Seguidamente, destaco, en una primera hipótesis de clasifica- ción, el conjunto de textos circulantes en una comunidad barrial como la de Villa Nueva:
- Narraciones de ficción de la tradición literaria oral provenien- tes del lugar de emigración,
- narraciones de no-ficción que revelan rasgos diferenciadores de la comunidad de origen o de su proceso de migración e inserción en su comunidad de arraigo.
Esta primera clasificación lleva, nuevamente, a una serie de interrogantes: ¿en qué medida estas narraciones constituyen la na- rrativa folklórica de la comunidad en la que circulan? Para respon- der a estas cuestiones, es oportuno apelar a las formulaciones teóri- cas de Martha Blache y Juan Angel Magariños de Morentín, que se reproduce íntegramente, por la importancia de sus afirmaciones. Destaco especialmente la definición de «metacódigo», en la medida en que dicho metacódigo de un grupo particular suele expresarse habitualmente a través de la oralidad espontánea de sus miembros. Este concepto es de vital importancia, para comprender el fenóme- no folklórico, ya que alude directamente a la identidad de un grupo y a sus modos de manifestarse frente a otros grupos.
El grupo en cuyo seno se produce el comporta- miento está determinado por un metacódigo, pero atendiendo a la dimensión cuantitativa, la exten-
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sión espacial y la duración del mismo. El enun- ciado establece la dependencia unidireccional que va del metacódigo al grupo folklórico; o sea, no existe grupo folklórico sin metacódigo; cuan- do se genera un metacódigo simultáneamente se produce un grupo; el grupo está constituido por todos aquellos que participan como intépretes del metacódigo y solo por ellos; donde quiera está vigente el metacodigo hay integrantes del grupo (aunque pueda estar en suspenso, provisoriamente la actuación folklórica); y mien- tras dura la vigencia del metacódigo dura la exis- tencia del grupo. También puede decirse que no todo grupo humano es folklórico, al menos, no lo es hasta tanto, en su interacción, genere un metacódigo (y estamos dispuestos a asumir, como supuesto, la afirmación de que todo grupo humano, de relativa permanencia, tiende a ge- nerar folklore). Esta exigencia del metacódigo puede parecer un tanto artificial; no obstante, téngase en cuenta que se trata de requerir, para la existencia del grupo folklórico, un doble ni- vel de comportamiento; por una parte, el com- portamiento que se desarrolla en función del ori- gen institucional del grupo, lo que puede abar- car desde el trabajo agrícola hasta cualquier otra forma de trabajo urbano y, también, no necesa- riamente relaciones laborales, sino religiosas, festivas, educativas, etcétera. Cuando, a partir de esa actividad de base o institucional como superpuesta a ella misma, surge un modo de ha- cer colectivo que es el particular modo de hacer lo que viene exigido por la actividad de base o institucional, esta segunda actividad o, quizás
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mejor, este segundo plano de la misma activi- dad, colectivamente asumida como participación de varias personas en una tarea (de base o institucional) común, se va construyendo con ac- titudes, expresiones y comportamientos, que es lo que denominamos «metacódigo» y que es la materia prima del folklore y el aglutinante del que, en consecuencia, puede denominarse grupo folklórico. (1992: 33-34)
Se puede descomponer la definición, en sus lexemas y enuncia- dos relevantes, como «grupo» y «en cuyo seno se produce un com- portamiento»,quealuden a elementos de una comunidad de indivi- duos, que, por su misma interacción, generan una conducta común. Por consiguiente, el metacódigo es una conducta arraigada y sim- bólica. La definición agrega los lexemas «actitudes», «expresiones» y «comportamientos», que permiten ampliarla hacia actividades de diverso rango, como prácticas laborales, educacionales, festivas, o bien, creaciones artísticas.
Asimismo, la noción de metacódigo se une con la de grupo, en la medida en que se percibe un conjunto de comportamientos para la identificación y cohesión de sus miembros y para la concreción de diversas conductas, que el grupo evalúa como propias y repre- sentativas. Como puede verse, la definición abarca desde aspectos cognitivos, la génesis de estos procesos, hasta pragmáticos, que se evidencian en mínimos detalles de instrumentación de objetos, como el empleo de vestimentas, o de acciones más elaboradas, como una práctica religiosa o en la organización de una festivi- dad. Sin duda, uno de los enunciados que manifiesta con mayor claridad la problemática de los fenómenos folklóricos es aquel que insiste sobre su carácter de constituirse como fenómenos diferenciables. «El objeto de estudio del Folklore estaría consti- tuido, en consecuencia, por los discursos sociales (verbales o de cualquier otra materia semiótica) en que se representan o interpre-
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tan determinados fenómenos» (1992: 31).2 Igualmente es destacable
el reconocimiento de la funcionalidad del mensaje folklórico que permite el reconocimiento intragrupal.
En el caso de este libro, considero que esta definición de metacódigo debería insistir mayormente en nociones cognitivas que destaquen el valor de un patrimonio ideológico válido para laco- munidad en la que surge. No es solamente un lenguaje; es un modo de construir, interpretar y manifestar la propia identidad individual, inmersa en laidentidad de cada grupo y, por consiguiente, se vincu- la con la noción de contexto ideológico. Como puede observarse, en esta tesis no trazo una línea divisoria entre la ideología y la iden- tidad del grupo. La ideología es un constituyente privilegiado de la identidad, un marco y un eje de los parámetros de valores que el grupo construye a lo largo del tiempo y del devenir social.