La vida está llena de ejemplos sobre el poder de las creencias y expectativas.
Hace poco en televisión nos llamó la atención e l c a s o de un joven que a los doce años, perdió un ojo por una enfermedad. Esto afectó tanto a su madre, que llena de vergüenza por el defecto de su hijo, lo encerró en la casa y lo inutilizó. El joven creció lleno de traumas y complejos y terminó siendo un alcohólico, cumpliendo la expectativa de su madre de que nunca iba a poder hacer nada ni superar su limitación de no tener un ojo.
Este caso contrasta con tantas historias de personas que superan enormes retos físicos y se convierten en ejemplos para millones. Casos que cuando los vemos, generalmente nos traicionan las lágrimas. Pero no por lástima, ¡sino de pensar en todo lo que no hemos logrado a pesar de tener el cuerpo completito!
Lawrence Molina, atleta costarricense, nació sin piernas. Por años soñó con prótesis especiales, y creyó con fe que un día las obtendría. Después de una larga espera durante la cual nunca perdió su fuerza y esperanza, las obtuvo. Y entonces, se convirtió en un a t l e t a ganador de olimpiadas, ¡héroe de todo un país!
Nick, considerado hoy el motivador más influyente del mundo, ¡nació sin brazos ni piernas! Pero al verlo uno
sabe que está en presencia de una persona extraordinaria, que ha encontrado en su supuesta limitación la catapulta para lograr cosas y cumplir sueños más allá de lo que la mayoría de seres humanos pueden tan siquiera imaginar.
Stephen Hawking fue diagnosticado a sus 21 años con una enfermedad degenerativa, y le dieron dos años de vida. Él no aceptó ese destino, y cincuenta años después es considerado el científico más genial que existe. Aunque paralizado en una silla de ruedas, este Einsten moderno sigue trabajando y proponiendo algunas de las teorías más extraordinarias de la ciencia.
Recientemente, José René Martínez estableció un nuevo estándar con el cual medirnos. Este joven afro- latino de madre salvadoreña que nunca conoció a su padre, se enlistó en el ejército de Estados Unidos a los 19 años y fue enviado a Irak. Un año después, una bomba bajo su vehículo Humvee quemó el 40% de su cuerpo y le desfiguró el rostro. Una historia infinitamente más terrible que las de muchos que justifican el por qué no han hecho nada en la vida. Y sin embargo, aunque había tenido todo en contra desde pequeño… ¡no perdió la fe, ni dejó de creer!
Nueve años después, J.R. Martínez es un exitoso actor de Hollywood, motivador de masas que ha compartido el podio con Anthony Robbins, ganador de cuanto premio al coraje existe, su historia ha salido en todos los programas de noticias, y en el 2011 ganó el concurso
Dancing with the Stars -Bailando con las Estrellas-. Esto, sólo pocos años después de que su madre tuvo que enseñarle de nuevo a caminar, debido a la severidad de las heridas y quemaduras en sus pies… Y su historia, la historia de un ser humano EXTRAORDINARIO, que se levantó de la tragedia más terrible, apenas comienza...
Rolando Fonseca, máximo goleador histórico de las selecciones de futbol de Costa Rica, -además de exitoso empresario-, me compartió su análisis de las diferencias entre los jugadores de países pequeños como Costa Rica; y los jugadores de potencias como Brasil y Argentina.
Según él, en general, todos tienen un potencial similar. Edades, condiciones físicas parecidas, e incluso, talentos innatos muchas veces equivalentes.
La gran diferencia está en sus mentes, y lo que creen que son capaces de alcanzar en la vida. Los brasileños, argentinos, o españoles, creen –saben- que pueden ser campeones, porque siempre les han dicho que son los mejores. Los de países pequeños saben –¡creen!- que lo mejor que pueden lograr es evitar que les metan diez goles. ¡Y así se comportan y juegan en el campo!
Lo que crees también es fundamental en tu salud. Bruce Lipton, biólogo celular estadounidense que ha propuesto teorías innovadoras en el campo de la auto curación, ha demostrado en cientos de experimentos que nuestras creencias acerca de lo que es real y posible, tienen hasta 100 veces más poder para afectar nuestro
bienestar, que cualquier fuerza “material”, incluyendo drogas y cirugía. Todos hemos escuchado del efecto placebo, y de la pastillita de azúcar que nos cura la enfermedad, porque creemos con toda el alma que fue desarrollada con la última tecnología para curarla.
Volviendo al joven que perdió un ojo, la vergüenza de su madre -y su aceptación de esa circunstancia-, lo convirtió en un fracaso, porque aceptó lo que se creía de él. Y ni siquiera era ciego ¡tenía un ojo de vidrio que ni se le notaba! Lo que lo hizo cuadripléjico mental, fueron las creencias y expectativas propias y de su madre. (Padres, ¡cuidado con lo que dicen a sus hijos!)
Y en tu caso, ¿cuáles son las expectativas que tienes de ti mismo? ¿Cuál es el gran problema que te limita, y te impide soñar con ser capaz de lograr grandes cosas?
Acaso eres… ¿ M uy alto? ¿Muy bajo? ¿Muy gordo? ¿Muy flaco? ¿Tienes orejas grandes? ¿O quizá pequeñas? ¿Tienes mucho pelo? ¿O te falta pelo?
¿O simplemente, como eres ´normal’, te sientes demasiado promedio como para aspirar a ser merecedor de la grandeza? ‘Ahhhhhh, es que, claro, como a aquel le falta un brazo, él sí puede…’