2. L A DEFINICIÓN DE CON TEXTO
2.2 D EFINICIONES DE T EXTO
Sin duda la definición de texto es tan compleja como la de con-texto. Proveniente de la raíz latina textus se define simple y llanamente como un conjunto de enunciados ordenados y sistematizados que transmiten un mensaje y que pueden ser orales o escritos. La palabra texto casi siempre evoca a un libro o un escrito producido con la intención de decir algo para alguien. Un texto interconecta palabras, enunciados, oraciones, párrafos, ideas, discursos.
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Lingüísticamente, texto es definido como un sistema de relaciones intratextuales en su vinculación con la realidad. “Texto: sistema de relaciones intratextuales en su vinculación con la realidad extratextual […] el texto está visto como enunciado de conjuntos de enunciados, como opuesto a discurso. El texto es un organismo, cada uno de cuyos elementos condiciona a otros y se confronta con ellos produciendo así su coherencia en cada nivel. Todo texto, además contiene explícitas o no las marcas necesarias para su comprensión” (Beristáin: 2001; 1490-492).
El texto como entramado intertextual y extratextual se refiere a una complejidad de relaciones que dan significado interno y externo al discurso textual. La intertextualidad delinea la conexión de las unidades internas del texto, es el grado de coherencia estructural de los elementos que constituyen el significado del texto de lo que el autor dice sobre eso. La categoría de lo extratextual puede verse como la interpretación inferida de aquellos elementos discursivos implícitos en el texto. Es una interpretación del significado que un lector hace de lo que quiso decir el autor o de eso que se dice de manera reiterada o de aquello que no está presente explícitamente.
Esta perspectiva estructural del texto no da toda la posibilidad de la comprensión del texto como tejido histórico. El texto que se quiere comprender es el texto histórico que se comprende como interpelación como modo de acontecimiento. Los textos deberían ser leídos como objetos, como monumentos indicativos o determinados de una realidad históricamente pertinente.
Pensar de esta manera al texto es elevarlo al nivel de comprensión teórica mucho más compleja de lo que lo hace la lingüística o la semiótica. La hermenéutica aproxima a una interpretación comprensiva del texto, en tanto que asume a éste como un objeto de comprensión.
Es cierto que desde la perspectiva hermenéutica se pueden encontrar definiciones interesantes para el texto, pero tal definición es incomprensible sin la noción de con-texto, pues texto y con-texto en la hermenéutica son elementos inmanentes, pues uno y otro se contienen a sí mismos. La verdadera comprensión de un texto no es tal sin la existencia del con-texto.
El texto para Gadamer (1998) es la lectura comprensiva de un texto literario. Es el proceso de comprensión que se suscita del diálogo para revelar el verdadero sentido del texto. Se trata de una lectura de la interioridad del texto. El sentido de la interpretación del texto, dice Gadamer, se desarrolla en el diálogo comprensivo.
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En este sentido la labor de interpretación y comprensión son distintas. En la lingüística se asume que la interpretación extralingüística del texto está en lo que el autor quiso decir, en otras palabras se trata de una lectura del texto que procura la realización de la interiorización del texto, la función interpretativa de la lingüística se supera con la comprensión del verdadero sentido del texto porque no se busca lo que el texto dice o lo que el autor dice que dice de su texto, sino el texto es un texto que en la propia lectura se va constituyendo a sí mismo, en la lectura-escritura-comprensión el texto va revelando lo que ha de ser comprendido, porque es durante la lectura que se abren los secretos de la estructura textual.
La operación de la interpretación parece ser: lector-texto-autor-comprensión. El texto ya no es lo que al inicio de la lectura era porque se ha retornado a sí mismo para revelar los secretos que yacen escondidos en la obscuridad de su estructura, y es con la luz de la comprensión que sus estructuras se vuelven cristalinas, se hacen visibles a la luz de quien detenta la comprensión.
El texto para Paul Ricoeur es “aquello que apunta a lo que ya no es sólo texto sino mundo vivible. El texto filosófico es ofrecido como objeto significativo que se da a leer no para dejarse ver sino para dejar ver a través de sí mismo lo que es él mismo, es decir, aquello que está más allá de su propia textura”. (Ricoeur citado por Peñalver; 2005: 67)
El mundo es un texto que se puede leer y por tanto comprender. El texto no es sólo lo que está escrito en un libro. Un texto puede ser también las condiciones o realidades que acaecen en un mundo susceptible de delimitarse en un tiempo y espacio específico. Lo que se interpreta en un texto no es lo que el autor trata de decir, sino lo que el texto dice cuando el lector-autor lo hace hablar. Peñalver diría (2005) que se trata de una comprensión hermenéutica que apunta a restituir la intención del autor detrás del texto.
La opacidad del texto es removida al tiempo que la luz de la comprensión lo ilumina. Se renueva la mirada del que comprende porque se da cuenta que hay dentro del texto elementos implícitos, cosas ocultas que dicen más que lo que está explícitamente. “El texto puede ser un cristal en la medida que como cristal es aquel que desea agotarse en ser mediación y perspectiva de ese más allá al que se accede a través de su transparente textura”. (Peñalver; 2005)
Ya lo había advertido Ricoeur que “los textos deben tomarse como síntomas de pensamientos inquietos, como un entretejido con interioridad opaca propia que esconde secretos, que trata de decir cosas que sólo salen por la luz de la comprensión. Un texto no es de ninguna manera un encadenamiento de signos clausurados, por el contrario es una
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encadenamiento de signos siempre abiertos a la comprensión”. (Ricoeur citado por Peñalver; 2005: 67)
Por eso es que la idea de texto en Ricoeur se dirige al texto como un objeto vivible, porque en él habitan múltiples posibilidades de existencia y experiencia. El texto es ofrecido como objeto significativo que se da a leer no para dejarse ver sino para dejar ver a través de sí mismo lo que es él mismo. Es comprensible que el texto enmudezca porque no quiere poner obstáculos. El silencio del texto es signo de la apertura de su interioridad, es decir que muestra el sendero hacia lo que está más allá de su propia textura.