• No se han encontrado resultados

CAPÍTULO 4 ¡Viva Cristo Rey! (1991)

5.5. Crítica social

Anita y Elenita provienen de familias amigas vinculadas a la política. Octavio Olmedo, padre de Elenita, es abogado amigo del gobierno conservador. Rodrigo Peralta, padre de Anita, es médico propietario de un periódico liberal radical. A pesar de las diferencias políticas, la amistad entre las dos familias es infranqueable y muestra un cambio con las familias de ¡Viva Cristo Rey!, donde unos excluyen a los otros. Los diarios de las niñas relatan los problemas de alcoholismo, infidelidad y violencia doméstica por parte de Octavio, padre de Elenita. La infidelidad de Octavio produce escándalo en el círculo de las mujeres cuando éste tiene una hija ilegítima con la costurera de la familia. Por esta razón la costurera es forzada a emigrar a Bogotá para ocultar el escándalo, muy parecido a lo que sucede en la radionovela que todas las mujeres escuchan con deleite.

Las clases sociales, junto con los aspectos étnicos, demarcan una sociedad cerrada y jerárquica que evita contaminaciones. Julia Koss, esposa del tío Manuel de Anita, y su hija Susana Koss son rubias y de ojos azules, lo que representa una desventaja para Anita quien es mestiza. Ana sabe que las niñas rubias, como su compañera de colegio Teresa Torres, la ‘sapa’, son siempre mejor tratadas que las mestizas. Las madres de las niñas, por otro lado, sienten desprecio hacia las empleadas del servicio acusándolas de desagradecidas y chismosas, cuando en realidad los chismes provienen más del grupo exclusivo de amigas que de la servidumbre. El abuso a las empleadas por parte de los hombres es implícitamente denunciado en el caso de Trini, abusada por el abuelo de Anita. Elenita escribe en su diario los comentarios de su tía Lucre sobre las empleadas:

-149-

[…] ya uno sabe que ellas son así, siempre pensando en casarse, las pobres, para que las esclavicen, salen de limpiar y fregar por un sueldo a limpiar y fregar gratis y encima llenarse de hijos, que de grandes se les vuelven comunistas o ladrones.339

La novela burlonamente cuestiona quién puede tener más el papel de esclavas y víctimas del machismo, si las mujeres de la clase alta, obligadas por las apariencias sociales a estar casadas aunque sean infelices y maltratadas, como la esposa de Octavio, o las de la servidumbre quienes no tienen ninguna obligación de seguir los mismos patrones sociales, pues ninguna de ellas está casada por conveniencia social. Esta situación contrasta además con el afán de las damas de casar pronto y bien a sus hijas para que no se queden solteronas como Lucre, tía de Elenita.

Elenita registra irónicamente el esnobismo del círculo de mujeres de la elite co lombiana cuando describe el desprecio por la gente pobre. Sin embargo, su tía Lucre se queda solterona porque su único pretendiente la consideró pobretona.340 También relata la importancia de escuchar El derecho de nacer entre las mujeres; sin embargo una vez enteradas que Caignet era un ‘negro comunista’ entienden el por qué ‘en la radionovela los blancos eran ricos y perversos como don Rafael del Junco y Alfredo Martínez, y los negros, pobres y bondadosos como María Dolores Limonta’, así, su actitud inicial hacia la radionovela cambia. 341 La radionovela apunta precisamente hacia los mismos fenómenos sociales de hipocresía, racismo y elitismo de las damas de la narración. No por nada Martín-Barbero reconoce la importancia del melodrama en cuanto posibilita a la audición identificarse con las vivencias de la radionovela.342 La hija ilegítima de Octavio, representada en el niño de la metaficción, Albertico Limonta, se convierte en un dilema para las damas cuando Limonta es finalmente reconocido como hijo legítimo de la familia; ello implica la misma posibilidad para la hija de Octavio, con lo cual las damas no están enteramente de acuerdo.

El paralelismo entre lo ficticio y lo metaficticio es tal que incluso algunos nombres de los personajes de la novela guardan semejanza con los de la metaficción. En la radionovela

339 Sabor a mí, pp. 57, 99, 174, 206 y 104. 340 Ibídem, pp.159-160. 341 Ibídem, p. 276. 342

-150-

María Elena es hija de la familia que cae en deshonra cuando queda embarazada del hijo de la familia enemiga de su padre. El mismo nombre es utilizado para el nombre de la madre de Elenita Olmedo. La repetición hace que un lector desprevenido pueda confundir los dos niveles de narración dado que las dos constantemente se espejean. El efecto es mostrar que la metaficción está estrechamente ligada al acontecer histórico de la ficción, como ésta a los fenómenos sociales del contexto donde se produce la ficción.

El derecho de nacer fue un drama muy popular en Hispanoamérica y Colombia en particular, que después de los sesenta se adaptó a la televisión.343 Alguna gente se avergonzaba de escucharlo porque se consideraba como diversión de pobres. Gabriel Vanegas observa que:

‘La gente escondía el hecho de escuchar radionovelas y se avergonzaba de confesarlo, porque creían que oir y/o ver novelas era bajo y “sirvientero” y no hay tal […] pues eso es diversión de pobres y ricos y no es sólo de desocupados […]’ 344

Las historias en Sabor a mí y en El derecho de nacer exponen el problema del reconocimiento de los personajes marginales en sociedades tradicionales patriarcales y excluyentes. En ambas se plantea el rechazo a las culturas y voces provenientes de las clases sociales marginales. Ambas historias buscan dar reconocimiento no sólo a esas voces consideradas sin valor social, sino también a los productos de la cultura popular, despreciada por un sistema cultural elitista.

Las familias en ambas narraciones están supeditadas a una moral religiosa. Son familias que buscan preservar el honor y el prestigio del linaje del grupo familiar por medio de matrimonios de conveniencias entre los mismos grupos sociales. Virginia Gutiérrez y Patricia Vila enfatizan el aspecto del linaje y el honor en las familias de la región de Santander, lugar donde parece ambientarse la novela, como factores determinantes, ‘El honor está ligado a valores de pureza de sangre, de transmisión de linaje’.345 La madre de Elenita pensaba casarse con Rodrigo Peralta porque sus padres lo querían para preservar la clase. Por la misma razón, aconseja a su hija, Elenita, aceptar como pretendiente a

343

Rowe y Schelling, op.cit., p. 108.

344

Rosario del Pilar Helo Laverde, El género del radiodrama, Tesis de maestría, Universidad Javeriana, Bogotá, 1988, p. 60.

345

-151-

Federico, hermano de Anita e hijo de Rodrigo, porque ‘de todos tus admiradores me gusta más porque como decía el abuelo Olmedo, tenemos la absoluta de que viene de parte limpia’; luego añade ‘cada oveja con su pareja. Mirar para abajo, es cosa de bobos [...] Los Peralta y los Olmedo son familias de lo mejor de aquí’.346 Este continuismo de apellidos prestigiosos conlleva a un rigoroso castigo a relaciones que no cumplan con los requisitos morales y sociales tradicionalmente aceptados por la clase alta, como sucede con la abuela de Elenita, desdentada como castigo por enamorarse de un ‘señor que no era de su misma clase social’.347

La novela es así una crónica social que denota el ambiente cerrado y endogámico de la sociedad tradicional colombiana donde subsiste el continuismo de clases casi incestuoso y narcisista. Sabor a mí es una crítica incisiva a sociedades excluyentes negadas a reconocer la diversidad cultural del país y de ahí que busque en El derecho de nacer su reflejo adecuado.