias y vivencias compartidas con los otros, con los cuales se encuentran puntos en común, esta mediada por los procesos de subjetivación que están presentes en cuanto a la apropiación de un proceso identitario, “el subjetivismo universaliza la experiencia que el sujeto del discurso docto hace de sí mismo en cuanto sujeto.” (Bourdieu, 2007, p. 74). Es decir que la apropiación que el sujeto hace del sentido vivido y la configuración que hace del mismo por medio de la reflexión con los otros, materializa su experiencia vivida y compartida, proyectando su percepción sobre determinados fenómenos sociales a la luz de las vivencias compartidas con los sujetos que identifican los mismos elementos de análisis.

En este orden de ideas los procesos de identidad presentes y configurados por los sujetos que comparten experiencias y vivencias, están presentes en diferentes contextos, los cuales aportan diversos elementos bajo los que se producen procesos de apropiación, “el contexto se refiere a todos los elementos que intervienen en una situación social y cultural

concreta. Se trata de la definición que tienen los individuos de una situación estando presentes en ella.” (Saucedo, 2012, p. 240), presencia que, al ser constante, determina el sentido vivido, generando un sentido de apego y apropiación de elementos tangibles o intangibles, haciéndose esto evidente en los discursos de identidad, frente a la remembranza de situaciones vividas y compartidas en la diversidad de relatos que expresan trayectorias de vida y en la representación que los sujetos hacen de su realidad.