• No se han encontrado resultados

D EBATE SOBRE S EGMENTACIÓN Y M OVILIDAD L ABORAL

3 SPP, STPS (1976).

2.2.2. D EBATE SOBRE S EGMENTACIÓN Y M OVILIDAD L ABORAL

Con respecto al estudio de la movilidad del trabajo destacan cuatro documentos: Maloney (1999a), Calderón-Madrid (2000), Gong, Van Soest y Villagomez (2000), Gong y Van Soest (2002), cuyas conclusiones han abierto un debate particular sobre el carácter competitivo o segmentado de los diversos grupos de trabajadores que componen el mercado laboral.

En la investigación realizada por Gong, Van Soest y Villagómez (2000) se analizan los patrones de movilidad del trabajo entre tres sectores del mercado laboral (formal, informal y no empleado) mediante la estimación de un modelo logit multinomial dinámico de efectos aleatorios, en cuya especificación no están explícitamente incorporados los salarios. El periodo de análisis es de 1992 a 1995 y distinguen dos etapas (mismas que son establecidas en la estimación de dos paneles): la primera de un notable crecimiento (1992-93) y la segunda (1994-95) de recesión originada por la crisis de 1994.

Los resultados de las estimaciones y las conclusiones de los autores van en el mismo sentido que la teoría. Se sostiene que los trabajos del sector formal son superiores a los del sector informal, mismo que representa un espacio temporal para quienes no pueden encontrar un empleo formal. Las tasas de entrada y salida del sector formal son menores que las del informal. Para quienes tienen menor educación las tasas de entrada son menores en el sector formal que en el informal. La probabilidad de emplearse en el sector formal se incrementa con el nivel de educación. Para los hombres es más fácil entrar al sector formal si no se encuentran trabajando que si provienen del sector informal. Para los hombres que cuentan con mayor educación las probabilidades de mantenerse en el sector formal son mayores que las de mantenerse en el sector informal. El nivel de ingreso de otros miembros de la familia reduce la probabilidad de trabajar en el sector informal e incrementa la probabilidad de no trabajar.

Siguiendo la línea del trabajo anterior, Gong y Van Soest (2002) analizan la movilidad y el diferencial de salarios entre los sectores formal e informal. Las evidencias halladas les permiten afirmar que los salarios en ambos sectores se incrementan con los niveles de educación y con mayor efecto en el sector formal. La edad induce crecimientos en los salarios del sector formal y en menor medida en el sector informal. Por lo tanto, las diferencias salariales entre ambos sectores aumentan con el nivel de educación y la edad. La probabilidad de un hombre de emplearse en el sector

informal se reduce con el nivel de ingreso de otros miembros de la familia. Para la mujer, el ingreso de otros miembros incrementa su probabilidad de no emplearse. El debate en torno a la segmentación del mercado laboral mexicano ha sido sostenido principalmente por Maloney (1999) y Calderón-Madrid (2000) quienes fundamentan tesis opuestas. Mientras que Calderón-Madrid destaca el carácter segmentado del mercado de trabajo urbano, Maloney afirma que las evidencias halladas sobre la movilidad entre los sectores formal e informal confirman que el sector informal es un destino deseable de los trabajadores y por lo tanto se trata de sectores competitivos y no segmentados.

Por una parte, Maloney propone una visión alternativa a las percepciones dualistas del mercado de trabajo y de las relaciones entre el sector formal e informal, considerando la división del sector informal en tres grupos de trabajadores: autoempleados, asalariados informales y trabajadores por contrato. El autor examina los patrones de movilidad entre los cuatro subsectores (asalariados formales, asalariados informales, autoempleados y trabajadores por contrato) y señala que, tanto las diferencias salariales como la movilidad de los trabajadores evidencian al sector informal como un destino deseable, principalmente el de autoempleados, y que las distintas modalidades de empleo que constituyen el mercado de trabajo se encuentran relativamente bien integradas.

Maloney encuentra que los movimientos de autoempleados y trabajadores por contrato hacia el sector formal, están asociados a una reducción significativa en las remuneraciones y que, por el contrario, los flujos de asalariados formales hacia los sectores de autoempleados o de trabajadores por contrato se relacionan con incrementos. Los asalariados informales que se incorporan al sector formal revelan aumentos salariales y los trabajadores formales que se convierten en asalariados informales no presentan un cambio significativo. Los movimientos de asalariados formales e informales hacia el sector de autoempleados están asociados con aumentos en sus ingresos, mientras que es insignificante el diferencial de los trabajadores por contrato que se convierten en autoempleados.

La probabilidad de abandonar el sector formal se reduce con el nivel de educación. Los empleados que pasan de ser formales a trabajar por contrato son los que muestran menores niveles educativos. El sector de asalariados informales es aparentemente un puerto de entrada al mercado de trabajo para los jóvenes y para los que tienen una educación escasa.

Para Maloney, los diferenciales de ingresos no reportan evidencias convincentes a favor de las hipótesis de segmentación, mientras que los altos niveles de movilidad y la simetría de las direcciones de los flujos entre todos los sectores dan muestra de un mercado de trabajo bien integrado, en el que los trabajadores buscan oportunidades en cualquier sector, lo que sugiere una relativa facilidad de acceso al sector formal. Asimismo, destaca dos factores que podrían disuadir a los trabajadores de

incorporarse al sector formal: i) los costos de la protección laboral, ya que los

impuestos que reducen sus salarios no compensan los beneficios sociales obtenidos, y

ii) la flexibilidad y las posibilidades de capacitación y entrenamiento.

Por su parte, Calderón-Madrid (2000) debate los argumentos de Maloney mediante un análisis de la movilidad de los distintos grupos laborales (formal, informal,

autoempleado, por comisión), realizado con la intención de: i) determinar la duración

de los individuos en cada estatus de trabajo, ii) identificar los factores que influyen en

la probabilidad de que un trabajador abandone su estatus, y iii) conocer el siguiente

tipo de empleo probable.

Según Calderón-Madrid, la economía mexicana está caracterizada por una alta frecuencia de movimientos de trabajadores entre los estatus, a lo largo de un trimestre. Entre el 45 y 50 % de los asalariados del sector informal no permanecieron en ese estatus tres meses después, y entre el 15 y 20 % de los trabajadores formales cambiaron de estatus en un trimestre. Los resultados de su investigación confirman que los trabajadores del sector informal cambian de empleo con mayor frecuencia que los del sector formal. Sus cálculos revelan que, de cada 100 trabajadores que mantuvieron su empleo en el sector formal, en 1991, cerca de 28 lo conservaron durante cuatro años, de los cuales cerca de 10 no permanecieron con el mismo patrón dos años después. Aunque los autoempleados presentaron una mayor estabilidad, después de seis años se registra un alto porcentaje (70 %) de personas que abandonan esa actividad.

El autor sostiene que el periodo posterior (1993-97) a la firma del TLCAN, en el que se profundizó la liberalización comercial, está asociado a un mayor nivel de movimientos de empleo, tal como se aprecia en las tasas de retención laboral de cuatro años en un estatus que son ligeramente superiores a las observadas entre 1991 y 1995.

No obstante, una de las conclusiones más sobresalientes señala que a pesar de la significativa movilidad laboral, las proporciones de los distintos grupos de trabajadores representadas dentro del total de la población económicamente activa (PEA), se mantienen relativamente constantes de un trimestre a otro; lo cual se

explica por el flujo de personas en direcciones opuestas. Entre el segundo y tercer trimestre de 1993, el flujo de trabajadores que abandonaron el sector formal y que se incorporaron al informal fue de 3.67 % de la PEA (equivalente al 8.5 % de ocupación formal); mientras que los que pasaron del sector informal al formal representaron el 3.99 % de la PEA (casi uno de cada cinco trabajadores informales). En términos netos, sólo el 0.32 % del total de la PEA se trasladó del sector informal al formal. Entre los datos hallados por Calderon-Madrid, se puede destacar que la probabilidad de abandonar el sector formal disminuye para los trabajadores con educación mayor a la elemental (6 años), reduciéndose notablemente para los trabajadores con educación secundaria (9 años), bachillerato (12 años) y formación técnica. En el caso del sector informal y de los autoempleados, las personas con educación formal permanecen menos tiempo en estos estatus. La probabilidad de no permanecer en un trabajo del sector formal se incrementa al trabajar en una empresa con menos de 15 empleados. Un trabajador que sale del sector formal tiene un 25 % de probabilidad de convertirse en autoempleado.

El autor considera que la duración media de permanencia en un empleo en México es baja en comparación con las observadas en los países de la OECD. Uno de cada cuatro trabajadores del sector formal urbano permanece menos de dos años en su empleo y uno de cada dos en el sector informal. Asimismo, el 25 % de asalariados informales no ha durado más de seis meses en su puesto de trabajo. Los trabajadores que han permanecido más de diez años en el mismo trabajo en el sector formal representan el doble de los del sector informal. La duración mediana en los puestos de trabajo formales son de cuatro años mientras que en los informales son de dos.

El debate entre Maloney y Calderón sobre la condición del mercado de trabajo mexicano, no escapa al debate conceptual sobre los criterios de delimitación del sector informal y su composición. De hecho, cada uno utiliza criterios distintos para determinar el sector informal. Por una parte, Calderón utiliza el criterio de la seguridad social para definir los trabajadores informales. Para Maloney el sector informal está constituido por todos aquellos patrones o trabajadores que carecen de seguridad social y que además laboran en establecimientos con menos de 16 empleados. Asimismo, utiliza alternativamente el criterio de tamaño de empresa para considerar como informales a los trabajadores empleados en empresas con 5 personas o menos.

En tal sentido, el debate sobre la segmentación que sostienen Calderón y Maloney parece estar cimentado en distintos criterios de determinación del sector informal, lo que obviamente conduce, desde un principio, al hallazgo de evidencias diferentes que

les llevará a conclusiones que pueden resultar opuestas o contradictorias, independientemente de los métodos estadísticos y de estimación que cada uno haya utilizado.

En ese sentido, la tarea inicial en esta investigación es la de establecer criterios firmes y claros sobre la delimitación del sector informal, que permitan constituir un esquema de segmentación que supere el concepto dual del mercado de trabajo y que determine con mayor exactitud los grupos de trabajadores. A partir de ahí, se podrán establecer los métodos de estimación más apropiados para analizar la segmentación laboral.