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Día cinco del tour.

Trinidad. Sancti Spiritus. Ciego de Ávila. Morón. Cayo Coco.

Después del desayuno parten del hotel a las nueve de la mañana. No se han generado problemas en la recepción como las usuales cuentas fantasmas por llamadas telefónicas que nunca se hicieron, o cargos adicionales por cualquier otra cosa como la pérdida de una toalla que los clientes protestan indignadamente, pero que siempre tienen que pagar diez veces su valor o no pueden irse del hotel.

En estos alojamientos de gran movimiento como los de Cienfuegos y otras ciudades muy turísticas, no es necesario llevar a cabo estos trucos para recolectar dinero, pues existen otras muchas formas más sutiles y solo se afecta al cliente directamente cuando no se le puede extraer al Estado, considerado el principal ladrón en nuestro país.

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Carretera Cienfuegos Trinidad. Mar Caribe.

El vehículo va completo como de costumbre. Carlomagno siempre cuenta tres o cuatro veces las cabezas, pues tiene que estar seguro de tener a todos los clientes a bordo. Imagínense qué sucedería si a trescientos kilómetros de distancia el guía se percatara que se ha quedado alguien del grupo en algún lugar en medio de la nada, tal vez dentro de un baño u observando los alrededores.

Quizás usted esté observando la gran cantidad de aves y plantas curiosas detrás de una cafetería a mitad de camino en el Medio Oriente, zona de conflicto. Fue el primero en pasar por el baño y no desea tomar café mientras el grupo grande de cuarenta personas sí lo está haciendo. ¡Qué paisaje tan hermoso! ¡Qué cantidad de plantas y aves que nunca había visto! De repente usted siente un potente motor que parte y cuando observa es su grupo, su guagua que lo ha dejado llevándose su equipaje con su dinero, su pasaporte, todos sus demás documentos y pertenencias. Usted no habla el idioma y se siente como un tonto cuando los dependientes con turbantes y barbas luengas comienzan a mirarlo con curiosidad creciente y no hay nadie más alrededor mientras el teléfono aquí aún no saben que se ha inventado.

Esto sucede en la realidad cuando el guía local está tan cansado que se equivoca al contar o no cuenta nada porque está medio dormido después de una noche de guerra con una mulata, o que clientes como Mike están tan depauperados que apenas atinan a observar hacia sus lados y están dormidos en treinta segundos después de haberse sentado en sus puestos ejecutivos dentro del refrigerado transporte ronroneante. Han rodeado el estadio de béisbol cienfueguero y circulan por en el reparto de los Médicos. Son unos pequeños edificios construidos con gusto y un poco de recursos, departamentos que se les venden a los médicos quienes se van del país por dos, tres o cinco años a laborar en algún lugar del tercer mundo donde acumulan algunos miles

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de dólares por la derecha y otros muchos más por la izquierda. Estos patriotas galenos o profesionales de la salud que retornan, tendrán el derecho a adquirir una de estas viviendas si lo pagan en efectivo, o han hecho previamente algún acuerdo con el Estado para que se las edifiquen en el tiempo que están afuera.

Esta zona sudeste de la ciudad de Cienfuegos se está llenando de estos edificios estilo Microbrigadas mejorados y están localizados muy cerca de la Facultad de Medicina y el gran y relativamente moderno Hospital General de la Provincia. Le llaman El Reparto de los Médicos. Son el tercer grupo que se viste de blanco después de las Damas de Blanco y las santeras y santeros. Se ha construido un puente que permite la salida por la zona de Microbrigadas obreras, grupos de paupérrimos edificios sin cuidados y atención, que no han sido pintados desde cuando los construyeron hace treinta años o más, sin jardines ni áreas de recreo o servicios. Lleno de personas ensimismadas o pensativas, intentando creativamente resolver el mayor problema del día: ¿Qué pongo en la mesa esta noche para la cena de la familia?

Salen a la calle del cementerio Tomás Acea donde los pocos despiertos dentro del ómnibus pueden apreciar la única copia a tamaño natural del Partenón Griego construida en Cuba, la cual sirve como tumba al hijo del señor quien adquirió la finca para convertirla en camposanto, el segundo de la Ciudad después del más antiguo De La Reina.

Sobrepasan el anillo de la ciudad y el aeropuerto, internándose en los mangales que dan inicio a la carretera hacia las payas de Rancho Luna donde se enclavan tres hoteles más. A partir de que se acaban los mangos, comienzan extensas fincas ganaderas estatales donde pastan tranquilamente algunas vacas y búfalos asentados en Cuba desde cuando fueron traídos de Viet Nam durante la guerra con los americanos. La ganadería ha venido disminuyendo en forma constante desde cuando al gobierno se le ocurrió la idea de monopolizar el sacrificio de ganado mayor (Vacas y caballos) penando hasta con quince años de cárcel a quien ose matar un animal para su consumo personal, ¡aunque a vaca sea tuya!

En nuestro país tener una vaca es un problema en vez de una solución. Si se te ocurre la peregrina idea de intentar criar ganado mayor, tendrás que pagar por custodios nocturnos armados para evitar que te roben los animales o hacerlo tú lo miso. Si el hurto sucede, pues habrá que avisar a la policía quien investigará si no se han hecho trampas y se llevarán la carne, es decir, el cadáver.

De todas formas te multarán fuertemente por haber perdido una importante propiedad del Estado. Por supuesto que existen trucos como no reportar los nuevos nacimientos en fincas apartadas, sobornar o comprometer con una buena pieza de filete miñón a los inspectores sanitarios quienes colocan las identificaciones contables en las orejas de los animales, amarrar al ganado al borde de la carretera con la intensión de que algún camionero distraído las golpee (hit and run), dejarlos vagabundear cerca de rutas muy transitadas, etc.

Los chivos, corderos, cerdos, gallinas y el resto de los animales menores son libres. Se los pueden ingerir cuando deseen sin regulaciones innecesarias. Tal vez debido a esto el menú en la inmensa mayoría de los restaurantes del país para turistas consiste en cerdo, pollo o pescado, puede que incluyan alguna langosta o camarones para un bolsillo un poco más holgado, pero hasta ahí. Todos estos establecimientos dependen de los abastecimientos del Estado, sus administradores no pueden salir a comprar en efectivo frutas frescas u otros productos del agro desregulados. En sus manos no

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queda un solo centavo de lo que su negocio produce, todo va a una sola cuenta estatal. Lo mismo sucede en los hoteles.

Van pasando raudos por gran cantidad de fincas ganaderas donde predomina el marabú y se ven muy pocas casas campesinas, solo dos o tres cooperativas donde se han relocalizado los guajiros que han pedido sus viviendas en los últimos huracanes. Gran error estratégico del Estado, pues estos señores con nuevas viviendas en nuevos poblados no se sentirán más campesinos, alejados como están ahora de sus tierras y sus lugares de vida originales. Se aprecia gran cantidad de casas rusticas con techos de zinc, hornos en verano si no se les fabrica un falso techo aislante en el interior. Ese fue el único material disponible cuando el Dennis destruyó toda la zona en el 2005.

En la confluencia de las carreteras hacia Cumanayagüa y Trinidad se encuentra uno de los generadores de emergencia que se han instalado por todo el país. Este solo cuenta con dos contenedores, en cada uno de ellos un motor diésel y un pequeño generador acoplado. Un gran tanque redondo de combustible se dispone algo alejado y elevado para alimentar a los motores. Todo esto cercado y atendido por un par de hombres. Estos equipos comenzarán a generar si el voltaje cayera dramáticamente por la salida del sistema nacional de alguna planta termoeléctrica grande como la de Cienfuegos, o un huracán destruyera las líneas de alto voltaje. El Dennis dejó a la ciudad de Trinidad y a toda la zona sin electricidad por más de tres meses, hasta cuando la empresa eléctrica nacional logró reinstalar las líneas en esta zona difícil por la presencia de las altas montañas del Escambray que se ven a la izquierda como moviéndose junto con el ómnibus.

Punta Limones. Carretera hacia trinidad. Playa totalmente virgen.

En Punta Limones hay una playa virgen y algunas casas rústicas de vecinos que se han mudado al lugar. Ha construido una diminuta cafetería en la punta donde inicia la

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arena. Desde este rincón olvidado comienza a verse el mar Caribe, diferente al Atlántico en cuanto a más cálido, menos profundo y menos movido. Tal vez por eso haya más vida marina. No hay industrias por lo que la polución es cero y los fondos marinos impecables, llenos de colores y asegurando un submarinismo espectacular para quienes saben lidiar con los tiburones abundantes en estas aguas con temperaturas altas.

Un poco detrás han dejado el hotelito Güajimico, especializado en buceo, sin grandes playas, pero en este inmejorable litoral para la pesca de superficie o submarina. A su entrada junto a la carretera se puede ver una estatua de un indígena en cemento. Personajes que se supone habitó el lugar y se llamaba como el hotel, o el hotel se llama como él. Dicen.

En este alojamiento el principal plato fuerte de su exigua mesa bufet siempre es uno o dos enormes pargos u otra especie capturada por sus propios inquilinos o los buzos profesionales cuando los clientes fallan. Las iguanas, grandes y horroríficos lagartos de dos metros de largo, corretean por los alrededores pedregosos de las ligeras elevaciones costeras con una enrarecida vegetación adicta a la alta salinidad del ambiente. Esos bichos son totalmente inofensivos y escurridizos. Gustan de esconderse en la gran cantidad de cavernas de estas regiones cársicas calientes. Sus ojillos dinosauricos observan a los aventureros turistas desde las penumbras interiores de sus huecos cavernícolas y provocan no pocos descalabros a los inadvertidos o desconocedores de la fauna local.

Motel Yagüanabo en la desembocadura del rio del mismo nombre. Playita debajo del puente.

Continúan por el camino y pasan por la desembocadura del río Yagüanabo donde existía a la derecha un viejo y pequeño motel que se ha remozado en parte para el

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turismo internacional. A la izquierda las casuchas estilo favela de los locales en la aldea instalada en la ladera de la colina que avanza hacia el Escambray.

Pasando el rio se puede ver un pequeño faro automático, un hotelito con un enorme camarón de cemento al frente y a continuación una fábrica de peces especializada en el cultivo precisamente de este crustáceo que abunda por estos lares.

En adelante pasarán varias de estas abandonadas y solitarias desembocaduras por sobre donde ruedan puentes inseguros. Debajo pequeñas playas de arena gris. A un lado agua del mar, al otro agua duce del río. No hay instalaciones.

Así ruedan, casi todos dormidos, hacia la periferia de la bahía de Casilda donde comienza a verse el puerto pesquero y las varias edificaciones de los hoteles de playa. El paisaje es espectacular. Se mueven entre las montañas y el mar Caribe. Ya se propagandiza la próxima ciudad de Trinidad con un cartel grande donde sobresale una torre antigua.

Anuncio de la llegada a Trinidad.

Hay aquí un punto de control policial y un pequeño bar. La muy mala carretera de dos sendas se amplía un poco y mejora algo anunciando el espectacular pueblo. A la izquierda serpentea la muy peligrosa carretera de montaña hacia las alturas de Topes de Collantes, donde el ejército tiene a varios de sus hoteles manejados por su compañía Gaviota. Para ascender seguros por esta vía deberán emplearse siempre antiguos camiones soviéticos de tripe tracción operados por la compañía Transgaviota. En esta zona se encuentran intrincados y magníficos lugares como el Nicho, La hacienda de la Gallega, etc. Es naturaleza viva en sus mejores momentos. Comienzan a ingresar a la Ciudad de Trinidad.

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Casi no se ha visto tráfico en esta carretera salvo algún tractor destartalado halando una carreta en peores condiciones. Cerca de pueblo se ven algunas campesinas con cestas de extrañas frutas a la vera del camino, intentando que los choferes detengan sus carros y bajen a los turistas para ofrecerles sus mejores frutas realmente cubanas. Algunas veces Carlomagno hace esto para que los extranjeros tengan la posibilidad de saborear las autóctonas frutas nacionales, las cuales nunca se ven en los hoteles ni los restaurantes. Esto sucede debido a la centralización de la economía y la realidad de que los administradores no pueden salir a comprar nada en efectivo, como ya les dijimos.

Las vendedoras no ambulantes cargan mangos rojos y naranjas, plátanos de diversos tamaños y hasta unos rojos los cuales son extremadamente dulces. Se ven en sus cestas anones, caimitos, caimitillos, canistel, marañones, mameyes cubanos y de Santo Domingo también llamados zapotes, guanábanas, chirimoyas, ciruelas cubanas y chinas, así como algunas otras que harían demasiado larga y rara la lista.

Las muchachas hacen algún dinero con los turistas, pero les dan tal vez la única y real posibilidad de conocer lo que produce el tropical y agradecido suelo de nuestra isla. Hoy Carlomagno ha decidido decirle a Jardines que continúe, pues ha visto algunos cangrejos deambulando por las orillas de la carretera y se van a demorar más de la cuenta si los clientes los descubren e intentan perseguirlos para tomarles fotos.

No sabe exactamente cuándo, pero en la época del desove de estos crustáceos incomibles, pues son rojos, se ven decenas de miles que cruzan lentamente por sobre el pavimento en su obstinado camino hacia la orilla del mar, donde depositarán sus huevos. Los grandes neumáticos de los ómnibus de turismo no tienen realmente muchos problemas, pero los más pequeños de los coches de paseo pueden terminar pinchados, e incluso con los vehículos fuera de control y después en la cuneta.

Muchas veces, si en los transportes viajan niños. La aplastadera constante y el crujir de los caparazones hace a los niños pedir que por favor, se detenga el vehículo. Que termine la matanza. Pero los adultos conocen que esto continuará por días e incluso semanas, así que hay que seguir con la masacre de los inofensivos tanquecitos de guerra que caminan de lado. Nada que hacer. Jardines ni siquiera intenta esquivarlos, pues estos en muchas ocasiones corren exactamente hacia debajo de los neumáticos. Lo más pesado de todo es después, cuando concluye el día de labor, limpiar las bóvedas donde van las ruedas, pues los fragmentos de los bichos incrustados en el aluminio de las carrocerías pronto se descomponen por el calor y apesta como un muerto de una semana a la intemperie.

Nadie ha hablado nada sobre otro tema, pero Jardines, tal vez el único que se tiene que mantener despertó a la fuerza, ha notado una gran cantidad de coches patrulleros y vehículos del Ministerio del Interior dispuestos en las entadas de los caminos y terraplenas que van hacia la costa. Allí estos militares intentarán detener y evitar que los cubanos, en especial en altas horas de la noche, se acerquen a las zonas que pueden servir como puntos de recogida para las famosas lanchas rápidas que vienen ya con sus listados prepagados desde Miami.

Por supuesto que deberá ser difícil para los militares discernir cuáles y quienes pueden ser los potenciales emigrantes cuando las familias alegan que van a pescar, o a realizar un picnic a la orilla del mar, o sencillamente a pasarse la noche de vacaciones observando las estrellas o cazando cangrejos. ¿Quién les dice que no? Están en todo su derecho.

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Pareja a bañarse. Otro río al Caribe. Carretera a Trinidad.

Trinidad es la cuarta villa fundada por el adelantado Diego Velázquez en 1514. Cometió aquí de nuevo el mismo error que había acaecido al fundar el primer pueblecito llamado Baracoa. Llegó por mar en sus pequeños barcos de la época y desembarcó en la muy baja bahía de Casilda. Caminó un poco por entre la enmarañada floresta, por suerte sin animales peligrosos, hasta cuando en un claro divisó la imponente cadena montañosa del Escambray y entendió que por ahí no iba a pasar. Entonces en ese mismo lugar decidió fundar su cuarta villa, permaneciendo unos meses y dejando algunos colonos españoles con grandes Encomiendas (fincas) y un buen número de indígenas como personal de servicio.

Atravesar el Macizo de Guamüaya toma una semana en lomos de mulas, peor a pie. Si usted se traslada por la delgada carretera construida a lo largo de toda la península de Ancón hacia los hoteles de playa de la zona, verá a la izquierda que en medio de la extensa y aparentemente excelente bahía un remolcador se pudre en medio de sus aguas a un pie de profundidad. Fue empujado allí por un huracán, cuando el nivel de las aguas del mar crece varios metros debido al llamado Mar de Surgencia, y a la rotura de sus amarras al muelle en el puerto de Casilda.

El huracán pasó en un par de horas y el agua se volvió a retirar a su lugar. El pequeño barco se quedó varado en apenas seis cuartas de fondo y nunca encontraron formas de sacarlo de allí, pues habría que esperar al próximo ciclón que pasara por la zona y elevara de nuevo el nivel de la marea. Esto sucedió varias veces pero ya no valía la pena sacar de su tumba abierta a la bola de óxido en lo cual se había transformado el útil medio de trabajo. Allí se quedó, señalando claramente la profundidad de la engañosa bahía que usted podría atravesar caminando de lado a lado y no se mojaría de la cintura para arriba.

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Macizo de Guamüaya o Escambray al centro sur del país.

Estas noticias fueron parte de la causante del abandono de este pueblo ya a mediados del siglo 18 cuando se fundó Cienfuegos. Abajo la Calle Maceo en Trinidad.

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El grupo lidereado por Carlomagno visitará el mal llamado Museo Romántico, el cual no es más que la casa del Conde de Brunet, criollo que hizo tanto dinero vendiendo azúcar y seres humanos que abrió en 1740 su perfecta residencia a un privilegiado costado de la Plaza Mayor con vista al Caribe y a las bellas montañas todas de verde. El pavimento de chinas pelonas aún es el de aquella época, tecnología desarrolladla por los antiguos romanos en sus calzadas empedradas.

Todos los ricos de la zona, quienes habían hecho fortuna produciendo azúcar y vendiéndosela al mejor postor, emigraron hacia el nuevo pueblo donde se hablaba francés y estaba enclavado a orillas de una inmejorable rada en forma de bolsa, sobre un extensísimo llano muy fértil. Cienfuegos fue ya desde sus mismos inicios una ciudad muy rica gracias a la emigración interna de grandes capitales ya formados hacia sus enormes mansiones. Trinidad se quedó como Pacheca, abandonada en el altar. Su plaza Mayor permaneció como mismo se había construido originalmente en el inicio del siglo 17 y no se edificó nada más. Hasta la Parroquial Mayor nunca, hasta hoy,

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