EL SISTEMA ALIMENTARIO MAPUCHE Y SUS TRANSFORMACIONES
3.1 El contacto entre los sistemas alimentarios mapuche y europeo
Tras la caída del determinismo ambiental, allá por 1970, la antropología debió asumir la existencia de prácticas culturales sin valor adaptativo, dada la capacidad y preponderancia que adquirieron los procesos de toma de decisiones. La consecuente evidencia de que las posibilidades de elección de los seres humanos trasladaba el núcleo de interés desde las causas de los fenómenos hacia las acciones cotidianas que los expresaban. Esta investigación propone una aproximación al sistema alimentario de los mapuche de Chile siguiendo el siguiente enfoque: la relación hombre – naturaleza definida por la cosmovisión mapuche está actualmente determinada por la intervención ideológica y cultural promovida desde el dualismo naturaleza /cultura propio del universo occidental. Este dualismo estructurante de la racionalidad política y económica predominante, conduce a la objetificación y la descontextualización de procesos de contacto interétnico que lógicamente no permite analizar con profundidad. Desde un enfoque epistemológicamente monista, esta investigación ha optado por destacar el arraigo, la autorregulación y la autonomía local como aspectos fundamentales a reconocer desde una perspectiva “realmente ecológica” (Descola y Pálsson, 2001:14). Para conocer la manera en que los mapuche han recreado su sistema alimentario durante los últimos siglos ha sido necesario desenredar todos estos aspectos metodológicos, a fin de disponer de un relato consciente de lo que espera y puede entregar.
Según la retrospectiva hecha por líderes y agentes mapuche preocupados por la salud y el desarrollo, el sistema alimentario estaría organizado en las siguientes etapas: recolección, conservación y preparación. Siguiendo con esta lectura más bien materialista del sistema alimentario, la primera puede ser entendida como una etapa de “acceso”, dado que se refiere a las actividades humanas ejecutadas con el fin de obtener comida. La etapa de conservación es aquella en la que se pone de manifiesto la tradición culinaria, entendida como el “conjunto de normas y prácticas compartido y ejecutado por un grupo social o cultural en un periodo vivido o imaginado como estable... las tradiciones culinarias referirán tanto a la selección de alimentos como a todos los procesos de manipulación o transformación para el consumo del grupo... la tradición alimentaria se refiere al origen y al recuerdo, de alto valor simbólico, readaptada
culinaria y gustativamente” (Kaplan y Carrasco 1999:12). A este mismo concepto corresponde la etapa de preparación de alimentos, que junto a la conservación responden a un mismo sistema organizado de normas, prácticas, órdenes, combinaciones, significados y símbolos.
En el caso mapuche, la organización del sistema alimentario depende además de factores ecológico culturales que determinan diferencias intraculturales: la organización social y política mapuche responde a la relación entre el hombre y el territorio. De este modo, fundamentan las diferencias existentes entre los siguientes grupos de población asentados entre la IX y la X Región de Chile y parte del territorio argentino: nalche, lafkenche, wenteche, pewenche, williche, y puelche. Entre estos grupos se reconocen los
trafkiñtu o intercambios de productos recolectados y producidos en cada zona, efectuados como expresión de la existencia de relaciones sociales, políticas y ecológicas. Como ha dicho J.Ñ., en el Primer Encuentro Regional de Salud, Cultura y Alimentación1“debido a que en cada uno de estos territorios hubo diferentes especies alimenticias, por ejemplo los pewenche llevaban piñones (ngüilliw) hacia el lafken mapu, en tanto que los lafkenche llevaban todo tipo de mariscos (püzum) y pescado (challwa) a los wenteche...” Este aspecto estructural del sistema alimentario mapuche se manifiesta en la actualidad mediatizado por las actuales condiciones de vida indígena: los asentamientos han sufrido importantes transformaciones afectando la relación básica entre el hombre y la naturaleza.
La organización alimentaria originaria se derivó directamente de la concepción que los mapuche tuvieron de su entorno, y por sobre todo, de la interacción que establecían con él al asignarle propiedades de vitalidad, intencionalidad y cambio. La concepción indígena de tierra al poseer connotaciones existenciales demuestra la cohesión entre los componentes empírico – racionales e ideacionales de dicho concepto. Entre los mapuche, el mapu fundamenta la existencia y la estructuración de la sociedad, y se hace observable a través del suelo, el subsuelo y el entorno ecológico (Quidel y Jineo, 1999). Es a partir de esta concepción que se construyen todas las demás, concernientes a identidad individual y étnica.
Lo anterior es actualmente organizado en lo que podemos entender como el principal argumento de la distinción cultural e intra cultural mapuche: la diferenciación de las
identidades territoriales explica la intra diversidad cultural a partir de la articulación entre criterios cosmológicos y ecológicos. Según las palabras del shaman V.C., a quien he podido oír en seminarios y en entrevistas personales, la identidad territorial sitúa a cada persona en un tiempo y un espacio, cada uno de los cuales posee su propia fuerza en el universo mayor concebido como wiji mapu. El siguiente mapa, plasma en la geografía regional la di – visión mapuche del territorio de acuerdo a los criterios mencionados:
Esta diferenciación constituye el principal fundamento espacial de la identidad mapuche (Quidel y Jineo, 1999:154). A partir de este fundamento, se expande la organización social y política que los mapuche mantuvieron hasta avanzada la ocupación por parte del Estado chileno iniciada en 1883. En efecto, la desarticulación de este sistema transforma dramáticamente la realidad de los mapuche. En lo observable,
“fue pasar de una sociedad en expansión, con un territorio reconocido por un Estado extranjero que la quiso dominar, y que tiene un gran control territorial, que ha llegado a un fuerte desarrollo económico, a una sociedad o pueblo derrotado por un Estado muy superior en lo técnico o militar” (Vidal, 2000:86).
Las cantidades de tierras asignadas no consideraron en ningún momento la reproducción demográfica ni el colapso de los recursos productivos, implantando lo que el autor mencionado denomina ‘un marco de hierro’:
“...fueron naciendo hijos, pasando generaciones, siempre en la misma cantidad de tierras. Por ello, si a un hijo se puede dar una hectárea, él a su hijo le va a poder dar media, o menos, y los nietos irán a tocar un octavo, o nada. Y además se les dice que son ineficientes, despilfarradores, flojos, etc.... Hay entonces un marco de hierro fijado por el Estado, respecto del monto de recursos productivos puestos al alcance de la población, y de las probabilidades de reproducción en el tiempo” (Vidal, 2000:86-7).
Desde el punto de vista cosmovisional, la reducción implicó a su vez la ruptura existencial con el territorio y la desintegración de la estructura social y religiosa. El siguiente cuadro caracteriza las formas de organización social originarias reconocidas entre los mapuche, y su correspondiente definición operativa desde las categorías universales del parentesco.
Categorías mapuche de organización social
Aproximación desde las categorías de parentesco
Rewe Conjunto de comunidades organizadas en torno la estructura religiosa y ceremonial
Reyñma wen Familia extendida, linaje. Fürenwen Familia más cercana
Lof Unidad territorial, familiar y espacial mínima. Homologable según los propios mapuche a comunidad
Xokiñche Familia consanguínea, no necesariamente habitando un mismo lugar Ruka che Personas que viven en un mismo lugar – hogar.
Cuadro 1. Correlación entre categorías de organización social mapuche y categorías antropológicas de parentesco3.
La organización social está íntimamente vinculada a las estructuras de parentesco, las que en el caso mapuche se construyen a partir de la descendencia patrilineal de un antepasado real. El sistema de parentesco mapuche determinaba además de la organización social, los derechos y deberes, roles y estatus de cada sujeto perteneciente al grupo. El concepto que precede a la actual ‘comunidad indígena’ es el de lof, cuya connotación social, cultural y política ha impulsado a que organizaciones mapuche actuales promuevan su reconstrucción. La pertenencia al lof está legitimada por los dos elementos que definen la identidad y el origen de cada persona: el tuwün y el küpalme, la procedencia territorial y el tronco familiar, respectivamente. La pérdida de la independencia y la soberanía territorial impidió la reproducción de esta estructura social y limitó la existencia de un estilo de relación con la naturaleza basada en un concepto particular de tierra y de recursos, impactando de manera decisiva al sistema alimentario.
Los relatos de cronistas de los siglos XVI, XVII y XVIII caracterizan a los mapuche como ‘indios consumidores de especies vegetales y de carne animal’, esta última, mediatizada por circunstancias sociales y religiosas que involucraban situaciones de intercambio, sacrificio y celebración. El cronista del conquistador Pedro de Valdivia, Jerónimo de Vivar, relató allá por 1550 uno de los numerosos robos de comida en contra de los mapuche, en donde, tras contienda física “cargamos los navíos de mayz y papas y frisoles que avia gran cantidad” (1979:177). Además de estos productos, se reconoce que la alimentación mapuche de la época estaba compuesta por vegetales, frutos y hongos recolectables, además de especies animales domesticadas tales como el guanaco y la llama, y la caza de cérvidos y aves.
Esta época pre reduccional está estructuralmente caracterizada por la guerra y por la presencia invasora de los colonizadores; los mapuche asocian a esta presencia la llegada de múltiples males, tales como las enfermedades, persecuciones y pérdida de territorio. Los conquistadores en tanto, traen consigo lo que puede considerarse el primer detonante de cambio alimentario, como fue el intercambio comercial establecido entre algunos mercaderes y la población mapuche. Para esta época se inicia la incorporación de especies y utensilios de comer, se adoptan animales como el vacuno y el caballo, asignándole a este último funciones religiosas probablemente en virtud de su parecido con un animal que le precedió. La comensalidad, en tanto forma primaria de convivencia, involucra una serie de prácticas propias de un contexto de interacción, en que se asume la compatibilidad y la aceptación mutua, al constituir la comida un momento de comodidad que propicie la satisfacción humana. Para la época, los cronistas describen que esta se llevaba a cabo en circunstancias de abundancia y exceso, destacando respecto de esto último los consumos extremos de bebidas embriagantes y el desenfreno sexual en situaciones de fiesta, - situación que propició la interpretación del mapuche a partir de la categoría de “pecador” según la moral medieval europea.
Además de la importancia de la incorporación en la dieta y en la vida social y económica de los animales que ingresaron durante esta época al territorio mapuche, la entrada del trigo significó la implantación de una nueva base alimenticia que se mantiene hasta hoy. Los mapuche adoptaron productiva y culinariamente este cereal, siendo hoy un importante indicador de identidad y tradición alimentaria. La aceptación del trigo posibilitó un cambio económico de gran magnitud, el que a su vez denota la opción que los mapuche tuvieron de cultivar en cualquier espacio dependiendo únicamente de si los demás seres que componen la naturaleza lo permiten. Este cultivo no provocó la desaparición total del maíz, aun cuando promovió la decadencia de su consumo que igualmente permanece hasta la fecha. Los conquistadores hispanos insertan además algunas especies frutales tales como los melocotones, guindas y ciruelas, además de otros cereales y especias, y vegetales de suma importancia actual como son las arvejas – guisantes – y las habas.
Todos los alimentos mencionados y su correspondiente incorporación derivan de la adaptación de los mismos al ciclo agrícola y al ciclo ritual de los mapuche de la época, que aun con importantes transformaciones se sigue reproduciendo hasta la actualidad. Entendido como el ciclo cosmológico alimentario, cada estación del año determina la ingesta del grupo que aparece entonces determinada por estas fluctuaciones y por la permanencia del consumo del trigo. La observación permite distinguir dos épocas del año cualitativa y cuantitativamente diferentes entre sí, la primera comprende los meses de diciembre hasta finales del abril y sería una época de abundancia, caracterizada por la producción temporal de hortalizas... la época de escasez abarca el periodo comprendido entre los meses de mayo y noviembre, en los cuales la dieta se caracterizaría por mayor consumo de trigo aun cuando sea en múltiples preparaciones (Caro, 1986:34). La perspectiva émica en tanto, al entender al consumo de alimentos como un indicador de la calidad de la relación que las personas sostienen con la naturaleza, no tipifican a los alimentos según criterios de calidad, a no ser el caso de los consumos de fiesta – animales y preparados especiales – sino de existencia en cantidades suficientes para asegurar la sobre vivencia del grupo. Esta apreciación se sostiene en que ha sido precisamente el contacto y la incorporación de estrategias agrícolas de uso del espacio las que han modificado y cualificado a las épocas del año, situación que originariamente si bien era cambiante por condición del ciclo anual, nunca dejaba de ser tan diversa como lo permitía la recolección, la caza y la agricultura menor.
Siguiendo la reconstrucción que los propios mapuche han venido haciendo principalmente en las últimas dos décadas, la visualización del mundo experimentada por los antepasados y reproducida con muchas dificultades hasta hoy, les ha permitido
“comprender, articular, e interrelacionar todos y cada uno de los elementos del mundo... comprender cómo se vincula él con la tierra y con el medio que les rodea, de dónde emana la fuerza o el poder que le permite la vida a la naturaleza, en que contexto se ubican el sol, la luna, el día, la noche y el hombre... se determinó la existencia de poderes y espíritus sobrenaturales y la medida en que estos apoyan o perjudican al hombre...” (Marileo, 1995:92).