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La narración folklórica y su relación con un metacódigo

Ante estos conceptos, puedo plantear una serie de interrogantes: ¿puede considerarse la narración folklórica parte de ese metacódigo o puede valorarse como construcción textual que funciona como expresión de ese metacódigo? La diferencia en sí no parece signifi- cativa pero apunta a la posible configuración de la narración folklórica. Puede considerarse parte del metacódigo de tal manera que el relato folklórico es el producto de una interacción grupal que, en sus procesos de representación e interpretación, revela la identidad de sus miembros como integrantes de la comunidad y de sus relaciones intragrupales.

2 Este enunciado posiblemente abreva en la descripción que Richard Bauman ha

trazado con el concepto de identidad diferencial. Todo grupo folklórico lo es en la medida en que se distingue de otros grupos y de la sociedad masiva (Bauman, 1989: 27-46).

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Por consiguiente, es una producción textual que surge espontá- neamente en el seno de un conjunto de fenómenos sociales diferenciables y diferenciadores. Puede considerarse, igualmente, expresión del metacódigo y, de este modo, el texto de la narración folklórica es el producto de una actividad particular de construcción textual que los miembros de la comunidad realizan, poniendo en juego todas sus capacidades inherentes a su competencia y a su ac- tuación, como narradores dentro de la comunidad y en determina- das ocasiones (mayor o menormente artificiales, como una celebra- ción, una entrevista con un investigador o un periodista, entre otras).3

De acuerdo con mi experiencia, ambas modalidades de construc- ción verbal, aparecen en las comunidades visitadas. Los informan- tes distinguen frecuentemente a los buenos narradores, a las perso- nas que pueden contar más y mejores historias; pero, al mismo tiem- po, la capacidad para narrar dentro del grupo es natural y surge prác- ticamente sin limitaciones. En una investigación es válido apelar a ambas modalidades de construcción textual que permiten una des- cripción acabada de su metacódigo. Sin embargo, destaco el con- cepto de narración folklórica aplicado a la expresión porque revela fuertemente la conducta de presentación de comunidad frente a otras comunidades o frente al observador exogrupal (Palleiro, 2004: 67).

La otra pregunta es: ¿así como el metacódigo es un modo de hacer particular, se podría hablar de un modo de narrar particular, observado en sus múltiples aspectos: parámetros axiológicos de la comunidad, estrategias narrativas, lexemas de uso y significados específicos?Juan Angel Magariños de Morentín destaca, al estudiar el código de la narración folklórica, la necesidad de considerar un

3 Richard Bauman ha descripto detalladamente las características del arte verbal

que se manifiestan en las diversas modalidades de actuación de un narrador. En mayor o en menor medida, se percibe niveles de artificiosidad. El investigador analiza distintas ceremonias en las que el informante opera con marcos especiales de su actuación, según las circunstancias del contexto y, obviamente, estos marcos influyen sobre la construcción del texto oral (Bauman, 1992: 3-56).

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nivel de análisis sintáctico que permite observar los elementos cons- titutivos del relato y de su organización interna. De este modo, es un «modo de decir» especial, característico de la comunidad (Blache y Magariños, 1994: 15).Si retomo el planteo inicial sobre la narra- ción folklórica como una construcción textual que funciona como expresión del metacódigo, la podría describir como un objeto deli- beradamente reproducido, de naturaleza verbal y paraverbal (ges- tos, entonación) que adquiere, en su repetición oral, rasgos de fija- ción y variabilidad y, en cada acto de enunciación, asume nuevas connotaciones semánticas. Por consiguiente, es un texto inmerso en el conjunto de textos, que una comunidad recrea y transmite en rela- ciones intragrupales y coteja en las relaciones intergrupales.4 El na-

rrador sabe intuitivamente que debe poner en acción todas sus com- petencias, para captar la atención de sus oyentes y persuadirlos de que su texto es válido para el grupo y puede constituir su patrimo- nio simbólico. En este sentido, he denominado estos textos con el concepto de narraciones de retroalimentación, lo cual significa que reproducen una situación que la comunidad valora y, al mismo tiem- po, la mantienen vigente y generan conductas en sus miembros. Piénsese en el ejemplo de las narraciones sobre curaciones mágicas. El narrador recuerda la vida de un curandero, la reproduce; pero, a la vez, persuade a sus oyentes, para la aceptación de estos fenóme- nos y para, eventualmente, realizar actividades similares, como con- sultar a un curandero o comprender o aconsejar que alguien realice una consulta.

La narración folklórica presenta así una notable caracterización: como competencia de representación y/o interpretación de los miem- bros de la comunidad, en el conjunto de otras competencias y en

4 El juego de relaciones intragrupales e intergrupales ha sido analizado por William

Jansen al referirse al factor esotérico y exotérico del folklore (Jansen, 1988: 5-16). El autor analiza detalladamente los mecanismos de interacción que pueden sintetizarse en lo que cada grupo piensa de sí mismo o cree que otro grupo piensa de sí mismo y lo que cada grupo piensa de otros grupos.

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vínculo estrecho con estas, parte del metacódigo, y como acto de enunciación deliberado en el que esas competencias revelan el uni- verso ideológico vigente de la comunidad, las relaciones intragrupales y, especialmente, los procesos de construcción de la identidad, como expresión del metacódigo. En este punto, también es oportuno recordar los conceptos de Juan Angel Magariños de Morentín, quien afirma que el código de la narrativa folklórica, así como puede manifestar un nivel sintáctico, puede plasmar también un nivel semántico, constituido por las relaciones referenciales que el texto establece en el seno de la comunidad que lo produce o inter- preta (1994: 14).De esta manera, el texto producido presenta una gran complejidad estructural ya que es un objeto con múltiples rela- ciones intratextuales, intertextuales, extratextuales y contextuales. Las relaciones intratextuales provienen de la naturaleza del acto de enunciación, oral, iniciado por un emisor con la participación de los oyentes. De este modo, el texto adquiere su complejidad estructural y significativa de esa interacción. Esta es una de las características de la narración folklórica, como texto, su construcción colectiva entre emisores y receptores.Las relaciones intertextuales son tam- bién destacables. Todo acto de enunciación de un relato folklórico guarda relaciones intertextuales con un hipertexto, constituido por las narraciones vigentes en el grupo, con una superestructura narra- tiva que los integrantes conocen, y con las narraciones que, indivi- dualmente, recuerdan y relatan.5 Asimismo, guarda relaciones

extratextuales con textos que la comunidad conoce a través de la influencia de los medios masivos de comunicación o de la interacción con otros grupos.

Las relaciones contextuales implican el análisis de la situación de enunciación, que implica observar todos los rasgos constitutivos

5 Este aspecto ha sido especialmente analizado por María Inés Palleiro al plantear

la existencia de una matriz narrativa que integra todas las variaciones que un texto presenta de acuerdo con sus diversas versiones y con sus relaciones intertextuales (Palleiro, 2004: 61).

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del acto de narración. Martha Blache y Juan Angel Magariños de Morentín han analizado detalladamente las circunstancias del con- texto de enunciación (situación del emisor y de los receptores, ámbito espacial, entre otras) y, especialmente, han observado su poderosa incidencia para configurar la significación global del relato en su versión oral puntual (1991: 1-15), así como de otros contextos (textual, social, societal), descriptos por Hermann Bausinger (1988: 17-28).

Seguidamente, analizaré los elementos que constituyen las na- rraciones como expresión del metacódigo. El predominio del con- texto sobre la enunciación de la narración oral se completará en otros apartados. En particular, observaré también la influencia del contexto ideológico, es decir, desde la perspectiva de Teun van Dijk, la incidencia de la ideología en la construcción del discurso.

Un modo particular de narrar. Las narraciones orales