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Cualquiera, pues, que sabe el bien que debe hacer y no lo hace, peca.

In document Santiago y 1-3 de Juan (página 131-134)

Santiago concluye esta sección específica de su carta con un dicho proverbial que quizás circula a en el mundo judío de su tiempo. El adverbio pues vincula al proverbio con el discurso precedente; pero el tono de lo que se dice cambia, puesto que Santiago ya no se está dirigiendo específicamente a los mer- caderes sino a todos los lectores de su epístola.

[p 180] El dicho proverbial formula una seria advertencia en contra del pecado de la negligencia. No sólo se menciona el pecado de comisión sino el pecado de omisión. Ese pecado en particular asoma su horrible cabeza cuando el hombre rehusa a Dios, formula planes, es exitoso y se jacta de sus logros (Stg. 4:13–16). El hombre repite el pecado de omisión cuando no hace el bien que sabe que debe hacer. Jesús pone este pecado en la mira cuando describe al sacerdote y al levita en la parábola del Buen Samaritano (Lc. 10:30–35); al rico que no se interesó por Lázaro (Lc. 16:19–31); y a personas que durante su vida en la tierra no alimentaron al hambriento, ni hospedaron al extraño, ni vistieron al pobre ni visitaron al enfermo o al prisionero (Mt. 25:40–46).

Santiago se dirige a la persona que sabe el bien que debe hacer. No le está hablando a gente que peca en ignorancia. A los filósofos atenienses que le escucharon en el Areópago, Pablo les dijo: “En el pasado Dios pasó por alto tal ignorancia, pero ahora ordena a toda la gente en todas partes que se arrepientan” (Hch. 17:30). El pecado es transgresión de la ley, dice Juan en una de sus epístolas (1 Jn. 3:4). Trátese de un pecado de comisión o de omisión, el mismo es una afrenta a Dios, en especial si el pecador conoce los mandamientos de Dios.

Nunca debe tomarse el pecado a la ligera. Esto es especialmente cierto del pecado de omisión, al cual con frecuencia se le da la inocente apariencia de descuido. Pero no es así. Considérese el discurso de despedida de Samuel. A los israelitas congregados les dice: “En cuanto a mí, lejos esté de mí que yo peque contra el Señor dejando de orar por vosotros” (1 S. 12:23). Samuel evitaba el pecado de la negli-

gencia. La negligencia equivale a no tener en cuenta a Dios y al prójimo y es, por lo tanto, un pecado contra la ley de Dios.

Palabras, frases y construcciones griegas en 4:16–17 Versículo 16

ταῖς ἀλαζονείαις ὑμῶν—“vuestras pretensiones” sería una traducción literal de esta frase. una versión más idiomática sería “fanfarronear”

τοιαύτη—este adjetivo correlativo denota cualidad (“de tal clase”), no cantidad.

Versículo 17

εἰδότι—el participio perfecto activo en dativo singular masculino del verbo οἶδα (sé como, entiendo cómo) se refiere al presente.

[p 181] καλόν—sin el artículo determinado, este sustantivo adjetivo significa “algo bueno”.246

Resumen del Capítulo 4

Santiago amonesta a sus lectores a que se sometan a Dios. El nota que las luchas y reyertas que se suscitan entre ellos se originan en corazones que no están en armonía con la ley de Dios. Los lectores oran, pero sus intenciones son erróneas: sus peticiones son oraciones egoístas.

Los lectores están desarrollando una amistad con el mundo que les hace enemigos de Dios. Santiago comprueba esto refiriéndose a las Escrituras del Antiguo Testamento: “Dios se opone a los soberbios, pero da gracia a los humildes”. Dios es misericordioso y por eso los lectores deben someterse a él. De- ben resistir al diablo, limpiarse del mal, arrepentirse de sus hechos, dejar de calumniar y cesar de juzgar a otros.

Santiago concluye esta sección recordando a los lectores, especialmente a los mercaderes, que deben confiar en Dios y no en las ganancias económicas. Saben cómo hacer el bien, y eso significa que están bajo obligación de hacer el bien y seguir su voluntad. Si dejan de hacerlo, pecan.

246 Friedrich Blass y Albert Debrunner, A Greek Grammar of the New Testament and Other Early Christian Literature, trad. y

[p 183]  

5

Paciencia 5:1–20 [p 184]  

Bosquejo

5:1–6 A. Impaciencia para con los ricos

5:1 1. Encabezamiento 5:2–3 2. Riqueza 5:4 3. Robo 5:5 4. Desenfreno 5:6 5. Homicidio 5:7–11 B. Necesidad de paciencia 5:7–8 1. Exhortación a la paciencia 5:9 2. Advertencia contra la impaciencia 5:10–11 3. Ejemplos 5:12 C. Juramentos 5:13–18 D. Persistencia en la oración 5:13 1. Oración y alabanza 5:14–15 2. Oración y fe 5:16 3. Poder de la oración 5:17–18 4. Ejemplo

5:19–20 E. Rescate del extraviado [p 185]  

5

1 Oíd ahora, vosotros ricos, llorad y aullad por la miseria que viene sobre vosotros. 2 Vuestra riqueza se ha

podrido y la polilla se ha comido vuestras ropas. 3 Vuestro oro y plata están corroídos. Su corrosión testificará

contra vosotros y consumirá vuestra carne como fuego. Habéis acumulado riquezas en los días postreros.

4 ¡Mirad! Los jornales que no habéis pagado a los obreros que segaron vuestros campos claman contra vosotros.

El clamor de los cosechadores ha llegado a los oídos del Señor Todopoderoso. 5 Habéis vivido en la tierra con lujo

y desenfreno. Os habéis engordado en el día de la matanza. 6 Habéis condenado y dado muerte a hombres ino-

centes que no se oponían a vosotros.

A. Impaciencia para con los ricos 5:1–6

Las riquezas son una bendición del Señor, tal como lo atestigua Salomón: “Las bendiciones del Se- ñor traen riqueza, y él no añade dificultades a ella” (Pr. 10:22). Pero cuando a la riqueza le falta la ben- dición del Señor, viene con ella la dificultad en forma de envidia, injusticia, opresión, robo, homicidio, abuso y maltrato. El amor a Dios y al prójimo se transforman en un amor al dinero que lleva a todo tipo de mal (1 Ti. 6:10). Cuando esto sucede, el hombre ya no adora ni sirve a Dios sino al dinero. Pasa en- tonces a ser un amigo del mundo, y Dios se vuelve su enemigo.

1. Encabezamiento 5:1

In document Santiago y 1-3 de Juan (página 131-134)

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