4.4. Los elementos literarios:
4.4.2. Las cuestiones de la creación literaria y el escribir sobre uno mismo.
Sobre éste tema, la autora Ethel Krauze (2011), docente e investigadora de la Universidad Autónoma de México, propone que el proceso de la creación literaria surge a partir de algo que ella ha nombrado metaforización consciente, que es un ejercicio individual de hacer estético el acto común de la metáfora (p.14). Sin embargo para llegar a éste punto, es ineludible reconocer que, de por sí, la creatividad es “una condición inherente a la condición humana, […] esta
58 habilidad evolutiva imprescindible no puede quedar fuera del campo de la literatura” (pp.13-29), es en la interacción con las palabras donde se descubre la propia capacidad para la creación literaria que ella misma define como “la expresión estética del idioma a través de la escritura, […] podríamos decir que se trata de una suerte de habla personal que, aunque nace del habla común, se ha modificado estéticamente dentro de los límites de la norma y cuya resonancia termina por enriquecer la misma norma.” (p.33) Bajo las palabras de la autora, Heidegger, en la creación literaria, “toca la médula ósea de su tesis: la responsabilidad de todo ser humano para tomar la decisión de establecer un diálogo auténtico y asumir su condición esencial.” (p.25).
A partir de éstas ideas que trae Krauze a colación, se puede decir entonces que crear literatura no ocurre sólo desde la capacidad propia que tienen los humanos de producir un lenguaje y plasmarlo en un papel, es necesario que el sujeto se asuma como un agente creador natural, que en su capacidad está además el poder de dejar en el mundo un objeto que concrete su existencia, ante lo cual surge otro sujeto que resulta igual de importante que el escritor, y es el lector quien “termina siendo un co-creador del producto literario, pues en su interacción con la obra, emerge a plenitud el fenómeno de la creación de un nuevo ser en el mundo” (Krauze, 2011, p. 53).
Por otro lado, un autor que para éste proyecto resulta pertinente y que hará evidente que cada ser humano cuenta de por sí con una serie de recursos con los que trabajar cuando se habla de procesos creativos, es el psicólogo Lev Vigotsky para quien el lenguaje es un tema central en todo su trabajo y quien además hablará de la infancia con relación al proceso de creación
literaria. Él hablará de uno de los puntos clave que es el de la imaginación, y en ese sentido el aporte del texto “la imaginación y el arte en la infancia” ofrece desde su perspectiva una serie de
59 elementos que valdría la pena tener en cuenta en el momento en que se plantee orientar un
espacio de creación literaria.
Bajo su pensamiento, la actividad creadora es toda aquella que genere algo nuevo
(Vigotsky 2008, p.11), partiendo de la claridad de que el ser humano, en general, cuenta con una disposición innata para la creación, y aunque el cerebro cuenta con la capacidad para conservar experiencias y hace posible traerlas al presente toda vez que sea necesario, también es capaz de seleccionar de estas los elementos que le permitan acomodarse a los cambios que exige el medio en el que se desarrolla y en esa medida adaptarse, así pues, combinar la experiencia antigua con la nueva es lo que logra darle bases a la creación.
Es entonces cuando Vigotsky (2008) habla de la imaginación “como base de toda actividad humana, se manifiesta por igual en todos los aspectos de la vida cultural haciendo posible la creación artística, científica y técnica” (p.13), ésta no es una actividad cualquiera de divertimento y distracción del cerebro humano, sino que de hecho es una función vital,
alimentada por todos los elementos o el material que proviene de la realidad, por lo que entre mayores sean las fuentes de información o la cantidad de experiencias vividas, mayores serán los productos de la imaginación. En esa medida, al proveer experiencias, elementos novedosos que amplíen los marcos de referencia se podrían fortalecer las capacidades de creación en los niños. Continuando con la idea anterior, Vigotsky (2008) propone que hay cuatro formas en las que la imaginación y la realidad se vinculan; la primera y la fundamental es a través de la
experiencia propia y de todos los elementos que se pueden captar en la interacción con el mundo; la segunda, es por medio de la fantasía en la que los elementos provienen de otros relatos, de las experiencias ajenas, de las imágenes que se forman con las información que se obtiene por ejemplo de lugares, situaciones o personas con las que no se ha establecido relación alguna; la
60 tercera, es a través de la emoción en la que el ser humano ha aprendido a expresar de alguna manera las emociones, de tal modo que es capaz de imaginar algo cuando se habla sobre una de ellas, o por otro lado, en el mundo interior es posible atribuir símbolos a las emociones como por ejemplo colores o imágenes, “como si la emoción pudiese elegir impresiones, ideas, imágenes congruentes con el estado de ánimo que nos sometiera en aquel instante.” (p.22), comprender éste punto ayudará a que en las representaciones artísticas sea posible generar reacciones en las personas que tienen contacto con las obras o palpar las emociones de quien las ha creado.
Finalmente, en cuarto lugar está la posibilidad de representar algo completamente nuevo a partir de las experiencias propias, es decir, lograr un producto que genere un nuevo significado, esto es una “imagen cristalizada, convertida en objeto, [que] empieza a existir realmente en el mundo y a influir sobre los demás objetos. Dichas imágenes cobran realidad” (p. 25). A partir de éstas cuatro formas de la relación imaginación-realidad, es posible entrever que tanto el pensamiento como la emoción tienen un papel trascendental en la actividad creativa, no en vano, éste autor sostiene que “en la base de toda acción creadora reside siempre la inadaptación, fuente de necesidades, anhelos y deseos” (p. 35).
Otro aporte importante para comprender la elaboración de imágenes y la selección del material para la imaginación y la fantasía son los procesos de asociación, que es la integración de fragmentos disociados o modificados; disociación, “que sirve de base al pensamiento abstracto, a la comprensión figurada” (Vigotsky 2008, p. 32), es la fragmentación de la información que poseen las personas; comparación, por la que algunas imágenes se recuerdan y otras no; exageración, que hace posible pensar en cosas más allá de lo establecido, de lo conocido, extiende límites y posibilidades; la combinación, en la que es posible tomar diferentes
61 finalmente se encuentra la “imagen cristalizada” o exteriorizada, el producto concreto de todos éstos procesos.
Vigotsky plantea que cada inventor, independientemente de su área y su grandeza es un producto de los contextos en los que vive, su historia, las necesidades sociales, culturales, científicas, entre otras. En sus palabras “Ningún descubrimiento ni invención científica aparece antes de que se creen las condiciones materiales y psicológicas necesarias para su surgimiento” (Vigotsky 2008, p.35), así las cosas, en consonancia Ribot (sf. Citado en Vigotsky 2008) plantea que ninguna creación está exenta de un “coeficiente social”, en toda creación “queda siempre alguna colaboración secreta, desconocida […]La imaginación creadora, en toda su forma trata exteriormente de afianzarse en actos que no existan tan sólo para su autor, sino también para todos los demás” (p.37). Estos planteamientos son importantes puesto que en ellos se encuentra la clave para comprender que los productos de la creación literaria, sus símbolos y significados serán variables dependiendo de la cultura, de las condiciones sociales en donde se encuentren “los creadores”.
Al hablar de procedimientos, métodos o pautas, Vigotsky cita a Tolstoi desde un ejercicio de creación literaria que tuvo la oportunidad de dirigir con niños campesinos huérfanos, que como el mismo Tolstoi manifiesta, se encuentran mucho menos influenciados por el lenguaje y estilo del adulto. Así pues Tolstoi (sf. Citado en Vigotsky 2008) sugiere que en primera medida se debe brindar una amplio y diverso conjunto de temas no raros pero sí que puedan suscitar algún interés incluso del profesor. Segundo: apoyarse en los ejemplos que ofrece la literatura infantil. Tercero: que para él es de gran relevancia, al revisar las creaciones o ejercicios de composición, se debe velar por no hacer objeciones “acerca de la limpieza, de la caligrafía, de la
62 ortografía, ni, lo que es básico, sobre la composición o la lógica del relato” (p.58). Cuarto:
enfocarse en la trama del texto más que en la cantidad de texto producido.
Con relación a la creación literaria y el momento adecuado en el que deba iniciarse su ejercicio, Soloviov (sf. Citado en Vigotsky 2008) propone que sea cuando inicia la madurez sexual (p.52) dado que éste es el momento en el que los niños se encuentran con una amplia gama de sensaciones, experiencias y vivencias. Es en éste momento de la vida en el que el mundo interior también se encamina hacia un nivel más alto de desarrollo y es más capaz de comprender las leyes que rigen el lenguaje verbal y el escrito, que, vale la pena aclarar, resultan ser sumamente diferentes siendo el segundo mucho más complejo. Ésta etapa, además, coincide con la escolar y en ella también se acceden a nuevas fuentes, formas y contenidos de
conocimiento, lo que puede ampliar la riqueza del mundo interior, sin embargo, según Blonski (sf. Citado en Vigotsky 2008) su influencia ha de ser tal que puede limitar la imaginación, pues la escuela en su mayoría orientará la creación hacia la reproducción del lenguaje adulto, con sus normas y temas que carecen de interés para los niños, temas superficiales, desconocidos y con un lenguaje que no es el suyo, como si se tratara de una actividad mecánica. Una cita que produce reflexión en relación a lo que se acaba de mencionar, es la siguiente:
Hay que habituar al niño-dice Blonski-a escribir sólo sobre lo que conoce bien, en aquello que ha meditado mucho y profundamente. Nada más nocivo para el niño que imponerle temas en los que haya pensado poco y de los que no sepa qué decir, esto equivaldría a educar escritores vacíos, superficiales. Para hacer del niño un escritor es preciso imbuir en él fuerte interés hacia la vida que le rodea. El niño escribe mejor sobre aquello que más le interesa, sobre todo cuando lo conoce bien. Hay que educar al niño a escribir sobre lo que le interesa hondamente, en lo que ha pensado
63 mucho y con profundidad, en lo que conoce bien y se orienta fácilmente. Hay que enseñar al niño a no escribir nunca de lo que no sabe, de lo que no le interesa. Y, por cierto, hay maestros que proceden completamente al contrario, con lo que matan al escritor en el niño. (p.55)
Respecto a esto, lo que se busca en éste proyecto es que ese “escribir sólo sobre lo que conoce” sea sobre sí mismo, sobre su propia vida, su entorno, sus pensamientos y emociones, se espera que “aquello que más le interesa” sea la comprensión de su propio ser y de las otras fuerzas que han influido en su vida, cómo el sí mismo y la autoconciencia pueden influir en lo que será el adulto, es decir, que es posible ser el autor y protagonista de la propia vida. Para éste caso, el autoconocimiento y la autoconciencia se enfocarán hacia el mundo emocional, ante lo que sugiere Vigotsky que es en aquellos momentos de cambio o reconstrucción de la identidad, en los que el equilibrio de la vida se ve atravesado por alguna circunstancia que exige un cambio, generando una serie de emociones que pueden ser positivas o negativas dependiendo de la
capacidad con que se asuman, siendo de cualquier manera una fuente importante para la creación.
Por otro lado, con relación a la infancia a la que le dedica gran parte de su texto, el autor sostiene que la inventiva de los niños debe ser mayor para estos que para la misma literatura, por lo que la creación literaria en éste momento de la vida no puede ser juzgada de la misma manera que la de un literato. “El niño necesita jugar y la creación literaria del niño se necesita ante todo para el justo despliegue de las fuerzas del propio autor, así como para el medio ambiente infantil en que nació y en el que se desarrolla” (Vigotsky 2008, p.74), en consecuencia lo que realmente debe tenerse en cuenta es el valor objetivo que tiene tanto el juego como la creación y es el desarrollo y educación del niño. Al respecto Vigotsky resalta de Tolstoi, en el ejercicio
64 referenciado anteriormente, que despertó en los niños “formas de expresar sus vivencias y su enfoque del mundo que no conocían en modo alguno hasta entonces, y junto con los niños inventaba, construía, combinaba, les inspiraba, les planteaba temas, es decir, canalizaba en lo principal todo el proceso de su actividad creadora, les mostraba métodos literarios, etc. Y todo eso es educar, en el sentido más exacto de esta palabra” (Vigotsky 2008, p. 59).
Hasta aquí, se ha buscado la pertinencia de éste proyecto aportando argumentos desde las voces de otros autores que, en la psicología y en la literatura, rescatan la importancia de la palabra y su uso como el eje central no solo para la comprensión de sí mismo sino para la apertura y creación de nuevos caminos y mundos posibles en donde se transgreden los límites entre la realidad y la imaginación. En la construcción de toda la fundamentación teórica se han despertado interrogantes, cuestiones que para fines prácticos resultan cruciales, como por ejemplo ¿cuál es el sentido de orientar espacios de creación literaria?, ¿por qué enfocarla hacia el autoconocimiento y el mundo emocional personal? Y más aún ¿porqué dirigir éstos esfuerzos a la población más joven?.
Con respecto a éstos interrogantes, los cuales se traen a colación en éste momento por que de manera casi reveladora el texto de Vigotsky a acertado a cada una de ellas, por ejemplo, manifiesta que en el juego y en la creación literaria los niños mantienen aún una relación estrecha con sus propias vivencia e intereses personales que impregnan sus producciones, de lo que se concluye que realmente es muy importante y valiosos en términos de bienestar personal, el trabajar en el fortalecimiento de la relación consigo mismo en los niños, una relación que no niegue, ni oculte, ni obvie la historia personal sino que por el contrario ésta sea el primer elemento con el que se pueda contar para comprenderse, entendiendo que esto será lo que permita manejarse con mayor seguridad a lo largo de la vida.
65 Finalmente y a partir de la idea expresada anteriormente se rescata un fragmento del texto de Vigotsky (2008) “La imaginación y el arte en la infancia” que es del todo pertinente con relación a los interrogantes expuestos, pero que además ratifica la trascendencia del interés orientador de éste proyecto, en ésta el autor expresa que:
El sentido y la importancia de esta creación artística residen tan sólo en que permite al niño superar la angosta y empinada garganta en el desarrollo de su imaginación creadora que imprime a su fantasía una dirección nueva, que queda para toda la vida. Consiste también su sentido en que profundiza, ensancha y depura la vida emocional del niño que por vez primera despierta y se dispone a la acción seria; por último, consiste también su importancia en que permite al niño, ejercitando sus anhelos y hábitos creadores, dominar el lenguaje, el sutil y complejo instrumento de formular y transmitir los pensamientos humanos, sus sentimientos, el mundo interior del hombre. (p.78)
Sobre las cuestiones de la creación literaria, se ha tomado un texto de la filóloga argentina Silvia Adela Kohan el cual ha titulado “Escribir sobre uno mismo” (2011) y que aparece de manera oportuna en la búsqueda que se ha emprendido para éste trabajo, resulta oportuno en varios sentidos, por ejemplo, el trabajo de la autora ha sido enfocado a orientar procesos creativos en literatura, se permite dar algunas luces y sugerir pautas sobre cómo “escribir sobre uno mismo”, es decir, el uso de la propia vida como elemento fundamental para la producción literaria, pautas que se describen a continuación teniendo en cuenta que pueden ser de utilidad para la planeación de espacios de creación literaria autónomos o dirigidos a otras personas.
En el texto, además, se hace evidente que para Kohan el acto de escribir sucede en soledad y favorece una gran serie de procesos como el reconocimiento, la autoconciencia, la
66 reconsideración de lo vivido y recuperación de diferentes momentos que se han dejado olvidados pero que guardan gran parte de aquello que le da sentido a lo que las persona son ahora, a su vida actual logrando comunicar, trascender, reflejar las situaciones del contexto en el que se vive o se vivió. Vale la pena decir aquí, que en gran medida, ésta idea se acerca a lo que se busca en el escenario de la intervención psicológica, por lo que una vez más éstas dos áreas de conocimiento (literatura y psicología) se acercan siendo más lo que tienen en común que lo que las hace
diferentes.
Sin más, el recorrido que hace Kohan en su libro es supremamente útil y concreto, aquí se hablará un poco de cada uno de los apartados de éste que más adelante nutriran la propuesta final. Dichos apartados que son entendidos aquí como algunas pautas para la escritura son:
4.4.2.1. “Un paseo por uno mismo”
El primer recurso con el que cuenta todo autor es su propia vida, para la autora siempre existe esa necesidad de escribir sobre uno mismo o de alguna situación particular propia o de otros que genera cierto grado de afectación. Por ésta razón, Kohan escribe que “todos los escritores coinciden en que la experiencia personal es el centro del proceso creativo” (p.12), por su lado Jean Paul Sartre al referirse a la literatura declara que “Todo viene del trabajo subversivo de la biografía” (p.10), para Mario Vargas Llosa “Un escritor tiene la ventaja de que, por más dolorosa que sea una experiencia, tiene esa defensa secreta del dolor, porque piensa que ese es el material, un barro que le sirve para crear una ficción” (p.15) y Jean Rhys cuenta desde su propio trabajo que “Hay poca invención en mis libros. Lo que primero apareció, en casi todos ellos, fue el deseo de liberarme de esa horrible tristeza que me tiraba abajo. Cuando era niña descubrí que si podía ponerla en palabras, desaparecía. Creo que escribo sobre mi misma porque es lo único que verdaderamente conozco” (p.14).
67 Al recoger éstas voces, Kohan define que existen dos posibilidades para ese “hablar de uno mismo”, una es desde la narrativa, es decir, tomar la forma de la novela, el cuento, la poesía o el guión teatral para contar la o las experiencias que se desean contar y la otra forma es la autobiografía propiamente dicha, sin embargo, manifiesta que la primera permite exagerar, explorar, jugar, inventar con imágenes, con los sentidos y significados que se les ha otorgado a cada vivencia. En la narrativa es posible ponerse en otro personaje, dotarlo de características propias o fantásticas, deseables, es posible lograr la trascendencia de un lugar que en principio