3.1.1 INTRODUCCIÓN
La segunda mitad de los años ochenta en Argelia viene marcada por la crisis económica y el bloqueo político. Desde 1986, el país soporta un “shock” petrolero que reduce drásticamente los ingresos del Estado. Al mismo tiempo, la ratio del servicio de la deuda sobre las exportaciones sube vertiginosamente (del 50% en 1984 al 75% en 1988) y la carencia de la mayoría de los préstamos contraídos expira a finales de la década. Estas circunstancias obligan al gobierno a aplicar medidas de austeridad de las que se resiente sensiblemente la población. El malestar se extiende a las distintas capas sociales y zonas del territorio. Ese mismo año tienen lugar violentas manifestaciones de estudiantes de secundaria en Sétif y Constantina. Las brigadas antidisturbios de la policía reprimen a los manifestantes y detienen a un gran número de ellos. La respuesta del régimen no calma en absoluto el descontento. Paralelamente, se produce un avance ralentizado de las reformas económicas lanzadas a principios de la década. La tímida liberalización introducida en ciertos ámbitos como la agricultura, el comercio, la vivienda o la inversión va a toparse con resistencias de todo tipo: legales, políticas, burocráticas, etc. Entre 1985 y 1986, el presidente Benŷedid intenta deshacerse de las ataduras que establece la Carta Nacional de 1976, primera fuente de interpretación normativa y referencia ideológica del país. El socialismo y el estatalismo que la Carta consagran frenan la apertura económica que el Presidente desea. Sin embargo, la tentativa de “enriquecimiento” de la Carta no dará los resultados apetecidos, cerrándose con un acuerdo de compromiso entre conservadores y reformadores. Insatisfecho, Benŷedid explorará otras vías para abrir el espacio político y debilitar a sus adversarios.
En 1987, el Presidente amplía a tres el número de candidatos del partido que compiten por un escaño en las elecciones a la Asamblea Nacional. Legaliza una Liga Argelina de Derechos Humanos de carácter oficialista, tras haberse opuesto tenazmente al reconocimiento de otras dos, más antiguas e independientes. En esta misma línea, promueve una ley de asociaciones que será aprobada tras muchas reticencias por el parlamento. Dicha ley rompe el monopolio que el partido único tenía hasta entonces para la creación de asociaciones. Asimismo, aligera los trámites y simplifica los requisitos para la formación de organizaciones sin ánimo de lucro
Esta modesta apertura a la vida asociativa no impedirá a las autoridades argelinas llevar a cabo una intensa represión contra los opositores de dentro y fuera del país. En Francia, las fuerzas de seguridad de este país colaboran activamente con Argel en el hostigamiento a dos partidos en el exilio, el MDA de Ben Bella y el FFS de Ait Ahmed. Una y otra vez, sus periódicos son cerrados y sus militantes detenidos bajo la acusación de planear acciones terroristas. En abril de 1987, el abogado Ali Mecili, próximo al FFS, es asesinado en París. El gobierno francés arresta y extradita inmediatamente a Argel al presunto asesino que nunca después sería juzgado. La oposición atribuye el asesinato a la “seguridad militar” argelina. En casa, el régimen prosigue expulsando del partido y de las organizaciones de masas a numerosos sindicalistas y militantes de izquierdas valiéndose del artículo 120 de los estatutos del FLN. Igualmente, son perseguidos los disidentes del movimiento bereber agrupados en el Movimiento Cultural Bereber, MCB y en la organización de los hijos de los mártires de la guerra (“Comité des fils de Chouhada”). Defensores de los derechos humanos, activistas por la igualdad de las mujeres y militantes islamistas padecen el mismo trato. Muchos son vigilados, interrogados y encarcelados por razones políticas. Algunos son enviados a campos de detención en el Sahara, donde las condiciones de internamiento son penosas.
En el plano económico, el gobierno intenta relanzar las reformas haciendo aprobar entre finales de 1987 y principios de 1988 un paquete de medidas sobre la agricultura y la autonomía de la empresa pública. En diciembre de 1987, una parte de los Dominios Agrícolas Socialistas, DAS, son convertidos en cooperativas. La nueva ley permite a grupos de cooperativistas (de un mínimo de tres personas) adquirir previo pago los derechos de usufructo de las tierras públicas (DAS) y cederlos a otras personas. Pueden del mismo modo comprar los medios de explotación y disponer de la producción con libertad. Por otra parte, se toma la significativa decisión de abolir el Ministerio de Planificación. Lo sustituye un Consejo Nacional de Planificación que asume sólo una parte de sus funciones. En enero de 1988, la misma idea del Plan de Desarrollo plurianual es revisada. El Plan pierde su carácter imperativo y operacional y pasa a ser un simple instrumento de orientación para el gobierno. Al mismo tiempo, las compañías públicas reciben autonomía para formular sus propios planes de empresa a medio plazo en sintonía con los objetivos del plan nacional. Más importante aún, esta serie de leyes aprobadas el 12 de enero configura los elementos internos y externos de la autonomía financiera y de gestión del sector público. El rol del Estado deja de ser el de gestor directo de las empresas públicas y pasa a ser el de propietario de los Fondos de Participación de las mismas. Dichas empresas, dotadas de órganos de dirección independientes, son llamadas a actuar de manera eficaz y rentable en un contexto de libre mercado. Para crear un entorno propicio, se adaptan los códigos de comercio, finanzas, banca e inversión (Z. Daoud y M. Chantal, 1988: 87-88).
3.1.2 CRÓNICA DE LOS HECHOS
El año 1988 arranca pues con estas reformas económicas y con la convocatoria del VI Congreso del FLN para el mes de noviembre. El Presidente nombra a los integrantes de la comisión preparatoria del congreso para el que se anuncian importantes cambios: renovación del Comité Central, reducción del Buró Político, modernización acelerada del ejército y del partido, nuevo código para la administración local y una profundización de la autonomía de las empresas (Lavenue 1993a: 17). En primavera cristaliza un clima de entendimiento entre los países del Magreb que se traduce para Argelia en el restablecimiento de relaciones diplomáticas con Marruecos. En junio, se reúnen en Argel los cinco jefes de Estado y sientan las bases de la futura Unión del Magreb Arabe, UMA. Pese a este éxito diplomático que la mayoría de la población celebra, el verano de 1988 vendrá acompañado de un sentimiento generalizado de hartazgo ante las restricciones y penurias que en estos meses se vuelven particularmente molestas: escasez de productos de primera necesidad, cortes de agua, retrasos burocráticos y miseria cultural y de entretenimiento de la juventud.
Varios escándalos que comprometen directa o indirectamente al Presidente salen a la luz. En uno de ello está implicado su hijo, en el otro, militares cercanos a su entorno (caso de la OCREF1). Benŷedid monta en cólera y en un discurso ante los responsables regionales del
partido y del Estado arremete contra aquéllos que paralizan las reformas a los que insta a sumarse a ellas o a hacerse a un lado. Ataca directamente a quienes difunden rumores y causan problemas, en alusión a los escándalos que se habían destapado anteriormente. Promete reformas para el año siguiente, presumiblemente después del Congreso del partido, como remedio a los “fenómenos negativos que se han observado en todas partes durante el verano” (Daoud y Chantal, 1988: 83-84).
Unos días después estalla un movimiento de huelga en el centro industrial de Ruiba-Regaia, cerca de Argel. El desencadenante es la supresión de una prima de escolarización justo cuando va a comenzar el curso escolar. Pronto, otros centros industriales del este y el oeste del país se suman al paro que es secundado por el servicio de correos de la capital (día 2). El día 4 por la tarde, hay tumultos protagonizados por adolescentes en las barriadas periféricas de Argel. Cientos de jóvenes dejan los institutos en protesta por la alimentación de los comedores. El día 5, esos tumultos llegan al centro de la ciudad ocasionando la destrucción y el saqueo de edificios públicos, autobuses, galerías comerciales del Estado y tiendas consideradas de lujo. Extrañamente, la policía no interviene en las primeras veinticuatro horas para poner orden. Ese día y los siguientes, varios individuos en coche o a pie disparan con pistolas contra la multitud, sembrando el pánico entre los presentes. Crece la tensión y se producen revueltas que se propagan a otras ciudades del país. Los altercados dejan los
primeros muertos. A partir del día 6, se instaura el estado de sitio y llegan fuerzas del ejército, compuestas sobre todo por reclutas. Las consignas, poco articuladas, que en los primeros días se escuchan contra el Presidente empiezan a dirigirse contra el FLN. Son atacadas muchas sedes del partido. El día 10 ocurren los hechos más graves. Algunos líderes islamistas que dos días antes se habían sumado al movimiento de protesta llaman a una marcha pacífica por Argel. Ali Belhaŷ que la lidera pide la devolución de los cadáveres de los días pasados. Al pasar por delante de la comisaría central de la policía en Bab el Ued, una mano anónima dispara contra los vigilantes del edificio. La respuesta de las unidades militares que lo protegen es abrir fuego contra la muchedumbre. El ametrallamiento causa 36 muertos y decenas de heridos.
Horas después, aparece el Presidente Benŷedid en televisión para llamar a la calma y anunciar reformas sin precisar su contenido. El discurso, presumiblemente grabado el día anterior, no hace alusión alguna a la reciente matanza. Como en los días previos, la televisión y los medios de comunicación argelinos censuran la cobertura de los hechos. Durante esos días, la población se informa sobre todo a partir de los medios extranjeros (prensa y televisión captada por antenas parabólicas).
Los disturbios se prolongan hasta el día 12 en que el Presidente levanta el estado de sitio y comunica la fecha de un referéndum para la reforma de la Constitución. La violencia cesa súbitamente en todo el país, salvo en Kabilia. El Ministerio de Defensa llama entonces a los directores de prensa para que revisen a la baja las cifras de víctimas dadas por los medios de comunicación extranjeros. El balance oficial es de 159 muertos, 154 heridos y 3743 arrestos, mientras que el de otras fuentes oscila entre 400 y 500 muertos. Se van haciendo públicos los testimonios de torturas ocurridas en el campo de fútbol de Stueli. Los periodistas demandan libertad de información y constituyen un colectivo independiente del partido, el Mouvement des Journalistes Algériens, MJA. Los horribles sucesos de octubre de 1988 dejarán una profunda huella en todos los estratos de la sociedad argelina. Conmocionarán a una opinión pública que no puede aceptar que el Ejército Popular, heredero, como éste dice, del FLN liberador masacre a un grupo de adolescentes. Como tampoco que vuelva a practicarse la tortura que muchos sufrieron durante la guerra de independencia.
Faltando aún un mes y medio para el Congreso del FLN, Chadli retoma la iniciativa en lugar de echarse para atrás o entregar su dimisión. Promulga dos ordenanzas por las que se eliminan los monopolios de actividad de las empresas estatales dando entrada en ellos al sector privado. Así deja clara su voluntad de proseguir con el programa liberalizador. A continuación, cesa al primer responsable del partido Mesa ‘adia y a Lajal Ayat, jefe de la “seguridad militar”, órgano policial y de espionaje del ejército. Asimismo, libera a los detenidos durante la agitación de octubre.
1 Oficina Comercial de Riad el Fath.
El día 3 de noviembre se aprueba en referéndum el primer cesto de reformas prometidas por Benŷedid en el discurso del 12 de octubre. Éstas consisten, por una parte, en reforzar el papel del Presidente recalcando varias veces (tres) su potestad para recurrir al pueblo directamente, evitando así pasar por el partido o la asamblea nacional. El Presidente deja, en cambio, de ser la doble cabeza del partido y del Estado. Por otra parte, se realza la figura del jefe de gobierno. Antes de la reforma, su designación era una decisión opcional para el Presidente y sus funciones no eran sino tareas delegadas por éste. Con la reforma, el jefe de gobierno ha de ser designado obligatoriamente y posee sus propias competencias. En efecto, a partir de este momento, el jefe de gobierno elige a los miembros de su gobierno, elabora su programa de acción y lo defiende ante el parlamento. En cierto modo, la revisión del 3 de noviembre supone una parlamentarización de la vida política del país. Sin embargo, el régimen sigue siendo fuertemente presidencialista y de partido único. El jefe de gobierno permanece muy supeditado al Presidente de la República. Éste lo nombra y lo depone a su libre discreción y el jefe de gobierno no puede oponerse en ningún caso al Presidente porque este último preside su gobierno. El parlamento, además, es impotente ante los poderes desorbitados del Presidente, quien puede disolverlo en cualquier momento. Con la revisión constitucional, el gobierno y el parlamento están llamados a entenderse si no quieren ver cesadas sus funciones. En conjunto, estas modificaciones son cambios menores que no pueden más que dejar insatisfechos a la mayoría. Pero el Presidente ha prometido una segunda ronda de cambios y eso deja las expectativas abiertas. Afortunadamente para Benŷedid, la participación en el referéndum ha sido alta y el voto afirmativo también. Esto lo interpreta como un espaldarazo personal después de la crisis de octubre y una baza de popularidad ante el Congreso del FLN.
Tras el referéndum, el Presidente intentará calmar a sus oponentes nombrando jefe de gobierno a un buen conocido del bumedianismo, Kasdi Merbah. En cambio, en el ejército releva de sus funciones al jefe de Estado Mayor, el general Belhuchet, un pilar del régimen anterior, y deja al mando a una figura más joven, más tecnocrática y menos comprometida con Bumedián como es el general Nezzar. Durante el VI Congreso del partido, Benŷedid apostará todavía por una democratización limitada consistente en mantener un solo partido pero abierto a distintas sensibilidades e incluso a candidatos independientes. Es más, tranquilizará a los congresistas afirmando que “en el estadio actual el multipartidismo constituye una amenaza para Argelia”. Esta posición moderada e imprecisa le sirve para arrancar al Congreso la separación formal del partido y del Estado y su nominación como candidato único del FLN a la presidencia de la República. En el referéndum del 22 de diciembre, Benŷedid será reelegido Presidente por tercera vez con el 81% de los votos y un mandato de cinco años.
Sin embargo, en el espacio que va de finales de noviembre a febrero, el entorno del Presidente va a preparar un nuevo texto constitucional, que remoza de principio a fin la Constitución de 1976 en vigor. El nuevo texto se aparta totalmente de la idea anterior de mantener un partido único con tendencias plurales en su interior. Los borradores constitucionales eliminan las menciones al FLN salvo en el prólogo y reconocen el derecho a crear “asociaciones de carácter político”. De esta manera tan eufemística se sustrae al FLN su condición de partido único y su potestad de controlar el nacimiento de otras fuerzas políticas. En lugar de someter el texto de la Constitución al voto del parlamento como está previsto en el procedimiento de revisión (art. 192), el Presidente opta por la vía del referéndum popular para cuestiones importantes (art. 111). De este modo, elude el engorroso trámite de solicitar a la asamblea del partido único que haga su propio “harakiri” político. La Constitución, de tipo liberal, es aprobada el 23 de febrero y de ella desaparecen las referencias al socialismo y a la Carta nacional. Al no ser mencionada esta última, deviene innecesario proceder a su revisión como se hizo sin mucho éxito en 1986. El papel del ejército es reducido a tareas puramente defensivas. La propiedad privada y otros derechos y libertades son afirmados sin los condicionamientos anteriores y se instituye un Consejo Constitucional para su protección.
A las dos semanas de este cambio de rumbo imprevisto, el ejército abandona su representación en el Comité Central del partido. El país comienza a bullir en el nuevo clima de libertad que comienza a respirarse. Se fundan partidos políticos rápidamente, antes incluso de que se apruebe la ley de asociaciones políticas. Las movilizaciones y demandas sociales se multiplican. Las manifestaciones se vuelven habituales, los periódicos dan cabida a opiniones más diversas y las huelgas se disparan en todos los sectores. En julio, pasa la ley de asociaciones políticas que durante los meses que siguen abre la duda de qué partidos serán autorizados. La decisión queda en manos del Ministerio de Interior y no del Tribunal Constitucional, cuya opinión sólo puede ser solicitada por el Presidente de la República o de la Asamblea. Prácticamente todos los solicitantes obtienen el doble visado consistente en la autorización y legalización como partidos políticos. El Frente Islámico de Salvación es uno de los primeros, detrás del partido comunista (PAGS). Los partidos de la oposición en el exilio (FFS y MDA) son legalizados a finales del año y principios del siguiente. Otros partidos de inspiración religiosa, laica, lingüística o regionalista son igualmente autorizados, en dudosa conformidad con la Constitución y especialmente con la ley de asociaciones políticas que prohibe que los partidos sean fundados o basen su acción exclusivamente sobre estos criterios. Así son autorizados hasta 50 partidos que cumplen los nimios requisitos establecidos por la ley (un mínimo de 15 miembros) y se adaptan a una interpretación laxa de la Constitución. En agosto, el parlamento adopta la primera ley electoral multipartidista, que pese a establecer un escrutinio proporcional introduce un fuerte sesgo mayoritario.
A principios de septiembre, se produce una crisis entre el jefe del gobierno, K. Merbah y el Presidente que lleva a la destitución del primero. Por primera vez en la historia de Argelia, un jefe de gobierno se rebela contra el Presidente y rechaza su cese. Acusa a Benŷedid de violar la Constitución y poner fin ilegalmente a sus funciones. M. Hamruch, secretario general de la Presidencia, lo sustituye y nombra en su gobierno a otros integrantes del equipo de las reformas. Este equipo se había constituido en 1986 por orden del Presidente con la tarea de estudiar con detenimiento una remodelación completa de la economía argelina. Su trabajo se plasmó en los Cuadernos de la Reforma, cuatro volúmenes en los que se detallan los males del sistema económico y los pasos a tomar para su transformación. La llegada pues de Hamruch al gobierno marca, por tanto, la primera oportunidad que tienen los reformadores de aplicar sus planes. El 30 de octubre, se aplazan las elecciones locales previstas para finales de año con el fin de preparar las primeras elecciones pluralistas de la historia de la Argelia independiente. Los nuevos partidos reclaman más tiempo para organizarse y denuncian las ventajas con las que parte el FLN (locales, medios de comunicación, subvenciones del Estado, etc.). En noviembre, se celebra un Congreso extraordinario del FLN en el que, por un lado, vuelven conocidas figuras del bumedianismo que entran al Comité Central, y por otro, se adoptan algunas posiciones islamizantes de la base en la resolución final: necesidad de aplicar la shariy‘a y de eliminar la enseñanza mixta.
El año 1990 se inicia en la tónica de los meses precedentes, caracterizada por la crisis económica, la aceleración de las reformas y un palpitante movimiento social. Además, se registran algunas muestras de intolerancia y actos de violencia. En 1989 y 1990 diversos robos de canteras y empresas de explosivos permiten perpetrar las primeras acciones armadas desde el desmantelamiento del comando de Buyali en 1987. En marzo, Benŷedid convoca elecciones municipales para el mes de junio. Así se da el pistoletazo de salida a una