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3 Violines caucanos, potencia de resistencia y afirmación de la vida

3.5 Música como resistencia a la guerra

3.5.3 Edier Solís

El fragmento de la historia de vida de Edier Solís que se tomará, inicia en el momento cuando su vida se entrecruza con la de la señora Graciela Larrahondo, instante mismo que empezaría a definir un nuevo futuro, uno heroico, que resultaría dándonos lecciones de resistencia, lecciones de vida.

Hacia el año 2000, cuando la fundación Ambientarte había llegado a brindar su apoyo a la iniciativa de la señora Graciela Larrahondo con la que buscaba evitar que niños y jóvenes fueran reclutados por los grupos paramilitares, Edier era un joven que cursaba los últimos años de colegio. Fue en ese momento que se enteró que un grupo de profesores había iniciado un proyecto de educación artística y que estarían enseñando guitarra y algunos otros instrumentos.

Edier comenta que desde muy joven se había inclinado por la música; años en los que una guitarra vieja era el instrumento que lo acompañaba. Un dato que resalta es que sus padres escuchaban baladas, de ahí se entiende que algunas de sus composiciones no se ajusten a aires musicales tradicionales y sean más cercanas a este tipo de música. Con referencia al lugar donde se realizaban los talleres de música, vereda San Marcos, el lugar donde vivía y aún vive Edier, la vereda Munchique, quedaba en el opuesto

70 Es importante resaltar cómo en este contexto la señora Graciela habla de poner en práctica los dos

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geográfico, por lo que al salir del colegio se iba en bicicleta hasta San Marcos71. Allí, dentro de los objetivos del taller, se impulsaba la creación de canciones referentes al medioambiente y su cuidado, pero, comenta textualmente Edier, “curiosamente, todas las canciones que salían, eran contra la violencia, que era lo que estábamos viviendo en ese momentico […] de ahí salió la canción de Chela, Los que andan con el fusil” (Solís, 2019c, 09:04).

Lo mencionado anteriormente, da cuenta de cómo la violencia había dado forma a las categorías de percepción de una buena parte de individuos y grupos sociales de esa zona, sin embargo, es también una muestra de las necesidades que tenían las personas para expresar su rechazo a estos grupos ilegales de una manera que no se pusiera en riesgo su vida.

Los años siguientes Edier compuso una buena cantidad de canciones en rechazo a la violencia y a los daños ambientales, de las cuales se quiere resaltar “Todo volverá”, una canción en la que nuestro entrevistado recuerda las historias de las riquezas naturales que, le contaba su abuelo, existían en ese territorio y que con el tiempo fueron destruidas. Esta canción fue grabada en el año 2001 e interpretada por 22 grupos musicales de varias regiones del Cauca, convirtiéndose en ese momento en un himno caucano a la naturaleza.

Otra canción que se referencia, es “Canto a la paz”, la cual figura como una composición de José Caniquí pero a la que Edier le hizo arreglos sustanciales. Esta canción ganó en la categoría de mejor canción inédita en la versión del Petronio del año 2010. Más adelante se hará mención a más composiciones72 de nuestro entrevistado, sin embargo se toman de referencia estas canciones porque significaron un reconocimiento y auto convencimiento que sus composiciones y sus letras tenían un gran valor, y,

71En este punto del relato no se logró especificar si los talleres de música continuaron en la vereda San

Marcos o si se empezaron a realizar en el centro urbano de Buenos Aires. La presentación que se hace en el texto responde a los indicios que dieron los entrevistados sobre el lugar en que continuó el espacio educativo.

72 De nuevo es necesario hacer manifiesta la dificultad para hallar material sonoro de algunas canciones

referenciadas, no por se considera que no debieran ser reconocidas como importantes. Como un esfuerzo por saldar el poco material sonoro, se adjunta un enlace en el que puede escucharse una canción compuesta por Edier Solís. La canción lleva por título “Munchique”, inspirada en la vereda en la que Edier ha vivido desde su infancia y la cual ha sido propuesta para ser el himno de dicha vereda. En la grabación que escucharán siguiendo el enlace, participan los dos hijos de nuestro entrevistado.

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expresaban mensajes con efectos sociales; lo que redundó en su decisión de empezar a hacer parte de los procesos organizativos de su comunidad y del consejo comunitario. En el fragmento de los procesos educativos presentado en este capítulo, se mencionaron las labores educativas que empezó a realizar Edier; así mismo fueron mencionadas las iniciativas de sistematización de saberes y prácticas culturales tradicionales que él adelantaba y el proceso de escritura de un libro en el cual trabaja actualmente, aspectos que nos ayudan a entender por qué ese Edier músico, compositor, profesor, replicador cultural e investigador empírico de los saberes y acervos histórico – culturales de su territorio, es un líder comunitario sobresaliente; además adelanta sus iniciativas sociales como miembro activo del consejo comunitario encargado de la rama cultural del municipio. Como lo diría él, cuando le ofrecieron trabajar en el consejo: “Ahora voy a hacer lo mismo que hacía antes gratis, pero ahora me van a pagar”.

Esta breve contextualización que se ha hecho de la vida de Edier Solís, nos permite contar con una mejor perspectiva alrededor de la importancia de las formas de resistencia a la violencia que ha realizado a través de la música. Reconstruyamos por un momento parte de los actos a través de los cuales los paramilitares habían sumido a la población de Buenos Aires en el miedo y la zozobra.

Además del reclutamiento de los niños y jóvenes para integrar las filas de las AUC, estos grupos impusieron toques de queda que iniciaban a las seis de la tarde (a partir de ese momento el abuelo de Edier le contaba las historias que inspiraron la canción “Todo volverá”). También prohibieron la reunión de grupos de personas, comenta Edier y la señora Graciela que un grupo de más de tres jóvenes se convertía en objetivo militar; los paramilitares ocupaban las casas que se les antojaba, hicieron que una gran cantidad de personas resultaran siendo víctimas del desplazamiento forzado, a tal punto, que el número de habitantes descendió drásticamente.

Iban pasando los señores [los paramilitares] con su fusil y como esos manes, por la noche si los perros salían a ladrar, mataban los perros, eso era una vaina, hacían lo que [querían. Vale resaltar la reacción de rabia del entrevistado] (Solís, 2019c, 09:31). A todo lo anterior se suma que, la llegada de este grupo armado, fomentó la pérdida de una cantidad invaluable de conocimientos ancestrales, debido a que el abandono progresivo de las tierras, al que se vieron obligados los habitantes de las zonas rurales del municipio, así como la imposibilidad de desplazarse a las diferentes veredas, les

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impidió el registro de los saberes y acervos histórico–culturales que aún pervivían en personas mayores.

Además de los daños irreparables que, en materia de riquezas y valores culturales ocasionaron la presencia de este grupo armado, se sumó un intento por despojarlos de la celebración de sus Fiestas de Adoración, de las cuales ya se ha hecho una buena presentación; sin embargo, la reacción de la comunidad respecto de las barbáricas condiciones que habían impuesto las AUC y que pretendían prohibir las Fiestas, nos permiten reconocer una dimensión aún más profunda de estas, una que es también una necesidad de existencia de estas comunidades.

Cómo sería [la crítica situación impuesta por las AUC], que era prohibido hacer las Fiestas [de Adoración]. ¡Pero cómo vamos a dejar de hacer nuestras Fiestas! Y nos arriesgamos [a hacerlas], y a la final, cuando veíamos a esos manes, estaban bailando

fuga con su fusil atravesado (Solís, 2019c, 24:50).

[Pero] también corríamos un riesgo porque ellos se entraban, donde veían que uno estaba haciendo fiesta, ellos se entraban con sus fusiles ahí, en mano, o en la espalda […] y también es un riesgo, porque imagínese una cantidad de gente como la que salía a festejar y ellos ahí armados (Larrahondo, 2019c, 25:06).

Y al muchacho lo mataron porque no les quiso repetir un disco73 (Solís, 2019c, 25:25). Los paramilitares extendieron un amplio manto de miedo, de zozobra y de muerte, arrebatándole la vida a personas de la comunidad, a vecinos, amigos o familiares. Una región que, de un momento a otro, se vio envuelta por la violencia, en la que aquellos que no dejaban sus tierras forzosamente para huir de los grupos armados, se quedaban a resistir; pero también a perder a personas de su comunidad. Si de construcción de categorías de percepción impulsadas por la guerra se trata, lo que han hecho los grupos paramilitares en Colombia, sin descartar otras organizaciones ilegales, es terrible, aberrante, espantoso.

En un país como este, fuentes como los ríos, que sostienen la vida, fueron convertidos por los grupos armados en cementerios, en lugares de dolor; sitios donde peregrina el miedo, donde las personas que perdieron a sus seres queridos, hacen de sus lágrimas parte del afluente. Qué tristes categorías de percepción acompañan a los colombianos cuando las cargas simbólicas que componen las representaciones de los ríos, nos

73Debido al dolor que causaba este relato a los entrevistados, fue evidente que no querían profundizar

sobre este lamentable suceso. En consecuencia, y por respeto a un dolor que ha quedado prendido a la memoria de la señora Graciela y de Edier, no se realizaron más preguntas al respecto.

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remiten a la barbarie y a la muerte, a la desaparición forzada y a unos seres humanos que el dolor los acompañará por siempre.

Si el río hablara…74

Se han hecho […] unos rituales con Plan Internacional, con los consejos comunitarios, con la mesa de víctimas. Se hicieron unos rituales en los ríos y todo, porque es que es muy difícil cuando se va un ser querido, [al] que se le hacía su novena, se le hacía su duelo, sus cantos y sus cosas, y que [debido a su desaparición forzada] no se puede. Entonces quedó todo eso [todo ese dolor] ahí (Solís, 2019c, 26:19).

En un contexto como el descrito, las apuestas simbólicas y sensibles cobran una relevancia notable, porque se configuran como herramientas que posibilitan la realización de duelos que muchas víctimas no han conseguido realizar correctamente; así, se abre la posibilidad de sanar heridas y que aquellos dolores que nunca desaparecerán, sean atenuados y permitan que la vida continúe.

Muchas […] canciones, y poemas, y escritos, a veces son formas de desahogarse, [de expresarse] y de sacar todo eso, aunque [antes] no se podía decirlo a los cuatro vientos, pero sí, escribir y después compartirlo, como que uno [siente] que la carga se aliviana, porque todos estamos [pasando] por el mismo momento, [por la misma tragedia] (Solís, 2019c, 26:51).

Las dramáticas situaciones que se producen en territorios golpeados por la violencia, contrario a cercenar y eliminar las apuestas sensibles, hacen que éstas se constituyan como dimensiones de la condición humana indispensables para sostener la vida y la esperanza. Nuevamente, se expresa que en territorios donde truenan los fusiles, la música debe sonar más fuerte; allí donde los cuerpos son desaparecidos es donde más sentido tiene danzar y donde el color debe cambiar las oscuras realidades.

Las situaciones ocurridas en Buenos Aires han ocasionado que las músicas adquieran unas dimensiones en las cuales la vida resiste a la muerte, por tanto, se da paso al último análisis de esta investigación. Se tomarán como símbolo, dos canciones que, al igual que la de la señora Graciela, están cargadas de unos inmensos significados y se configuran como una de las razones por las que este trabajo ha sido realizado.

Entre la gran variedad de temáticas que Edier ha abordado en sus canciones, existen unas que, según las palabras mismas de nuestro entrevistado, fueron compuestas en medio del dolor de la guerra, como una manera desesperada de desahogo; pero durante

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muchos años debieron permanecer ocultas, ya que por su contenido el compositor podía convertirse en objetivo del grupo paramilitar que hacía presencia en la zona. Los Acuerdos de Paz tuvieron fueron relevantes, ya que por corto tiempo trajeron una verdadera sensación de paz y seguridad a los pobladores, que de la mano de las organizaciones como Corpomúsica o la Fundación PLAN, incentivó a personas como Edier y la Señora Graciela a sacar a la luz canciones que por miedo fueron ocultadas durante casi dos décadas.

Todas esas letras que hace 18 años no se cantaban, hoy las estamos cantando, y aun así no deja de doler, porque eso es como revivir todas esas cosas que vivimos, pero la idea es que todos esos sentimientos no se queden únicamente ahí [en el dolor], sino […] que sea como una resistencia pacífica, esa es la verdadera resistencia (Solís, 2019c, 25:39). Hoy tristemente los grupos paramilitares están regresando a la zona, amenazando a líderes comunitarios, haciendo o amenazando con hacer presencia en zonas rurales como el cerro La Teta, así de nuevo el temor y la precaución se instalarán en los habitantes de la zona, a tal punto que una canción de Edier titulada “Me duele”, continúa oculta por razones de seguridad.

La amenaza del retorno de los tiempos de zozobra y miedo, hace que canciones como “¿Dónde están?” y “Yo no me voy” se erijan como símbolos de resistencia de inmensa magnitud. La historia que las antecede, las significaciones que las acompañan y los objetivos que persiguen, son una muestra de la profundidad y complejidad que constituyen a las resistencias creativas–no violentas de donde surgen estas canciones; parafraseando al profesor Useche (2016), éstas apuestas estéticas para la resistencia establecen un estrecho vínculo con la vida, llevan “dentro de sí la fuerza de la multiplicidad, de la transformación y del cambio [y pueden crear] las condiciones de posibilidad para reconstruir [las] condiciones de existencia social, redefinir los espacios de convivencia y ciudadanía y garantizar su sobrevivencia” (Useche, 2016, pp. 7-6).

Hay dos canciones que eran [con] las que en pleno conflicto armado me desahogaba. [Hay] una que no la he cantado en público, se llama “Me duele” [aquí Edier inclina su cabeza hacia arriba, se lleva las manos a la cara, toma aire en evidente señal de emoción y exhalando expresa] ¡Ay! Porque esa me mata […], pero la otra sí se llama “¿Dónde están?”, que esa es la que grabamos con Cesar López hace poquito […]. “¿Dónde están?” es una denuncia cantada. Cuando los chicos de allá de la montaña aparecieron

154 muertos, los dos que salían a pescar, [a juntos] los mataron… [Edier no pudo continuar con el relato]75 (Solís, 2019c, 23:00).

Hagamos un homenaje a la valentía creativa de Edier Solís y a la memoria de los dos jóvenes asesinados que impulsaron la composición de esta canción.

¿Dónde están? – Edier Solís

(Introducción a ritmo de balada nostálgica) Y los niños que salieron

Una mañana a estudiar Dicen que se los llevaron Y nadie sabe ¿Dónde están?

¿Dónde están? (En este punto cambia a ritmo de 6/8) Ya buscamos en el río

¿Dónde están? (Bis) En montaña y hospital ¿Dónde están? (Bis)

¿Están muertos o están vivos? ¿Dónde están? (Solís, 2018).

Se da cierre con la canción “Yo no me voy”, compuesta por Edier en el año 2001 cuando tenía 18 años y que solamente hasta el año 2018 se presentó en público. Esta composición era una manera directa de decirle a los paramilitares que estaban despojando a las personas de sus territorios, que esa tierra les pertenecía a sus pobladores, que ahí fue donde nacieron, donde habían vivido y donde morirían.

Una forma pacífica de hacer protesta fue con música, y nació esta canción: “Yo no me voy”, para decirle a la gente que no nos fuéramos del territorio, que aquí era donde estaba la vida, donde habíamos nacido, donde están los cultivos, donde está la familia, donde está todo (Solís, 2018, 11:41).

Yo no me voy – Edier Solís Yo nací en Buenos Aires, Como su nombre lo dice. Un pueblo de cultura Que tiene muchas raíces Y que pertenece al Cauca, Un departamento genial, En donde reinan las ganas De hacer bien y trabajar.

75 En el video de la Fundación PLAN que documenta el proceso de grabación de músicas de varias

veredas de Buenos Aires, es posible apreciar las dos composiciones de Edier Solís que están siendo referenciadas líneas abajo. En el minuto 05:16 inicia el fragmento en el que Edier está grabando la canción “¿Dónde están?”. Hacia el minuto 06:23 el dolor que le produce a Edier la historia que impulsó la creación de la canción, le impidió seguir cantando. El video puede ser consultado en el siguiente enlace:

155 ¡Cómo ha pasado el tiempo!

¡Cómo cambian las cosas! Se ha metido la guerra A nuestra tierra preciosa. Y el Cauca es tierra de Paz Y la guerra no va a lograr, Que abandonemos el campo De nuestra tierra natal (Bis). ¡Yo no me voy, no me voy! ¡Yo aquí me quedo!

Es la tierra donde nací

Y aquí me muero (Bis) (Solís, 2018).

A través de la experiencia y de las palabras de nuestros entrevistados, se expresa especial reconocimiento a la señora Graciela Larrahondo y a Edier Solís, se pudo observar cómo la música y las prácticas musicales se convierten en impulso de vida; cómo a través de ella se resiste y se confronta de manera directa a la muerte; cómo las prácticas culturales son potencia de resistencia a la muerte.

Entre otros testimonios, relatos y experiencias, los presentados en estas dos historias de vida, dotan de unos sentidos más profundos a esta investigación; en efecto, en medio de las condiciones insufribles y aberrantes de la violencia y la exclusión, la música y demás prácticas culturales emergen como ese rasgo inherente a la condición humana, a través del cual se puede sostener la vida, recuperar el presente y trabajar conjuntamente en la construcción de mejores futuros.

Por ahora, puedo decir que he hecho mío el dolor y las luchas de ellos, he confirmado su heroísmo, me he solidarizado con sus miedos, temo por su seguridad, porque ellos se han vuelto parte constitutiva de lo que soy; mis pensamientos y suspiros están con ellos. Buenos Aires, junto con sus resistencias creativas–no violentas y las luchas estéticas, se han convertido en parte íntegra de lo que soy. He decidido ofrecer parte de mi vida por la esperanza, las músicas, las riquezas culturales, la gente de esa región.

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