Recordando los sujetos y sus historias
3.5. Cuarta discusión: Las prácticas de escritura académica en la universidad
Reza el adagio popular que la práctica hace al maestro. Establecer la relación entre teoría y práctica, entre práctica y desarrollo de la habilidad escritural podría ser en cierto sentido problemático y no es nuestro interés; sin embargo, resul- ta interesante señalar cierta correspondencia entre la manifestación discursiva de la práctica de escritura, y los supuestos logros entre los y las estudiantes entrevistados. Los estudiantes fueron interrogados por tres tipos de prácticas de escritura: relativas a las prácticas de escritura en el aula, fuera de ella y por gusto propio, que no necesariamente corresponde a escritura académica, pero que puede influir en la práctica.
Al referirse a la toma de notas o apuntes en clase, la totalidad de los estudiantes indígenas manifiestan realizar esta práctica. Algunos señalan que apuntan todo lo que dice el profesor; otros solo aquello que les parece importante. Los emplean fundamentalmente como soporte nemotécnico o de recuperación de información para las evaluaciones, para aprender, para establecer relaciones posteriormente en el momento de redactar informes u otro tipo de trabajo escrito; otros señalan que operan como un link o enlace que permite conectar ideas, autores y teorías. Al referirse a las prácticas de escritura académica realizada fuera del aula como trabajo externo, los y las estudiantes manifiestan que el tipo de trabajo más frecuente es el ensayo, aunque los estudiantes de las ingenierías y de la licenciatura en ciencias manifiestan realizar sobre todo informes de laboratorio. Otras prácticas son las reseñas, los comentarios de textos, o los protocolos, más acordes con el tipo de carrera de los entrevistados. Respecto al ensayo señalan
Universidad Distrital Francisco José de Caldas
que en general los profesores dan por supuesto que los estudiantes saben qué es un ensayo y cómo se realiza, y muy pocos profesores dan instrucciones al respecto más allá de las temáticas. Esta práctica de escritura es valorada positi- vamente por los estudiantes quienes destacan que les gusta porque les permite dar a conocer su punto de vista, son más abiertos a la discusión y permiten el diálogo entre diversas teorías y autores. Sin embargo también manifiestan su dificultad por el grado de complejidad que implican. Las dificultades van desde no saber cómo iniciar, como expresar las ideas, desconocimiento de las teorías y los conocimientos disciplinares.
Respecto a la escritura por fuera del contexto universitario, es decir, la escritura basada en el interés propio, los estudiantes indígenas manifiestan interés por realizar textos relacionados con la comunidad, sean del tipo que sean, artículos, ensayos, informes, etc., lo que también incluye textos narrativos.
De acuerdo con las respuestas de los estudiantes indígenas a las entrevistas, la práctica constante de escritura es anterior a su ingreso a la universidad y de cierta manera está determinada por el tipo de educación que recibieron en la primaria y el bachillerato en escuelas y colegios administrados por comunidades religiosas, donde la escritura tiene un amplio valor y se trabaja de manera sis- temática a lo largo de la escolarización, ya sea mediante prácticas tradicionales como la exigencia de llevar cuadernos, la toma de apuntes y su constante revi- sión, y el énfasis en la ortografía y la redacción e incluso en aspectos formales como el seguimiento de normas, tales como las ICONTEC para la presentación de trabajo. De allí que sea importante de cierta manera, sin olvidar la violencia con la que muchas veces se ejercían y aun hoy continúan ejerciéndose estas prácticas, reconocer el papel de las comunidades religiosas en el desarrollo de habilidades escritoras en los estudiantes indígenas.
Los estudiantes afrodescendientes, respecto a las prácticas de escritura, por el contrario, manifiestan en su mayoría no tomar notas y tener poco interés por las mismas. Remplazan la toma de notas por el subrayado de fotocopias o anotan solo aspectos puntuales, como fechas, autores o recomendaciones dadas por el profesor. Otros señalan que solo toman notas cuando se trata de conferencis- tas a quienes les atribuyen mayor autoridad. Sin embargo, otros pocos señalan tomar notas mediante mapas conceptuales, guiones, y hay también quienes apuntan todo.
Respecto a los trabajos fuera de clase, señalan las prácticas de escritura están determinadas en ocasiones por el tipo de carrera que se estudia: en las licencia- turas se escribe más y de manera individual; el texto más solicitado por los pro-
fesores son los ensayos; en las ingenierías se escriben textos del tipo informes, caracterizados por ser descriptivos y en los que el punto de vista del estudiante y los argumentos no son lo que prevalece.
Los estudiantes señalan tener dificultades para la realización de textos escri- tos, tales como una supuesta excesiva abundancia de ideas y la dificultad para organizarlas y relacionarlas. Manifiestan mucha preocupación por los aspectos formales de los textos, señalan la mala redacción como constante y reducen la idea de escritura a la redacción y la ortografía.
Frente a la escritura por gusto propio, los estudiantes afrodescendientes seña- lan, de nuevo, poco interés o falta de tiempo para su realización aunque algunos señalan escribir textos narrativos del tipo: cuentos, diarios o cartas.
De esta manera, puede concluirse que los estudiantes entrevistados tienen poca práctica de escritura. Señalan que paradójicamente solo notaron sus deficien- cias en la escritura al ingresar a la universidad; antes no se habían cuestionado al respecto y sus profesores de escuela y el colegio no se los habían dicho. Los contextos educativos de los que provienen estos estudiantes: zonas rurales alejadas de las capitales y con escasa inversión del Estado en profesores e infraestructura, parecen ser determinantes en el poco interés dado a la escritura y en las dificultades en la práctica. De igual manera, las condiciones de ingreso a la universidad pueden ser aspectos determinantes. Algunos de estos estudiantes no tienen dinero para costear su estancia en la universidad y deben trabajar por lo que el tiempo destinado al estudio es poco. Otros ingresan a extraedad —teniendo en cuenta el promedio de edad de los estudiantes—, lo que hace que se dificulte la adaptación a las prácticas universitarias y de interacción entre estudiantes y profesores.