La figura humana desnuda presenta una simetría bilateral casi perfecta. Buena parte de la seducción estética de un desnudo bien proporcionado, de carne y hueso o en una obra de arte, se debe a la identidad especular de los lados derecho e izquierdo del cuerpo. (La figura femenina no muestra asimetrías. La simetría masculina se rompe únicamente por el hecho curioso de que el testículo izquierdo suele pender ligeramente más bajo que el derecho.) Naturalmente, cualquier cuerpo individual puede tener pequeñas desviaciones de la simetría: un hombro más alto que otro, una columna vertebral ligeramente torcida, una cicatriz o marca de nacimiento en alguna parte del cuerpo. etc. Pero estas desviaciones, en su mayor parte, tienen tantas probabilidades de ocurrir en uno como en otro lado del cuerpo.
La simetría bilateral persiste en el interior del cuerpo, especialmente en los músculos y el esqueleto, pero queda rota en muchos lugares por la colocación sumamente asimétrica de varios órganos. El corazón, el estómago y el páncreas están a la izquierda: el hígado y el apéndice a la derecha. El pulmón derecho es mayor que el izquierdo. Las vueltas y giros de los intestinos son completamente asimétricos. El cordón umbilical humano, una magnífica hélice triple de dos venas y una arteria, invariablemente se enrosca en sentido contrario a las agujas del reloj. (Véase figura 22)
Fig. 22. El cordón umbilical humano.
Los gemelos corrientes, que son resultado de la fertilización simultánea de dos células ováricas distintas, tienen a veces rasgos asimétricos que van en una dirección en uno de ellos y en la contraria en el otro. Si son gemelos idénticos (que proceden de un solo óvulo que se divide poco después de la fertilización), esta tendencia a la imagen especular es más pronunciada. Los gemelos siameses -gemelos idénticos unidos uno al otro como resultado de una división tardía e incompleta del óvulo- son exactamente enantiomorfos en casi todos los detalles. Si uno es diestro, el otro es zurdo (1). Si el pelo de uno en la coronilla de la cabeza se arremolina en la dirección de las agujas del reloj, el pelo del otro lo hace en sentido contrario. Diferencias en las orejas, irregularidades en los dientes, y otras, aparecen en ambos gemelos como imágenes especulares. Las líneas de la palma de la mano y las huellas digitales de la mano derecha de un gemelo son más parecidas a las de la mano izquierda del otro gemelo que a las de su propia mano izquierda. Lo mismo ocurre con la otra mano.
Aún más asombroso: uno de los gemelos siameses tendrá una “víscera transpuesta”: sus órganos internos estarán invertidos, el corazón a la derecha y el hígado a la izquierda. Esta transposición de las vísceras o inversus sitos, como se dice a veces, se encuentra siempre en uno de cada par de gemelos siameses, pero también puede darse en un individuo que nace solo. Es mucho más rara que la dextrocardia, en la que sólo están invertidos el corazón y los principales vasos sanguíneos. Cuando ocurre sin que haya
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gemelización, va unida generalmente a otras anormalidades físicas, como labio leporino, paladar partido o dedos adicionales en las manos y los pies. Los lectores que deseen saber más sobre los gemelos siameses y su asombrosa similitud especular pueden consultar el capítulo 5 de Multiple Human Births, de Horatio Hackett Newman (Doubleday, 1940), un libro fascinante, escrito llanamente por un famoso biólogo de la Universidad de Chicago, experto en gemelos.
Es interesante observar que Lewis Carroll, en Through the Looking-Glass (A través del espejo), hacía que Tweedledee y Tweedledum, la conocida pareja de gemelos idénticos, fueran como imágenes especulares uno de otro. Cuando los hermanos Tweedle querían estrechar las manos de Alicia, uno tendía la mano derecha, y el otro la mano izquierda. Si se estudian cuidadosamente las ilustraciones de Tenniel, en especial el dibujo en el que los dos gemelos, frente a frente, se disponen a luchar, se ve que están dibujados como si fueran enantiomorfos.
En la conducta y los hábitos de los seres humanos hay muchos ejemplos de acusada asimetría, los más evidentes derivados del hecho de que la mayoría de las personas son diestras. La mano derecha está controlada por el lado izquierdo del cerebro y la mano iz- quierda por el lado derecho, de modo que la destreza es en realidad un fenómeno de zurdera cerebral. En otro tiempo se pensaba que los niños nadan sin ninguna tendencia genética a favor de una u otra mano, y que la destreza de un niño no era más que el resultado de la educación de los padres. Esta opinión fue expresada vigorosamente por Platón.
“En el uso de la mano somos, por así decirlo, mutilados por la insensatez de nuestras nodrizas y madres -escribe Platón en el libro VII de sus Leyes-, porque aunque nuestros distintos miembros están por naturaleza equilibrados, nosotros creamos una diferencia en ellos por malos hábitos. Favorecer una mano sobre otra -sigue diciendo el filósofo griego- tiene poca importancia en tareas tales como tocar la lira, que debe ser sostenida por una mano y tañida por la otra. Pero en deportes como el boxeo y la lucha, especialmente en los combates cuerpo a cuerpo, es esencial que un hombre aprenda a usar las dos manos con igual habilidad. Por esta razón -argumenta- los niños deben ser educados para usar ambas manos indistintamente en todas las tareas”.
Hoy sabemos que Platón estaba lamentablemente equivocado. Como Aristóteles señala con razón, nuestros brazos no están equilibrados por la naturaleza. La tendencia innata de la mayoría de la gente a favorecer la mano derecha es universal en toda la raza humana y, hasta donde podemos remontarnos, la historia suministra pruebas fidedignas. La antropología cultural todavía tiene que encontrar una sociedad, o al menos una tribu local, en la cual la zurdera sea regla general. Los esquimales, los indios americanos, los maoríes, los africanos, todos son diestros, Los antiguos egipcios, griegos y romanos eran diestros. Naturalmente, si se retrocede bastante atrás en la historia, las pruebas a favor de la mano derecha son escasas e indirectas. Han de deducirse de indicios como las formas de las herramientas y las armas, o de los dibujos donde aparecen hombres en el trabajo o en la batalla. Al dibujar una cara de perfil, una persona diestra encontrará más fácil dibujar la cara mirando hacia la izquierda, hecho que también sirve como un indicio de la “mano” del hombre prehistórico. Los antropólogos que han investigado esta cuestión en el hombre primitivo no están de acuerdo, de modo que no se puede llegar a conclusiones seguras, pero no hay discrepancia sobre el predominio de la mano derecha en todas las sociedades desde que comenzó la historia documentada.
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Las mismas palabras derecha e izquierda atestiguan en la mayoría de las lenguas la preferencia universal por la mano derecha. La palabra inglesa right, que significa derecha, justo o apropiado, sugiere que lo correcto es usar la mano derecha. Puede ser que left tenga su origen en el hecho de que la mano izquierda (left hand) se use tan poco que se la excluye (left out) de la mayoría de las tareas. Cuando se hace un cumplido malintencionado, se dice que es un left-handed compliment (falso halago). Siniestro, palabra que sugiere algo desastroso o maligno, procede de la palabra latina izquierdo; diestro, que significa mañoso, hábil, procede de la palabra latina derecho. La palabra francesa para izquierda es gauche, que significa también torcido o torpe. La palabra francesa para derecho es droit, que también significa justo, honesto, equitativo. La palabra inglesa adroit (diestro, hábil) está basada en la palabra francesa. En alemán, izquierda es link, y la palabra linkisch significa torpe, desmañado. La palabra alemana
recht, derecha, significa también justo y fiel, como en inglés. En italiano la mano
izquierda se llama stanca, que significa fatigada, o manca, que significa defectuosa. Los españoles hablan de la mano izquierda como zurda y la frase española a zurdas significa del modo equivocado.
El protagonista de la novela Patchwork Girl of Oz, de L. Frank Baum, es un muchacho zurdo (como lo fue el propio Baum), llamado Ojo el Desgraciado. "Muchos de nuestros grandes hombres lo son", le dice a Ojo el Leñador de Hojalata. "Por lo general, ser zurdo es ser ambidextro: las personas diestras, normalmente sólo saben usar esa mano."
El cristianismo ha reforzado vigorosamente la identificación de maldad con zurdera. Es difícil hallar en la Biblia referencias de elogio a la mano izquierda. Cuando el padre de José bendice a los dos hijos de éste, confunde derecha e izquierda (con gran aflicción de José), e impone su mano derecha sobre el segundón, y no sobre el primogénito. Jesús habló de separar las ovejas de los machos cabríos en su segundo advenimiento, las ovejas a la derecha, los machos cabríos a la izquierda. Al diablo se le suponía zurdo. Se dice que hubo santos que rehusaron mamar del pecho izquierdo de sus madres cuando eran lactantes Siempre que los pintores han tratado el tema del juicio final, han mostrado a Dios señalando al cielo con la mano derecha y al infierno con la izquierda.
No menos fuerza ha tenido este prejuicio en Oriente, muy especialmente en Japón. En las zonas rurales, era frecuente que los escolares zurdos fueran apaleados por sus maestros; las chicas zurdas tenían que fingir ser diestras para encontrar marido. En 1968, un psiquiatra de Tokio, Soichí Hakozaki, trató de combatir el prejuicio (que él consideraba causante de mucha ansiedad) con un libro titulado Advertencias en contra de una cultura
derechista. La revista Time (7 de enero de 1974) informaba de que Hakozaki estaba satis-
fecho por la buena venta de su libro, pero temía que se trataba de “una larga batalla, cuesta arriba”. Un signo esperanzador era que un disco de gran éxito en Japón se titulaba “Mi novio es zurdo”.
Nadie sabe por qué toda la raza humana tiene esta tendencia innata a favor de la mano derecha. Los monos y simios, nuestros parientes más cercanos entre los primates, son ambidextros. Algunos vertebrados muestran una preferencia por la izquierda o por la de - recha en determinadas circunstancias: perros de muestra que levantan una pata, loros que se sostienen en la percha sobre una pata, etcétera; pero todo esto es demasiado ajeno a la raza humana para ser importante. En algún momento del pasado geológico, cuando los primates comenzaron la larga transición hacia los caracteres humanos, algo comenzó a apartarles de estos hábitos simétricos. Se ha señalado que al luchar con un enemigo, el
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hombre primitivo pudo encontrar ventajas en llevar el cuchillo o la lanza en la mano derecha, porque tendría que recorrer una distancia mínima antes de traspasar el corazón de su adversario. Además, su lado izquierdo, más vulnerable, necesitaría la protección de un escudo. Este escudo seria sostenido naturalmente por la mano izquierda, dejando la de- recha libre para empuñar el arma. A la luz de estos factores, una mutación en favor de la mano derecha pudo tener un ligero valor de supervivencia. Lee Salk tiene la teoría de que los recién nacidos necesitan oír el latido del corazón de la madre, y por ello las madres primitivas sostuvieron a sus niños con el brazo izquierdo, quedando el derecho libre para realizar las diversas tareas. Se han expuesto otras teorías de la dextralidad, pero sin apenas pruebas en que basarlas. La mayoría de los antropólogos lo consideran un misterio todavía no explicado de manera satisfactoria.
¿Qué porcentaje de la población actual es zurda? Parece una pregunta directa, sencilla; pero de hecho es vaga, hasta el punto de que casi no tiene significación. Se podría escribir un libro elemental sobre estadísticas, examinando críticamente la enorme y confusa li - teratura publicada sobre esta cuestión en las últimas décadas. En primer lugar, la incidencia de la zurdera puede variar de tiempo en tiempo, de región a región. En segundo lugar, no es fácil definir exactamente lo que se considera zurdo. Es cierto que la mayoría de las personas son diestras, pero entre quienes no lo son, algunos son muy zurdos y otros débilmente zurdos: algunos son ambidextros, en el sentido de que hacen casi todas las cosas igual de bien con ambas manos y otros son también ambidextros, en el sentido de que son igual de torpes con la dos manos. Hay personas que realizan ciertas tareas especializadas con la mano derecha, y otras con la mano izquierda. No es raro encontrar una persona que escribe con una mano y come y hace todo lo demás con la otra. O viceversa. Por último, es sumamente difícil identificar a una persona que puede haber nacido con una predisposición hacia la mano izquierda, pero que nunca la mostró debido a que desde temprana edad fue educado para usar la mano derecha.
En vista de tales dificultades, no es sorprendente encontrar a los expertos en pleno desacuerdo acerca de la incidencia de la zurdera. En efecto, las estimaciones varían desde el 1 por 100 hasta más del 30 por 100. Uno de los más antiguos testimonios referentes a esta cuestión está en el Antiguo Testamento: Jueces, capítulo 20, versículos 15 y 16. El pasaje no es demasiado claro, pero parece decir que de 26.000 hombres en un ejército, fueron escogidos 700 zurdos porque “tiraban una piedra con la onda al ancho de un cabello y no erraban”. El pasaje es interesante, porque sugiere que los zurdos eran extraordinariamente hábiles y porque da un porcentaje de zurdos aproximadamente del 2.7 por 100. Hoy, la mayoría de los estudios revela una incidencia mucho mayor. Muchos especialistas estiman que alrededor del 25 por 100 nacen zurdos, pero que las presiones del entorno: en un mundo dominado por la mano derecha, reduce la minoría zurda a una fracción mucho menor.
La revista Newsweek, en su número del 1 de octubre de 1962 incluía un cuestionario destinado a averiguar cuántos lectores leían habitualmente la revista de atrás adelante, y ver si esta práctica tenía alguna relación con la zurdera. En el número del 25 de febrero del año siguiente apareció un análisis de 5.800 respuestas: el 56,1 por 100 leían de delante atrás, y el 43,9 por 100 de atrás adelante. Si hemos de confiar en esta encuesta, es sorprendente que muchos occidentales hayan adoptado la costumbre de leer una revista de noticias de atrás adelante, la manera en que las revistas están destinadas a ser leídas en Oriente. Pero no hay una correlación significativa de esta costumbre con la zurdera. Entre
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los lectores que leían de atrás adelante, el 13 por 100 se declararon zurdos, el 85,1 por 100 diestros y el 1,9 por 100 ambidextros. Entre los que leían de delante atrás, el 12,4 por 100 eran zurdos, el 84,8 por 100 diestros y el 2.8 por 100 ambidextros. Así pues, del total de lectores de Newsweek que respondieron, alrededor de una octava parte eran zurdos. Hay muchos indicios de que la frecuencia de la zurdera ha aumentado en Estados Unidos durante las últimas décadas. La mayoría de las autoridades en la cuestión creen que ello no se debe a que nazcan más zurdos, sino a que los padres son más transigentes en permitir a los zurdos que lo sean. Hace treinta o cuarenta años, los psicólogos decían a los padres que se podían producir toda clase de desórdenes nerviosos, especialmente la tartamudez, si a un niño zurdo se le enseñaba a usar la mano derecha para comer y escribir. El cambio no sólo pondría al niño en un estado de tensión emocional y rebeldía, sino que, como sostienen algunos especialistas, su cerebro estaría confuso sobre qué lado era el dominante, una confusión que implicaría a los centro cerebrales del lenguaje. Actualmente los expertos coinciden en que la cuestión de la zurdera desempeña un papel sumamente secundario, si es que desempeña alguno, en la tartamudez y otros desórdenes nerviosos similares. Wendell Johnson, profesor de psicología y patología del lenguaje en la famosa clínica del lenguaje de la Universidad de Iowa, ha escrito un excelente libro, titulado Stuttering and what You Can Do About it (Tartamudez y lo que usted puede hacer sobre ello), en el que resume las sólidas pruebas que han llevado a los psicólogos a abandonar la teoría, antes sostenida ampliamente, de que existe una relación entre tartamudez y zurdera. Cuidadosos e importantes estudios han revelado que no hay tal relación.
El propio doctor Johnson tartamudeó en su niñez, y en su libro hay un apartado, a la vez divertido y triste, en el que describe la serie de vanos esfuerzos que hizo por curarse. Trató de sanar por la fe, de hablar con pequeñas piedras en la boca, fue tratado por un quiropráctico y pasó tres meses en una escuela de tartamudos, donde movía pesas de gimnasia mientras recitaba ciertas frases, Terminó yendo a la Universidad de Iowa, donde se ponía en marcha un nuevo programa sobre la tartamudez. Los psiquiatras encargados de este programa estaban convencidos de que la tartamudez tenía relación con la zurdera. Aunque no había la menor prueba de que Johnson no fuera sino fuertemente diest ro, tan arraigada estaba la teoría, que durante diez años estuvo tratando de convertirse en zurdo, con fracaso total. Cuando en los años treinta comenzaron a conocerse nuevos datos que demostraban que no existía una correlación entre tartamudez y zurdera, el propio Johnson apenas podía creerlo.
Las noticias de este nuevo punto de vista han ido llegando, lentamente a los padres de hoy. Muchos psicólogos infantiles aconsejan que si un niño no es fuertemente zurdo no se le causa ningún daño si amablemente se le induce, caso de que sea posible, a utilizar la mano derecha para comer y escribir. Pero si el niño es fuertemente zurdo es mejor permitir que siga siéndolo; no porque al obligarle a cambiar de mano se vaya a hacer de él un tartamudo, sino a causa de que ello le trastornaría emocionalmente y probablemente, en definitiva, no tendría éxito. El efecto que esa tensión emocional puede producir en un zurdo en manos de padres obstinados, es materia que todavía está siendo discutida.
La mayoría de los diestros lo son también de los pies, en el sentido de que suelen golpear una pelota con su pie derecho, pero en otros aspectos tienden a ser zurdos del pie. En situaciones en que el pie izquierdo es usado más a menudo, la tendencia puede
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relacionarse con la dextralidad manual. Al montar a caballo, por ejemplo, el hacerlo con la pierna izquierda permite al brazo derecho prestar mayor ayuda. Si se coge una pala con la mano derecha por el mango, para imprimirle mayor impulso, es más conveniente usar el pie izquierdo para clavar la pala en el suelo. Los muchachos diestros suelen montar en la bicicleta por la izquierda. Yo sospecho que la mayoría de los diestros, al saltar hacia delante, dejan que la pierna izquierda haga el trabajo muscular, pero no tengo estadísticas en qué apoyarme. Cuando una persona se pierde en un bosque, tiende a andar en círculo