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Los diversos contextos de la narración

Según se ha visto hasta el momento, esta propuesta de análisis se centra en el texto de la narración oral y en la conversación en la que surge, a la que se ha denominado cotexto. Sin embargo, si se instrumenta la metodología y terminología de Hermann Bausinger, se puede analizar la problemática del contexto en forma mucho más compleja y reveladora.

En este punto del desarrollo, deseo descatar las referencias de dicho autor a la configuración del contexto de la narrativa oral en cuanto al contexto textual, situacional, social y societal. El con- texto textual se refiere a todas las variedades textuales contempo- ráneas con el texto recopilado, sean aclaraciones previas del na- rrador, comentarios de sus receptores, chistes, anécdotas o refra- nes. El contexto situacional es la descripción de las relaciones per- sonales, objetales, espaciales y temporales que acompañan la enun- ciación del texto, como los papeles jugados por emisores y recep- tores, el lugar y el momento de la narración o actividades y obje- tos de los participantes. El contexto social es un horizonte en cuanto los emisores y receptores forman parte de un grupo familiar, labo-

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ral, vecinal. El contexto societal se refiere a un horizonte mayor formado por la estructura social mayoritaria en la que ese grupo se inserta (1988: 3-20).

El texto de una narración oral surge, según Hermann Bausinger, en un contexto de interacción verbal, el contexto textual. En esta in- vestigación, considero este contexto de importancia por su inmedia- tez e influencia en la atribución de significación a las narrativas ora- les. Los cuentos adquieren su significación en el marco de distintas conversaciones en las que surgen. Como se expuso en la anécdota de las ancianas hablantes de quichua, una conversación puede ubicar el texto en la temática indígena, en la reflexión sobre la situación de aislamiento de Santiago del Estero y en muchas otras posibilidades temáticas. Junto a este contexto, Hermann Bausinger destaca el con- texto situacional, social y societal. Sin embargo, el estudio del con- texto puede ser más complejo en el caso de culturas de migración o en el caso de culturas sometidas a la aceleración de sus procesos de trans- misión, por la influencia de medios masivos de comunicación y de circunstancias de intercambio cultural fecundas, como el contacto con grupos migrantes de naciones fronterizas u orientales. Esta circuns- tancia plantea la necesidad de apelar a nuevos métodos y a descreer de una cultura homogénea. Especialmente, Hermann Bausinger ana- liza estos procesos, en una perspectiva de multiculturalismo, obte- niendo un campo de estudio muy amplio (1992: 3-28).

En el caso de culturas de migración, el contexto se complica porque los emisores frecuentemente remiten a otros contextos de su ámbito de origen, en los que el texto funcionaba y significaba de determinada manera. Es evidente la imposibilidadde reconstruir la conversación original en la que los narradores escucharon las narra- ciones inicialmente y que repiten en sus lugares de arraigo; sin em- bargo, una entrevista detallada y descriptiva podría ser útil. En el trabajo de campo, he podido entrevistar varias veces a los mismos informantes y lograr esa recuperación de un pasado provinciano, vivificado en las narraciones orales, pero necesitado de una expli- cación para los receptores ajenos a la comunidad. El contexto

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situacional ha sido observado por Martha Blache y Juan Angel Magariños de Morentin con la posibilidad de analizar en detalle el contexto de enunciación, de losparticipantes, identificación, tiem- po y espacio (1992: 29-34). El narrador presenta distintos aspectos en su relación con su relato. Linda Dégh y Andrew Vázsonyi han analizado la relación entre la creencia del narrador y su modo de construir el texto, en el caso particular de la leyenda (1988: 18-20). En Villa Nueva, Berisso, he observado la «leyenda positiva», la que afirma la creencia general, o «negativa», la que cuestiona, en, por ejemplo, las narraciones de milagros atribuidos a la imagen de Nues- tra Señora de Loreto, en la capilla del barrio. Sin embargo, en otras leyendas, pude percibir matices en la vinculación del narrador con su texto. De este modo, el emisor enuncia su texto con pretensión de objetividad y ajeno a su experiencia personal, al menos en el discur- so que construye. En otros casos, puede haber un mayor compromi- so emocional o intelectual con el relato, que determina actitudes como la duda sobre los hechos hasta la creencia plena. Asimismo, el narrador puede presentarse como protagonista de los hechos, como testigo y, más aún, como testigo calificado que da certeza del testi- monio. Este análisis se enriquece atendiendo aún más a las relacio- nes del narrador con su texto, descriptas por Bajtin (1991: 164-181). Dichas relaciones fueron aplicadas en investigaciones anteriores, en el análisis de la leyenda de los enanitos verdes, recopilada en un barrio suburbano de La Plata (Coto y Hourquebie, 2000).

Es frecuente la presencia del narrador como renarrador, aquel que cuenta lo que le han contado, con los mismos matices de mayor o menor aceptabilidad que se observa con los narradores protago- nistas o testigos. En este punto, retomo los planteos de María Inés Palleiro, al destacar la construcción del cuento folklórico, como un mensaje plural (1993: 89-95). El cuento presenta dos sujetos de enun- ciación, que se corresponden con su compleja construcción en la que un narrador cuenta aquello que otros dicen. En este marco de narraciones orales de un grupo migrante, postulo que el narrador hace mención a un narrador anterior o a una situación de narración

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que emisor y receptores evocan, en un proceso de idealización de su ámbito de origen o de los primeros tiempos de llegada y afinca- miento. Los receptores presentan una caracterización similar, ya que participan de la narración, en la afirmación o en la duda de los he- chos. Asimismo, pueden identificarse como testigos de los episo- dios o como reafirmadores del canal de transmisión oral tradicional. El contexto social apunta a la constitución del narrador y de sus receptores como grupo y su relación con otros grupos. He observado cómo el grupo que actúa en la situación de la entrevista presenta una estructura particular. En los casos de narraciones similares, he notado la diferencia entre los miembros mayores de la comunidad y los miem- bros más jóvenes. Cuando las narraciones se realizan entre miembros mayores, la carga implícita en los textos es predominante y puede alterar la comprensión para quienes no pertenecen a la comunidad. Cuando la narración se realiza ante miembros más jóvenes, la carga explícita es mayor ya que estos necesitan aclaraciones sobre cuestio- nes que apuntan a su desconocimiento intelectual o vivencial de rea- lidades geográficas, económicas, culturales y sociales. Esta doble configuración es clara en el cotejo de versiones similares narradas con distintos receptores. Igualmente, observo una constante mención a un grupo de pertenencia anterior, los pobladores de la región natal frente a otros grupos, como los obreros «golondrina», los maestros que exigían el habla en castellano o los forasteros.

El contexto societal es complejo ya que las comunidades migrantes presentan una relación particular con su comunidad de arraigo, caracterizada por tensiones y su resolución. En el caso de las narrativas orales de los santiagueños de Villa Nueva, en Berisso, la estructura social se encuentra conformada por los inmigrantes extranjeros que poblaron la ciudad a principios del siglo XX, dando un carácter europeo definitorio, y los migrantes provincianos que se afincaron, posteriormente, a partir de 1940. En el caso de los inmigrantes extranjeros, observo la existencia de refugiados de la Primera Guerra Mundial, radicados en la zona céntrica de la ciudad, en torno a las avenidas Montevideo y Nueva York, en viviendas

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multifamiliares que se podría denominar conventillos, o en las tí- picas casas de chapa, surgidas en terrenos de propiedad precaria. Con el tiempo, mejoraron sus condiciones y ámbitos de vida y generaron asociaciones tales como la Sociedad Italiana, el Club Lituano o la colectividad irlandesa San Patricio. Algunos santiagueños más carentes se afincaron, a su llegada, en las zonas periféricas, construyeron modestas viviendas, sujetas, luego, a mejoras y conformaron un barrio algo semejante a sus pueblos, en medio del monte. Otros se preocuparon por afincarse en zonas céntricas, para un mejor acceso a fuentes de trabajo y educación, aunque debieran soportar, en un primer momento, hacinamiento o incomodidad. Estas configuraciones sociales evolucionaron de tal modo que los europeos y los santiagueños pronto tuvieron sus ca- sas y sus asociaciones de mayor envergadura y Berisso conoció períodos de bienestar económico, sustentado en la cultura del tra- bajo, el esfuerzo y la educación. En principio, no hubo contacto entre ambas etnias y pudo haber tensiones en la medida en que, según un descendiente de ucranianos, les decían «rusitos de mier- da» y, a su vez, una descendiente de lituanos, refiriéndose a los santiagueños, los denominaba «los toto» o «los negritos». A su vez, Berisso presenta una situación particular frente a La Plata, ya que, por un lado, los berissenses se consideran marginados por los platenses y, por el otro, han desarrollado un fuerte espíritu de per- tenencia que los lleva a enorgullecerse de su pasado de sacrificio y de riqueza cultural pretérita, actual y futura. Como es lógico, ha habido difíciles procesos de integración, en particular, lingüística, tanto por las diferencias de idiomas como por el desconocimiento de lenguajes específicos de actividades, como en esta anécdota, contada por un santiagueño de la segunda generación, Abel Soria.

Cuando yo llegué de Santiago, entré a trabajar a un taller de metalurgia.

No conocía demasiado del oficio. Un día llegué tarde y el patrón, enojado, me preguntó:

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–¿Dónde están los gallegos? (refiriéndose a una herramienta).

–Ah, no sé, cuando yo llegué, acá no había nadie.

También la incomunicación lingüística puede referirse tanto a la cuestión idiomática como a una comunicación paraverbal, como en este cuento humorístico, narrado por Ramon Artaza.

Un santiagueño recién llegado iba en micro en Bue- nos Aires y sintió que le metían la mano en el bolsi- llo. Entonces preguntó: «¿Qué me estai poniendo?».

Estos procesos se han enriquecido mucho por el contacto de las distintas comunidades, provocado por las múltiples oportunidades de relación cultural, como encuentros de danzas de grupos de distintas procedencias, de coros o la organización de exposiciones de artesanías. A partir de 1990 y en torno a los actos motivados por el Quinto Cen- tenario del Descubrimiento de América, el acercamiento entre las dis- tintas colectividades es mayor, institucionalizado por actividades co- munes, como la Feria de las Colectividades o los actos por el Día de la Raza, promovidos por la Dirección de Escuelas, o espontáneos, como la visita de grupos ucranianos, eslovenos y lituanos a los feste- jos del Centro de Residentes Santiagueños o de grupos santiagueños a los festejos de asociaciones europeas. Además, desde el año 2006, se realiza una feria de los migrantes provincianos.

Asimismo, la realidad se ha complicado particularmente con el proceso de desocupación y pauperización de la clase media. He observado en narraciones de milagros de sanación, cómo influye esta situación, ya que, en muchos relatos personales, aparece el tema de la desocupación y de la pobreza como enfermedades, por las que se ruega a la Virgen de Loreto o María Rosa Mística.

Una descripción similar podría realizarse de otros barrios del conurbano platense donde se han radicado migrantes provincianos, como los correntinos y santafesinos, en Los Hornos, los jujeños y

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salteños, en Ringuelet, o los litoraleños, en Punta Lara. Si bien no hay tanta complejidad en cuanto a la presencia de colectividades europeas, sí, en cambio, se observa la presencia, desde 1980, de migrantes de países latinoamericanos, como los bolivianos, paraguayos y peruanos, y migrantes orientales, como los coreanos. Además, observo la tensión particular, entre legalidad e ilegali- dad. Los migrantes provincianos de la década del cuarenta presen- tan un marco legal claro y definido: son, generalmente, dueños de los lotes y/o de las viviendas que habitan, abonan sus servicios e impuestos y tienen un trabajo estable, con su documentación en re- gla. Para estos pobladores, la escuela, la asociación religiosa y el centro de fomento son instituciones que deben ser sostenidas. Por el contrario, algunos migrantes de la década del ochenta suelen tener una configuración que raya con la ilegalidad o la marginalidad. Fre- cuentemente son ocupantes gratuitos de los terrenos o de las vivien- das que ocupan, que ha generado el fenómeno de las «casas o lotes tomados», están «colgados», es decir, reciben los servicios por una maniobra dolosa que les permite engancharse en la línea eléctrica o telefónica de cualquier vecino, no pagan impuestos y suelen traba- jar en ocupaciones temporarias, sin documentación ni marco social. Este panorama de los contextos de enunciación puede ser más complejo si la narración oral, contada entre emisores y oyentes de un mismo barrio, describe circunstancias del ámbito de origen. Mirta Bialogorsky y Fernando Fishman han iniciado estos planteos con la observación de que todo texto presenta un contexto de enunciación y, a su vez, describe un contexto de las acciones narradas en sí mis- mas (2001: 99-113). Sobre la base de esa reflexión, postulo que los contextos de enunciación de una narración oral, con fuerte arraigo en el grupo, presentan una gran complejidad, derivada del eje tradi- cional de estos textos o de la propia interacción verbal. De este modo, podría hablar de un contexto actual, que se acerca a las observacio- nes de Hermann Bausinger, y de un contexto residual, evidente en las narraciones de las personas mayores en edad o en pertenencia al grupo. Puedo hablar de un contexto social residual constituido por

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todas las referencias a grupos de pertenencia anteriores (el grupo original en la provincia natal o bien las primeras comunidades barriales, a poco de llegar a la ciudad). Del mismo modo, puedo inferir la existencia de un contexto societal residual cuando los in- formantes recuerdan la estructuración social de sus pueblos y su posterior evolución y, asimismo, cuando recuerdan la organización social de grandes ciudades como Buenos Aires, La Plata o Berisso, en la década del cuarenta. En cuanto al contexto situacional, tam- bién observo la presencia de elementos residuales. Si bien la situa- ción de enunciación es contemporánea y vigente en el enunciado en sí mismo, muchos narradores, al introducir su narración, rememoran los caracteres de otros narradores o de momentos de exposición. Muchos recuerdan, con nostalgia, las habilidades de sus madres o abuelas o de algún hombre con excepcionales dotes de memoria, voz, gestos, para generar una verdadera teatralización de su texto. Esta observación provoca complejidad de la trama de cada narra- ción oral, que puede ser analizada desde estos dos ejes temporales, su inmediatez y continuidad.

Asimismo, se puede recordar los conceptos de base textual ex- plícita e implícita mencionados anteriormente, ya que los contextos también pueden tener una configuración similar. Podría hablar de una base textual explícita de los contextos, en la medida en que los informantes mencionan elementos que pueden ser clasificados den- tro de los contextos situacionales, sociales o societales y, también, una base textual implícita, cuando se debe investigar aspectos no descriptos totalmente, que aportan otros factores de significación, o cuando es necesario repreguntar a emisores o receptores. En el apar- tado siguiente, se verá la aplicación de esta metodología en una narración oral en particular.