2 Híbrido cultural de resistencia Estructuración teórico–metodológica
2.1 El devenir en la construcción del híbrido cultural de resistencia
2.2.3 Lucha por la producción de sentidos
2.2.3.3 Creatividad, resistencia y otros posibles
Quien crea, crea para sí y para la vida. Crear es un ejercicio político. Martha Ospina Espitia Una de las críticas que recae sobre el concepto de híbrido o hibridez, puesto en el juego de los estudios sociales y de las culturas, se ubica en su nacimiento en las ramas de la biología, donde comúnmente se considera que los híbridos son estériles, es decir que la hibridez está imposibilitada para crear nueva vida. Esta concepción biologicista del
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término es usada por críticos que defienden que hablar de culturas híbridas es hablar de culturas estériles; por eso el término debería ser superado y no ser usado en los escenarios de los estudios sociales y culturales nunca más. Pese a esto, desde las mismas ramas de la biología la idea de que todos los híbridos son estériles ha sido superada, comprobando que en efecto en la naturaleza existen híbridos naturales de animales y plantas que son fértiles, a ello se suma que, en determinados casos, resultan ser especies mejor adaptadas y más fuertes (Pinheiro, 2010).
Argumentar que el uso del concepto de híbrido o hibridez perdió su fecundidad descriptiva y explicativa del mundo social, es tomar una postura que desconoce la enorme cantidad de investigaciones sociales que aún reflexionan y producen conocimiento tomando dichos conceptos como ejes centrales de sus apuestas académicas. Dentro de todas estas propuestas, se tomó como referencia la investigación y trabajo doctoral de Xavier E. Adrien, la cual ha titulado “Música y transformación social en las comunidades indígenas de Sicalpa: una propuesta metodológica híbrida de investigación”, aprobada por la Royal Holloway University of London, lo cual indica que las apuestas teóricas alrededor de las hibridaciones culturales siguen vigentes en círculos académicos a nivel de doctorados internacionales.
En consecuencia, a través de una vía contraria a las voces críticas que apelan a la biología para desestimar el uso del concepto de híbrido o hibridez en los estudios sociales y culturales, la creatividad, en la categoría de híbrido cultural de resistencia, ocupa un lugar central; además resulta ser un ejercicio determinante y a su vez una de las mayores potencias para la consolidación de ejercicios de resistencia en individuos y grupos sociales.
La creatividad como ejercicio de resistencia se instala directamente en la dimensión estética de sujetos y comunidades. Su operatividad pasa necesariamente por aspectos éticos abordados ampliamente por Foucault en donde la “ética de sí” lleva a los sujetos a pensar y abordar “el cuidado de sí”, a “sentirse preocupados, inquietos por sí” (Foucault, 2008). Un retorno al “dominio de sí” implicaría retar los “regímenes neoliberales de subjetivación” orientados a lograr la “docilidad de los sujetos” (Bedoya, 2018) y a diseñar seres separados de sí, parias de sí.
La ética neoliberal moldea a los sujetos y hace de los deseos una necesidad diseñada por los modelos empresariales, “originando con ello un sujeto que pone el goce como su
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centro, cuyo límite está siempre más allá de sí mismo” (Bedoya, 2018, p. 70). Estos modos neoliberales de subjetivación insertan a su vez unas “categorías de percepción” (Bourdieu, 1997) a través de las cuales los sujetos se relacionan con el mundo y desean
sobre el mundo; a ello se le debe sumar el aplanamiento de la vida, la inserción del régimen de continua inseguridad, la obsolescencia del ser, el individualismo como práctica de vida ante un mundo lleno de competidores y rivales a ser derrotados y demás consecuencias del neoliberalismo.
Los análisis que realizan autores como Le Blanc (2004; 2010), Canguilhem (1981) y Bedoya (2018) alrededor de los modos y regímenes de subjetivación elaborados por la racionalidad neoliberal, presentan como resultado la constitución de sujetos normados y aplanados; homogéneos y universales –como lo deben ser según las normas neoliberales–; elementos dóciles, cuerpos disciplinados para mantener en funcionamiento el régimen de posible/realización; en este punto, las nociones de creatividad cobran unos sentidos más amplios y, como respuesta a los regímenes neoliberales de subjetivación, el gobierno de sí se presenta como posibilidad para la construcción de sujetos con dimensiones estéticas–subjetivas resistentes.
Vemos, entonces, aparecer el rostro concreto del gobierno de sí en el sujeto creador de posibles y, por lo tanto, de formas de vida […] Entonces, ante una ética heteronómica propia del ser gobernado por otro, el gobierno de sí deja ver un ethos creativo de formas de vida que se opone a ella y que se nutre del remanente subjetivo de lo–otro, generando siempre nuevos “posibles” en la experiencia del individuo (Bedoya, 2018, p. 319-321).
En consecuencia, nos adentramos en unas concepciones de la creatividad que apuestan por una ética y un gobierno de sí, a partir de los cuales se constituyan sujetos creativos capaces de replantear y reelaborar las relaciones humanas y con el mundo. Esto demanda romper con el régimen neoliberal que imprime el valor de la competencia en todas las relaciones humanas, por tanto, el otro debe dejar de ser visto como rival para empezar a configurarse como un ser humano con quien se pueden tejer relaciones de confianza, de destinos compartidos; y, como defiende el profesor Bedoya, relaciones de amistad, que es una respuesta a los regímenes neoliberales del individualismo– competencia.
En efecto, lo anterior conduce a unas perspectivas desde las cuales los sujetos y grupos sociales, con potencia de resistencia, son aquellos que están en la capacidad de crear
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demandan arrebatarle el presente a las maquinarias neoliberales de sujeción para hacer de la vida algo significativo, lo que tiene efectos directos sobre el futuro de individuos y grupos sociales. Así las cosas, los seres humanos creativos poseen la capacidad de reconfigurar las relaciones consigo mismo, con los otros, con el mundo, el pasado, el presente y con el futuro. La resistencia creativa sería entonces una continua lucha por la construcción de presentes significativos y la proyección de mejores futuros, donde el epicentro de la vida es la vida misma.
El efecto de esto es que el ethos creativo rescata el tiempo vivido, los gestos, las emociones, los anhelos, las búsquedas, el espacio habitado, la interrogación, la irreverencia y la unidad de poiesis y praxis en el proceso de producirse a sí mismo (Bedoya, 2018, p. 323).
De las resistencias creativas emerge un elemento característico relacionado con la creación de iniciativas educativas alternativas, las cuales son imprescindibles, tanto para la transmisión de conocimientos y saberes otros, como para la constitución y reconfiguración de unidades simbólico–emocionales y categorías de percepción que desatiendan los regímenes de veridicción y las lógicas neoliberales aplanadoras de la vida. Las resistencias creativas–no violentas conllevan la naturaleza de las revoluciones simbólicas.
En conclusión, lo anterior permite reconocer la naturaleza política de la creatividad, la cual amplía sus dimensiones en territorios donde la guerra ha obligado a individuos y grupos sociales a buscar alternativas para resistir el embate de los grupos armados ilegales. En lugares donde impere la muerte y la desesperanza, los sujetos creativos harán frente y resistirán a la muerte. En territorios donde retumben los sonidos de las armas bélicas y el doloroso llanto se instale como paisaje sonoro, los sujetos creativos buscarán la manera de hacer que la música resuene y que las personas canten y bailen a modo de ritual –consciente o no– de afirmación de la vida.