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El cristiano, austero y estudioso

In document De las almas que no mueren (página 67-73)

a Myrna Rebullida-Pérez Publicado en la Revista del Colegio de Abogados de La Plata, N° 52, p. 279. Palabras que pronuncié, en mi carácter de profesor titular (interino) de la Cátedra (I) de Derecho Social de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales (Universidad Nacional de La Plata), al término de la misa de cuerpo presente celebrada en la capilla del Instituto Terrero de La Plata, el 21 de julio de 1992, oportunidad en que, por resolución del decanato, asumí también la representación no sólo de dicha prestigiosa Cátedra universitaria, sino la de la aludida unidad académica.

El extinto fue un estudioso del derecho en general y un especialista de fuste en lo laboral. Abogado. Doctor en Ciencias Jurídicas y Sociales, publicista de nota, profesor emérito y notable conferencista, es decir, conspicuo hombre de tribuna, la cátedra y el libro. Nació y murió en La Plata (19 de diciembre 1901 y 20 julio 1992). Estudió y enseñó derecho en la facultad estatal platense de Ciencias Jurídicas y Sociales. Junto a su maestro Leonidas Anastasi, estuvo en la cátedra laboral desde su fundación. Fue profesor en las universidades del Salvador y la católica Santa María de los Buenos Aires en diversas disciplinas jurídicas. Fue miembro titular de la Sociedad Internacional de Derecho Social y decano de la mencionada facultad platense de derecho (1950-1952), secretario (1936-1940) y director (1947-1955 y 1973-1976) del Instituto laboral de la misma. Participó en numerosos congresos internacionales, jornadas, conferencias y simposios de la especialidad, habiendo dado a publicidad más de trescientos trabajos, estudios, monografías, etc., en revistas especializadas, tratados generales y otras publicaciones de singular relieve cientíico, tanto del país como del extranjero. Y entre sus libros se pueden destacar Los accidentes del trabajo en la agricultura (1943),

Régimen de los trabajadores a domicilio (1965), El contrato de trabajo deportivo

(1967), La propiedad intelectual y el derechode quiebra (1975), Régimen jurídico de los empleados de las misiones diplomáticas (1980, a la memoria venerada de su hija Marta Inés), Desarrollo económico y política social (1981), Derecho del trabajo (1983), Derecho sindical (1987) y El derecho de huelga y la función pública (1989). Y por razones de gratitud, incluyo la erudita y afectuosa prolusión que luce mi Tratado de derecho deportivo (Aretua, La Plata, 1984).

Por resolución del Sr. Decano de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales, Dr. Juan J. V. Mosca, impedido de venir a este acto por razones de salud, vengo en nombre de dicha unidad docente, así como de su prestigiosa Cátedra de Derecho Social (del Trabajo y de la Previsión), en el ejercicio del triste mandato de despedir los restos mortales del querido Profesor Emérito Dr. Benito Pérez.

Hoy no es el momento de referir el temario de las múltiples preocupaciones cientíicas y académicas del amado profesor y querido amigo, hombre de singular austeridad; intolerante con el error, aunque tolerante con el equivocado; de personal y hasta intrigante enfoque de los problemas jurídicos que nunca eludió; inquietante escudriñador de todas las diicultades jurídicas que otros obviaban (él siempre ocupó los difíciles espacios que otros resignaban con sus deserciones); valiente luchador y polemista, oicio donde siempre se le encontró, hasta ayer nomás- en que salió a la palestra esgrimiendo razones, fundamentos y principios sobre la seguridad social de los abogados.

Fortiter in re, cuando del estudio racional del pensamiento humano se trataba, evidenciándose «fuerte en los principios», del mismo modo que siempre tuvo de su lado una grandeza y constancia de ánimo en la adversidad, como esa longanimidad franciscana que le hizo paladín de lexibilidad:

suaviter in modo! Entonces...

No es el momento tampoco de recordar viejas y siempre vigentes y actuales polémicas sobre el carácter jurídico de la relación laboral del tambero mediero, ni menos aún las referidas a la huelga en los servicios públicos, las relaciones del Derecho del Trabajo y la Seguridad Social o el contenido e implicancias de la Política social y la cuestión social (todos temas sobre los que quizá el Dr. Pérez arrojó tanta luz que a no pocos haya deslumbrado). Tal vez alguno lo igualó. Nadie lo superó.

De modo similar, queda siempre el preocupante tema del desarrollo económico y sus vinculaciones con muchos temas del área laboral, sobre los cuales, asimismo, abundó el Dr. Pérez. Tampoco es de recordar aquí todo cuanto verse sobre las nobles armas que siempre escogió para confrontar a contrincantes de fuste. ¡Nunca a quienes no lo fueron tales! Siempre a caballeros y de similar linaje, como que él fue siempre uno más entre los muy contados caballeros cristianos de ejemplar integridad. Siempre se reconoció no ser depositario de toda la verdad, la que empeñosa y tenazmente buscó hasta sus últimos días. La verdad, decía con humildad Benito, está en Dios.

respetó y apreció a sus adversarios y a los grandes doctrinarios argentinos, aunque nadie le superó a él en el diestro y hasta por momentos apabullante manejo de las fuentes bibliográicas italianas, francesas, alemanas o españolas.

Su biblioteca, una de las mejores del país, fue la cabal prueba de su ejemplar probidad intelectual y cientíica.

Y menos aun será el momento de recordar una mañana de setiembre de 1949, aquélla en la que, ante la Mesa Examinadora de Legislación del Trabajo, presidida por Benito Pérez e integrada por Juan D. Ramírez Dronda e Italo Argentino Luder, yo daba el examen de la misma. Y tampoco he de recordar que, desde entonces, el trato con los dos primeros fue cotidiano, generoso, enriquecedor.

Ni tampoco sea preciso decir que el Dr. Pérez fue cofundador, con su malogrado maestro Leonidas Anastasi 1, de dicha prestigiosa Cátedra laboral

en nuestra facultad estatal platens e del Derecho. Aunque preciso será decir que hoy, ejerciendo yo la titularidad de esa misma Cátedra, diariamente me honro en transmitir temas de Anastasi, llegados a sus predilectos discípulos, como lo fueron BenitoPérez y Ramírez Gronda, mis maestros., mediante ese milagroso instrumento de perdurable comunicación, como lo es la emocionante tradición oral...

No tendré que efectuar precisiones de muchas otras bondades y virtudes que adornaron la personalidad de Benito, ni tampoco de esos hermosos momentos de nuestros diálogos, cálidos, profundos, fraternos, que versaron tanto sobre nuestras preocupaciones cientíicas del derecho en general 2, o

1) Este verdadero maestro del derecho y de las convivencias humanas, nació en Baradero el 2 de enero de 1890 y murió en Buenos Aires el 17 de enero de 1940. Termina la escuela primaria a los doce años con medalla de oro por su extraordinaria dedicación. Se recibe de maestro en la Escuela Normal de Profesores de la Capital Federal, prosiguiendo en forma libre el bachillerato en el Colegio Nacional. A la temprana edad de 16 años se pone a su cargo la enseñanza de grado en la Escuela N° 2 del Consejo Escolar B. Y viviendo en La Boca del Riachuelo, fue socio fundador de la Universidad de La Boca en 1917. Se graduó de abogado en 1913 con la tesis Juicio por jurados. Profesor de Legislación del Traba- jo en Buenos Aires y La Plata (de ésta fundó la Cátedra y fue vicedecano). Fundó el diario La Acción. Dirigió la Rey. La Ley y fundó con Tomás Jofré la Rev. Jurisprudencia Argentina. Publicó la Rev. de Trabajo, Seguro y Previsión Social. Se ailió al radicalismo en 1910, siendo diputado nacional en dos períodos. Presidió la delegación argentina a la Conferencia de Washington de la OIT (1919). Obras: Parangón entre la personalidad de San Martín y Bolívar (1906) y Actuación parlamentaria (1916), sin contar los trabajos inéditos y los múltiples comentarios, notas, recensiones, etc., en las citadas revistas y otras publicaciones.

2) ¡Cuántos temas fueron objeto de nuestros encuentros! Desde el Sistema del Derecho Privado -sobre todo el primero de sus cuaro volúmenes- del gran Domenico Barbero (de la Universidad Católica del Sacro Cuore de Milán) hasta la Teoría del Estado o la Historia Argentina de Ernesto Palacio. O desde el Derecho Romano de Maynz hasta Le droit transitoire -transitorio o intertemporal- de Roubier...

del Laboral en especial3, o de la política4, la patria5, de nuestro partidismo

político6, y sobre todo, de Dios, culminación de los mejores momentos en

los que nos enriquecíamos con lecturas, relexiones y diálogos. En las muchas veces que emprendíamos el encantador recorrido hacia Ignacio Correas,

para asistir a los oicios religiosos en el nuevo templo de allí -erigido con su inapreciable colaboración-, Dios fue testigo de esos insuperables coloquios que me recuerdan aspectos y resonancias del Boecio sobre la consolación en la ilosofía.7 El consuelo del diálogo... que luego se prolongaba en la

oración, ese precioso don y el más eicaz medio para trasponer serenamente todos los momentos de la existencia humana, sobre todo los dolorosos (como

3) Constituye un solaz inevitable recordar a Anastasi, leer a Barassi, Messner, Cabanellas o Etala, o co- mentar obras o trabajos de Chiarelli, Camerlynck, Lyon-Caen, Carnelutti, Legaz y Lacambra, Pérez Leñero, Yves Simon o Kwant...

4) Cuánta inquietud teníamos por la Política -oh, el olvidado Aristóteles-, y no la politiquería que sobre- abunda, y especíicamente, por la política social y los parientes lejanos o cercanos seguridad social, la cuestión social y la paz social. Antoine de Rivarol, Edmund Burke, Irazusta, De Maistre...

5) O sea, y que menciono siempre siguiendo a Derisi, la terra patrum (tierra de nuesros mayores, nues- tros padres) de nuestros próceres civiles, políticos, religiosos, militares, cientíicos... Belgrano,Saavedra, Fray Justo Santa María de Oro, Brown, Rosas, Sarmiento, Mitre, Lugones... Después de la didáctica de la alegría (Marechal, Heptameron, primer día, II, 22), ir al segundo día: La patriótica en el des- cubrimiento de la patria y la didáctica de la patria: la patria es un dolor que aun no tiene bautismo; o es un dolor que aun no sabe su nombre; la patria es una niña de voz y pie desnudos; la patria era un retozo de niñez en el Sur aventado; la patria es un peligro que lorece; la patria debe ser una provincia de la tierra y del cielo; la patria ha de ser una hija y un miedo inevitable; la patria ha de ser un dolor que se lleva en el costado sin palabra ni grito...

6) De este tema por discreción, por ahora, no hablaré. El viejo radicalismo, FORJA, Leloir-Cetrá-Balbín- la Junta Renovadora, el 17 de octubre, el 24 de febrero, la Constitución de 1949, la muerte de Eva, el descalabro, la restauración, la reaparición, la renovación (?), la desvirtuación... Ya lo dije; por discreción, no

se dirá nada. Alguna vez... se verá.

7) Esos comentarios sobre De consolatione philosophiae (de Anicio Manlio Torcuato Severino Boecio, n. en Roma 470 ó 480, m. Pavía 525) , esa mujer de venerable rostro, ojos vivos... O aquella otra mujer «de increíble hermosura secreta...» (Mallea, Historia de una pasión argentina). O esa revista deCatulo (Cayo Valerio Catullus, poeta latino, n. Verona 87 AC, m. 47, autor de poesías elegantes y sinceras, aunque algunas demasiado libres para la época, como «Las bodas de Testis y de Peleo» o «La cabellera de Berenice», entre otros) a Cátulo (Ovidio Cátulo González Castillo, n. en Buenos Aires el 6 de agos- to 1906, autor de «El patio de la Morocha», etc.), o de Homero (poeta épico griego, n. Esmirna s. IX AC, el más grande poeta de la antigüedad) a Hornero (Manzi-Manzioni, 1907-1951, escritor y poeta, autor de guiones cinematográicos, tangos, etc.) . A veces, pronunciábamos el milagro de sólo una palabra, ese misterioso conjunto de letras o sonidos instituido como la mínima unidad de lenguaje con signiicado propio (tal, las voces: vuelo, lor, vida, ala, Dios...). Otras, a través del lenguaje metafórico, nos daba placer, junto al goce estético, develar el mundo no sólo en su realidad más profunda, sino acercarnos a lo insondable y desconocido. Ya los parangones de Carnelutti, ya las parábolas de Jesús.

lo dijo en estos días el Santo Padre).

El Señor ha querido llamar hoy a su Reino a nuestro querido maestro y amigo. Es cierto que Benito ha dejado de existir aquí, en estas latitudes. Pero también es cierto que vive ahora en otra dimensión. ¡Y vive! ¡Y cuando se efectúa el balance inal de la vida de un hombre, ante la muerte, que es una de las alternativas de la materia humana, siempre se conluye sin hesitación ni réplica en que no importa tanto lo que el hombre trae cuando viene al mundo, sino todo cuanto deja cuando se va de él!

Y si el inal corona las obras, no puede pensarse en otro mejor ejemplo que en Benito Pérez, quien vivió en plenitud espiritual, en constante y cotidiana función docente, no sólo en el aula de la universitas, sino en la de su casa, en la de su estudio, en la improvisada aula del espontáneo encuentro en la calle, en la vereda o en la esquina, o en la plaza.

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