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Lenguaje y relato en la construcción del ser.

In document Travesía Tierra Adentro (página 35-47)

4.3. Bases epistemológicas y teóricas desde la psicología.

4.3.1. Lenguaje y relato en la construcción del ser.

36 Al hablar específicamente de la psicología, en ella se ha planteado una propuesta

sistémica narrativa y uno de los elementos que cobra un importante valor es la metáfora como medio para ejemplificar, retratar o mediar sobre temas que resultan sumamente complejos y delicados para las personas y los sistemas, permitiendo adentrarse en su simbología o sus campos de sentido siendo la razón por la que la metáfora resulta un elemento fundamental para la

resignificación en los relatos y consecuentemente en la reorganización de los sistemas que usualmente proviene de una crisis, por lo que

Casi siempre es la historia difícil, desconcertante, dolorosa o iracunda de una vida o de una relación ya arruinadas. Para muchos se trata de una historia de hechos calamitosos que conspiran contra su sensación de bienestar, de satisfacción, de eficacia. Para otros, la historia suele aludir a fuerzas invisibles y misteriosas que se introducen en las secuencias de la vida para perturbar y destruir. Y para otros es como si, en su ilusión de cómo es, cómo debería ser el mundo, hubieran tropezado con dificultades para las que su relato preferido no los hubiera preparado” (Gergen, K y Kaye, J. 1996 citados en Zlachevsky 2003, p.51)

Siguiendo ésta idea, Cardona y Osorio (2015) en su artículo titulado Uso de la metáfora en terapia familiar. Aportes al enfoque narrativo, en el que entrevistan a un grupo de 10

terapeutas sistémicos sobre el uso de la metáfora en sus casos, dirán sobre ésta que “da cuenta de la posibilidad de una mayor plasticidad, dado que la metáfora ofrece otros matices que dan lugar a resignificaciones del evento traumático”, ante lo que afirma Witney (2012) que el enfoque narrativo y las metáforas permiten que el consultante desarrolle agencia personal (Cardona & Osorio, 2015, p. 19).

37 Por otro lado mencionan que es muy importante conocer y manejar el leguaje y

expresiones coloquiales de las personas como los dichos o refranes, puesto que de otra manera tanto el espacio terapéutico, las conversaciones y las metáforas perderían sentido o no tendrían la suficiente resonancia. Las metáforas tienen además el poder de poner fuera de sí una situación problema, exteriorizarla, y así hacer aproximaciones diferentes, viabilizar posibilidades, es una forma en que las personas se puedan hacer cargo de las situaciones con ayuda del terapeuta. Uno de los participantes del proceso investigativo de las autoras refiere, sobre la metáfora, que

“cuando aparece la necesidad de describir una situación, y no se encuentran las palabras, hay que recurrir a una imagen; cuando se agotan las posibilidades de descripción entonces hay que acudir a una metáfora” (Cardona & Osorio, 2015, p.21).

Como complemento de ésta idea, se podrían mencionar las palabras de Gianmbattista Vico (citado en Krauze, 2011) quien de una manera solemne, señala que:

La lengua nació siendo poesía, no por lujo, sino por necesidad, esa necesidad de la naturaleza humana de explicarse el mundo. La poesía no es hija de la cultura, es su madre, que surgiendo de la pobreza de la expresión, tuvo que recurrir a las imágenes, las semejanzas, las comparaciones, los circunloquios… dicho en una palabra abarcadora, a la metáfora, para parir el primer lenguaje netamente humano. (p.22)

Uno de los psicólogos que más ha investigado sobre el acto de narrar y que será

fundamental para ésta propuesta, es Jerome Bruner puesto que según sus planteamientos, el acto de narrar es parte constitutiva del ser humano y ha elegido ésta (la narración) como su forma predilecta de situarse en el mundo. En el relato se circunscriben el narrador como ese alguien que cuenta la historia, los personajes, las acciones que desarrolla cada uno frente a situaciones

38 que requieren ser solucionadas, comúnmente se les llama nudo, él les llama infracción a esas situaciones “desestabilizantes” que aparecen en la historia y que se convierten en el centro de la misma, luego han de aparecer las resoluciones que al ser vistas en retrospectiva, serán de algún modo evaluadas, a esto Bruner le llama coda. (Siciliani, 2014, pp.33-34)

Por otro lado, otro de los puntos importantes es entender el rol del narrador, quien cuenta desde SU perspectiva y desde ella construye su visión de lo real, explica el mundo, por lo que es apenas natural que surjan los conflictos de interpretaciones, entonces “contar historias no es un juego infantil sin trascendencia o un entretenimiento fútil con el que los seres humanos se distraen. En el corazón de la narrativa hay un problema hermenéutico fundamental” (Siciliani, 2014, p. 36). La tarea de éste es vital, el narrador no es alguien que reporta lo evidente de una situación sino que debe, por otro lado, ser mucho más meticuloso, “tendrá que generar una aguda capacidad para hablar de lo que parece intrascendente. En [una] hermosa expresión de Bruner, tendrá que aprender a “re-examinar lo obvio”. Aún más Bruner dice que el narrador, en particular el literario, debe “tratar con reverencia aquello que es familiar, si quiere obtener verosimilitud”” (Siciliani, 2014, p. 41)

En ese sentido, lo que resulta interesante para Bruner, no es “la obra final” o el texto acabado, sino por lo contrario, el proceso, lo que sucede en la construcción de los relatos con los sujetos que lo hacen, siendo el texto algo mucho más allá que una estructura gramatical, una organización normativa de signos; son por otro lado, acontecimientos humanos que muestran la existencia de esfuerzos e intentos por comprender y tomar control de las situaciones que se presentan en la vida (Siciliani, 2014, pp.35-36).

En el artículo “Contar según Jerome Bruner” realizado por José María Siciliani en el que estudia e interpreta en la obra “La Fabrica de Historias. Derecho, literatura y vida.” Se

39 encuentran descritas una serie de 12 funciones, las cuales no tienen ningún orden de jerarquía pero que para Bruner son determinantes según sus planteamientos y para éste trabajo resultan de gran relevancia. Estas funciones son:

“Narrar es un acto interpretativo que hace del relato una versión de una vida humana o de una comunidad cultural”: Aquí se habla de la no neutralidad del relato, de la perspectiva particular de quien cuenta la historia y en esa medida, reconoce la libertad de crear una perspectiva y una visión de mundo (Siciliani, 2014, pp.37-38)

“Narrar es un acto intencionado que vehicula una pragmática comunicativa potente”; lo que hace referencia a la naturalidad del deseo de contar algo a alguien, estableciendo una

relación narrador (hablante) – narratorio (receptor), en la que ocurre un acto intersubjetivo de crear y brindar una oferta de mundo la cual es susceptible de ser aceptada o rechazada. (Siciliani, 2014, pp. 39-40)

“Narrar es el arte de transgredir lo banal para convertirlo en epifánico”; es decir, en medio del acto de narrar, debe existir una tendencia hacia la verosimilitud, esto es, que el relato sea coherente, creíble, plausible aún cuando sea ficción. Para ello, debe hacerse un estudio delicado de lo que es familiar, “re-examinar lo obvio”, romper lo confortable y predecible y hacer de lo insólito algo posible. (Siciliani, 2014, pp.40-42)

“Narrar es pensar y promover mundos posibles y proyectos de vida realizables[…] narrar es entonces imaginar, narrar es transgredir la irresistible tiranía de lo obvio o lo evidente; narrar es transfigurar lo banal […] el relato no solo invita a lo posible, sino que tiene que ver con las expectativas truncadas” (Bruner, 2003 citado en Siciliani, 2014, pp.42-44), en ese sentido hay un juego continuo entre lo que es viable y lo que viene del mundo de la imaginación

40 “Narrar es la forma privilegiada del ser humano para construir su identidad”. Éste es uno de los puntos en el que Bruner desarrolla gran parte de sus estudios y sus textos, concibe que “la relación estrecha entre narración e identidad es entonces tal que “sin la capacidad de contar historias sobre nosotros mismos, no existiría una cosa como la identidad”” (Bruner, 2003, citado en Siciliani, 2014, p.46).

“Narrar es una actividad que modela la mente del ser humano”; dicho en las palabras del mismo Bruner “la narrativa modela la mente humana como instrumento de percepción del mundo […]. De hecho seguimos aferrándonos a esos modelos de la realidad narrativos y los usamos para dar forma a nuestras experiencias cotidianas […] las situaciones prototípicas llegan a tornarse metáforas fundamentales de la condición humana” (Bruner 2003, citado en Siciliani, 2014, pp.47-48).

“Narrar es una actividad que modela la experiencia del mundo”. Sobre ésta función Bruner expone que de la misma manera en la que el ser humano se cuenta a sí mismo, en un orden, en alguna secuencia coherente que le dé un sentido a su relato, así mismo experimenta al mundo, “se puede decir que la experiencia en sí misma es amorfa, sin estructura, confusa. Por eso “nuestras historias no solo cuentan, sino que imponen a lo que experimentamos una estructura y una realidad irresistible” (Bruner 2003, citado en Siciliani, 2014, p.49).

“Narrar es una forma de aprehender y dar sentido a la realidad”; es decir, narrar o escuchar otros relatos permite crear referencias, puntos concretos o comunes bajo los cuales situarse dentro de una realidad, “es por el relato que los seres humanos pueden referirse a ciertas realidades concretas. Se diría que el relato tiene el poder de “concretizar”, vía la metáfora, ciertas realidades que de otra forma quedarían en la penumbra” (Siciliani, 2014, p.50).

41 “Narrar es un arte connotativo–simbólico cultural”; lo cual quiere decir para Bruner que la expresión humana definida en el relato enmarca una búsqueda por describir de alguna manera las connotaciones o el mundo simbólico de las personas que hacen parte de una cultura. Aquí las historias operan de una manera dual entre “el paisaje de acción” que es lo factible, palpable, las acciones y hechos concretos que configuran la historia, y por otro lado, el “paisaje de

conciencias” que “alude a los sentidos con los que los actores viven esas acciones: cómo las sienten, cómo las viven, cómo las piensan, cómo despiertan en ellos temores, esperanzas, ilusiones.” (Siciliani, 2014, p.52).

“Narrar es uno de los modos de conocimiento humano que necesita complementación”. Bruner es enfático en que el conocimiento humano no puede producirse de una única manera o vía, ante lo cual refiere que “Sí, existe un pensamiento paradigmático que se ocupa de verificar las proposiciones bien formuladas acerca de cómo son las cosas. Sí, existe uno narrativo, dirigido también hacia el mundo; pero no hacia cómo son las cosas, sino cómo podrían ser o haber sido” (Bruner, 2003, citado en Siciliani, 2014, p.53)

“Narrar es una actividad intersubjetiva radicalmente cultural”: desde ésta función, Bruner complementa otras sobre las que el acto narrativo tiene relación con la identidad y a la luz de ésta idea, resulta innegable el papel de la cultural tanto en el relato como en la

constitución de la identidad, por lo que precisa que “Las fuentes interiores del Yo están constituidas por “la memoria, los sentimientos, las ideas, las creencias, la subjetividad”. Las fuentes exteriores la conforman “la aparente estima de los demás y las innumerables expectativas que derivamos muy pronto, inclusive inconscientemente, a partir de la cultura en que estamos inmersos. […] En toda cultura hay, ciertamente, una “propaganda de la identidad adecuada”, que trata de modelar al individuo, o aún más, controlarlo. Pero el control social es imperfecto, y el

42 individuo no se deja fácilmente atrapar: los imprevistos, incluso bochornosos o dolorosos, no son en realidad inesperados. (Bruner 2003, citado en Siciliani, 2014, p. 55)

“Narrar es una actividad peligrosa”; fundamentalmente Bruner reconoce en el narrar un acto transgresor, subversivo, que despierta al sujeto y lo lleva a perder su inocencia, esto es no solo conocer algo nuevo, sino conocer diferente, en su voz “Hace que se empiece a discutir si la vida tiene que ser así. Y este es el germen de la subversión” (Bruner, 2003, citado en Siciliani, 2014, p.53)

Posterior a leer el texto de Siciliani, quien hace un esfuerzo por describir de manera sencilla y muy sintética la obra que ofrece Jerome Bruner, es posible entrever lo importante que es para éste último el hecho natural, la habilidad innata del ser humano por asentarse en el mundo a través del relato de sí mismo como individuo y del vinculo interactivo y dinámico entre el individuo y la cultura, siendo ambos co-constructores el uno del otro.

El principal aporte de Bruner y por lo que resulta tan pertinente para la perspectiva que quiere mostrar éste trabajo, es el reconocer al sujeto como un ser con posibilidades inherentes a su condición humana. Como el autor lo permite ver, ciertamente narrar no es un simple hecho de describir, dictar o tomar nota de lo que hay afuera del ser, de los datos que ofrece el mundo y las acciones cotidianas. Sino que por el contrario esos datos resultan ser la mínima parte del acto concreto de narrar. Es supremamente interesante que se requiera de una observación más

meticulosa, lo cual permite al sujeto narrador hacerse consciente y participe de su propia historia, percibirse como protagonista y como aquel que tiene el poder de decisión y acción, no solo como un alguien parte del mundo al que “le pasan cosas” que no controla.

Dicho de otro modo, el sujeto es el autor de su historia, asumirse como tal y no como “víctima” de un libreto escrito y del que no hace parte, favorece su capacidad de agencia, que se

43 apropie de sus propias acciones, de sus oportunidades para reinventarse y reescribirse. Si bien la cultura espera algún tipo de identidad “adecuada”, “aceptable”, el poder transgresor de la

narrativa permite jugar con sus propias posibilidades, contar “quién soy”, “quién esperan que sea” y “quién puedo ser” pero además “cómo”. Estas son preguntas que resultan válidas ante las frustraciones, los deseos, los malestares o disidencias que puedan existir entre “la expectativa social” y “el deseo personal” en medio de esa construcción intersubjetiva continua del ser.

Otro autor que ha sido tomado para el presente trabajo, es Irvin Yalom con su libro “Psicología y literatura. Un viaje de la psicoterapia a la ficción”, en el cual el autor muestra cómo ha desarrollado su trabajo psicoterapéutico y cómo lo ha documentado haciendo un fiel uso de elementos literarios. Para Yalom resulta enriquecedora la literatura en la comprensión de la sociedad, encontrando ciertos acontecimientos, historias y referencias que nutren la intervención terapéutica, en sus palabras “el enfoque terapéutico que finalmente desarrollé está estrechamente vinculado al proceso creativo, a la lectura y escritura de ficción: lectura porque siempre escucho atentamente la historia única y fascinante de la vida de cada paciente, escritura porque creo, junto a Jung, que la terapia es un acto creativo y el terapeuta eficaz debe inventar una nueva terapia para cada paciente” (Yalom, 2000, p.55).

Rescata además lo imprescindible de escribir textos que generen interés y cercanía de los estudiantes no solo a los casos y a los estudios propios de la academia, sino a aquello que sucede al interior de los espacios terapéuticos a los cuales se verán avocados indefectiblemente. Dice, por ejemplo, que “los historiales clínicos escritos con un frío y preciso lenguaje científico, simplemente fracasan en comunicar la complejidad, la pasión y el dolor de los dilemas

44 resultan en general un relato reflexivo, alimentado por las teorías en las que se permite sus apreciaciones como profesional, que en últimas, también exige ser humano.

Hace bastante énfasis en la importancia de la relación Paciente-Terapeuta, pues en ella está la base para generar conciencia sobre las situaciones y dramas de la existencia que llevan a los pacientes a consultar, pero además se convierten en el eje central de sus escritos. Para

comprender esto, cuenta en primer lugar un caso en el que tanto él como su paciente escriben sus impresiones posteriores a cada sesión terapéutica y luego las comparten pasados unos meses, esto con la finalidad no solo de potenciar o catalizar la habilidad literaria de su consultante (una de las razones por la cuales llega a terapia), sino de generar acercamiento y reflexión sobre lo que no se dice en consulta pero que resulta sumamente significativo para ambos. En la posibilidad de conocer esas “cosas no dichas” y en el estudio del proceso, genera ciertamente mayores acercamientos y mayor movilización en la terapia.

Más adelante, hace referencia a uno de sus más importantes trabajos, el cual se centró en la literatura como medio de expresión del acontecimiento humano que sucede al interior del terapeuta en las sesiones, las cuales son combinadas entre sesiones individuales y grupales como la estrategia interventiva de Yalom. Allí hace uso de su experiencia y los relatos terapéuticos recogidos en grabaciones y notas sobre las “epifanías” ocurridas durante y posteriores a cada sesión, con fines literarios y teóricos. Esto apoyado en que “existe una larga lista de pensadores existenciales que decidieron que la profunda experiencia que deseaban describir era mejor expresarla a través de la literatura que a través de la prosa formal filosófica: piensen en Camus, Sartre, Unamuno, Kierkegaard, Nietzsche, Ortega y Gasset, de Beauvoir.” (Yalom, 2000, p.86)

Alrededor de todo el texto, es reiterativa la relación terapeuta-paciente ya que “es la relación la que cura” (Rogers, C. s.f citado en Yalom, 2000. p.161), pero además, Yalom resalta

45 que esa “cura” ocurre en simultáneo, es en doble vía, en principio porque es un espacio para conectarse desde lo que es común a los dos; lo humano. Así pues, en lugar de hablar de los problemas del otro “debemos hablar de nosotros y nuestros problemas, porque nuestra vida, nuestra existencia siempre estará clavada a la muerte, el amor a la pérdida, la libertad al miedo, y la plenitud a la separación. En esto todos nosotros estamos juntos.” (p. 100) En ese sentido, es legítimo hablar de las sensaciones y emociones que se despiertan en los participantes con

respecto a los temas que los han llevado al espacio terapéutico, lo cual, requiere de parte de todos una absoluta transparencia y honestidad, por ejemplo, el terapeuta puede mostrar sus anotaciones a su consultante, sus propias intervenciones, dice Yalom (2000) “aquellas que considero

importantes, aquellas que desee hacer durante la sesión, pero que no hice, y aquellas que me arrepiento de haber hecho” (p. 168), ello debe suceder sin perder de vista la intención u objetivo del proceso terapéutico, sin embargo, siempre es necesario enmarcar los límites de la

intervención y de la relación.

En su libro: “Psicología y literatura. Un viaje de la psicoterapia a la ficción” en un capítulo denominado “La novela psicológica”, Irvin Yalom propone algunos puntos importantes para la creación literaria, sea como producto del espacio interventivo o como recurso para dicho espacio. Así, por ejemplo los sueños tienen un importante papel, hablar de ellos puede servir para manifestar los miedos, angustias, deseos a partir del significado que se les puede asignar a las imágenes y/o escenas. Los sueños pueden ser atribuidos a personajes ficticios de una historia, es decir, “poner mi sueño en alguien más” e incluso los personajes o los elementos del sueño pueden servir como pretexto narrativo.

Otro punto es el aquí-y-el-ahora, es decir, se debe explorar lo que surge en el momento actual de la terapia, “el proceso de terapia es una secuencia alternada de evocación afectiva y de

46 integración afectiva. En la sesión se experimentan fuertes afectos –irritación, temor, toma de conciencia, odio- y entonces son examinadas por el terapeuta.” (Yalom, 2000, p. 179), durante éste proceso resultan validos los usos de algunos elementos como fechas, lugares, personas reales, con sus respectivas características y con éstos elementos crear ficción. También resulta

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