2.2. El marco teórico
2.2.1. El sistema político y su funcionamiento
El enfoque sistémico comienza a ser utilizado en las ciencias sociales a partir de los años cincuenta y sesenta procedente de las ciencias naturales. Su origen hay que situarlo en un largo debate entre vitalistas y reduccionistas acerca del estudio de los cuerpos físicos y de los organismos vivos. Durante mucho tiempo se pensó que los cuerpos y los seres vivos eran objetos de estudio muy distintos. Pero el desarrollo de la termodinámica a mediados del siglo XIX acercó notablemente las ciencias físicas y biológicas hasta el punto que hizo inevitable plantearse si ambas disciplinas podían regirse por las mismas leyes. Los reduccionistas así lo creían insistiendo en que el funcionamiento de los seres vivos complejos podía ser extrapolado a partir de los procesos físico-químicos de sus partes más sencillas, las células. Frente a ellos, los vitalistas sostenían que en los organismos había un impulso, una especia de voluntad de existir que estaba ausente en la materia inerte y en las células. Ludwig von Bertalanffy, un biólogo austríaco trascendió con sus hallazgos este dilema al constatar que la misma materia contenida en una mezcla de sustancias químicas se comportaba en contradicción con las leyes del equilibrio de la termodinámica y parecía tender por sí misma – como si tuviera voluntad propia – hacia un nuevo estado de reposo, distinto del inicial y del que cabía predecir. Esto le sirvió para postular que la materia inorgánica y los seres vivos tenían más en común de lo que los vitalistas creían pero también algo que era distinto a lo que los reduccionistas pensaban, esto es, una propensión global a persistir y a autoregularse de acuerdo a una dinámica o principio interno (Rapoport, 1976: 704-705).
La aportación de Bertalanffy y otros organicistas sistémicos después de él no fue negar la existencia e incidencia de las leyes físico-químicas de las moléculas, sino resaltar que todos los sistemas ya fueran mecánicos, biológicos o físico químicos tenían unas propiedades básicas comunes vinculadas al mantenimiento y la reproducción, y que esas propiedades no podían ser deducidas del comportamiento de las partes. Este esfuerzo unificador de Bertalanffy tuvo éxito inmediato y fue trasladado a los sistemas sociales de la mano de los conductistas y de los funcionalistas. La teoría general de sistemas presentada por Bertalanffy15 ofrecía dos
importantes atractivos a los estudiosos de la sociedad. Por un lado, la cientificidad y por otro la universalidad. Al sugerir un estudio sistémico de la sociedad, Bertalanffy ponía al alcance de las ciencias sociales un marco teórico y un plan de investigación cuyo status científico era
15 Entre 1956 y 1962, L. von Bertalanffy publicó varios artículos en revistas especializadas esbozando su
teoría general de sistemas que expondría más tarde en su obra General Systems Theory. Foundations, Development, Applications, Nueva York, 1968. Hay edición en castellano de esta obra (Fondo de Cultura Económica, 1976, 14ª reimpresión en 2002) y de dos de sus obras tituladas Tendencias en la teoría
indiscutible por proceder de las ciencias naturales. Por otra parte, ese diseño científico postulaba la existencia de leyes y procesos comunes a todos los sistemas, ya fueran mecánicos, biológicos, físico-químicos o sociales. Si esto era cierto, sociólogos, antropólogos, economistas y politólogos sólo tenían que encontrar las categorías y dinámicas adecuadas para comparar todas las sociedades del presente y el pasado. El estímulo era considerable máxime si consideramos el ansia por conocer las decenas de pueblos que en los años cincuenta y sesenta alcanzaron la independencia. Las universidades occidentales y especialmente estadounidenses estaban deseosas de desarrollar ambiciosos modelos y aparatos de medición cuantitativa para poner a prueba en las naciones emergentes.
El conductismo y el funcionalismo también hicieron posible la transferencia de la teoría general de sistemas a las ciencias sociales. El primero, gracias a su énfasis en las regularidades y en las acciones directamente observables. E igualmente por su concepción del comportamiento individual como una respuesta más o menos reflexionada16 a un estímulo previo. El segundo, al remarcar la interdependencia de las funciones y su efecto positivo para la supervivencia de los sistemas sociales. Por su parte, el estructuralismo y la cibernética acabaron de perfilar los rasgos del modelo sistémico de las sociedades. La estructuras habían de ser los soportes y ejecutores de las funciones, mientras que las interacciones sociales eran percibidas como intercambios de información en un sistema nervioso y dotadas de mecanismos de retroalimentación.
Como todos los enfoques, el sistémico posee una serie de ventajas e inconvenientes. Entre las ventajas, destacamos que permite ordenar realidades muy complejas, resaltar las regularidades para poder entender hechos aislados, relacionar acontecimientos aparentemente sin conexión y distinguir cambios sustanciales y de largo alcance de otros marginales y pasajeros. Entres sus inconvenientes encontramos la dificultad de reducir complicados procesos a simples ecuaciones o principios, la necesidad de usar categorías demasiado amplias para que puedan ser universales y la fijación con la persistencia del sistema que puede ocultar cambios importantes a menor escala. Pero el defecto criticado con más pertinencia y que hemos tratado de remediar en nuestro propio modelo es la presunción de que existe un conjunto de valores dominantes compartido por todo el sistema (por la sociedad igual que las autoridades), así como un funcionamiento homogéneo y automático de las estructuras de decisión ante los estímulos que reciben. En su afán por sintetizar intrincados flujos, los teóricos de los sistemas sociales tienden a asemejar esos sistemas a organismos de respuesta instintiva, soslayando el margen de libertad y las contradicciones de las estructuras de decisión.
general de sistemas y Perspectivas en la teoría general de sistemas, Alianza Universidad, Madrid, 1978 y 1979 respectivamente.
Los fundamentos del modelo de sistema político tal y como lo desarrollaron sus pioneros – Parsons, Easton, Almond, Mitchell y Apter – puede resumirse así: las acciones políticas son un tipo de acciones sociales cuyo significado como el de éstas viene dado por una comunidad de sentido. Las acciones políticas poseen además un significado propio que las diferencia de otras acciones (económicas, culturales, etc.) y deriva de su ordenación de acuerdo con pautas interdependientes. Los roles y normas implican pautas esperadas de comportamiento, como las que asociamos a los roles de juez o acusado, o a instituciones como un tribunal de justicia. Estos referentes de acción se agrupan formando subsistemas (judicial, electoral, etc.), que a su vez componen el sistema político. Éste es un sistema abierto a las interacciones con el ambiente, a otros subsistemas sociales y a otras sociedades. Para sostenerse, los sistemas políticos realizan una serie de funciones básicas de funcionamiento junto con otras menos esenciales. Estas funciones globales son algo superior y distinto a la suma de las partes y no pueden ser deducidas de ellas. Por el contrario, las partes se relacionan según reglas propias pero obedecen en última instancia la lógica global del sistema.
A continuación desarrollamos un esquema teórico del funcionamiento, la crisis y el cambio de un sistema político. En este esquema empleamos algunos de los conceptos más aceptados del estudio sistémico de la política, pero los elaboramos de manera original. La intención es que el esquema refleje las dinámicas propias del caso en cuestión, sin perder al mismo tiempo su validez general.
2. 2.1. b) Contenido del sistema político
El sistema político es un subsistema cuyas interacciones adquieren significado con referencia al poder político. Es un subsistema como lo son también el subsistema cultural, el económico y el social, con los que está relacionado (ver el Cuadro 2.6). Las interacciones políticas se agrupan a su vez formando sistemas más pequeños, compuestos por roles, normas y estructuras que ejecutan funciones. Es posible que el sistema político sea un sistema imperfecto por cuanto sus límites no están bien perfilados,17 pero posee un contenido propio que es el poder político. El poder en sentido general es la capacidad que tiene un sujeto de modificar la conducta de otro con un determinado propósito sobre algo que ambos consideran valioso. El poder así definido tiene un componente persuasivo, otro coactivo y otro retributivo.18
El poder político en particular, y para diferenciarlo de las variedades de poder social,19 es el
17 A diferencia de los sistemas físicos o naturales que poseen límites claramente definidos.
18 Ver por ejemplo la entrada del Diccionario de ciencia política de Pasquino, Matteuci y Bobbio de
“poder”, en la que se enumeran los distintos modos del ejercicio del poder, p. 1196 (Stoppino, 1994) y más claramente Bouza Brey, 1996, p.41 que habla de tres fuentes del poder: la coerción, la persuasión y la retribución.
19 Hemos tomado esta diferenciación por evolución histórica entre poder social y político de L. Bouza-
Brey (1996: 42-57). Otros autores como J. Blanco y N. Bobbio también la mantienen (Blanco, 1977: 155 y 163 y Bobbio, 1998: 104-105 y 110-113).
poder que se utiliza para la influencia, dirección y organización de los asuntos públicos.20 El que se emplea para modificar la conducta de los grupos e individuos con respecto a los bienes y actividades públicos. De modo que lo que distingue al poder político de las demás formas de poder social es el fin para el que se emplea no quién lo emplea. Puede por tanto ser ejercido por distintos sujetos y sus componentes variarán ligeramente sin que por ello deje de ser poder político: si es el Estado el que lo ejerce, entonces ese poder político contiene potencialmente los tres componentes mencionados (coacción, persuasión y retribución), mientras que si lo ejercen órganos no coordinados del Estado u otros sujetos que normalmente ejercen sólo poder social, entonces ese poder político tenderá a poseer uno o algunos de esos componentes pero casi nunca todos a la vez. Así por ejemplo, el poder de las FFAA es coactivo, el poder de la banca es retributivo, el poder de los intelectuales, persuasivo, el sindical principalmente retributivo y así sucesivamente.
2. 2.1. c) Autonomía y límites de lo político
El poder en general y el poder político en particular son objetos relacionales, flujos más que objetos propiamente dichos y por tanto elementos difíciles de capturar. De ahí que sus límites, sus utilizadores y receptores no siempre sean los mismos, ni estén claros en todo momento. Aun así, lo político posee una razón de ser más o menos decantada histórica y geográficamente que lo distingue a la vez que lo enlaza con la economía, la moral y la religión. En determinadas zonas del planeta una evolución histórica sostenida parece haber llevado a una especialización de la política, a una aparición de roles marcadamente políticos y a una concentración de esos roles en un centro de poder político. Fruto de ese devenir, la política acabó siendo una actividad relativamente autónoma, con una justificación propia y una meta de satisfacción de lo colectivo por cumplir. Históricamente se fue desligando de roles tradicionalmente asociados a lo político como los de hechicero, sabio o guía espiritual. Igualmente, la actividad de gobernante se fue separando de tareas como la distribución de bienes, la organización de la guerra y la justicia, que recayeron en instituciones específicas. El proceso de diferenciación de la política tuvo dos vertientes, una cultural y otra estructural (Bouza-Brey, 1996: 43-44). La diferenciación cultural se manifestó en la independencia progresiva que fue adquiriendo el ámbito político respecto a la moral y la religión. En el Renacimiento, pensadores como Maquiavelo consagraron una corriente de pensamiento que deslindaba el ejercicio del poder de consideraciones morales y hacía del poder un fin en sí mismo. Un siglo después, los monarcas europeos acordaban en la paz de Westfalia la primacía de la soberanía territorial sobre las cuestiones de fe. La diferenciación estructural se evidenció en la aparición de órganos más específicos para la dirección, organización e
20 El poder ha sido tradicionalmente definido, según se tratara de la escuela realista o idealista, bien como
una capacidad de influenciar la conducta, bien como una capacidad de actuar concertadamente para lograr fines colectivos (R. del Aguila, 1997: 22 y 23-34). Nuestra definición intenta recoger ambos aspectos, el
influencia de los asuntos públicos como fueron la hacienda pública, el Consejo de Estado, los modernos parlamentos o los partidos políticos.
Pese a esa creciente autonomía de lo político, los contornos del sistema político siguen siendo borrosos. Ello se debe a la naturaleza del poder y a su doble vertiente social y política. Puesto que los elementos que definen un sistema político son inseparablemente el poder y los asuntos públicos, resulta inevitable que el poder social y el político se entremezclen. En efecto, el poder del tipo que sea y lo posea quien lo posea puede convertirse en poder político si se usa para dirigir los asuntos públicos; dicho de otro modo, el poder social puede transformarse en poder político. Por tanto, ejercen poder político también actores que no son políticos y cuyos objetivos no son primordialmente políticos, como la patronal, los medios de comunicación o las organizaciones religiosas. Esto hace que los medios para ejercer poder político no sean sólo los canales formales (instituciones políticas), sino también los cauces informales donde se superponen lo público y lo privado. Estos últimos son tan importantes como los primeros. Por otra parte, el poder político va dirigido y alcanza a toda la comunidad, independientemente de que sus miembros participen o no de él. Todos los miembros de la comunidad son receptores del poder por mucho que no utilicen los recursos políticos de que disponen. Es decir que el poder se experimenta siempre pasivamente y a veces de forma activa. Por consiguiente, un modelo de sistema político debe englobar a toda la sociedad que recibe la acción del poder, pero debe especificar las áreas activas de ese conjunto, las áreas donde en cada momento se ejerce el poder político.
2.2.1. d) Componentes de un sistema político
Los componentes y espacios que cabe distinguir dentro de un sistema político son los siguientes (ver Cuadro 2.7): el más amplio o comunidad política (abarca a todo los sujetos sobre los que se ejerce nominalmente poder político y que a su vez tienden a identificarse con una autoridad suprema común); los grupos con poder social (colectivos organizados como la banca, la patronal, los sindicatos, las ONG, las asociaciones religiosas y culturales, etc., a la cabeza de los cuales están sus representantes o élites sociales); el espacio político (arena que bordean o en la que entran y salen los grupos con poder social o sus líderes y donde se mueven los actores netamente políticos, como son los políticos profesionales, los partidos políticos y los intelectuales orgánicos.21 Es el terreno también de los moduladores de opinión y
21 Empleamos a propósito la expresión gramsciana de “intelectual orgánico”, es decir, el intelectual
asociado a una clase o categoría social, esté o no encuadrado en el régimen. Para Gramsci, todos las categorías sociales han contado a lo largo de la historia con un grupo de pensadores dispuestos a legitimar su posición y aspiraciones. Esto es válido tanto para la burguesía (con sus técnicos de la industria) como para el proletariado (con sus sindicalistas, revolucionarios profesionales, etc.). El intelectual orgánico de la burguesía se encarga de justificar la hegemonía social de las clases dominantes, de crear el consenso entre las clases dominadas sobre la conveniencia de las estructuras de poder vigentes. Ver A. Gramsci, 1967: pp. 22 y 30-31.
debate político, es decir, de los medios de comunicación. Finalmente, dentro del espacio político hallamos al régimen. Está integrado por las instituciones y aparatos del Estado, las normas y valores vigentes, y las autoridades o élites dirigentes agrupadas en torno al gobierno, órgano que responde en última instancia de sus decisiones.
Habría que entender que existe un núcleo duro del sistema político y una serie de círculos concéntricos formados por espacios de intersección entre la sociedad y el Estado, la sociedad política. La inclusión de la oposición y de los actores sociales (sindicatos, patronales, empresas transnacionales) en el proceso de asignación del sistema político, no significa que todos estos actores actúen con unidad de intereses ni mucho menos, al contrario la lucha de intereses entre ellos y con el aparato estatal es consustancial al sistema político. Como lo son también una serie de principios comúnmente aceptados para resolver las diferencias sin acudir a la violencia (negociación, presión, huelgas, cierres patronales, desinversión, etc.). Las luchas de los actores sociales dejan de ser funcionales cuando -- y éste es un límite difícil de definir a veces – tienen el efecto de interrumpir gravemente el proceso de asignación e incluso hacen peligrar la pervivencia del sistema.
En el núcleo duro del sistema político moderno habría que situar al régimen y dentro de éste al Estado como elemento destacado. El hecho que hace posible la existencia del Estado y la de cualquier otra forma política es la extracción de excedente de la sociedad.22 Efectivamente, el Estado moderno nace asociado a la necesidad de crear y mantener grandes ejércitos y de recaudar para ello impuestos suficientes y regulares. Ese nacimiento tiene lugar en un período de crecimiento demográfico y acumulación comercial precapitalista que genera nuevas demandas y un excedente considerable. Es una época en la que las fuertes conflagraciones políticas y militares llevan a los príncipes a concentrar el poder en nuevas entidades.23 El
Estado es pues una forma política delimitada históricamente que surge en Occidente al final de la Edad Media y principio del Renacimiento. Ese Estado moderno va a ir evolucionando y a difundirse por todo el mundo de la mano de los imperios occidentales. Hasta tal punto que hoy en día el Estado se ha universalizado por completo tanto como modelo organizativo como aspiración política de los pueblos.
2.2.1 e) El Estado y el régimen político
El Estado es singular y distinto a otras formas políticas no porque sea burgués sino por una serie de características y de relaciones que le unen a la comunidad política. Nos apartamos pues del énfasis que algunas escuelas han puesto en subrayar que es el carácter burgués o
22 El contrato social es un artificio del iusnaturalismo racionalista ideado con posterioridad a la creación
de los primeros Estados, y por tanto a la extracción de excedente, para dar un nuevo contenido a la obediencia de los gobernados hacia los gobernantes.
capitalista lo que distingue al Estado actual de otras formas políticas anteriores. Creemos que el rasgo burgués no aporta ningún elemento diferencial al hecho de que la mayoría de las organizaciones políticas han priorizado unos intereses sociales sobre otros y se han apoyado preferentemente sobre unos sectores de la población.24 Pues bien, el rasgo que distingue al Estado moderno frente a la poliarquía medieval y otras formas anteriores es la combinación de los siguientes elementos:25 1) la existencia de una relación política entre gobernantes y gobernados que a diferencia de las medievales no se basa en vínculos personales sino territoriales; 2) la unificación de las jurisdicciones civiles y religiosas bajo un ámbito político o de soberanía; 3) la institucionalización del Ejército, la administración y la hacienda como cuerpos profesionales estables; 4) la lenta despatrimonialización del poder; 5) finalmente, la dilución de la legitimación divina del poder y su reemplazo progresivo por la creencia en la autonomía del individuo y su corolario, la soberanía popular. Estas constataciones sobre la naturaleza del Estado tienen a su vez una serie de implicaciones sobre el régimen político y su