Capítulo II: Construcción Teórica
2.1. Representaciones sociales
La Teoría de Representaciones sociales que inicia con el desarrollo del concepto por Serge Moscovici en el año de 1961, constituye una nueva unidad de enfoque en investigación en las ciencias sociales, ya que permite integrar lo individual y lo colectivo, lo simbólico y lo social; el pensamiento y la acción. Ofreciendo un marco explicativo que va más allá de las circunstancias particulares de la interacción social, sino que trasciende al marco cultural y al desentrañamiento de estructuras sociales. (Araya, 2002)
En este sentido, cuando nos referimos a las representaciones sociales estamos haciendo alusión a fenómenos múltiples que son variados y que se estudian en diferentes niveles de complejidad, estos fenómenos pueden ser individuales y colectivos, psicológicos y sociales por lo que desde esta teoría se da una unidad de enfoque que se fecunda en la psicología social pero que se puede extender hacia otras áreas de las ciencias sociales.
En palabras de Jodelet (1984) representar consiste en una manera de interpretar y de pensar nuestra realidad cotidiana, una forma de conocimiento social. Y correlativamente, la actividad mental desplegada por individuos y grupos a den de fijar su posición en relación con situaciones, acontecimientos, objetos y comunicaciones que les conciernen. En donde lo social interviene en el contexto particular en donde se sitúan los individuos y los grupos, en la comunicación que se generan entre los individuos en estos espacios, en los marcos de aprehensión que se proporcionan por el bagaje cultural y a través de los códigos, valores e ideología que se relacionan de acuerdo a las posiciones y pertenecías sociales.
En este sentido, cuando hablamos de representaciones sociales estamos haciendo alusión a ese conocimiento espontáneo, que habitualmente se denomina conocimiento de sentido común o pensamiento natural, que consiste en un principio, una forma de percibir, razonar y actuar (Reíd, 1998), en el que se incluyen contenidos cognitivos, afectivos y simbólicos, que no solo funcionan en la influencia sobre la conducta de las personas, sino en los procesos de comunicación y organización en sus relaciones interindividuales y sociales. El conocimiento del sentido común los seres humanos lo construyen a partir de sus experiencias, de las informaciones que reciben, de conocimientos y modelos de pensamiento que de cierta manera nos son impuestos y que nosotros lo estamos transmitiendo o socializando a través de la educación y la comunicación social que ejercemos todos los días.
Esto permite definir a la representación como una visión funcional del mundo que permite al individuo o al grupo conferir sentido a sus conductas, y entender la realidad mediante su propio sistema de referencias y adaptar y definir de este modo un lugar para sí. Es «una forma de conocimiento, elaborada socialmente y compartida con un objetivo practico que concurre a la construcción de una realidad común para un conjunto social» (Jodelet, 1989, p.36). (Abric 1994, p. 13)
Así las cosas, la consolidación de representaciones sociales, día a día configuran la vida personal y colectiva, por lo que en el análisis de la dinámica de estos procesos presentes en la cotidianidad se puede llegar a desentrañar la realidad social de un ser social específico o de un grupo determinado. Entonces, cuando nos remitimos a procesos como la configuración de representaciones sociales, hay que tener en cuenta que son consecuencia de la carga simbólica, que conforma el imaginario social de una colectividad, que se ponen en juego una serie de símbolos y significados, que permiten la organización de la vida social, la delimitan, la regulan, la construyen y la reproducen.
Denisse Jodelet, (1984) comparte que las representaciones sociales son el conocimiento del sentido común, sin embargo añade que las representaciones definitivamente designa una forma de pensamiento social además que constituyen modalidades de pensamiento práctico orientados hacia la comunicación, la comprensión y el dominio del entorno social, material e ideal, en la medida que las representaciones sociales presentan características específicas a nivel de organización de los contenidos, las operaciones mentales y la lógica; por lo que la caracterización social de los contenidos o procesos de representación tienen una relación directa con los contextos en los que surgen la representación y las comunicaciones mediante que circulan, permitiendo de esta manera la interacción entre el individuo y el mundo.
En este punto, podemos observar como la construcción de la realidad social es determinante para la comprensión de la teoría de las representaciones sociales, este concepto ha sido abordado en profundidad por los sociólogos Berger y Luckmann (1991) para quienes la construcción de la realidad social hace referencia a la tendencia fenomenológica de las personas al considerar los procesos subjetivos como realidades objetivas. De esta manera la configuración de la realidad está determinada por la vida cotidiana, por lo que factores como la posición social, las experiencias de la vida y el medio cultural, son determinantes en la constitución de la realidad, haciendo de este proceso una construcción intersubjetiva, un mundo compartido de significados que se socializan a través del lenguaje.
Ahora bien, al adentramos en el campo de la significación no podemos dejar de lado el papel del lenguaje, ya que es a partir de los enunciados que se posibilitan las formas de cualquier sociedad, y no solamente por el código de la lengua sino por las significaciones imaginarias en tanto cristalizadoras de sentido. De esta manera, la configuración de la realidad de una sociedad se encuentra mediada por la interacción entre lo simbólico y lo significativo, que a su vez estructuran el imaginario social, las ideologías y las utopías; siendo en el análisis de estas prácticas que se puede comprender las dinámicas de una sociedad que hace alusión a una cultura en particular, configurando el conocimiento de la vida cotidiana y las prácticas comunicativas, que reflejan la configuración simbólica y regulan la vida social
De esta manera, al indagar las representaciones sociales, se puede entender la dinámica de las interacciones sociales y así mismos factores determinantes en las prácticas sociales, pues la representación, el discurso y la práctica se generan mutuamente. (Abric, 1994), La teoría de las representaciones sociales constituye una manera particular de enfocar la realidad, sin embargo, bajo esta perspectiva se toma en consideración y se conjuga por igual las dimensiones cognitivas y las dimensiones sociales de la construcción de la realidad, que permiten ahondar en procesos subjetivos como para el caso de este trabajo es la configuración de identidad a partir de lo representado de un modelo educativo.
En este sentido el alcance que la representación tiene sobre lo social, tiene que ver específicamente con la contribución que ésta representación aporta al proceso de formación de conductas y de orientación de las comunicaciones sociales consolidando una visión compartida de la realidad y un marco referencial común, por lo que la representación no se polariza ni hacia lo micro ni hacia lo macro : existe una determinación social central (macro) y otra, social lateral (micro) de las representaciones (Moscovoci, 1979). En donde lo macro se refiere a la cultura global de la sociedad en la que se insertan los grupos, y lo micro al grupo en particular en el cual se insertan las personas, de esta manera lo macro y lo micro interactúan de forma bidireccional, “en donde las personas se constituyen y constituyen sus representaciones sociales y en forma paralela también constituyen un mundo social y construyen y reconstruyen permanentemente su propia realidad social y su propia identidad social”. (Araya, 2002 p. 32)
María Auxiliadora Banchs (1991) explica ese fenómeno de la siguiente manera: Todos estamos insertos en una sociedad con una historia y un fondo de conocimiento culturales, pero todos estamos insertos en una parcela de esa sociedad. Es decir, en
grupos que manejan una ideología y poseen normas, valores e intereses comunes que de alguna manera los distinguen como grupos de otros sectores sociales. A su vez, esos grupos están compuestos de individuos, hombres y mujeres que en el proceso de socialización primaria y secundaria van construyendo una historia impregnada de emociones, afectos, símbolos, reminiscencias personales, procesos motivacionales, pulsiones, contenidos conscientes e inconscientes, manifiestos y latentes (Banchs, 1991, p. 13)
En este sentido, las representaciones sociales desempeñan un papel determinante en la conformación de grupos sociales y específicamente en la conformación de su identidad, a pesar de que un grupo social no se determina solamente por compartir representaciones sociales comunes, si es evidente que, en ocasiones la denominada cultura grupal define intensamente al grupo y está vinculada no sólo con una memoria y con un lenguaje compartidos, sino también con representaciones comunes.
Así las cosas, las representaciones son sociales por las condiciones de producción en las que emergen, en donde el lenguaje juega un papel fundamental, las condiciones de circulación, que se refieren a los diversos contextos sociales en donde las personas se inscriben de acuerdo a su condición particular y por las funciones sociales de la representación que tienen que ver con la construcción social de la realidad en el intercambio social, desarrollo de una identidad personal y social, búsqueda de sentidos o construcción del conocimiento del sentido común.