mal deseo. 15. Entonces, cuando el deseo ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, cuando ha crecido totalmente, da a luz la muerte.
El creyente que pasa la prueba es bendecido, pero aquel que falla queda lleno de remordimientos. El que falló en la prueba rehusa admitir que le falta fe en Dios, Eso es lo que Adán hizo en el paraíso cuando cayó en el pecado. Escuchó a Eva, la que a su vez había obedecido a Satán. Cuando Dios los confrontó con su falta, Adán culpó a Eva y Eva culpó a la serpiente (Gn. 3:12–13). Es más, Adán culpó a Dios cuando dijo: “La mujer que pusiste aquí conmigo—ella me dio del fruto del árbol, y lo comí” (v. 12; bastardillas añadidas)’. Nadie debería decir: “Soy tentado por Dios”.
a. “Dios no puede ser tentado”. A Santiago no le interesa explicar el origen del mal, puesto que sabe que no es a Dios sino a Satanás a quien [p 66] se llama tentador. Por consiguiente, Santiago escribe: “Dios no puede ser tentado por el mal, ni tienta él a nadie”. El escritor quiere decir que Dios, que creó todas las cosas, no es la causa del mal. En su santidad Dios está muy por encima del mal y no puede ser influenciado por el mismo. Santiago lo formula de esta manera: Es imposible que Dios sea tentado. A causa de su perfección, Dios no tiene contacto con el mal, y el mal es impotente para poner a Dios en tentación.
71 Las traducciones que tienen la lectura the Lord (el Señor) son KJV, NKJV, RV, ASV, NASB, NAB, JB. Las que tienen
“God” (Dios) son RSV, MLB, GNB, NEB, NIV. Moffatt evita el problema traduciendo el verbo prometer en el pasivo. Esto, traducido al español, sería: “que ha sido prometida a todos los que le aman”.
72 Bruce M. Ketzger, A Textual Commentary on the Greek New Testament, edición corregida (Londres y Nueva York: So-
Además, Dios no tienta a nadie. Dios odia el mal y por consiguiente no causa el extravío de nadie. “No digas: ‘a causa del Señor dejé el camino recto’; porque él no hará lo que odia. No digas: ‘fue él quien me hizo extraviar’; porque él no tiene necesidad de hombre pecador” (Eclesiástico 15:11–12).
En el Padrenuestro Jesús enseña al creyente a orar: “Y no nos metas en tentación” (Mt. 6:13; Lc. 11:4) Por supuesto, en esta petición Jesús no dice que Dios nos tienta, ya que esto es imposible. Jesús nos en- seña que debemos pedirle a Dios que nos guarde de caer en tentación.73 ¿Quién es, entonces, el que
tienta al hombre? La Escritura es muy clara en este punto: Satanás. Para ser más preciso, Satanás lleva el nombre de tentador (Mt. 4:3; 1 Ts. 3:5). Y Satanás es extraordinariamente exitoso en llevar al hombre a la tentación y al pecado.
b. “Cada uno es tentado”. Alguna gente trata de excusarse de su pecado diciendo: “El demonio me hizo hacerlo”. Pero esta excusa no sirve, ya que el hombre mismo es responsable de su propio pecado. La tentación es universal; ninguna persona escapa su confrontación con ella.74
“Cada uno es tentado cuando es arrastrado y seducido por su propio mal deseo”. Santiago utiliza una ilustración tomada del mundo de la pesca. El pez ve la carnada y se ve tentado a morder. Cuando dicho pez toma la carnada, repentinamente es arrastrado y paga con su vida su inocencia e ignorancia.75
Pero el hombre no puede alegar inocencia e ignorancia; así lo señala específicamente Santiago: “Cada uno es tentado … por su propio mal deseo”. Dicho mal deseo priva al hombre de cualquier excusa o intención de colocar la culpa en alguien o algo fuera de sí mismo. Dice en efecto, que la causa reside en nosotros mismos. [p 67] Nótese que Santiago habla del propio deseo. Nuestros deseos nos llevan a la tentación y si no estamos controlados por el Espíritu de Dios nos llevan al pecado.
El corazón del hombre es engañoso, tal como lo profetizó Jeremías (17:9). Jesús repite el mismo pen- samiento cuando describe el corazón humano con estas palabras: “Porque del corazón vienen los malos pensamientos, el homicidio, el adulterio, la inmoralidad sexual, el robo, el falso testimonio y la calum- nia” (Mt. 15:19).
¿Existe alguna vía de escape de la tentación? Ciertamente que sí. Dios no nos ha olvidado. El todavía oye y contesta nuestras oraciones: “No nos metas en tentación, más líbranos del mal” (Mt. 6:13). Y Pa- blo, escribe estas palabras consoladoras: “Dios es fiel; él no permitirá que seáis tentados más allá de lo que podáis soportar. Pero cuando sois tentados, él dará juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar” (1 Co. 10:13).
c. “El deseo … da a luz la muerte”. Santiago recurre a una ilustración adicional. Toma el ejemplo de una criatura de punto de su concepción, pasando por su nacimiento y madurez, hasta llegar a la muer- te. El retrata la escena en unas pocas cláusulas que coloca en forma paralela:
73 Herman N. Ridderbos, Hat Evangelie naar Mattheüs, 2 tomos, Korte Verklaring der Heillige Schrift (Kampen: Kok,
1952), tomo 1, p. 136. Consúlter también F. W. Grosheide, Het Heilig Evangelie volgens Mattheüs, Commentaar op het Nieuwe Testament serie (Kampen: Kok, 1954), p. 101; William Hendriksen, C.N.T. Mateo, (Grand Rapids: SLC), sobre Mateo 6:13.
74 Edmond Hiebert, The Epistle of James: Tests of a Living Faith (Chicago: Moody, 1979), p. 105.
75 Consultar Joseph B. Mayor, The Epistle of St. James (ed. de reimpres., Grand Rapids: Zondervan, 1946), p. 54; A. T.
Robertson, Studies in the Epistle of James, rev. y ed. Heber F. Peacock (Nashville: Broadman, 1959), p. 52. Véase también R. V. G. Tasker, The General Epistle of James: An Introduction and Commentary, Tyndale New Testament Commentaries (Grand Rapids: Eerdmans, 1957), p. 46; y Curtis Vaughan, James: A Study Guide (Grand Rapids: Zondervan, 1969), p. 31.
entonces, y el pecado,
cuando el deseo ha concebido, cuando ha crecido totalmente da a luz el pecado; da a luz la muerte.
Si Dios creó los deseos que se agitan en nuestro interior, ¿son éstos necesariamente pecaminosos? No, ya que nos han sido dados para que podamos vivir una vida equilibrada. Tenemos el deseo de co- mer y beber para que cuidemos nuestros cuerpos. Cuando controlamos debidamente nuestros deseos vivimos vidas normales, pero cuando nos olvidamos de los límites y de los controles, los deseos se des- bordan y, por así decirlo, quedan embarazados.
Santiago no nos describe cómo concibe el deseo. El deseo puede concebir cuando la voluntad del hombre, en vez de objetar, cede. Cuando esto sucede, comienza la concepción, y el pecado se desarrolla y con el tiempo nace. El pecado culmina en muerte (Ro. 7:5, 10, 13). Bengel escribe: “Desde su
nacimiento el pecado está ya preñado de la muerte”.76
Una vez más encontramos aquí que Santiago no nos dice a qué se refiere cuando habla de pecado, pero el contexto general nos da a entender que él hable del pecado en el sentido general del término.
El pecado lleva a la muerte. Utilizando un lenguaje un poco más gráfico, Pablo escribe que: “La paga del pecado es muerte” (Ro. 6:23). [p 68] Esta muerte, ¿queda confinada a la muerte física, o incluye también la muerte espiritual y eterna?77 Santiago no elabora este tema; sólo enfatiza que el pecado lleva
cada vez más hacia la muerte. Por decirlo de otra forma, el pecado avanza progresivamente desde la muerte física hacia la muerte espiritual, hasta llegar a la muerte eterna.
Consideraciones prácticas acerca de 1:13–15 Versículo 13
Dios prueba al creyente para fortalecer su fe. En su providencia Dios permite que Satanás tiente al creyente. Por ejemplo, Dios permitió que Satanás le quitara a Job todas sus posesiones, pero Job alabó a Dios (Job 1:21). Satanás tentó a Job cuando la mujer de éste le dijo: “¿todavía te aferras a tu integridad? ¡Maldice a Dios y muére- te!” (2:9). Es decir, Satanás usó a la mujer de Job para volverle contra Dios. Pero Job permaneció firme en su fe y contestó: “Hablas como una mujer necia, ¿aceptaremos lo bueno de Dios y no las dificultades?” (2:10). Job triunfó en la fe y Dios lo bendijo consecuentemente (42:10).
Versículo 14
Santiago aconseja al creyente diciendo: “resistid al diablo, y él huirá de vosotros” (4:7). Debemos resistir al diablo manteniendo los ojos de nuestra fe fijos en Jesús, “el autor y consumador de nuestra fe” (Heb. 12:2). ¿Cuán lejos huirá el demonio? ¿Cuándo volverá para tentar nuevamente al creyente? El diablo regresa cuando llega el momento oportuno. Cuando Satanás terminó de tentar a Jesús: “lo dejó hasta un momento oportuno” (Lc. 4:13).
Versículo 15
El mundo fácilmente transforma el pecado en un asunto de risa, en especial cuando el pecado tiene que ver con el sexo. Pero los pecados sexuales (prostitución, adulterio, fornicación, actividad homosexual) nunca deben ser temas de humor. El pecado es causa de sufrimiento y pesar y lleva a la destrucción y a la muerte.
76 Bengel, Gnomon of the New Testament, tomo 5, p. 7. Consultar también Grosheide, Jakobus, p. 360. 77 Zodhiates, The Behavior of Belief, pt. 1, p. 73.
Palabras, frases y construcciones griegas en 1:13–15 Versículo 13
μηδείς … λεγέτω—el presente imperativo precedido por el sustantivo negativo μηδείς comunica la implicación de que los lectores decían que Dios los tentaba.
ἀπό—el uso de la preposición ἀπό con el verbo pasivo es similar a ὑπό (Mt. 16:21; Hch. 2:22; 4:36).78 La
preposición denota al agente.
[p 69] ἀπείραστος—este adjetivo verbal compuesto por la ἀ privativa (no) y πειράζω (tiento) expresa la voz pasiva, y “la idea de necesidad” en el sentido de incapacidad.79 Esta palabra aparece una vez en la Septuaginta y
una vez en el Nuevo Testamento.
Versículo 15
συλλαβοῦσα—del verbo συλλαμβάνω (tomo por la fuerza, concibo, apoyo), este participio aoristo en el no- minativo femenino denota “quedar embarazada”.
ἀποτελεσθεῖσα—este participio aoristo pasivo del verbo compuesto ἀποτελέω (llevo a su fin) aparece sola- mente aquí (véase Lc. 13:32).
ἀποκύει—el escritor demuestra una predilección por la asonancia—un sustantivo, un participio y un verbo comienzan con la palabra ἀ. Derivado del verbo ἀποκυέω (doy a luz), que aparece solamente dos veces en el Nuevo Testamento (Stg. 1:15, 18).
3. Recibiendo dones perfectos 1:16–18
Dios no puede tentar ni ser tentado. A nadie se le ocurra pensar, y menos aún decir, que Dios da origen a la tentación. Si el hombre entretiene ese tipo de acusación, peca contra Dios. Dios es el dador de toda dádiva buena y perfecta. Y todos sus hijos pueden atestiguar de la bondad y del amor de Dios.
16. No os engañéis, amados hermanos míos. 17. Toda dádiva buena y perfecta viene de lo alto;