Reparación más allá de la
II. 1 Daño en el Individuo
Esta subcategoría está referida a cómo afectó la prisión política a cada entrevistado emocional o psicológicamente. Todos los entrevistados reconocen en su relato haber sido dañados por esta experiencia. Cabe mencionar, que seis de ellos presentan cierta dificultad para reconocer este daño y algunos logran reconocerlo aludiendo a sintomatología concreta que han presentado a lo largo de su vida. Además, el daño en el individuo se caracteriza mayoritariamente como un daño privatizado.
II.1.a.- Reconocimiento del Propio Daño
Los entrevistados logran reconocer el daño en las vivencias posteriores a la prisión afectando su ciclo vital. La prisión política para la mayoría de nuestros entrevistados, causa un sufrimiento que ha acompañado sus vidas desde que la vivencian hasta la actualidad: “…es una marca que queda, es indeleble o sea nunca se te va a borrar, nunca te va a dejar de provocar eee, pánico mencionarlo…”. E8, Pg. 1.
Así, quien sufre la prisión política siente que ha sido afectado en el desarrollo de sus potencialidades y proyectos, luego de esta experiencia todo lo que pudo ser ha sido truncado. La vivencia de la prisión política genera entonces, la sensación de corte, de interrupción del ciclo vital: “…destruyó mi vida, destruyó mi vida, así de simple por que yo era una persona que tenía capacidades podría haber logrado muchas cosas, pero se me cerraron todas las puertas…”. E11, Pg. 2. “…Nuestra generación es una generación que no logró, todavía no logra digamos constituirse esa vuelta que da la vida o sea nacer, criarte, educarte, tener familia, esposa, nietos, morir, que se yo el círculo, el ciclo de la vida no se genera con nosotros, a nosotros se nos corta esa situación.” E3, Pg. 5.
Por otra parte, siendo un daño que los acompaña hasta la actualidad, algunos de los entrevistados refieren periodos de tiempo en que el sufrimiento se hace más patente, manifestándose con mayor fuerza y pudiendo generar crisis en sus vidas: “…yo marco como tres etapas complicadas, la primera detención, la crisis después de varios meses, me recupero, después hay otras entre medio; después cuando me detienen de nuevo el año 92, 91 en tiempos de democracia ahí me vengo abajo de nuevo…” E7, Pg. 2, 3.
II.1.b.-Dificultad para Reconocer el Propio Daño.
Cuatro de los entrevistados manifiestan cierta dificultad para reconocer el daño en sí, tres de ellos dan cuenta de un proceso gradual de asunción de éste. El reconocer que han sido dañados no es un proceso fácil, es un proceso complejo y lento, pues implica asumirse derrotado y quebrantado: “…antes era como súper hombre, costaba asumir de que lo habían caga’o (…) en realidad no me pueden cagar por que yo estuve 7 días, y siempre fue como el discurso inconsciente: no, hay que seguir luchando…” E7, Pg. 2.
Así, los aspectos del sí mismo dañados son difíciles de asumir e implican un proceso doloroso. En este sentido, un entrevistado aun desea superar la experiencia de la prisión negándola o llevándola al olvido: “…Creo haber tenido superada la situación
aunque a veces me acuerdo de, como que me molesta el hecho, pero le hago harto empeño a tenerla definitivamente superada, pero no sé, como que no me gusta acordarme de la situación…”. E6, Pg. 11.
II.1.c.- Manifestaciones Clínicas
Los entrevistados relatan las vivencias posteriores a la prisión dando cuenta de algunas manifestaciones clínicas del daño. Existen entonces vivencias de estados depresivos, alcoholismo, aislamiento, embotamieto afectivo, daños en la memoria, sintomatología paranoide, trastornos del sueño, etc.
Dos de los entrevistados dan cuenta de bloqueos y lagunas en su memoria, lo que a su vez les causa angustia ya sea por que aparecen como imágenes intrusas (sueños, flash backs, imágenes de documentales, etc), o porque no les permiten reconstruir periodos de su propia historia: “...después de haber salido de la cárcel (…) se me producen lagunas cototas, no, no logro de repente tener los timing adecuados de cómo pasan…”. E8, Pg. 4.; “Entendiendo que iba a ser muy duro digamos recordarlo, nosotros muchas veces nos bloqueamos…esa parte se cierra… y se deja ahí no se tocan o sea ahí cuando pasan esos famosos documentales…innecesariamente vuelven a la realidad muchas cosas”. E3, Pg. 3.
Así mismo, dos entrevistados mencionan aun hoy, tener la sensación de que son perseguidos, esto exige que el afectado esté constantemente en alerta, con temor y desconfianza de ser aprehendido nuevamente: “Todavía tengo una sensación de que me persiguen (…), me doy cuenta que tengo la tendencia a mirar mucho por los espejos retrovisores, es una cosa que no me la he podido sacar (...) de repente tengo como una sensación de haber hecho algo y de que voy a ser preso (…) me produce una inquietud así pero tremenda (…) parece que no he logrado olvidar eso de la persecución”. E5, Pg. 4.
Otra de las manifestaciones clínicas frecuentes que la prisión política trajo como consecuencia, son los trastornos de sueño que continúan hasta hoy: “…yo no he dormido bien desde el año 82, no tengo etapas que me pueda acordar: ¡ah duermo bien y descanso!, o sea siempre con pesadillas”. E7, Pg. 3
II.1.d.-
Privatización del Daño
Algunos de los entrevistados han vivenciado el sufrimiento y daño causado por la prisión política como privado y como un sufrimiento que deben enfrentar solos. En gran parte de los casos utilizan el silencio en torno a la experiencia como práctica común. Para algunos, esto tendrá que ver con la imposibilidad de verbalizar su vivencia y a su vez, con la idea de que nadie, a menos que viva la tortura, podrá comprender su padecimiento: “El tema de la tortura…es algo que se lleva muy dentro, yo creo que se va a llevar hasta que uno muera…o sea cuesta mucho sacarlo de adentro y con todos los estudios que se hagan yo creo que no se va a llegar a la profundidad de lo que fue realmente”. E3, Pg. 11.
Lo anterior, implicó que la mayoría de los entrevistados llevaran un camino de padecimiento solitario, pues no comparten su experiencia con sus parejas, padres, etc:
“…Me reservé mucho lo que pasó ahí, que fue parece práctica de todos los presos, no decírselo a los hijos, a la mujer…”. E6, Pg. 3. ;
Es una vivencia difícilmente comunicable, el ex preso cree que el no compartir esta experiencia con sus seres queridos, es decir el silenciarla, le permitirá protegerlos. Así mismo, algunos prefieren asumir las consecuencias relacionales causadas por este hermetismo a abrir este núcleo de silencio: “…yo no le contaba ni a mi señora ni a nadie, o sea con el delirio de persecución súper fuerte, sin contarle a nadie. Entonces, ahí empezaron los rollos de mi señora (…) pasándose ella cualquier película con la relación de pareja, hasta que llegó el minuto que conversamos y le cuento que era asunto mío, que no tenía que ver con ella, que tenía que solucionarlo yo…”. E7, Pg. 4.;
“…a estas alturas mis papás no saben el tipo de tortura que yo tuve, nunca lo he conversado con ellos. Era una manera como de proteger (…) a los 16 años estuve 3 meses desaparecida, lo que pasé, todo lo que pasaron ellos (…) traté de evitarlo en lo posible, que no supiera nadie más todo lo que yo había vivido adentro, nunca se lo he dicho (…) encuentro que no aportaría en nada a la vida nuestra que ellos supieran …”. E9, Pg.8.
Además de proteger a los seres queridos, el silenciar esta experiencia cumplía una función protectora ante el estigma con que cargaban los presos políticos: “…tú sabes que en ese tiempo no se podía hablar, tú ibas en la micro y tenías que irte calladita, porque si no podía venir uno…” E10, Pg. 17; Durante la dictadura, la 73
mayoría de los presos políticos intentó ocultar esta experiencia para no ser rechazado, discriminado, e incluso perseguido: “… durante esos tiempos (…) uno no conversó… en el tiempo de la dictadura nunca, porque no se podía decir preso político era una vergüenza, porque preso político significaba terrorista, asesino…” E9, Pg. 14.