CAPÍTULO 4 ¡Viva Cristo Rey! (1991)
4.7. Voces narrativas
¿De qué mecanismos se vale Galvis para contar estos sucesos históricos de forma ficticia y en qué se diferencia su novelística de sus escritos historiográficos y periodísticos? Gran parte de la historia es contada por un narrador omnisciente externo a los hechos que conoce lo que ocurre en la historia, en los sentimientos y en los pensamientos de sus personajes. René Jara y Fernando Moreno se refieren a este tipo de narradores como ‘narradores ficticios objetivos o subjetivos no representados’.224 El objetivo, como el del discurso historiográfico imparcial, consiste en registrar los hechos de forma descriptiva, sin participar en ellos y sin proveer interpretación alguna sobre la interioridad de los personajes:
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Ibídem, p.383.
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Jara y Moreno, Anatomía de la novela, Ediciones Universitarias de Valparaíso, 1972, pp. 92-96. El narrador ficticio no representado equivale al narrador ‘extradiegético’ de Gérard Genette. Véase
Nouveau Discours du Récit, Éditions du Seuil, Paris, 1983, pp.55-58 y Figures III, Collection Poetique,
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El 9 de diciembre de 1929 Onán celebró, con ruido de cohetes y fragancias de patriotismo, nueve decenios de su fundación. […]. 225
Se ubica cronológicamente de esta forma la fecha del festejo. Sin embargo, la mayoría de la narración está presentada desde la perspectiva de un narrador no representado subjetivo que presenta señales o da indicios de la interioridad de los personajes:
Visitación Jinete también lo miró pasar pero sin verlo porque sus ojos quedaron clavados en la imagen sacrílega de Alejo Coronado y Soledad Márquez abrazados y felices. Visitación maldijo a Soledad sin conocerla, y regresó al convento abriéndose paso a empellones sin acordarse de los encargos urgentes de Sor Angustia del Santo Sepulcro.226
El narrador sabe e informa al lector sobre la ofuscación de Visitación al observar al novio de su amiga Rosalía con otra mujer. Es, además, un narrador muy económico que no se preocupa en proveer detalles de lo que sucede entre un período histórico y otro, sino que más bien presenta resúmenes temporales para no detenerse en explicaciones y dar así mayor agilidad a la narración: ‘Hacía un año que Alejandro Coronado y Soledad Márquez habían visto desfilar al presidente’ o ‘Treinta y dos veces traspasó Rosalía el portón de Nuestra Señora de la Nube en mil cuatrocientos ochenta y seis días de aflicción’, o ‘Regresó a Onán el día en que Flora Coronado cumplía setenta años de vida y más o menos treinta y ocho de ‘enmozamiento público, concubinato escandaloso y pecado mortal’ según el panfleto redactado [...]’.227
El tiempo de la narración salta así de uno a otro evento acelerando el ritmo para concentrarse más en el presente de la historia que en eventos pasados. Sin embargo, el énfasis en proveer números exactos en el tiempo en vez de utilizar frases más imprecisas como ‘luego de algunos años’ pretende dar una ilusión de un conteo riguroso y verisímil al estilo de una crónica, pero contrariamente, esa misma técnica meticulosa y exagerada hace que la narración sea más ficticia que histórica. Así, el narrador evita dar explicaciones o detalles de lo que sucede entre un período y otro resumiéndoselos
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¡Viva Cristo Rey! p. 259.
226
Ibídem, p. 74.
227
Ibídem, pp. 87, 95 y 366. Véase sobre resúmenes temporales en Anatomía de la novela, op.cit p. 118 . Mieke Bal dice que es improbable que nada pasa en esos resúmenes temporales, pero que éstos influyen en la velocidad que el autor quiere dar a la narración. En Narratology. Introduction to the Theory of
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al lector, a diferencia de lo que sucede en las novelas históricas donde los narradores se extienden en contar detalles entre los sucesos. ¡Viva Cristo Rey! por esta razón se hace una narración más dinámica en cuanto mezcla los resúmenes con diálogos matizados en los que el narrador, de forma breve, explica o añade información al lector sobre quien emite las palabras, como por ejemplo ‘-respondió Alejo con el desdén dibujado en los labios’ o ‘recordó, José Beatriz’. Por otro lado, también se practica la técnica epistolar, como se señaló arriba, utilizando un narrador partícipe de los sucesos. Pero las cartas son producto de la ficción y no de la documentación histórica, como se discutió. Allí el lector se entera de los juicios sobre lo que está sucediendo en lo político y en lo privado.228
La voz narradora más importante para nuestro análisis, por tratarse de la voz que registra la historia, es la de la cronista Visitación Jinete. Esta es una voz de primera persona que provee ‘una abundante valoración subjetiva de los hechos’ en los que ella participa activamente. Según Jara y Moreno, es una voz que ‘pertenece a la galería de los personajes y se halla totalmente comprometida con el acontecer’.229 Su narración es un testimonio directo, sin intermediario, que toma la forma de un diario íntimo en el que, usando un estilo lingüístico imitativo del habla campesina, narra los episodios históricos trágicos y cómicos de la comunidad.230 Esta narración no se alterna con la del narrador de tercera persona, ni es interrumpida por comentarios de otros narradores más oficiales. Es más bien una voz esporádica y falta de uniformidad en cuanto no aparece bajo ningún orden riguroso y se presenta sólo en algunos capítulos:
Hacía cuatro años que no cogía mi cuaderno íntimo para apuntar cosas de la vida. Desde que a mi mamá la sacrificaron como a un animal, el dolor me ha hecho sangrar el alma como si me la cortaran con el cuchillo de carnicero de don Prudencio Barragán.231
228
Ibídem, pp. 91, 164, 335 y 341.
229
Anatomía de la novela, op.cit., pp. 97-100. En términos generales corresponde al narrador intradiegético en la clasificación de Genette en los textos ya citados.
230
No nos referimos aquí al formato típico del testimonio en el que se requiere de un intermediario letrado que copia lo narrado por un personaje marginal. Véase Hugo Achugar, ‘Historias paralelas /Historias ejemplares: La historia y la voz del otro’ Revista de crítica literaria latinoamericana 36, 1992, pp. 49- 71.
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¡Viva Cristo Rey!, p. 379. En la narración la madre de Visitación es deshollada durante la violencia. Este episodio corresponde al mencionado en El jefe supremo, op.cit., p. 439.
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La falta de regularidad en este discurso campesino señala su posición marginal, en cuanto que la mayor parte de la narración está a cargo de narradores más oficiales y convencionales en su estilo. El diario de Visitación inicia en el capítulo cinco donde presenta desde su perspectiva sumisa e inconsciente la situación marginal y los diversos miembros de su familia con sus características físicas y psicológicas. En otros apartes escribe lo que le sucede a su amiga Rosalía y las infidelidades de su esposo y menciona abusos a otros campesinos como Paloma Ricaurte, una de sus compañeras del burdel, novia de Rodrigo Chica:
De Paloma, yo no sé si todavía es niña o ya se hizo mujer [...] Madame Taconcitos, que conocía la familia, la trajo cuando ella quedó huérfana, pues allá en su pueblo el inspector de policía que era conservador mató a su papá que era liberal: pasaron unos días y los hermanos de Paloma emboscaron al inspector y después los parientes de él quemaron la casa de ellos y así hasta que Paloma se quedó solita en la tierra y ni ella sabe cómo fue que se escapó de tanta matanza.232
Visitación muestra por medio de su sencillez los devastadores efectos de la violencia en los pueblos colombianos, señalando la vulnerabilidad en las condiciones de las comunidades rurales. Registra el extremo abuso de los latifundistas hacia los campesinos arrendatarios, utilizados para trabajos del campo y para el proselitismo político de sus patronos. El abuso sexual hacia las mujeres campesinas viudas y niñas vulnerables como la madre de Visitación y Visitación misma es contado desde una perspectiva que percibe los hechos no como crímenes sino como algo normal, por ejemplo cuando Visitación escribe su propia violación a la edad de trece años:
Me llevó sí, pero por el camino me tumbó en una cuneta e hizo conmigo lo que hacía con mi mamá en el rancho [...] Eso sí, le cogí mucho miedo [...] Comenzó a atalayarme a cada rato, [...] Cada vez se me echaba encima y me desflecaba con su cosa punzante y tiesa. Fue cuando cumplí los catorce que empezaron a no gustarme las melcochas y a crecerme el vientre [...] Luego, la sangradera paró y en lugar me comenzó a crecer el fruto de mi vientre que era de don Napo.233
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Ibídem, p. 291.
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Esta forma de registrar su propia violación, se aparta de una voz oficial que racionaliza el acto de la violación como un crimen. Pero por medio de eufemismos provenientes del habla campesina se enfatiza más la vulnerabilidad de la joven víctima y la extrema violencia del terrateniente. En vez de describir su embarazo como resultado de un acto criminal de violación, Visitación prefiere narrarlo asociándolo con su inapetencia por el dulce favorito de los niños campesinos en Colombia. Por medio de esta deliberada forma ingenua, Visitación logra mantener su propia identidad y percepción de los hechos desde su posición marginal, denunciando, sin proponérselo, el doble abuso sexual de Guerrero hacia ella y hacia su madre. En el mismo estilo usa el imaginario religioso para referirse a su embarazo como el ‘fruto de mi vientre’, frase religiosa extraída de las oraciones a la virgen María. Visitación por medio de eufemismos coloquiales denuncia y parodia las convicciones religiosas del pueblo poniéndose ella como una virgen violada y gestante por el padre del cura del pueblo y no por la milagrosa acción del espíritu santo.
Este estilo no oficial cumple la función de denunciar con sorna las creencias religiosas y el abuso de los personajes revestidos del halo religioso. Es el cura Inocente Acevedo quien lleva a Visitación al convento para ocultar el escándalo del latifundista conservador. En el convento ‘Nuestra Señora de las Nubes’ nace Flor de la Canela prematuramente gracias a los brebajes abortivos que la monja Consuelo del Niño Jesús le suministra. Visitación escribe: ‘creo que sor Consuelo del Niño Jesús nunca supo cómo fue que el licor de las virtudes me lavó el pecado’.234
El abuso a Visitación no termina con este episodio pues después conoce al liberal Julián Banderas, amigo de Alejandro, de quien también queda embarazada. Falsamente casada con Banderas en una boda ficticia montada por éste y sus amigos, Banderas luego le confiesa la verdad y le cuenta que va a casarse con su novia de clase media. Para resolver su situación económica Visitación busca en vano trabajo pero por su fama de ‘mujer fácil’ le es imposible. Decide entonces trabajar en el burdel recomendada por el político José Beatriz Faraón, hijo de Guerrero, padre de su primera hija y hermano del cura del pueblo.
Visitación en su diario captura vivencias y expresiones provenientes de la cultura oral mestiza femenina y marginal, uno de los aciertos de esta novela de Galvis. Su diario
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yuxtapone por un lado, una perspectiva y un modo de habla local y arcaico, representado en el habla campesina de las mujeres, y por otro, un sistema patriarcal oficial, moderno y ‘civilizado’ representado en la escritura, símbolo del poder. Así, el discurso de Visitación es un discurso complejo y doloroso y tenso donde por un lado la escritura le demanda volverse más oficial y por ende más ‘civilizada’ y menos oral, pero por otra le exige mantener su propia identidad con su estilo oral, marginal, menos poderoso. Esta misma tensión representa la paradójica situación política y social colombiana en la que dos mundos bien diversos como el rural y el urbano luchan por consolidarse. Es también la misma encrucijada en la que pudo haberse encontrado Galvis quien buscaba mantener viva la identidad de estas localidades marginales colombianas por medio de la escritura oficial en su trabajo histórico, periodístico y literario. Visitación se halla en una posición doblemente excluida por ser campesina y además mujer. No obstante, subvierte soterradamente esta posición al mostrar su propia visión de los hechos con su propio estilo para contar al lector la situación política y social de las mujeres en un ambiente dominado por políticas y discursos patriarcales dominantes. Su rebelión consiste en registrar en su estilo informal y coloquial la historia de la comunidad en la cual tanto la narradora como su estilo oral están desprovistos de poder. Denuncia los abusos de los hombres liberales y conservadores y subvierte el discurso academicista historiográfico tradicional y patriarcal al presentar la historia desde una perspectiva propia, familiar y periférica. Bakhtin observa que este tipo de estilos destruyen las visiones del mundo oficial. 235 Esta voz propia es la que le da un valor especial a la novelística de Galvis y presenta un nuevo enfoque sobre la violencia en Colombia.
El discurso oral campesino en la producción literaria hispanoamericana ha sido una preocupación de varios escritores. Desde la narrativa costumbrista se muestran pequeños apartes del discurso de las distintas localidades culturales rurales como en La Manuela (1858) de Eugenio Díaz (1804-1861), y novelas regionales como Doña Bárbara (1929). Sin embargo, el permitir que narradores campesinos cuenten sus historias desde sus mismas perspectivas, sin el control de un narrador oficial distinto, es un rasgo característico de las narraciones de Juan Rulfo, cuyas historias se perciben desde perspectivas campesinas con sus propios estilos lingüísticos. Carlos Pacheco señala que la escritura de Rulfo no busca
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reproducir el discurso oral de los campesinos de forma directa, sino más bien representarlo mediante una ‘habilidosa y sofisticada elaboración lingüística y literaria’.236 Galvis se vale de un mecanismo similar en el caso de Visitación en cuanto trata de evocar la forma lingüística, el vocabulario y los dichos religiosos más comunes entre el campesinado colombiano de ese período histórico para presentar la historia del país por medio de esa representación de la oralidad.