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Día Dos Cititur.

Carlomagno está soñando con un trasero grande de una mulata que se lo va a poner sobre su rostro. Esto le gusta. Es una de las cosas que más la agrada en la vida. Gracias a los españoles quienes con sus persecuciones de las negras de entonces inventaron esta suprema creación de la naturaleza que compite con las flores cuando no están irritadas y no se les ha destapado el solar. Entonces son terribles. Pero esta tiene unas caderas que es lo único que se ve hacia arriba, techo descomunal y mordible con un par de huecos agradables, unas nalgas perfectas con su color canela y unos labios morados dispuestos a chuparte, pero si quien va a chupar soy yo, acércate nena. Carlomagno la atrae hacia sí con un poco de presión adicional para que la mulata termine de sentarse sobre sus…Algo está sonando. Algo está pitando allá afuera. ¡Coñó, es el carro de las recogidas! Carlomagno se ha quedado dormido por enésima vez. Su mama ni se molesta en despertarlo a la hora apropiada, pues le tomaría innumerables intentos hacer que se levante de la cama donde vuelve a caer no más se ha alejado unos pasos. La mulata se ha esfumando, pero no el deseo. Tiene que salir corriendo con el pantalón en la mano para vestirse mientras se lava los dientes y se asea. “¡Cinco minutos!” Grita mientras corre hacia la taza del baño con la esperanza de que mamá le escuche y le transmita la información al chofer del van que espera afuera junto a la puerta de la vivienda en el barrio de Jesús María. El compañero chofer sabe que no se puede alejar mucho, pues en dos segundos le roban los neumáticos y le dejan el carro sostenido sobre cuatro botellas de cerveza. Un neumático de contrabando con llanta y todo vale en el mercado negro unos quince CUC. El chofer también conoce de cuál defecto cojea Carlomagno y no se inmuta cuando este no sale a la primera llamada. Sabe que deberá esperar unos diez minutos hasta cuando salga el negro aun poniéndose la camisa del uniforme y gritándole algo a la madre.

En diez minutos salen hacia las oficinas en Miramar. Otros guías que han sido previamente recogidos viajan también en el van. Allí ya debe estar esperándole el ómnibus de ayer con Jardines al timón. Son las ocho de la mañana. De ahí, al hotel a recoger a grupo.

A Mike también le ha despertado el timbre del teléfono en su habitación del último piso a las siete de la mañana. Es la muchacha operadora telefónica deseándole un buen día y que se levante. Mike prende el televisor esta vez en la CNN en español, pero no se leen noticias importantes. Nada sucede en el mundo. Se asea, se viste y baja a desayunar en el enorme restaurante del segundo piso, donde se encuentra funcionando ya la gran mesa bufet con tal vez más oferta de la que uno desearía ver.

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Miramar. Elegantes mansiones estilo cubano de techo plano rígido y pesado.

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En el lobby Carlomagno se va a sentar sobre una de las butacas a la entrada de la cafetería que está junto a los baños. Recuerda que no recuerda a ninguno de los clientes. ¡Ah, solo al loco escocés del primer asiento! Es el único que viene con habitación sencilla y otra triple con una familia. Todos los demás son parejas de hombres y mujeres, de hombres y hombres y de mujeres y mujeres. Hay de todo en las viñas del señor. Muchos turistas aprovechan estas escapadas de su país para hacer de luna de miel e improvisar, dejando escapar sus verdaderos instintos y preferencias sexuales cuando en sus casas se ha quedado la familia haciéndolos en algún viaje de trabajo.

A exactamente las nueve Carlomagno se para en medio del lobby. Él no se acordará de los rostros de los turistas, pero los turistas sí el de él y se le arremolinarán lentamente como las abejas al panal. Hoy es un día terrible para Carlomagno: Hay que ir a caminar a La Habana Vieja.

Un par de parejas se acercan tímidas mientras sonríen a lo Monalisa observando directamente a Carlomagno. Ellos son los primeros. Otros le siguen. Mike llega uno de los últimos. Cuando el negro cree que están todos: “-Vamos señores. Todos al ómnibus 398 allá afuera. Tenemos que caminar un poco para desperezarnos antes de que el sol se ponga majadero.” Dice en inglés bien alto. “Let`sgo.”

El grupo sale en tropel detrás del guía para ir subiendo al ómnibus. Algunos saludan al chofer. Otros pasan de largo sin apenas pestañar.

-“No te muevas, Jardines, que tengo que hablar con ellos antes de salir. Tengo que coordinar lo del restaurante para el almuerzo y la compra de los puros. Tu sabes cómo es eso.”

Mike escucha la conversación en español y supone que algo hay detrás de estas coordinaciones. El guía se pone a repasar el plan para el día de hoy que todos los clientes deben tener: Primero habrá una caminata en la zona vieja para poder apreciar lo que se está haciendo con la intensión de reconstruir el Patrimonio Cultural de la Humanidad.

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Subiendo rumbo sur. Avenida 70 en Miramar.

Después de ahí vamos a realizar una visita a la fábrica de Ron Bocoy, La plaza de la Revolución y recorreremos en el carro algunas partes de la zona norte de la Ciudad, sobre todo la noroeste. -“¡Dale Jardines!”

El ómnibus se pone en marcha. El negro parece recordar algo. -“Ah, y como ustedes no tienen comidas incluidas hoy, nosotros les proponemos un almuerzo en una de las mejores paladares de la Ciudad. Con eso terminamos el día. Levanten la mano quienes deseen ir. ¡OK! Gracias. Continuamos.”

-“Dale suave Jardines. Tenemos treinta para el almuerzo. Este grupo pinta bien.” Le dice el negro al chofer quien le sonríe de vuelta.

Mike observa estos pequeños contactos del guía con el chofer y entiende que detrás de las palabras existen otros significados que tan solo ellos entienden y no es exactamente por el idioma.

-“Como ustedes ven, estamos en la Zona de la Rampa, Centro Norte de la Ciudad y también centro de la vida nocturna. Ahora tomaremos a la derecha por la avenida 23…” El coche se va moviendo despacio mientras el guía va hablando ayudado por el excelente equipo de audio del carro. Bajan hasta el Malecón y se dirigen hacia la zona vieja hacia el Este. Carlomagno les explica que este es el Municipio Centro Habana, la zona más poblada de la Ciudad y donde más del setenta y cinco por ciento de las edificaciones se encuentran en mal estado, pero no tiene nada que ver con la reconstrucción. Esta área no habrá quien la salve a pesar de que algunos se lo propongan.

A partir de la esquina de Prado y Malecón comienza la Habana Vieja -“Como ven dentro de la urbanización van a encontrar casi todos los estilos arquitectónicos, excepto el gótico. La Habana fue siempre una urbe muy adinerada desde sus inicios hasta los sesenta. Ahí se detuvo la Historia.”

Jardines mira de soslayo a Carlomagno. -“Cualquier día te meten preso por hablar lo que no tienes que decir.” El negro solo se sonríe. Mike escucha.

El vehículo continúa desplazándose lentamente por la Avenida del Puerto hacia los antiguos almacenes y las principales plazas de la zona más vetusta. Se detiene en los accesos de la plazoleta aledaña a la iglesia de San Francisco de Asís donde todos bajan. Caminarán desde aquí.

El sol ya inicia a picar y los turistas ingleses comienzan a percatarse lo agradable que resulta el aire acondicionado dentro de la guagua. El negro guía sale caminando al frente y todos le siguen. No bien ha entrado en la Plaza un mulato alto y fornido exclama su nombre. -“¡Carlomagno!” Es el jefe de la mafia en esta zona vieja de la ciudad que lo conoce desde siempre. Se abrazan como dos hermanos no vistos en mucho tiempo. El recién llegado le habla alto y con cierta ampulosidad: -“Coño, hermano, hacía tiempo no te veía por aquí. ¿Tienes mi celular, verdad? Recuerda que si alguno de los clientes desea comprar tabaco, yo tengo lo que pidan, de buena calidad y con todos los sellos y garantías. ¡Lo que quieran!”

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Apartamentos de Lujo en Miramar 70 y 7ma.

Carlomagno le sonríe. Este personaje es un hombre de temer, pues aunque en apariencia se muestra cuidadoso y hasta tímido, mueve muchos hilos que llevan a gran cantidad de lugares peligrosos. Es una persona que sin tener un rostro amenazante, puede generarle un problema a cualquiera y aparecer que está del lado de la víctima dispuesto a ayudarle sin reservas. Lleva unos veinte años controlando el negocio de las ventas de contrabando en la zona de la Habana Vieja, Centro Habana y parte del Vedado. Se mueve con toda naturalidad debajo de las cámaras de vigilancia que han instalado en todas las esquinas mientras saluda a todos los policías a quienes conoce por el nombre. Les pregunta por la niña si ya se le quitó el catarro, o si la vieja se ha mejorado de su reumatitis. Si él es tu socio, no te sucede nada en la Habana Vieja aunque vagabundees solo y borracho a las cuatro de la mañana. Dispensa el dinero generosamente, pues no es eso lo que le interesa realmente, pues ya tiene mucho aunque no lo aparenta. Su negocio es el control, el poder de decidir en su zona sin que nadie, incluso la supuesta autoridad, le levante un dedo para señalarlo. Bajo su control está todo, incluyendo las jineteras y jineteros, pero en lo único que no se mete es en la droga, pues dice que las gentes duran poco en ese negocio. Siempre te atrapa la autoridad o te asesinan tus colegas cuando hay más dinero en otra parte. Nunca anda armado y viste impecable y pulcro.

Mike se mantiene pegado mientras los demás se dispersan un poco. El mafioso le echa un vistazo a Mike. Le pregunta a Carlomagno: -“¿Y ese yuma te ha dicho algo de los puros? Tiene el tipo de los que tienen el baro. Sabes. Pégatele. No te olvides de llamarme si hay algo. Oíste. Recuerda que si hay jugada vamos al fifty, fifty.” La mirada del mafioso dice muchas cosas, entre ellas amenaza y promesa.

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-“Vale Osvaldito. Te llamo si hay algo como de costumbre, Déjame concentrarme en la pincha que se me van los turistas.”

El mulato se aparta un poco haciendo un gesto magnánimo y el negro da un grito algo alto. -“Hey, Acérquense que les voy a explicar.” Los ingleses obedecen.

La Habana Vieja.

Este tipo de mercado es muy organizado y respetuoso. A esta hora esta plaza comienza a llenarse de visitantes deslumbrados por el antiguo esplendor en todos los sentidos que presenta esta urbanización, maravillando al desconocedor sobre la extensión de la historia que se adivina detrás de las construcciones y las ingeniosas soluciones que los arquitectos de entonces daban a los requerimientos constructivos, las señales de gusto y derroche de dinero. Predominaba entonces la sicología de la opulencia donde si tienes dinero construyes una casa. Si tienes mucho dinero, construyes una extravagancia.

En la primera mitad del siglo 20 cuando existía un diminuto peso de oro y uno enorme de plata, los gobiernos de turno construían, por ejemplo, las estaciones de policías semejando cómodos castillos feudales. Y pensar que entonces la corrupción era enorme cuando se robaban la mitad del dinero de los presupuestos.

Caminaron despacio un buen rato con Carlomagno a la cabeza explicando detalladamente las curiosidades y detalles que se ocultaban tras cada esquina, en cada rincón de la inteligente ciudad. Interesó mucho a los clientes descubrir que en esta parte con doscientos años de diseñada, todos los sistemas están bajo tierra, soterrado le llaman. Así los frecuentes huracanes no tienen nada que derribar. Tal vez sea más caro, pero dura más y al final se ahorra.

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Se desplazaron por las calles más inusuales, vieron hoteles pequeños y curiosos como Los Frailes, que asemeja un convento, pero un monje prepara tragos bien cargados de ron, haciéndole guiños a quienes pasan por la ventana como invitándolos a un buen mojito u otra cosa.

Periferia Sur. 100 y Aldabó. Alta Habana.

A la altura del Hotel Ambos Mundos, localizado en Mercaderes y Obispo, ya tenían deseos de tomarse un trago _Una parada para un café_. Pidieron en masa y a Carlomagno se le iluminó el rostro. Subieron hacia la azotea después de echar una extensa mirada a las fotos de Hemingway colgadas en las paredes y al interior del hotel construido a principios del siglo 20. Lugar donde el escritor vivió ocho años casi por accidente entre 1932 y el 40.

La vista es magnífica desde esta posición sobre los techos de la ciudad vieja. En negro se acercó a los observantes con un mojito en las manos. “Señores, este es el mejor trago que se pueden tomar en nuestro país. Pidan. Tenemos tiempo para eso.” Informó. Los dependientes estaban listos para tomar las órdenes. Mike se fue a sentar a la barra y se entretuvo observando cómo fabricaban los tragos. El mojito es como una limonada fuerte hasta cuando te tomas el cuarto y se convierten en un peligro. Dijo el barman.

-“Tres pesos.” Dijo el hombre. Mike pagó.

Al final todos pagaron y bebieron. La coctelería siempre es cara en todo el mundo. Pensaba Mike, mientas pudo ver como el del bar le transfería un pequeño y apretado bultico de billetes al Carlomagno a manera de saludo de manos y despedida.

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-“Vuelve compadre. Ahí tienes un baro por cada coctel que se tomaron. Recuerda que es un baro solo por los cocteles, lo demás no juega. Aquí estamos.”

Habana Vieja.

El negro bajó de la terraza del Ambos Mundos veinte pesos más rico. Estaba contento. Todavía caminaron un rato más por la ciudad hacia la Plaza de la Catedral y la antigua zona de los poderosos. Se aproximaba el mediodía y la hora cuando no hay sombra a donde arrimarse, pero ya allí estaba el coche salvador, Jardines se encontraba aparcado como milagrosamente en una de las esquinas por donde ellos caminaban. El motor ronroneaba y dentro había una agradable temperatura de veinte grados centígrados. Todos subieron a bordo.

Este vez fueron a la Plaza de la Revolución donde ahora ya han puesto a un Camilo a hacerla compañía al che de la esquina cuarenta y cinco años tarde. Desde el podio localizado frente a la estatua sentada del Martí y justo frente a la enorme raspadura, habló Fidel por casi cinco décadas kilométricas andanadas de propaganda política, invectivas furibundas en contra del capitalismo y el imperialismo norteamericano, adoctrinamiento amable y enérgico para el pueblo que le prestaba atención apasionado. Mike recuerda haberle escuchado alguna vez unas nueve horas y media, o haberle escuchado a alguien que lo había escuchado. Ya ni sabía pues los recuerdos tendían a confundirse dentro de sus neuronas majaderas o asustadas. ¿Fidel nunca necesitó ir al baño cuando hablaba horas y horas sin parar? ¿Alguien dijo alguna vez algo sobre eso?

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Centro Habana. Antiguo Teatro al lado del Capitolio.

Después de media hora de fotos volvieron al coche y pasaron por un costado del enorme y veterano Estadio de Béisbol Latinoamericano con una capacidad para 55 mil habitantes y terminaron en la Calzada del Cerro, justo frente a una fábrica de ron llamada Bocoy que produce algunas variedades del ron con nombre de Legendario. Carlomagno les hizo un breve tur por todas las áreas del centro productivo y subieron por una angosta escalera de madera hacia un piso superior donde accidentalmente estaba la tienda de varios productos. En el pequeño bar allí les dieron un trago por persona para la degustación del ron local que todos pareció excelente.

Al fondo se ven dos dependientes. Uno de ellos fuma un enorme habano. El otro es la cajera. Todos los clientes se dirigen detrás de Carlomagno hacia el estanco, que es como se llama el lugar donde se venden puros de alta calidad como estos.

Carlomagno se esmera en detalles sobre la producción tabacalera cubana y abunda sobre las características de este producto auténticamente nacional y el de mejor calidad del planeta en todos los tiempos, incluso ahora.

-“¡Que mejor regalo para un amigo que fuma!” Dice el negro mientras los observa comprar. Los ingleses se embullan aunque en Inglaterra en este momento la campaña es tan fuerte que las personas muestran claros síntomas de sentimientos de culpabilidad cuando encienden un cigarrillo en alguna parte.

Mike por supuesto que se compra un par de carísimas cajas pensando en un uso personal cuando se reúna con sus amigos en la taberna de siempre. Mientras se retira como distraído ve a la cajera entregarle en la mano al negro otro bultito apretadito dentro de un pequeño recibo. -“Te toca el treinta y cinco por ciento.” Le dice la mujer. El negro sonríe con todos los dientes.

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-“Como siempre, comadre. Ustedes son de ley.”

Mike ha escuchado que uno de los contrabandos más potentes hacia el turista es el tabaco, debido al alto precio de monopolio que le coloca el gobierno, deseoso de obtener también una buena tajada de este tan generoso producto nacional que nos distingue. No importa que en el mundo exista una enorme campaña en contra el hábito de fumar.

Continuaron el tour. Pasaron por frente al Cementerio Cristóbal Colón y prosiguieron por 23 hacia a el municipio Playa. Allí fueron a parar a la paladar Los Cactus, una de las pocas que aún opera dentro de la ciudad. Es hora del almuerzo.

En este curioso restaurante privado localizado en 33 entre 34 y 36, Playa; se encuentra atendido por la familia del señor Orlando Barral, abogado izquierdista de origen español y amigo personal del che. Allí existen dos menús. Uno para los nacionales quienes llegan por su cuenta y otro para los turistas quienes arriban comandados por algún guía, chofer, jinetero, etc. A los locales se les cobra relativamente barato. Tampoco hay que ensañarse con los muertos de hambre.

Para los turistas es diferente. Ellos tienen que financiar los diez pesos por cliente que pida un plato fuerte que se le entrega al traedor, no importa quién sea este último. Así operan muchos comedores nacionales privados e incluso del gobierno. Recurso infalible para atraer comensales. Siempre hay que llamar antes para saber si no hay problemas y reservar una mesa para todos. Los taxistas pueden ir directo, pues siempre su grupo es pequeño y se puede acomodar en cualquier rincón. Ellos lo saben. Los inspectores tienen un tratamiento especial. Ellos y ellas ya son conocidos por la empleomanía del restaurante. Generalmente llegan en las horas cuando estos están trabajando, pero en algún momento relajado, no cuando ellos saben es la hora pico. Siempre acarrean una tablilla en las manos al mejor estilo policía y los más

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