del país, por toda la corrupción. Donde se explican las razones del
fracaso de nuestro sistema sociopolítico pseudosocialista. Insertadas en el texto se aprecia un
extenso apoyo fotográfico de los lugares donde se desarrolla la novela. Los cubanos no conocemos a este país
tan bello donde vivimos y al cual amamos.
“Desde el primer
asiento.”
LA NOVELA DE LOS
GUÍAS.
La Habana. Cuba.Autor: e-MARO
La Habana. Cuba.
1
Desde el primer asiento
es una nueva denuncia
de
e-MARO sobre la situación actual imperante
dentro de la isla de Cuba. Es un vistazo al interior
de algunas formas de corrupción que se utilizan
para intentar sobrevivir antes de tener que acudir a
la desesperada solución del ostracismo, debido a la
obstinada estupidez del gobierno que ha hecho
emigrar a un tercio de la población, mientras aún
insiste pertinaz y hostil en la aplicación de un
modelo económico social que ha destruido a
nuestra nación y nos fuerza a vivir en la miseria
colectiva. En este ensayo con conejillos de indias
humanos se han gastado varias generaciones de
cubanos quienes intentamos hacer un futuro mejor
con las formas equivocadas y los líderes erróneos.
La culpa no es más que nuestra por insistir
obstinadamente y no observar la realidad que nos
demuestra es hora de cambiar.
Esta es Cuba por dentro. Podría ser una novela peor
y más sórdida, pero para qué más miseria. Los
personajes son ficticios, el lenguaje a veces
chocante, pero los hechos y lugares que se narran
son totalmente reales. Cuba es un país
increíblemente hermoso. Nos merecemos otra
historia. ¡Comencemos a hacerla!
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La Habana en su máximo esplendor. Vedado 1958.
Novela:
“Desde el primer asiento.”
LA NOVELA DE LOS GUÍAS.
Una guía turística cinco estrellas por los principales
problemas y ciudades del país, por toda la
corrupción. Donde se explican las razones del
fracaso
de
nuestro
sistema
sociopolítico
pseudosocialista. Se agrega un extenso apoyo
fotográfico de los lugares donde se desarrolla la
novela. Los cubanos no conocemos a este país tan
bello donde vivimos y al cual amamos.
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Ciudad de La Habana. 2011.
Fotos tomadas entre julio y septiembre el 2010.Sinopsis: Mike Martínez, profesor de la Universidad de Edimburgo, Escocia, se
encamina a impartir una de sus conferencias en una de las grandes aulas del vetusto Campus Universitario. El lugar está atestado de jóvenes y no tan…, pues el tema se ha anunciado desde hace varios días y ha suscitado gran interés. Mike es ciudadano inglés de origen cubano quien intentó escapar del calor y el régimen de los hermanos Castro. Entonces se fue tras una rubia de nalgas grandes hacia aquel lejano lugar donde habían nacido los Beatles. Cuando la relación murió, se corrió un poco más arriba y le pareció bien. El whisky le cuadraba inmejorable y la universidad también. Trabajó, estudió y bebió. Hizo amigos y se formó como catedrático a puro pulmón y sacrificio. Un buen día le hicieron súbdito pleno de su Majestad, pero continuaba siendo un latino reformado quien de vez en vez recordaba cuando escuchaba accidentalmente los ecos sobre las noticias desde su perdida isla en medio del Caribe, sus playas, aquel sol que pica en la piel, el sudor, las mulatas y el ron. Pero ahora le agradaba estar solitario, en apariencia lejos de los cubanos, sin alguien quien le recordara fragmentariamente su penosa juventud por las aceras de La Habana, aquel sentimiento opresivo de la fraseología política, la vigilancia, los constantes llamados al sacrificio y una anonadante falta de esperanza y futuro que le hicieron desear escapar como fuera.
Mike es un fanático a las nuevas tecnologías de la comunicación y se ha especializado en economía sociopolítica, donde ha logrado cierto reconocimiento tras largos años de trabajo anónimo. Tal vez por su diferencia de temperamento y forma con los escoceses es bienvenido en las tertulias intelectuales, así como mantiene una larga cadena de amistades quienes le reconocen después de la tercera o la cuarta pinta en alguna de sus pubs favoritas. Casi nada ya le une a su antigua patria. Su familia, entonces aún muy joven para esposa e hijos, se fue esfumando desde cuando escapó en 1970. Su inglés es perfecto y sin acento. Su figura impecable. Ya pasa de los cincuenta, pero su apariencia es buena. Apenas llega a los seis pies y su peso no sobrepasa en mucho la medida. Conserva su pelo y sus dientes intactos. Solo ahora comienzan a aflorar algunas canas las cuales prefiere ignorar. Su vestir es simple y únicamente usa como aditivo un reloj caro, resumen de una de sus tantas buenas, cortas e intensas relaciones femeninas. Su canción favorita es LitlleWing de Jimmy Hendrix, la cual a veces toca y toca en su cabeza sin que pueda encontrar el stop. La tararea cuando está muy ensimismado o triste, actitud que alterna con su disipado alter ego para mostrar al público.
Unos meses atrás la revista The Economist le contrató para que fuera a su país de origen y tratara de investigar los detalles e interioridades sobre la actualidad nacional cubana, pues casi de forma permanente la isla caribeña aparece con regularidad en las primeras planas de los medios ingleses como a punto de colapsar en un maremoto de caos social donde algunos vaticinan irá a la derecha, otros a la izquierda. La forma la revista se la dejó a su libre albedrío, pero tendría que ir de todas formas allá. La idea le gustó, pero le trajo también ciertas incertidumbres. Cuba es su patria de origen. A final decidió ir de incógnito, como un turista inglés más que no habla español y desconoce el lugar. Se compró un paquete turístico con dos semanas de recorrido nacional como integrante de un grupo de treinta personas, quienes serían movilizados
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en un ómnibus climatizado y con guía. Sus padres hacía ya mucho habían fallecido, pero no deseaba un encuentro con lejanos parientes ultraefusivos con los ojos acomodados directamente en su billetera.
Cuando arribó a la Habana descubrió que tal vez esta fuera la mejor manera para develar los secretos de la misteriosa sociedad cubana, al percatarse de inmediato como desde el primer asiento del vehículo, justo al lado del guía y detrás del chofer, podía escuchar sus conversaciones inteligentes sobre todos los temas de actualidad, los cuales suponían los clientes no entenderían, pero que a Mike le devolvía aquel sabor perdido del chisme y esa idiosincrasia del cubano de ser director de todo y para cada problema generar una solución sencilla, simple y apabullante, la cual dejaría a Newton impávido con su manzana en la cabeza.
Mike se mostró amable y poco cuidadoso con el dinero, lo cual le generó de inmediato la cercanía del guía y el chofer, quienes dedicarían mucho tiempo extra al curioso inglés que tomaba tanta cerveza y se dejaba embobecer con las cubanas.
Día a día ya tarde en su habitación y dos cafés expresos en su estómago, redactaría, cuando pudiera, las notas con las cuales conformaría su ensayo y generaría material para varias conferencias. Develaría en cada detalle la generalizada corrupción en todas las esferas de la vida ciudadana actual, las miserias y cortedades de la sociedad cubana. El desastre económico, así como la deformación monstruosa de los nacionales ante la manipulación informativa gubernamental. La guerra contra la oposición interna y los posibles desenlaces. Va a encontrar algunas sorpresas a lo largo de la historia. El lenguaje es el que se emplea en Cuba cotidianamente por las personas en la calle. Está redactado así con toda intensión. La pluma no se ha detenido ante consideraciones éticas, políticas, raciales, e incluso regionales. Es la vida tal cual es, no como la deseamos ver, al menos desde mi asiento en la historia.
A continuación, si censuras, las experiencias de Mike Martínez.
I (Mike)
Mike tiene el pelo negro el cual con unas dos pulgadas de largo se le balancea sobre el cuello de la camisa impecablemente blanca. Esta resalta nueva como un detalle personal por debajo del traje azul prusia. Siempre viste una media sonrisa al mejor estilo Monalisa mientras sus pupilas café persiguen todo lo que se mueve. Es su costumbre llevar su portafolio negro cuando se dirige hacia alguna de las aulas donde impartirá una de sus conferencias sobre el estado actual de la economía mundial. Sus predicciones interesan y tiene buenas fuentes. Hay quien juega en la bolsa siguiendo sus consejos, pero él no desea saber de esto. Le gusta su salario de reconocido profesor el cual le basta para todo lo que necesita y más, el azar intenso lo deja para las relaciones humanas.
La Habana. Inicios de Prado. Albores del siglo 20.
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Prado Y Malecón. Década del 20. Siglo 20. Se aprecia la cárcel de Tacón a la derecha.
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Unos minutos más tarde se mueve lentamente hacia el podio mientras habla, coloca el aparato en su soporte y extrae sus notas del portafolio mientras saluda a la audiencia siempre a la expectativa. Usualmente deja escapar algún disparate con toda intención, o se dirige directamente a alguna alumna demasiado descuidada con sus faldas como para distraerle. No hay ofensas. Las muchachas, en ocasiones, se acomodan en una forma peor y desaprensiva, demostrando su independencia. Esto, para Mike, es una forma de hacer galas de su innegable origen latino por lo cual es conocido en el predio. La Universidad de Edimburgo está situada en una de las áreas más rancias y aristocrática de esta ciudad no demasiado grande, donde aún las tradiciones son una importante parte de la nacionalidad, donde el Kilt, las gaitas y el idioma con demasiadas erres reforzadas con tonos altibajos, conforman al inglés-escocés difícil de entender incluso para británicos de un poco más abajo en la geografía, pueblo este extremadamente apercibido de sus clases sociales, tal vez como ningún otro, fenómeno que los retrotrae un poco al sostenimiento sicológico del antiguo y extinguido imperio, de sus orígenes, orgullosas reminiscencias de un pasado brillante cuando llegaron a dominar a medio planeta.
Otra de las pasiones de los highlanders son los autos potentes, deportivos o clásicos, para rodar por sus amplias avenidas. Un Jaguar, un Bently o un Rolls-Royce van a mostrar amplios espacios para sus pasajeros. Confort y elegancia es la norma. Tal vez por esto las aulas de la universidad son amplias, bien construidas, con un lunetario inclinado para la buena observación desde ambas partes, pasillo cómodos y micrófonos cercanos o accesibles para el público cuando llegue la hora de las preguntas o las aclaraciones, las cuales a Mike siempre le agrada escuchar como muy
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eficiente retroalimentación, medida del alcance de la comunicación y la profundidad a donde calan sus conceptos.
Mike es rápido en su hablar y claro en su expresión. Si hay algo que le gusta sobremanera de ser profesor o dictar conferencias es el poder de mantener la atención concentrada sobre su persona, la posibilidad de que un gran grupo de educandos le esté escuchando en silencio, o tal vez intercambiando ideas, pero con él como centro y moderador. El aula-teatro tiene unos veinte metros de altura y muestra un recientemente renovado color salmón pálido. Diversos, vetustos y antiguos escoceses observan austeros desde sus cuadros enmarcados con profusa decoración. Alguna vez estuvieron en el exacto lugar donde ahora Mike observa a la audiencia conocida. El local está repleto y se notan algunas personas de pie al fondo. Acaba de salir su ensayo en la prestigiosa revista y esto ha concitado una gran curiosidad por esta su primera conferencia en vivo después del regreso. Mike sonríe conocedor. -“¡Buenas noches, señores!” Se escucha un murmullo de respuesta al saludo, pero Mike no espera a que se acalle. “Hoy estamos aquí para conocer un poco más de Cuba, esa isla que parece metida como una cuña entre el mapa de los Estados Unidos y Suramérica, una espina tal vez para los norteamericanos por todo cuanto ha significado como centro promotor de un izquierdismo extremo, apoyo ideológico y material para todos los movimientos de liberación del tercer mundo que se han enfrentado sucesivamente a la gran potencia norteamericana.” Mike observó a la audiencia.
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“Hoy vamos a tratar de explicar, de intentar ilustrarlos sobre las causas que han mantenido a la isla malfuncionando por el último medio siglo cuando en teoría todo debía haber salido de maravillas, según plantea el marxismo. También veremos las razones y las causas que hacen creer que el Sistema está a punto de colapsar, de dar un vuelco la sociedad hacia otros rumbos desconocidos de derecha o de una izquierda muy reformada.”
Se rascó la nariz en un gesto automático. “Como ya todos conocerán, yo soy cubano, eso no se puede ocultar, ni borrar, por lo cual todo cuanto les voy a contar lo he sentido en carne propia bajo ese cielo azul tropical que tanto se extraña aquí si alguna vez usted lo ha vivido. Les voy a narrar lo que me a aconteció durante un reciente viaje de dos semanas a aquella tierra bajo un contrato para investigar la extraña actualidad sobre el sistema de los hermanos Castro. Gobierno el cual parece estar danzando sobre una cuerda floja desde su mismo inicio, pero que no termina de caer, arrastrando a su pueblo hacia una forma de existencia sui generis, la cual no se parece en nada a ninguna otra formación socioeconómica que hayamos conocido. Como material de estudio es muy importante entender qué sucede allá dentro de la isla, captar la esencia de la idiosincrasia del cubano, de las razones por la cual se mantiene aparentemente sosteniendo un estado que marcha de fracaso en fracaso, en especial en las áreas agrícola, económica e industrial.”
Mike volvió a dejar correr algunos segundos mientras escudriña los rostros para apreciar el nivel de interés entre los estudiantes y algunos otros que no lo son.
-“Tal vez estas historias que les voy a contar no les agrade a muchos, pues conozco las simpatías que generó en algunos sectores de la población el inicio de la revolución de los Castro, debido a su teorización a favor de las clases más bajas o desposeídas. Les voy a demostrar que esa imagen de un melenudo con boina negra y nombre muy corto fue convertido en símbolo de rebeldía universal, aunque en Cuba sus teorías socioeconómicas han provocado el caos y el desastre actual que parecen estar llevando a su fin a un Estado de corte socialista. ¿Qué falla? ¿Por qué una economía centralmente planificada y totalmente organizada no rinde los frutos esperados y fracasa en ayudar a los más necesitados? El Comunismo, a esta altura de la historia, en la teoría debía de haber sido un fenómeno avasallador que debió haber aplastado al Capitalismo gracias su elevada eficiencia y posibilidad de responder a las demandas de toda la sociedad sin importar las clases.” Mike escuchó algunas exclamaciones por lo bajo, pero no pudo identificar el texto hablado. “Pero esto no es así. Mi viaje a Cuba fue precisamente para dilucidar las causas que motivan la aparente contradicción del sistema más joven de la humanidad, las causas y consecuencias para su desarrollo y muerte. Me dolió haber vuelto casi cuarenta años más tarde por todo lo que encontré de depauperado y destruido, pero afortunadamente era un turista más quien retornaría en unos días a su hogar para ahogar en la rutina diaria ese sentimiento de desesperanza y lo sombrío que podemos lograr ser los seres humanos cuando nos creemos iluminados. Este es la historia.”
Afuera Edimburgo oscurece temprano. Hace frío. El cielo pasa de un gris acerado a un oscuro intenso sin estrellas, mientras las avenidas se cargan con el compacto tráfico de las urbes modernas a la hora pico. Las luces comienzan a encenderse cuando las pocas personas que se aventuran por la aceras caminan apresuradas en pos de algún destino acogedor tal vez. Hacia la casa, el hogar, otro de los bastiones de la veterana civilización escocesa. Los anuncios lumínicos de las tabernas comienzan a notarse
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mientras los comercios del centro no cierran jamás. La capital de los escoceses se prepara para la noche. Hay frío aunque no va a nevar.
Hotel Habana Libre al fondo. Vedado. La Habana. Cuba
II (Carlos Marcos)
Carlomagno es un negrito nacido en el barrio de Jesús María quien ha tenido éxitos en la escala de la vida, pues ha logrado estudiar, ha adquirido modales y no es mal parecido, según los cánones de belleza de su raza. También es inteligente, alto, sociable, y pudo terminar los cinco años en el Instituto Superior Politécnico de Lenguas Extranjeras donde aprendió a dominar el idioma inglés. También perfeccionó el francés el cual había aprendido de sus abuelos haitianos quienes le habían literalmente criado. Es un caso raro pues sus padres nunca le abandonaron y el viejo llegó a tener un cargo de alguna jerarquía dentro de la nomenclatura política de la nación. Tiene treinta y dos años y toda la energía del mundo. Su verdadero nombre es Carlos Marcos, pero su mamá parece haber intentado gastarle una broma a sus amiguitos, cuando ella debe de haberse imaginado que ellos jamás podrían pronunciar su apelativo correctamente, pues en Cuba es costumbre aspirar las eses hasta una jota, o suprimirlas en su totalidad. Entonces fue Carlomarco. (Caj-lomaj-co) En la secundaria, cuando comenzaron a dar Historia Antigua pasó a ser el único emperador romano con la tez negra que se conozca o que esté vivo actualmente.
Carlomagno tuvo aún más suerte pues cuando salió del ISPLE se mantuvo como dos años haraganeando por el barrio en aprendizaje emergente de todos los malos vicios y las miserias de los mayores con quienes ya se podía codear. Aprendió de la violencia, del proxenetismo, la prostitución, la droga que se movía como si fuese legal dentro de
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los muros de su barrio, pero nada de esto era para él, le resbalaba, pues le agradaba le llamaran un negrito educado. No se convirtió en delincuente, ni atleta aunque condiciones tenía, ni músico aunque le encantan todos los ritmos.
Dos años más tarde alguien le pasó la noticia de que la señora Mariaeugenia estaba aceptando sobornos para otorgar plazas para guías de turismo pertenecientes a una corporación nueva que se acababa de estrenar. Había que preparar un currículo muy bueno, conseguir varias cartas de recomendación y entrenarte hasta la perfección en al menos dos idiomas además del nativo. Pero esto era solo secundario si lograbas reunir un elegante regalo de unos doscientos dólares. Por entonces aún se utilizaban con fuerza legal dentro de nuestras fronteras _1993-2004_ y no se le hacía ningún tipo de descuento ilegal.
Había que ir a cierta residencia en el elegante barrio de Miramar (unas diez o doce veces) hasta lograr chocar con la señora de marras en su difícil horario. Si le caías bien y pasabas el examen visual que ella te realizaba ipso facto con aquella mirada femenina, la cual se inicia en los zapatos y termina en el cabello, haciendo estancias en ciertos lugares interesantes, pasabas al segundo acto en su oficina en el tercer piso. En sus predios la señora Mariaeugenia se sentaba no detrás de su buró, sino sobre una diminuta silla la cual hacía resbalar su pequeña falda hasta la punta de las nalgas y te preguntaba directamente a los ojos -“¿Qué tienes para ofrecerme? ¡Convénceme!” Carlomagno no supo inicialmente ante aquella pregunta si lanzarse de inmediato de cabeza entre las hermosas piernas de aquella señora o…, bueno, dudó unos segundos y su sexto sentido le hizo estirar la mano derecha con el sobre de manila donde guardaba celosamente todos sus documentos de esperanza.
La señora debe de haber adivinado las primeras intenciones del negrito, pues se sonreía pícaramente mientras se trasladaba a su buró haciendo sonar sus tacones y moviendo las caderas como solo saben hacerlo las señoras cargadas de hormonas que ya pasan de los cuarenta. A lo mejor va y podía haberse ahorrado un montón de dinero si hubiera seguido sus primeras inclinaciones. A veces hay que interpretar los dictados del corazón y hacer lo que este manda.
La señora observó hacia el interior del sobre con detenimiento sin extraer los documentos y se encaró al muchacho.- “Espero que me hayas dejado un teléfono donde localizarte. Puedes marcharte. Ya te localizaremos si te elegimos. Hay tan solo treinta plazas y ustedes son ciento sesenta candidatos. Chao.”
Carlomagno estaba contento, pero no sabía a ciencia cierta por qué, pues aún no le tocaba. Ni siquiera estaba seguro que le iba a tocar. A lo peor otros habían hecho ofertas de mayor valor y se quedaba fuera. ¿Podría entonces recuperar su currículo? Esto lo tenía que haber preguntado de antemano. Si no era así, tendría que emigrar del barrio o meterse donde nunca había deseado hacerlo.
Bueno. ¡A esperar! No queda otro remedio. Mientras tanto leeré un poco de Shakespeare en el portal para impresionar a los vecinos y los pasantes. La cultura no ocupa espacio.
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23 y L. Esquina más importante de la Rampa.
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Hotel Vedado.
III
Vedado 1958.
Mike. Ciudad de la Habana. Aeropuerto Internacional José Martí. Día Uno.
-“Virgin Atlantic Airlines anuncia su próximo arribo al aeropuerto internacional José Martí en Ciudad de la Habana. Por favor, Ajústense sus cinturones.”
Anuncia una voz femenina por los altoparlantes y los audífonos de la nave aérea. La amplia cabina de pasajeros va literalmente llena y deben haber quedado muy pocos asientos vacíos. Mike ve moverse a las aeromozas vestidas totalmente en rojo chino hacia sus estaciones para asegurarse de que todo esté en orden. Siente el frenaje del avión en el aire y cuando observa por la ventanilla parece que va a detenerse completamente para desplomarse. Seguramente que si la velocidad llega a cero la nave se desplomará desde esta altura y con el peso que lleva… Piensa dejando asustarse a sabiendas de la irrealidad de las sensaciones. Los pilotos saben lo que hacen. Allí delante se ve la pista de aterrizaje y el cielo está despejado este domingo por la tarde.
Es rara esta sensación en la garganta mientras veo acercarse desde abajo el mismo aeropuerto que me despidió hace exactamente cuarenta años atrás. Allí está a la derecha la misma terminal que se construyó a principios de los cincuenta con su vieja y ya desactivada torre de control. Ahora esta zona número 1 está destinada solo a vuelos nacionales y cuenta con un extremo donde se aloja el Protocolo por donde Fidel
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o Raúl pueden acceder directamente a la pista y salir de ella sin barreras. Allí al Este se ve la diminuta Terminal 2 dedicada exclusivamente para vuelos provenientes de Los Estados Unidos, equipada con una intensa vigilancia y supervisión por varios organismos de seguridad nacional. La terminal 4 de carga con su enorme hangar. La número 5, diminuta y muy oculta al final de la pista en la zona del Wajay, destinada a vuelos charters de la compañía Aerocaribean, propiedad del ejército, o que se deseen sacar de la vista del público general, como los arribos de las aeronaves que
Cocotaxis en Coppelia.
acarrean los pacientes de las numerosas Operaciones Milagro de los Castro, los cubanos cooperantes, etc.
La Tres es una moderna mole de acero y cristal, diseñada y construida por una compañía canadiense a finales del segundo milenio. Se acomoda al norte entre la Cinco y la Cuatro. Es allí donde van a detenerse todos los demás vuelos internacionales y donde se procesan todos los arribantes, generalmente turistas. Es el área mayor en comparación con las demás y a esta altura del siglo ya debía contar con tres edificios iguales, de tan solo uno con que en realidad cuenta, pues el turismo debía haber avanzado hasta esa escala de demanda para el tráfico de unos diez millones de pasajeros de visita y paseo, pero esto nunca sucedió. Se ha quedado tan solo en un poco más de un millón ante los problemas constantes dentro de la Isla, a pesar de todos sus evidentes atractivos geográficos.
Uno de estas tragedias estalló a principios de este año del 2010 cuando el conocido General Rogelio Acevedo, Jefe de la Aeronáutica Civil, fue retirado súbitamente de su cargo y enviado a una discreta prisión domiciliaria en ropas de dormir, más conocida como Operación Piyamas, pues se descubrió que el señor, uno de los humildes
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veteranos de la Guerra de Guerrillas, compañero de mil batallas de los Castros y del ché, estaba desviando millones de dólares diariamente hacia cuentas personales, inmerso en una operación de corrupción la cual involucra a cientos de personas, trabajadores y funcionarios de alto rango del gobierno. Tan solo a este general venido a menos se le encontró un maletín sellado con más de trece millones de dólares ocultos dentro de uno de los tanques de agua sobre la azotea de su residencia. Su esposa era la Directora de la Compañía Turística Sol y Son, supuestamente
Calle 23. Coppelia a la derecha.
perteneciente a Cubana de Aviación, pero cuyos ingresos iban a parar a las bóvedas de algunos bancos, en especial los suizos, bajo la exclusiva firma de esta ejecutiva. Su hijo regenteaba un hotel en Madrid adquirido con fondos de la compañía personal, así como ya estaban en negociaciones para la adquisición legal de nuevas pequeñas aeronaves, las cuales volarían discretamente con todas las reglas entre diversas y cercanas naciones centro y suramericanas, con la finalidad de transportar pasajeros y quién sabe qué otra cosa. Esto le recordaba un poco a Mike la sonada Causa Número dos de 1989. Otra vez estaba envuelto en este rollo el tenebroso multimillonario chileno Max Marambio, conocido en Cuba como amigo personal de los Castro, resbaladizo personaje con el apelativo de El Guatón. Este señor había escapado de su patria poco después del golpe de estado pinochetista (1973), debido a las actividades propias y de su padre, diputado izquierdista relacionado con el gobierno de Salvador Allende. Vino a parar a Cuba, como decenas de miles de sus coterráneos, y Fidel le ofreció estudios superiores. Llegó a ser Teniente Coronel del Ejército Cubano. Después conformó con los Hermanos Laguardia el también famoso Departamento MC y por sus manos pasaban diariamente millones de dólares, según sus propias palabras en
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entrevistas concedidas a varios medios de prensa chilenos este año 2010, pero no se quedó con un solo centavo entonces. Dice. Se hizo multimillonario después, gracias a las certeras enseñanzas de sus mentores. Es un león manso. Dice.
Max Marambio vuelve a saltar a la luz pública en los medios internacionales a principios de abril del 2010 al ordenarse una investigación fiscal a sus empresas en su país de origen Chile, cuando una de estas estalla en La Habana (Diciembre del 2009) bajo cargos de fraude y corrupción. Esta empresa de capital mixto Marambio-Castro con el nombre Alimentos Río Zaza S.A. productora de diversos renglones como la gustada cajita de ron Planchao, estaba también vinculada con el General Acevedo. Su gerente chileno, Roberto Baudrán, impedido de salir del país caribeño por orden fiscal, apareció el martes 13 de abril del 2010 muerto en circunstancias extrañas dentro de la habitación del hotel habanero donde permanecía a regañadientes, vigilado de cerca por la Seguridad del Estado.
El tirón hacia debajo de los múltiples neumáticos contra el pavimento de la pista de aterrizaje le sacó de sus pensamientos y le hizo sonreír ante el murmullo de alivio entre los pasajeros. ¡Gracias ante el final tranquilo y sin eventos del viaje! Muchos se comienzan a desperezar y desenmohecer las articulaciones entumecidas por las nueve horas difíciles sobre el Atlántico en asientos estrechos de la clase económica. El avión taxea subiendo o bajando motores hacia la zona de aparcamiento donde se ve uno de los tubos de descarga desocupados. Pronto se abren las puertas y se respira un aire cálido. Están sobre suelo cubano. Un enjambre de personas se prepara para trabajar alrededor de todo el enorme Jumbo Boeing 747.
Varias aeromozas le despiden en el dintel de la puerta y Mike responde a sus sonrisas plásticas. Estas muchachas de corte europeo no tienen nada que ver con las cubanas que él recuerda. Tendrá que comprobar esto también, pero no hay necesidad de anotarlo.
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Donde está la yerba estuvo el Edificio Alaska. En primero en la zona. 23 y M.
Mike conoce de viajes y se ha asesorado mucho con los trámites aduanales y migratorios, por lo cual se ha acomodado a portar solo un equipaje de mano donde acarrea estrictamente lo necesario. Algo más que pueda necesitar lo adquirirá en La Habana. Esto tiene un propósito muy bien definido y tiene que ver directamente con su encubierta tarea investigativa.
Con quien primero choca es con las autoridades de inmigración. Ingresan directamente del tubo hacia un gran salón donde se aprecia una pared con más de diez cabinas con un amplio visor de cristal y un oficial en cada una, o debería haber un oficial en cada una. Solo se ven tres. Hay cámaras por todas partes. El avión descarga cerca de cuatrocientos pasajeros, pero Mike aprovecha la ligera desubicación de la mayoría y es uno de los primeros frente a una de las tres cabinas ocupadas. Ya tiene el pasaporte inglés en sus manos. De inmediato detrás de él comienzan a aglomerarse decenas de personas.
El oficial de uniforme verde claro le indica pasar dentro de la cabina. -“Pasaporte y boleto aéreo, por favor.” Dice en español. Mike entiende y acciona.
El oficial le mira directamente a la cara y le pregunta otra vez en español: -“¿Usted viene tan solo por un viaje turístico de dos semanas?” Mike se queda sin entender. El oficial sonríe y repite lo mismo pero en inglés. Esta vez Mike responde y habla un poco con el militar para que éste se asegure de su procedencia anglosajona. El hombre le devuelve el pasaporte, el visado amarillo verdoso y el boleto con los comprobantes de vuelta. Mike se queda un poco dubitativo porque no le han puesto cuño en las hojas correspondientes de su identificación, pero el oficial le entiende y le pregunta -“¿Usted desea que se lo estampe con el cuño de entrada cubano?” Mike asiente. -“Es norma no
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hacerlo, solo cuando el cliente lo requiere por algún motivo personal. Es una forma de proteger a los viajeros norteamericanos o de otra nacionalidad quienes pueden enfrentar problemas ante las aduanas norteamericanas si van allá, dentro de los seis meses siguientes a esta visita. ¿Entiende?” Mike volvió a asentir con la cabeza, un poco perplejo aún. ¡Qué cosa más loca! Piensa.
-“Puede usted ingresar a nuestro país. ¡Es bienvenido!”
Una chicharra aguda suena, indicándole que puede ingresar a nuestro territorio. Mike empuja la puerta la cual cede hacia afuera. Está ya nuevamente en Cuba, su isla bonita. Su entrañable lugar donde paradójicamente tuvo los mejores años de su existencia. Su infancia, cuando todo era jugar y sus padres se encargaban de las responsabilidades. Apenas los recuerda muy bien. Esto debe ser ingratitud, se dice. Siente las piernas flojas.
Accede a otra sala donde se nota de inmediato el inerte transportador de estera por donde deberá aparecer en algunos minutos el equipaje. Hay a la derecha varias cabinas de Cadeca para el cambio de dinero y hacia ellas se dirige. Cambiará quinientas libras esterlinas. Deben ser suficientes por un rato, aunque el efectivo no es problema. Le han provisto bien sus empleadores y esto es cómodo.
Se queda estático unos segundos, como molesto por el poco dinero CUC que han reportado sus poderosas Libras, pero la muchacha detrás del cristal le indica hacia un pequeño marco cuadrado donde un display azul muestra todos los tipos de cambio. ¡Vaya! ¿Por qué en Cuba el dinero vale tan poco? ¿Qué tendrán en especial que ofrecer? Se pregunta Mike en silencio mientras se aparta aun contando en descrédito y molesto.
Más tarde Mike averiguará que al entrar a Cuba cada moneda se le descuenta un diez por ciento de su valor, lo cual irá directamente a las arcas del Estado como un ingreso adicional obligatorio. Al dólar se le penaliza con hasta más de un veinte por ciento exclusivamente por ser gringo.
El transbordador se comienza a trasladar con un ligero estremecimiento y esto hace mover a Mike hacia la puerta principal de salida al salón ya abierto donde deben estar los recibidores y los familiares expectantes. Un pequeño ejército conformado por algunos hombres y muchas mujeres hermosas con uniformes grises claro esperan mientras le miran directamente a toda su humanidad, inspeccionándolo. Son la Aduana, según se lee en los membretes sobre el bolsillo superior izquierdo de sus blusas o camisas.
-“¿Y usted no trae equipaje grande?” Le pregunta una de las señoras en inglés.
Mike niega con la cabeza y sonríe. Maleta que salga sobre el transbordador marcado con una cruz con tiza blanca indica que sus propietarios y contenido tienen que ser revisados cuidadosamente detrás de unos biombos dispuestos cerca de la pared para evitar miradas curiosas. Esta es la zona de masacre, donde los aduaneros decomisan todo lo que aparece en los listados como prohibido al ingreso por normas sanitarias, fiscales, u de otra índole. También se decomisan artículos no prohibidos en nuestra nación, pero con alta demanda y escasez en los mercados nacionales. Los ingresantes no protestan demasiado ante el desconocimiento de las reglas y regulaciones locales y para evitarse problemas, si es que lo retirado no tiene un muy alto valor. Se ven cámaras de CCTV por todos lados.
Una puerta automática de cristal se abre hacia los lados. La mujer le hace un gesto para que pase al salón donde se ve un cordón con gran cantidad de personas detrás.
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Algunos portan carteles con nombres de agencias o de personas. Mike es el primero. Y su aparición pone en guardia al ejército de esperantes quienes se alertan, se estiran la ropa o el pelo, así como ponen cara de inteligentes a la expectativa.
Un hombre salido de la nada portando un frondoso bigote le coloca la mano en el pecho y le detiene en forma perentoria. -“Comprobante de equipaje, por favor.”
Mike demora unos segundos en comprender lo que el funcionario de equipajes asume será por el idioma. -“¡Ah! ¡Yo no tener…!” Y hace un gesto harto elocuente levantando por sobre su cabeza el pequeño maletín de mano.
-“¡Hey, Por aquí!” Levanta la vista y puede ver a dos hombres, uno algo grueso y de mediana estatura, uniformados igual con trajes azul prusia. El otro porta el saco doblado sobre el brazo. Es negro, alto, fornido, con cara inteligente y sostiene un cartel pequeño donde se lee Cubainside. ¡Esa es mi agencia! y estos dos deben ser los representantes aquí en La Habana. Piensa.
El chequea-tickets se aparta aún no muy seguro de la razón por la cual aquel turista no tiene equipajes grandes, mientras lo observa insistente como tratando de descubrir el truco, o la maleta rodando por algún lado que él no haya notado. El gordito le hace señales para que se acerque.
-“Usted debe ser parte del grupo de la agencia Cubainside.” Le dice en inglés el del cartel. Mike asiente y se presenta. -“Perfecto. Usted viene solo.” Dice el otro comprobando sus papeles. -“Es el primero en salir. Pero no le vamos a retener aquí. Diríjase hacia allá (señala el parqueo de ómnibus) y encuentre la guagua 398 de la compañía Transtur. El chofer le está esperando para guardar su equi…, bueno. Puede esperar sentado en el coche. Escoja el asiento ahora que puede.”
Ahí está. Esto es lo que Mike buscaba. Lentamente deja a los dos hombres ya observando a los demás salientes y zigzaguea por entre la muchedumbre hacia la puerta de salida al exterior. ¡Finalmente!
Un mulato fuerte lo ataca. -“¿Necesita un taxi, señor?”
“-No, no. Gracias. Ya tengo transporte.” Mike indica hacia los ómnibus en el lado oeste de la zona de estacionamiento general mientras se dirige hacia allá.
Ya cercano un par de jóvenes se le acercan. -“No, no tiene maletas.” Se dicen y le dejan en paz para acercarse de inmediato a una pareja que Mike había visto en el avión. Casi le arrebatan el equipaje de las manos, pero no para robarle literalmente, sino para trasladarlas unos metros hasta el ómnibus ya muy cercano. -“¡Un dólar, Please!” les dicen a los señores aún medio asustados sin saber que son ingleses. Son dos de los maleteros empíricos-ilegales quienes tratan desesperadamente de encontrar alguna divisa de manera fácil entre los arribantes aún sin mucho entrenamiento en el acoso nacional. El inglés le da una moneda de una libra esterlina. El maletero se extraña. -“¡Ñoo que gorda! ¿Y esto servirá?” El otro responde conocedor.
-“¡Claro que sí! Cuando reúnas cinco diles que te la cambien por un billete y te vas a la Cadeca de allí dentro. Son casi siete pesos convertibles.”
Mike encuentra el ómnibus 398 y un mulato también fuerte le recibe. Le da la mano. -“Yo, chofer.” Le dice y le indica hacia dentro del recién estrenado vehículo King Long de factura china. Mike sube sonriente. El interior está impecablemente limpio y huele a zapato nuevo. Cuenta de un vistazo cuarenta y cuatro plazas. Mike ocupa el primer asiento detrás del chofer. El de la derecha es el del guía, pues allí está el micrófono. Este está bien. Sirve.
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Uno de los factores más importante de su investigación ya está cumplido y es el haber logrado el primer asiento, justo detrás del chofer y al lado del guía. El resto del grupo se acomodaría en los demás hacia detrás. Ya irían llegando. Mike se dispuso a esperar y comenzó a observar los alrededores. El atardecer comenzaba a opacarse en noche mientras el día moría bonito con muy pocas nubes. Ya estaba en La Habana, tranquilo y en el primer asiento.
IV
Carlomagno comienza su curso de guía turístico.
Carlos Marcos recibe una llamada ya bien entrada la tarde. Ha corrido al teléfono para evitar que su madre fuera quien respondiera y empleara su usual vocabulario clásico en Jesús María aún con el teléfono en la mano y sin cubrir el micrófono: -“¡Oye Carlitos, mira a ver que tú te haces con las puticas esas que están llamando tanto, que tú no pagas el teléfono! ¿Me oíste?”
Ella lo miró desde arriba mientras él se lanzaba hacia la mesita como si fuera un portero de fútbol decidiendo el campeonato mundial. Llegó a tiempo. -“Dígame.” -“Mire, es de la oficina de Mariaeugenia. Necesito hablar con Carlos Marcos.” Dijo una voz de mujer desconocida.
-“Es quien habla.” Aún jadeaba.
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-“Mire, soy la secretaria de María. Ella me ha dado su nombre para que lo cite para esta tarde en su oficina para darle los resultados de las investigaciones que se le han realizado y el parecer de la junta que ha decidido si usted obtiene el puesto de trabajo o no. Deberá estar aquí en la dirección que ya usted conoce a las seis de la tarde.” -“No se preocupe. Allí estaré.”
Carlomagno saltó de alegría casi dejando caer el teléfono para susto y cara de intriga de la madre. -“¿Qué te pasa, negro?”
-“¡Na` que parece que me he sacado la lotería! Es posible que hoy me digan si he obtenido o no un trabajo en el turismo.”
-“¡Vaya! Ojalá te resuelvan y te busques algunos pesos para que me ayudes con la comida que esto se pone cada vez peor.” La negra se retiró de la sala balanceando suave sus enormes nalgas redondas las cuales alguna vez fueron el furor del barrio. Carlomagno tenía tres o cuatro horas para prepararse y necesitaba por lo menos dos para poder llegar a tiempo en la guagua, pues a pesar de los Yutones chinos articulados recientemente puestos en circulación, ya comenzaba a notarse la falta de piezas, baterías, neumáticos, etc, lo mismo de siempre. Además, el verano tropical no aguanta más de tres horas para ponerte a oler como una mofeta a pesar del desodorante Suchel 24 horas.
A las tres salió de su casa bajo un sol implacable a mediado de semana, pero viste las ropas mejores que posee. Nada de pantalones a medio trasero y camisitas con el cuello levantado. El negro sabe vestir. Tampoco enseña lamparones de talco porque el talco casi ya ni se consigue y su mamá le dijo alguna vez que eso era cosa de gente inculta, las negras demostrando que se habían bañado, olorosas y frescas cuando tal vez ni siquiera se habían echado un poco de agua en el chocho.
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Focsa en la actualidad. 23 y M.
Desembarcó en tercera y catorce a las cinco y media. Dedicó quince minutos para refrescarse del molote dentro del articulado y alisar un poco sus ropas. Diez para caminar hasta tercera y ocho, donde se encuentra la oficina de Mariaeugenia. Menos cinco minutos para las seis el portero le detuvo en la puerta.
-“Dígale a la señora Mariaeugenia que aquí está Carlos Marcos. Ella me mandó a buscar.” El portero hizo lo que debía mientras no le perdía de vista. El negro tiene unos seis pies de estatura bien construida, piel negra pero desempercudida, rostro bastante armónico, ojos lindos y veintipico de años. ¡Qué delicia! Pensaba el portero uniformado y lleno de armas mientras llamaba por el teléfono interno. -“Pase.” Le dijo a Carlomagno sin dejar de evaluarlo.
¡Qué suerte tienen algunas! Se dijo y regresó a su posición natural con rostro duro y actitud no-bobería. También es un negro fuerte con cara de gorila, pero bueno…
Carlomagno encontró fácil la oficina siguiendo los cartelitos colgados en la parte superior de las puertas. Los pasillos están desiertos y silenciosos a esta hora de la tarde cuando todas las secretarias se han esfumado y la mayoría de los funcionarios han tenido que marcharse hacia reuniones distantes y difíciles que van a durar toda la noche. Mariaeugenia trabaja mucho. Mírenla aún aquí despachando sus asuntos. Pensaba Carlomagno.
-“Pase.”
Escuchó desde detrás de la puerta la cual cedió fácil a su empuje ligero. Nada de perfumes y flores exóticas con lámparas rojas sobre alfombras aterciopeladas mientras suena algún bolero llorón. Mariaeugenia está sentada detrás de su buró donde se acumula una pequeña cantidad de expedientes en uno de los lados, el teléfono y otros papeles y recursos. A su derecha la computadora sobre su mesita especial. Un cuadro de Fidel sobre la pared derecha y otro del ché a la izquierda. Detrás de ella una ventana discreta con una cortina no transparente. El aire acondicionado está a tope. ¡Coño, que agradable! Pensó el negro sintiendo el frío correrle por la piel como hormigas.
-“Siéntese.”
Le indicaba una silla negra giratoria en el lado de los clientes del buró. Carlomagno pudo ver que ella llevaba un vestido rojo bien estrecho y algo corto. Parecía seda. -“Le hemos llamado porque deseábamos darle una respuesta personal a su solicitud de empleo.” El negro miró a su alrededor por si acaso, pero estaban solos. La mujer dejó un poco el tono oficial para subir y bajar la entonación a un modo más humano y sato. “Así también podré de disfrutar de la alegría al informarle que ha obtenido un sí. Se queda trabajando con nosotros.”
Ella se paró y se trasladó a paso rápido y corto hacia el otro lado del buró para darle un beso de buena nueva al negro todo sonrisas y algo tímido. -“Necesitamos gente que como tú le den una imagen elegante a la agencia de viajes. Te felicito. El lunes próximo vamos a comenzar un curso para el adiestramiento rápido de los seleccionados. No te vayas a perder. Ya te avisaremos dónde es la sede.”
Mariaeugenia se volvió para reasumir su asiento mientras Carlomagno continuaba sentado sin saber muy bien qué hacer, haciendo girar suavemente la silla hacia los lados de puro contento. A un metro de distancia frente a Carlomagno a ella se le cayó
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el lapicero que llevaba en la mano. “¡Ay!” Exclamó ella inclinándose para recogerlo. No lleva ropa interior. El vestido rojo se le encarama hasta la cintura dejando ver un culo blanco de los mejores en La Habana. La vagina rozada se abulta apretada entre las piernas. Grande desde esta posición.
“¡Wao!” Al negro se le olvidó su posición, su trabajo, la oficina, el custodio, las fotos del ché y Fidel. Se levantó rápido para acercarse conocedor hacia la exposición de carne y pecado. Esta vez sí metió la cara de a lleno entre las dos nalgas, pasando la lengua para que la señora no tuviera tiempo ni para asustarse. ¿Asustarse? Se quedó así, apoyada sobre el lapicero en el piso mientras el negro hacía su trabajo. Su rostro es la expresión más genuina del placer y la felicidad. Pero vamos a dejarlos ahí.
Por lo pronto Carlomagno ha realizado otra conquista entre las piernas de una mujer, quien a su vez le ha dado empleo en uno de los mejores trabajos dentro de esta nación donde se les paga a todos con una moneda y se vive con otra.
También Carlomagno tendría que quedarse de cuando de cuando para hacer horas extras en la oficina de la Jefa, sobre el buró, en el piso, en cualquier parte, hasta cuando se dio cuenta de que no era el único. Había competencia y ya su novedad dejaba de ser importante cuando había otros guías que formar. Pero no importaba. Ya otras tierras reclamaban el concurso de sus modestos esfuerzos. Carlomagno había comenzado a trabajar como guía de turistas especializado en el idioma inglés.
Línea y G. Vedado. La Habana. Un Ford 1948 Rojo y un Cadillac 1949 verde ambos taxis.
23 V
Mike choca de nuevo con la realidad.
El ómnibus se ha ido llenando lentamente con los clientes todos británicos, quienes se han acomodado según sus gustos dentro del vehículo. Todos han arribado en el mismo vuelo de la Virgin y todos también han adquirido el mismo paquete turístico a través de la agencia minorista Cubainside. Serán quince días por todo el país, pernoctando en las principales ciudades. El grupo está compuesto por treinta personas que hasta este momento cuando ingresan al vehículo 398 no se conocían personalmente.
Después de haber pasado más de una hora desde cuando Mike saliera del salón de la aduana parece que ya están todos los que conforman el tour, pues llega el negro que estaba junto al gordito en el salón de recepción. El gordito se ha quedado. El negro es un tipo dinámico y sube sudando con varios papeles en las manos. “Cierra, creo que están todos.” Le dice el chofer a quien parece conocer de mucho tiempo. La puerta de la guagua se mueve lenta con un sonido neumático mientras el negro se para al inicio del pasillo y cuenta las cabezas sin saludar a nadie ni expresar otra palabra. “Treinta pax. Están todos. Vámonos Jardines.” Le indica al chofer quien pone de inmediato el vehículo en movimiento. El negro asume el micrófono con naturalidad y se expresa en perfecto inglés, parapetado al inicio del pasillo, con las nalgas arrecostadas a un pequeño soporte adicionado al separador de acero detrás del chofer, en especial para este menester de hablar parado dentro de un vehículo en movimiento.
Entrada al Habana Libre Mural hecho por Amelia Peláez.
-“¡Bienvenidos al ómnibus Transtur 398! ¡Bienvenidos a Cuba, el país de la utopía!” Los ingleses asintieron o expresaron en voz alta sus agradecimientos. Todos observaban al joven. Salían del aeropuerto. -“Mi nombre es Carlos Marcos y soy el guía, como podrán
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imaginarse. El chofer se llama Jardines.” Algunos expresaron con dificultad el último nombre. -“Ambos vamos a estar con ustedes desde este momento hasta el final, cuando los volvamos a dejar en este aeropuerto dentro de dos semanas, cuando ya casi seremos familia. Verán.” Muchos reían. “Ahora nos dirigimos al hotel Habana Libre, antiguo Havana Hilton tan solo por dos meses hasta cuando Fidel lo expropió. Es aún uno de los mayores de la Ciudad y marca el centro de la vida nocturna e intelectual de nuestra urbe. Aún está casi idéntico a como cuando lo inauguraron.” Todos observaban atentos al guía. “Ahora me sentaré y desde entonces les hablaré sin verlos para que ustedes puedan mirar hacia afuera, hacia la realidad, y ver mientras escuchan. El chofer no habla inglés y ustedes no hablan el español. ¿Verdad?” Nadie le respondió por lo que el negrito se sentó en su especial asiento destinado para los guías delante a la derecha.
Comenzaba a generarse un nuevo fenómeno, esa especial relación donde esos turistas, ahora recién arribados al país, cansados y ansiosos por llegar a la habitación para lograr un buen baño; van a alterar completamente sus reglas de comportamiento. Donde el guía, un perfecto extraño quien se ha autopresentado, hablantín, informal y casi siempre con las historias más locas jamás escuchadas, va a lograr tan solo en un par de días a lo sumo, ganarse la confianza de los treinta miembros de una cultura totalmente diferente a la local. Si no ocurre esta magia. Si a los dos días ya algunos de los clientes no comienzan a comportarse como si hubieran conocido de toda la vida a la persona que los lidera, el tour no va a tener éxito, pero Carlomagno es bueno en su trabajo. Casi es un veterano y ya comienza a notar ciertas sonrisas. Buen comienzo. En los primeros meses de trabajo le dolía el corazón al separarse de sus queridos clientes a quienes probablemente nunca más volvería a ver, pero pronto comprendió que el costo emocional no podía ser tan elevado, pues en una de esas terminaría por algún lugar del paneta sin apenas percatarse, o se moriría de un infarto por tristeza profunda. Los clientes son tan solo eso: objetos de nuestro trabajo. Ni amigos, ni familia. Esto estaba claro.
Había también aprendido que el guía debe conocer muy bien cuál es su lugar, pues en muchas ocasiones Carlomagno se metía en relaciones que parecían de milenios y el trato interpersonal es afable y camaraderil, pero bien sabía que ese multimillonario que ahora le invitaba a una cerveza todo amigo antiprotocolo y amabilísimo, no te conocerá si un día vas tocándole a la puerta de su oficina en algún rasgacielos de Manhattan o Londres, aunque la emergencia sea la más perentoria de tu existencia. -“El grupo parece bueno.” Le dijo al chofer en español fuera del micrófono.
Mike observó al guía. Debe de ser un tipo diestro e inteligente pues se expresa con cultura. El chofer puede que no tenga tantas luces, pero parece que el intercambio ente estos dos va a ser interesante. Pensaba observándolos. Este primer asiento sería por todo el viaje su punto de observación y de escucha de todo cuanto se dijera en español, desde allí podrá conseguir material para su estudio sobre el terreno. Afuera ruedan sobre una nueva avenida rumbo norte, hacia el centro de la capital. Se aprecia un poco de agricultura y algunos almacenes. El guía va repasando el programa y alertando sobre algunos detalles y posibles problemas evitables.
Mike observa absorto por la ventanilla y el audio, le parece, disminuye el volumen considerablemente hasta solo ser un murmullo ininteligible en sus oídos. Ahora se incorporan a la avenida Boyeros.
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Algo ha cambiado pero es la misma calle. La misma calzada por donde cuarenta años atrás viajaba en dirección contraria para abordar un Britania cuatrimotor que lo llevaría lejos. Han ampliado las sendas y han colocado un enorme separador central. ¡Ah la Ciudad Deportiva! ¡Qué mal se ve! Le falta mucha pintura y mantenimientos. ¡El Clínico Quirúrgico a la izquierda por la calle 26! Las primeras residencias del Cerro a la derecha.
A Mike se le oprimía el corazón por cuanto veía de depauperación en una urbe que había dejado como una de las más bellas del planeta. Hasta los mismos autos parecían aún estar circulando por sus calles, pero increíblemente cincuenta años más viejos. Las mismas gentes, los mismos niños, pero algo hay diferente en ellos. Es quizás la mirada triste, o una actitud de estrés permanente que se escapa en sus expresiones como a la espera de que algo suceda, estrés citadino donde todo es incierto. Esto no es lo que él había dejado. Aquel espíritu de pachanga permanente, de fiesta inacabable a toda hora, de día y mejor de noche. Los viejos parecían más viejos a través del cristal, o tal vez todo fuera la coloración de los mismos. Podía ser.
¿Dónde estaba aquella ciudad con una de las mejores vidas nocturnas del mundo, donde se encontraban más cines y salas de teatro que Nueva York? Donde había más emisoras de radio que en ningún otro país de América, donde la densidad de teléfonos y televisores por vivienda era muy compacta, donde estaba en mayor Dealer de Cadillacs del planeta y los habitantes comían menos carne solo que en Argentina y Uruguay. Esto no es lo que él veía a través de la ventanilla mientras subía hacia la calle G después de haber pasado por la Plaza Cívica y la Terminal de Ómnibus. Por suerte allí aún está la escultura La Velocidad de Rita Longa, un poco sucia, pero ahí está. No se ven gordos renqueando por las calles.
Mike está en shock. ¿Dónde carajos se había metido? ¿Qué es esto que está viendo con sus propios ojos? Este enorme desastre cincuenta años después. Mike revivía aquella sensación imaginada un millón de veces de reencuentro, horror al estilo Dorian Grey de reencontrar a una linda muchacha medio siglo después sin uno haber evolucionado la imagen guardada en la mente, acondicionándola al paso del tiempo y su implacable daño visual e interior. Sintiéndose el mismo muchacho de entonces ahora con el corazón machucado por la desesperanza, la tristeza y la impotencia de no haber hecho nada por conservar aquella Ciudad obviamente ya perdida y muy depauperada, sumido como estaba en la modernidad y la belleza veloz del primer mundo donde residía.
Este es el impacto emocional de cada extranjero que ingresa en esta otra realidad kafkiana, irreal, con gente feliz en medio de la basura y la depauperación. Llegaban al Hotel Habana Libre, ombligo de la urbe con sus cacharros, sus huecos, sus locos.
Esta enorme mole de concreto fue edificada con el dinero aportado por el Sindicato de los Trabajadores del Comercio y el Turismo de entonces, imbuidos en el extraordinario plan de obras públicas del Presidente Batista. Fue comenzado a operar por la Cadena Hilton a finales del 58 y expropiado por Fidel a principios del 59 cuando instaló su cuartel general en su inmenso lobby. Entonces lo llenó de rebeldes barbudos, peludos, armados hasta los dientes y muy mal aseados, muchos deslumbrados por meses ante el esplendor de una ciudad extraordinaria, repleta de hoteles de lujo y casinos de entre los mejores del planeta.
Mike se bajó de inmediato apenas el ómnibus se detuvo para admirar el enorme mural restaurado en la parte frontal superior de la entada principal. Le tomó una cuidadosa
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foto. Menos mal que no le habían pasado cualquier tipo de pintura a brocha gorda por encima para andar rápido. Para ahorrar.
El lobby es el mayor de la ciudad. Nos muestra un intenso esplendor donde el arte se conjugaba mucho con la arquitectura para ofrecer placer a la mirada, para demostrar un quehacer desenvuelto e inteligente donde las personas vivían bien, donde se trabajaba pensando en el ciudadano. Se podría volar un avión pequeño dentro de este espacio tan magnífico. Piensa Mike mientras se dirigen a la recepción donde se mueven varias muchachas uniformadas. “Por favor, Denme una habitación lo más alto posible con vista a la ciudad, no al mar.” Pide cuando le toca su turno frente al mostrador.
VI
Carlomagno ha comenzado a laborar en turismo.
Lo primero que hizo Mariaeugenia fue dirigirse a las tiendas del Hotel Comodoro para comprar los uniformes de sus queridos subordinados. Los guías de turistas hombres vistieron de inmediato, según sus tayas, con ropas Ted Lápidus y calzado español. Las mujeres los mejores diseños que la Jefa encontró.
Se organizó eficientemente una pequeña flota de seis carros o pequeñas camionetas cerradas Toyota con aire acondicionado para recoger a los muchachos y levarlos a sus domicilios. Diariamente les avisaban por teléfono cuál actividad realizarían al día siguiente. Carlomagno comenzó a sentirse persona. Su aspecto y comportamiento comenzaron a cambiar perceptiblemente. Se puso más amable y le daba la mano a las viejecitas cuando iban a cruzar la calle. Le decía buenos días a las negras de su vecindad quienes le miraban de soslayo tal vez pensando “¿Este negro se estará metiendo a maricón o se creerá cosas?”
Lo cierto es que la vida de aquel muchachito de solar se iba tornando más amable y las puticas del teléfono se habían convertido en sus amigas. Su mamá se llenaba de dulzura y le acariciaba las pasitas inferiores del cabello cuando le pedía dulcemente que le diera veinte dólares para comprar algo de comer para los dos. La vieja apenas cocinaba, ni fregaba, ni limpiaba el apartamentico, nada. Se había buscado por diez fulas a una anciana que ordenaba la vivienda y se encargaba de los quehaceres que no hacía en su casa, pero fumaba como una murciélago y dejaba los cabos malolientes por todas partes que ya comenzaban a molestar a Carlomagno. El negro se estaba convirtiendo en un emperador de verdad.
Lo único malo, terrible para su seguridad personal, es que todos los vecinos y los de más allá también, le creían ya un multimillonario consumado. Por supuesto que esto no es cierto pues los turistas nunca son tan amables y rara vez dejan propinas enormes, si es que acaso dejan alguna. De todas formas el éxito del negro con las blancas europeas, en especial las escandinavas o de los países bajos, es notable. No hay grupo que pase con él tres días o más, y no se le cuele en la habitación a alguna de las clientes que lo ha mirado un poco atravesado, a veces con marido y todo. Pero los europeos no son celosos. Eso cree.
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La Rampa vista desde 23 y L hacia malecón.
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A veces son ellas quienes se le cuelan en su cuarto y el chofer tiene que emigrar y hacerse el tonto por un par de horas en aras de que la propina sea más voluminosa al final. En ocasiones ellos también colaboran y es gracioso para Carlomagno presenciar una orgía entre un hombre que habla un español malo por cubano, y una extranjera que nadie sabe ni le importa qué habla. Entonces se utiliza el sistema internacional de señales y las manos se vuelven políglotas, las expresiones con las bembas estiradas y los ojos semicerrados adquieren una locuacidad impresionante que todo el mundo entiende. ¡Qué traductores ni ocho cuartos!
Poco a poco Carlomagno, el guía de turistas, va adquiriendo experiencia y le va gustando cada vez más lo bueno, lo que le regalan, lo que consigue. Lee mucho y los clientes comienzan a regalarle libros raros, novelitas rosa, artefactos electrónicos de música, de fotos, de comunicaciones, etc. Consigue su primera computadora Lap top P1 que le ha dejado una holandesa suspiradora e insistente. La máquina está llena de direcciones y un esperanzador mensaje de que vaya a Holanda que ella le va a enseñar. Pero para eso hace falta hablar holandés y es un idioma rarísimo que él ya no está para estudiar. Le basta con su inglés con el cual ya va satisfecho. Se ha olvidado voluntariamente del francés por lo tacaño del mercado. Es conocido y querido por todos sus colegas mientras se va lentamente haciendo todo un veterano.
Pero eso fue seis años atrás. Hoy Carlomagno acaba de dejar a su enésimo grupo de turistas, en este caso ingleses, en el Hotel Habana Libre. Tendrán el resto de la tarde libre y toda la noche para que se diviertan. Mañana tienen recorrido-ciudad con él.
VII
Mike suelto por el Vedado.
El check in en el hotel ha resultado fácil. Una de las preciosas empleadas le ha entregado un extenso formulario como para media hora, pero le ha dicho que solo pusiera allí su número de pasaporte y su firma. “Estos comemierdas de inmigración siempre están pidiendo detalles y jamás pasan a verificar o a recoger nada.” dijo por lo bajo en español para beneficio de sus colegas de recepción. Mike ni siquiera la miró, pero se dijo que ella no sabía bien cuál lío se armaría si algún día aparecía algún muerto inexplicable o un terrorista.
El Hotel cuenta con una batería de ascensores que trepan veloces por el centro del edificio hasta lo más alto. Allá le han dado su habitación que abre al suroeste como él ha solicitado. Muchas de las decoraciones son originales como las alfombras y gran parte del mobiliario, la plomería, etc. La piscina se ve debajo sobre la azotea del lobby, fuera del alcance de las miradas de los caminantes. Hay una vista estupenda desde esta altitud mínima la cual parece mucho mayor que la real, y la ciudad se extiende allá abajo con sus manzanas perfectas en esta zona del Vedado. Se destaca el Castillo del Príncipe, el cual aún era cárcel cuando él escapó y ahora parece dedicado a otra cosa por la baja seguridad que aprecia.
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Ingresando en Miramar. 31 y Calle 10.
Aún están allí los hospitales que la rodean. La terminal de ómnibus, la Plaza de la Revolución con su raspadura de mármol, y así la megápolis se va perdiendo en la bruma del horizonte sur con sus edificaciones minúsculas y su urbanización enorme de setecientos treinta y seis kilómetros cuadrados. ¿Cuánto tiempo costará caminar desde aquí hasta la periferia sur? Se pregunta Mike ensimismado. ¿Cuánto tiempo durará esta vista magnífica hasta cuando lleguen las megaconstrucciones y solo se vea un mar de concreto, acero y cristales alrededor?
Mike necesita darse un largo baño y bajar a tomarse unos buenos tragos de ron bien añejo para tratar de comprobar si el sabor actual es el mismo que él recuerda desde su adolescencia, aunque ya no se fabrica el Bacardí. Havana Club dicen que es ahora el mejor. Veremos. Ya me he acostumbrado al Whisky y a las cervezas inglesas.
Enciende la televisión y sintoniza la CNN en inglés mientras se mete en el baño. Solo se ven sobre el mármol del lavatorio un par de jaboncitos personales y dos pequeños frasquitos que contienen champú y gel de baño. ¡Qué clase de hotel cinco estrellas es este! Y eso que está administrado por una compañía extranjera. Piensa. Después de media hora y ya un poco repuesto de las incomodidades en el avión, se percata que si son ahora aquí las siete, allá en Escocia deben ser las tres de la madrugada más o menos. Por eso el cansancio extra. Pero no hay nada que no resuelva un buen café. Esta CNN en inglés está diseñada solo para los norteamericanos. Pensó mientras apagaba el aparato. Se vistió y se dispuso a bajar hacia la planta baja donde había visto una cafetería al entrar.
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5ta y 10. Miramar. La Habana.
El ascensor demoró bastante, pues de los seis instalados solo hay trabajando dos y cuando van llenos no se detienen. Por suerte hay tan solo un piso más arriba y pertenece a un cabaret a esta hora aún no muy en uso.
Cuando sale del área de los ascensores y penetra al gran salón, se dirige hacia la derecha y efectivamente allí se ven varias jóvenes preparando algunos tragos, pero por ahora él solo desea café.
-“Por favor, que sea cubano.”
Le pide a la muchacha quien le sonríe y le informa que enseguida estará. Detrás de los enormes cristales ve pasar la vida afuera y le interesa vivamente salir a la calle para intentar recuperar aquel sentimiento de pertenencia que cree aún no muerto por el tiempo y la distancia. No hace calor, así que caminar un rato no va a resultar desagradable.
El café expreso está muy bueno, pero cuesta 2,25 pesos convertibles. Eso es más caro que Londres. Eso es casi dos libras esterlinas. Piensa. Tendrá que buscarse algún lugar tan elegante pero más barato. Mike asume que las chicas comprarán el paquete en la propia tienda localizada en el pasillo comercial del lobby a solo unos metros de distancia y lograrán una ganancia enorme directa para sus bolsillos, libres de impuestos, pues allí todo el paquete de una libra cuesta tan solo 3,45 CUC. Con dos expresos como el suyo se cubre el gasto de paquete y medio del buen café Cubita. Bien tontas sin no lo hacen. Ilógico si se toma en cuenta que ese mismo precio de un solo café es tres o cuatro veces el salario en moneda nacional que ganará por toda la jornada de labor. Mike ya trae en mente toda una extensa gama de criterios y datos de estudiosos que han estado en esta isla recientemente tratando de dilucidar cómo funciona esta extraña economía, si es que finalmente de alguna forma lo hace.