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¿Qué es lo que le sucede a un país industrializado, que practica la agricultura moderna, cuando pierde su base de recursos energéticos fósiles? Existen dos países a los que ya les ha sucedido: Corea del Norte y Cuba (…) Con todos los respetos al sufrimiento de los pueblos de ambos países, quizá podamos beneficiarnos del estudio de ambos ejemplos.

Dale Allen Pfeiffer1.

1.1 Cuba ante el pico del petróleo, ¿un modelo para la

esperanza?

1.1.1 Opción Cero Combustible, el símbolo de una paradoja

Debemos estar preparados para la Opción Cero Combustible, que es el caso extremo. Sería el caso en que se requeriría del extremo heroísmo, del extremo patriotismo, de la extrema conciencia.

Fidel Castro2.

Cuba es una máquina del tiempo. Con sus icónicos coches de los años cincuenta todavía funcionando, y la escenografía ideológica de la Guerra Fría aún en pie, al llegar a La Habana uno siente que desembarca en otra época. Pero la máquina del tiempo cubana no solo te permite viajar al pasado. Con una mirada adecuada, conocer la isla supone una especie de visita al futuro: Cuba es un preludio de la contracción energética que enfrentarán nuestras sociedades en las próximas décadas.

1 Dale Allen Pfeiffer (2003): Aprendiendo lecciones de la experiencia. Las crisis agrícolas de Corea del Norte y Cuba.

Opción Cero. Sostenibilidad y socialismo en la Cuba postsoviética

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“Opción Cero Combustible” es el nombre con el que se denominó al escenario más extremo con los que trabajaba la dirigencia cubana durante los meses previos a la caída de la Unión Soviética: la necesidad de afrontar el sostenimiento del proyecto revolucionario a partir de un corte total de suministros externos, especialmente petróleo. El fracaso del golpe de Estado de agosto de 1991 en Moscú, que derivaría en menos de seis meses en la desaparición de la URSS, terminó de confirmar los peores presagios. La desintegración del campo socialista, en el que estaba inserta la economía cubana, junto con el endurecimiento del bloqueo estadounidense y el efecto acumulado de una serie de distorsiones socioeconómicas endógenas, arrojó a Cuba una crisis estructural de carácter multidimensional y efectos dramáticos. A tenor de los datos, puede considerarse una de las crisis más graves sufridas por una nación industrial, no implicada en un conflicto bélico directo, en la historia reciente. El PIB se contrajo, en dos años, un 36%3; se perdió un 85% del comercio exterior; la producción agrícola se redujo a menos

de la mitad de los niveles de los años ochenta; la subalimentación, que había sido un fenómeno erradicado, reapareció en más del 20% de la población (Sinclair y Thompson 2001, Sánchez y Triana 2010).

La crisis tuvo muchas expresiones, pero incidió de modo muy severo en el plano energético: si en 1989 el metabolismo social cubano consumía más de 14 millones de toneladas de petróleo4, en 1993 apenas llegaba a 7 millones de toneladas5. Actualmente,

a pesar de la recuperación económica y la ayuda venezolana, el consumo de petróleo no se ha recuperado totalmente. Durante la década del 2000 se mantuvo estable en unos 9 millones de toneladas, y partir del 2010 el incremento de importación de derivados del petróleo ha permitido alcanzar los 12 millones de toneladas. Este dato sigue siendo un 16 % más bajo que en la época soviética.

La grave coyuntura que encaró Cuba a principios de los noventa fue bautizada oficialmente como Período especial en tiempos de paz: una derivación de la idea de Período especial en tiempos de guerra, estrategia diseñada por las altas instancias militares del país en los años ochenta para repeler una hipotética invasión estadounidense. Pero en un mundo donde la economía es la continuación de la guerra por otros medios, no hizo falta un estallido bélico. El naufragio soviético, y el fin del orden mundial bipolar al que Cuba tributaba, fueron suficientes para convocar los fantasmas del desabastecimiento. En el marco del Período especial el escenario Opción Cero suponía alcanzar el nivel máximo de aislamiento internacional y tocar fondo en materia de autarquía económica.

3 En términos de Producto Social Global, el indicador macroeconómico de las economías socialistas, la

caída fue de un 54% (Mesa-Lago 1994b: 377).

4 14 millones de toneladas como consumo metabólico total (directo e indirecto), pues una parte sustancial de

las mismas (3 millones aproximadamente) eran revendidas en el mercado de petróleo como fuente de divisas. La situación se repite hoy con una parte sustancial del petróleo venezolano.

5 De los cuales 1,1 era producción nacional de baja calidad por su alto contenido en azufre y el resto

importado (1,7 millones petróleo crudo y 4 millones de derivados). Se amplía información al respecto en el capítulo 6 y para la recapitulación de cifras, consúltese base de datos en los anexos digitales del CD- ROM adjunto.

Cuba y el declive energético del siglo XXI: coordenadas de partida

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Figura 1.1 Consumo de petróleo en el metabolismo cubano (1985-2011)

Fuente: elaboración propia a partir de ONE 2009 y ONE 2013

La Opción Cero nunca llegó6. Pero para la oposición anticastrista el término quedó

simbólicamente recargado con una connotación ominosa. Era el máximo exponente de una tiranía que, con el fin de mantenerse en el poder y perseverar en un modelo social a contrahistoria, no dudó en hundir a la isla, durante toda una década, en la Edad Media:

La Opción Cero suponía para los cubanos, pura y simplemente, el retorno a una economía de

la era preindustrial (Castañón, 2001: 261)

La llamada Opción Cero, o sea, aceptar el colapso de la vida civilizada en la isla y convivir con él como con una enfermedad incurable, no se puede concebir como un estado de cosas soportable para un pueblo como el cubano, a fines del siglo XX (Díaz Martínez, 1991).

La bomba de castrones diseñada en Cuba por el científico Fidel Castro (…) es un terrorífico ingenio que destroza, aniquila, barre, apabulla, desmenuza y pulveriza el entorno, pero deja a la gente viva, ¿Se imagina el lector qué refinada crueldad? Una bomba que no quita la vida, sino la civilización (Montaner 1994: 1991).

Hoy la expresión sigue siendo empleada por el periodismo de la disidencia de forma recurrente, bajo fórmulas como “el retorno de la Opción Cero”, para vaticinar futuros traumas económicos de factura totalitaria7.

6 Aunque muchos cubanos recuerdan la Opción Cero como runrún discursivo, que tenía un efecto

ambivalente entre la población, a medio camino del miedo y de la esperanza: “la Opción Cero era el Período especial a un nivel mayor, una cosa medio poética, que no estaba definida, una amenaza constante de que todo todavía podía ir peor, lo cual era un temor y un alivio a la vez porque no habíamos llegado a ese límite que nunca se podía concretar” (Sergio, biólogo habanero, entrevista).

7 Véase, por ejemplo, Ramos (2012), disponible en http://cuba.blogspot.com.es/2012/07/el-retorno-de-

la-opcion-cero-petroleo.html 0 2000 4000 6000 8000 10000 12000 14000 16000 18000 19 85 19 86 19 87 19 88 19 89 19 90 19 91 19 92 19 93 19 94 19 96 19 96 19 97 19 98 19 99 20 00 20 01 20 02 20 03 20 04 20 05 20 06 20 07 20 08 20 09 20 10 20 11 Mtce

Petróleo crudo nacional Petróleo crudo importado

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Contra todos los pronósticos (de los analistas internacionales, de la oposición cubana, de los cientos de periodistas que viajaron a La Habana a cubrir la caída del último bastión occidental del comunismo8), y contra la gravísima degradación material

cotidiana que tuvo lugar, el régimen resistió. Y desde mediados de los años noventa, los mismos fenómenos que eran interpretados por la oposición cubana como una regresión inasumible a formas de vida preindustriales, despertaron el interés de muchos científicos internacionales9. Las transformaciones que estaban teniendo lugar en la isla,

especialmente en el campo, y el terreno de la agricultura, parecían suponer un experimento histórico de vanguardia. En las antípodas de la lectura opositora, los científicos extranjeros entendieron la Opción Cero en Cuba como un ejemplo pionero de adaptación de una sociedad industrial a una escasez extrema de combustibles fósiles:

La experiencia cubana es el mayor intento en la historia de la humanidad de convertir la agricultura convencional en orgánica o semiorgánica (Rosset y Benjamin, 1994: 82).

Las repercusiones de la caída del muro de Berlín afectaron a los suelos de Cuba: forzaron un cambio hacia un sistema de inputs orgánicos sin precedentes en el mundo (Banco Mundial, 2001: 159).

Como indicaba el Informe Planeta Vivo de la WWF, Cuba es el único país del mundo con un alto nivel de desarrollo humano y una huella ecológica per cápita por debajo de la media

mundial (Magdoff y Foster, 2011: 105).

Gracias a sus éxitos, Cuba ha adquirido cierta fama de sociedad sustentable, y es referencia obligada en campos como la agroecología. El reconocimiento internacional de Cuba como faro de sostenibilidad está muy extendido: tanto en círculos científicos preocupados por cuestiones ecológicas como entre movimientos sociales de signo ecologista, como el decrecimiento o las Transition Towns, para los que Cuba se antoja “un modelo para la esperanza” (Pfeiffer, 2003).

El abanico de puntos de vista tan irreconciliables que pone en juego la noción de Opción Cero moviliza todas las inquietudes que han motivado esta tesis, que a grandes rasgos son cuatro:

(i) La necesidad de enfrentar el singular caso cubano a un esclarecimiento histórico: ¿Qué pasó en Cuba en la década de los noventa? ¿Cómo evitó Cuba el colapso? ¿Qué nos dice la experiencia cubana sobre cómo afecta un shock energético a una sociedad moderna?

(ii) Un interés por la sostenibilidad en hechos. En la Cuba postsoviética algunos avances en esta materia parecen incuestionables, especialmente en el terreno agrícola. Pero en la segunda década del siglo XXI Cuba sigue siendo una nación importadora de alimentos, que además experimenta con cultivos transgénicos. De esta paradoja extraigo preguntas para someter al relato de la Cuba sostenible a un

8 El 29 de enero de 1990 el Granma, bajo el titular “Crece interés internacional sobre situación cubana”,

testimoniaba que más de 55 periodistas de los mejores medios de comunicación del mundo se encontraban en Cuba, y existían más de 200 visados en fase de tramitación. “Muchos vienen pensando que van a asistir a la caída del socialismo en Cuba, pero no es así”, añade el reporte de prensa.

9 Algunos ejemplos: Levins 1990, Altieri 1993, Rosset y Benjamin 1994, Wilson y Harris 1996, Chapowle

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61 interrogatorio necesario: ¿Cuál fue el alcance de las innovaciones agroecológicas y cuál es su proyección actual? ¿Cuáles fueron sus sombras? ¿Se trató de una adaptación coyuntural o, como reporta mucha literatura, de todo un cambio de paradigma? ¿Existe una correspondencia entre los logros agroecológicos y el sistema social en su conjunto, desde la organización económica a los imaginarios? ¿Es, por tanto, la sociedad cubana una sociedad en transición hacia la sostenibilidad? ¿Su caso es extrapolable a otros contextos sociales e históricos? (iii) Encontrar pistas que ayuden reinventar el poscapitalismo tras el hundimiento histórico del socialismo realmente existente. Opción Cero es sinónimo de Estado protagónico, de economía de guerra, de primacía del plan frente al mercado, de voluntarismo político. Todas ellas, señas de identidad de un modo estatista y autoritario de entender el socialismo, que fue predominante durante el siglo XX, y que con su derrumbe ha sepultado las ilusiones emancipadoras bajo una avalancha de confusión que todavía persiste. La supervivencia del socialismo cubano ha sido posible gracias a una transición sistémica que sigue en marcha y que ha provocado una mutación radical de la Cuba de hoy respecto a los parámetros de la Cuba soviética. Esta transición arroja luz sobre uno de los problemas teóricos y prácticos más importantes del presente: entender las complicadas contradicciones que se dan entre poscapitalismo, Estado, mercado y participación ciudadana. (iv) Finalmente las interpretaciones externas de lo que significó la Opción Cero, tanto de los cubanos del exilio como de los extranjeros, nos ocultan lo más importante: la experiencia de los cubanos de la isla. ¿Cómo se vivió y cómo se sufrió el Período especial? ¿Cuál es la Cuba que se defendía o se soportaba, y cual la que hoy, después de 25 años, se quiere construir? ¿Qué tienen los cubanos que decir al respecto? Este testimonio es valioso en sí mismo y es valioso en perspectiva de futuro: la sostenibilidad no pueden ser una imposición, sino una elección libre. Y para ello debe estar, necesariamente, vinculada a la experimentación de alguna forma de vida buena. Dar voz a los cubanos y las cubanas, para que cuenten en primera persona cómo se vive en Cuba desde la caída de la URSS, puede ayudar a dibujar un paisaje material que los pensadores de modelos sociales sostenibles suelen tratar de un modo demasiado abstracto. Estas cuatro motivaciones son, simultáneamente, científicas y políticas. Porque otro investigador yuma10 inmiscuyéndose en algo que los propios cubanos tienen mucho más

talento y legitimidad para esclarecer solo tiene sentido desde un fuerte compromiso práctico con la propia realidad cotidiana. La Cuba postsoviética no es un objeto exótico de curiosidad antropológica, sino un ensayo social de alto valor anticipatorio: el colapso civilizatorio que probablemente tendrá lugar en el siglo XXI, como consecuencia, entre otros factores, del choque de la dinámica socioeconómica con los límites biofísicos del

10 “Yuma” es el término coloquial con el que se nos estereotipa en Cuba a los extranjeros de piel blanca,

algo equivalente al “guiri” español. Al principio designaba solamente a los norteamericanos y hoy se ha hecho extensivo a todos los turistas occidentales. El origen de la palabra parece encontrarse en una deformación popular del nombre de la multinacional frutícola norteamericana United Fruit Company (La

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planeta (especialmente los energéticos), nos conducirá a todos a un Período especial

mundial. Aunque el tempo de nuestro declive será, previsiblemente, más lento que el de

Cuba, el punto de llegada es el mismo. Esta investigación descubre su verdadero sentido cuando se entiende con un ojo puesto en el desafío de nuestra propia transición sistémica.

En resumen, esa extraña máquina del tiempo que fue la Opción Cero cubana, denostada por unos e idealizada por otros, tiene una función esencial de observatorio científico y político ante la crisis socioecológica. Es muy probable que a mitad del actual siglo la agricultura mundial haya sufrido un proceso de reconversión de gran envergadura. Si queremos que un paradigma agroecológico lidere esta transición, Cuba lleva 25 años experimentando, por necesidad, un modelo agrícola de bajos insumos. Lo mismo podría decirse de casi cualquier aspecto de la vida moderna, desde la energía hasta los sentidos de vida: en cada porción de la realidad social contemporánea late un

pulso entre sostenibilidad o barbarie. Para los que además entendemos que sostenibilidad y

capitalismo son fenómenos radicalmente incompatibles, posición de la que parte esta tesis, Cuba acumula más de medio siglo de intentos de construir algo que en otra época podía entenderse como socialismo.

Adelanto una de las ideas fuerza descubiertas en esta investigación: tanto por el lado de la sostenibilidad como por el lado del poscapitalismo, es razonable afirmar que en Cuba los resultados malogrados pesen más que los éxitos. Sin embargo, y partiendo del máximo respeto por la rica pero muy dura, y a veces trágica, experiencia que ha vivido el pueblo de Cuba, para el conocimiento transformativo los fracasos son casi más importantes

que los aciertos.

1.1.2 Antecedentes de la investigación: la hipótesis de la

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