Reparación más allá de la
VII.- DISCUSIÓN Y CONCLUSIONES:
La prisión política, la tortura y las diferentes formas de represión fueron parte de una política de Estado en Chile que caracterizó a la dictadura militar entre 1973 y 1990. Posteriormente, en el transcurso de los gobiernos de la transición, 1990 a 2007-08, han existido diferentes iniciativas tendientes a aproximarse desde “lo posible” al reconocimiento oficial de verdades ocultas y desplegar medidas reparatorias; son ejemplo de ello: el Informe Rettig, La Mesa de Dialogo y el Informe de la Comisión Nacional Sobre Prisión Política y Tortura, llamado informe Valech.
El presente estudio se centró en las vivencias de un grupo de ex presos políticos, respecto de las medidas reparatorias emanadas del informe Valech. Considerando el testimonio de los entrevistados, se pudo apreciar en general, que los múltiples daños que afectan al ex preso político y su familia se traducen en condiciones adversas para el disfrute de esferas vitales como: el desarrollo de sus potencialidades y proyectos personales, el goce de la vida familiar, del trabajo y la seguridad económica asociada a él. Estas consecuencias se prolongan en el tiempo ampliando la magnitud del daño y se configuran como un conjunto de pérdidas irrecuperables. Esto ya ha sido confirmado por otros autores tales como Rojas (1990), Lira y Weinstein (1992), Kordon (1993), Becker, Castillo, Gómez y Kovalskys y Lira (1988). De otra parte, y como plantea Lira (1996), la reparación se realiza desde un contexto donde las experiencias de vida están marcadas por un daño irreparable.
Respecto de lo particular, de cómo han vivenciado un grupo de ex presos políticos la implementación de las medidas reparatorias, los testimonios de la investigación dan cuenta de vivencias diversas y particulares a cada uno de ellos. De esta forma, los entrevistados integran en su vivencia tanto aspectos positivos como negativos, existiendo similitudes que nos permiten agruparlas:
Mayoritariamente se observa que se gatillan procesos de retraumatización, vivencias de insuficiencia y en menor proporción vivencias positivas como se muestra en el cuadro a continuación.
Cuadro 1.
En efecto los resultados de la investigación apuntan primero a una vivencia de retraumatización. De acuerdo a lo que afirman Pastrana y Venegas (2001), esta vivencia hace referencia a una re-experimentación de dolor asociado a la experiencia represiva; lo que se traduce en la reactivación de sintomatología y en el revivir emociones y sentimientos displacenteros. Esta re-experimentación retraumatizante, es generada por condiciones socio-históricas, en este caso por la implementación de las medidas, las cuales son significadas por los entrevistados como una nueva agresión.
Para ellos, la retraumatización es gatillada, entre otros, por el énfasis que hace el Estado en el monto de la indemnización (monto que a su vez consideran mínimo e injusto) y por la intención de cierre de los procesos de Derechos Humanos, lo que significan como una nueva agresión, la cual es constante y cotidiana y que genera además, la vivencia de sentimientos de injusticia, humillación, vergüenza, rabia e indignación, entre otros.
Vivencia asociada a las medidas implementadas Reactivación de sintomatología paranoide, ansioso-depresiva, pesadillas. Sentimientos negativos de injusticia, humillación, vergüenza, rabia, indignación
• Insuficiencia de Prais.
• Falta de Difusión e Información
• Escasa Cobertura.
• Desfase entre las medidas y la Población que se pretende reparar.
• Reconocimiento Estatal de la Prisión Política y la Tortura.
• Valoración Positiva de Prais.
• Valoración Positiva de la posibilidad de Retomar Estudios
Dañ os i rrep ar ab les - i m po si bi lid ad d e r ep ar ar Retraumatización Insuficiencia de las medidas Vivencias positivas 99
Segundo, las medidas implementadas en su conjunto, son percibidas por los entrevistados como insuficientes, es decir que no alcanzan su fin último, la reparación. Una dificultad importante de estas medidas, señalada por los entrevistados, es su desfase, es decir, entre lo que este grupo esperaba como reparación y lo que finalmente fue implementado por el Estado:
Ello se refiere por una parte, a la realidad psicosocial que han experimentado los ex presos políticos; población que durante años ha vivido una potente estigmatización, que ha envejecido y que en su mayoría ha enfrentado graves dificultades económicas que no han sido reparadas. Y por otra parte, a las expectativas frustradas de una reparación moral, dada la ausencia de esta forma de reparación en las medidas implementadas por el Estado.
También para los entrevistados las medidas reparatorias resultan insuficientes, por la precariedad de su implementación, manifestada en la falta de difusión e información sobre ellas, y así mismo por la mínima población que estas cubren. Esta vivencia de insuficiencia con las medidas reparatorias está determinada también, por el beneficio de gratuidad en el sistema público de salud, el cual dista mucho de tener un funcionamiento óptimo. El beneficiario queda expuesto a largas listas de espera, en el mejor de los casos, o al desconocimiento que los funcionarios públicos han mostrado de este beneficio para los usuarios Prais.
De esta forma y en general, las personas afectadas por situaciones represivas consideran, en el presente estudio, que la reparación fue pensada desde su diseño hasta su implementación, sin considerar la realidad ni los significados del grupo que se pretendía reparar.
Sin embargo, existen aspectos de la reparación estatal vivenciados satisfactoriamente. Ello tiene relación con el reconocimiento por parte del Estado de que existió la prisión política y la tortura como políticas represivas. Se considera en el presente estudio, que esto viene a legitimar la vivencia por tantos años negada y silenciada socialmente, generando un alivio en los entrevistados, a la vez que gatilla respuestas espontáneas de acogida y solidaridad en quienes no siendo afectados directos, son impactados por la publicación de esta verdad, hoy oficial.
Otro elemento a destacar, que se enmarca dentro de las vivencias satisfactorias, alude a que quienes han tenido el privilegio de participar en un proceso psicoterapéutico en el programa Prais evalúan muy positivamente esta posibilidad1, observándose en ellos una significativa sensación de bienestar. Los elementos que caracterizan este espacio según los entrevistados son: la posibilidad de recuperar la confianza en otros, de resocializar el daño que por años se ha mantenido privatizado y a su vez, la posibilidad de encontrar la contención y solidaridad necesarias para apaciguar su dolor. Estas actividades de reparación han sido diseñadas en el programa Prais, como instancias grupales y de esa manera se han transformado en grupos de auto ayuda psicoterapéutica.
No es difícil comprender entonces, que la psicoterapia grupal se constituye como un espacio privilegiado, en efecto, como plantean Becker y Kovalskys (1987), es donde el otro escucha, solidariza, contiene. De esta forma, el vivenciar un proceso psicoterapéutico acompañado de otro que comparte su sufrimiento, potencia los procesos individuales avanzando hacia el bienestar tanto del individuo como del grupo, siendo la alteridad un elemento que facilita la reparación.
Cabe destacar en este sentido, que en las vivencias pasadas y/o actuales (no estatales), que los entrevistados significan como reparatorias también se encuentra este elemento de alteridad. De esta forma, ellos destacan espacios que se caracterizan por el encuentro con otro con el cual se organizan y fundamentan su acción en la solidaridad.
Sin embargo, en las vivencias positivas asociadas al programa Prais y considerando lo significativo que esto ha sido en la vivencia de los entrevistados, cabe mencionar dos importantes limitaciones: un muy pequeño porcentaje de la población de ex presos puede acceder a este servicio2; y como ya hemos dicho, existen limites para la elaboración del trauma en psicoterapia dado su origen social, en efecto, como afirma Martín-Baró (1990), si el trauma es social, si afecta no solo al individuo, sino a toda la sociedad, es ahí donde debe comprenderse y solucionarse. De esta forma la psicoterapia en el programa Prais sigue siendo un espacio privado que no permite más que una elaboración parcial del trauma.
1
Cabe mencionar que quienes reportan esta vivencia positiva (5 entrevistados) tienen la particularidad de pertenecer al Prais Occidente, el cual cuenta con equipo multidisciplinario especializado. Esto es Secretaria, Asistente Social, Psicólogos, Psiquiatra y Médico familiar.
2 Del total de ex presos políticos, aproximadamente un 10% ha sido reconocido por la comisión Valech;
de este porcentaje una proporción mucho menor accede a los servicios de Prais.
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En este sentido, el reconocimiento de la prisión y la tortura, como una medida que ayuda a desprivatizar el daño generando alivio en algunos de los entrevistados, si bien quita del silencio y la negación a la experiencia de la prisión política y la tortura, se da como un corte en el tiempo sin lograr una comprensión en la sociedad de lo que significó la vivencia de la prisión política.
De esta manera como plantean Becker, Castillo y Díaz, (1991) la sociedad permanece como espectador pasivo de la implementación de las medidas, no se generan espacios de contención y solidaridad ni menos nos reconocemos como una sociedad dañada pues no se realiza una elaboración histórico social. Con la ausencia de un proceso de reparación social, el daño se instala otra vez en los afectados directos como sus únicos contenedores, generándose así una nueva marginalidad y profundizando la traumatización ocurrida.
No obstante y en la medida en que el Estado trata la vivencia de la prisión política, la tortura y las diferentes formas de represión aisladamente y aborda el tema de la reparación desde una perspectiva desintegrada, genera en los entrevistados una sensación de compromiso parcial con su vivencia y con la reparación que se les debe.
Este compromiso parcial, se advierte con la convocatoria a prestar testimonio para calificar a la población de ex presos políticos. De acuerdo a esta investigación, uno de los principales problemas que presenta la implementación de las medidas reparatorias radica en su escasa cobertura, especialmente en lo que a salud mental se refiere. Cabe preguntarse entonces ¿en que medida el Estado se hace cargo de los procesos que se abren luego de prestar testimonio ante la comisión Valech?.
He dicho que la prisión política y la tortura han sido una realidad negada por años, y que para gran parte de esta población el sufrimiento ha sido un camino solitario caracterizado por la privatización del daño. El prestar testimonio significó para muchos hablar por primera vez, del sufrimiento causado por la prisión política y la tortura, surgiendo contenidos dolorosos, traumáticos que difícilmente han podido ser manejados por los afectados sin un apoyo terapéutico especializado, que en este caso no ha sido garantizado por el Estado.
Por otra parte, ante las recientes medidas implementadas por el gobierno para reparar el daño que sufren los afectados por la prisión política y la tortura hemos conocido desde la voz de los protagonistas, cual ha sido su vivencia con ellas. Ligado a lo anterior y también como fortaleza, destaca el recoger el testimonio del entrevistado, mostrando emociones y sentimientos que dan fuerza a nuestra investigación.
Sin embargo, el hecho de abordar el estudio de la vivencia de las medidas reparatorias estatales en una etapa de implementación que ha sido lenta en estos años, implica que los beneficiarios aun no perciben efectivamente alguna de las medidas, sumándose a esto la problemática de desinformación asociada ya descrita.
Referente a todo lo anteriormente expuesto existe una idea bastante arraigada según la cual existe una intrínseca contradicción entre la paz y la justicia en contextos de posconflicto. Sin embargo, incluso reconociendo una tensión vigente entre los aspectos que caracterizan a la paz entendida en sentido negativo (como ausencia de violencia directa) y aquellos que se refieren a la paz en sentido positivo (como ausencia de violencia estructural) no parece que dicha tensión sea insuperable teniendo en cuenta que ni el concepto de paz ni el de justicia son conceptos monolíticos como se conciben habitualmente. Aunque la consecución de la paz en su sentido negativo y el cese de la violencia pueda parecer en ocasiones incompatible con los requisitos que implica un proceso de justicia, el sentido positivo de paz por el cual atraviesa todo proceso de reconciliación presupone en buena parte el desarrollo de ciertos mecanismos de justicia, por lo que ambas nociones no son finalmente del todo incompatibles. En otras palabras, el camino que va desde la paz negativa hasta la paz positiva pasa precisamente por la necesidad de administrar de una manera u otra cierto nivel de justicia.
Es en este camino donde adquiere protagonismo el proceso de reconciliación a través del cual, y siguiendo el enfoque de Rama Mani, justicia ha de ser vista como una idea multidimensional que abre el espacio a dicha reconciliación a través de diferentes mecanismos como los que hemosexaminado a lo largo de este trabajo.
El uso que se haga de estas medidas dependerá de la capacidad institucional y de la naturaleza social del país en cuestión. Además, para que el proceso de reconciliación sea posible deben darse varias condiciones: en primer lugar la sociedad afectada debe aceptar y legitimar el estado de derecho que sigue al periodo de violencia, debe existir además una mínima correlación de las versiones acerca de lo sucedido que permita a las
comisiones de la verdad y a los tribunales desarrollar sus mecanismos de justicia correctiva. Por último, debe producirse la superación de desigualdades a través de procesos de compensación, reparación y ajustes estructurales que permitan a la justicia distributiva desarrollarse plenamente.
Como hemos visto anteriormente, las exigencias y efectos de ciertos mecanismos de justicia no apoyan necesariamente al proceso de reconciliación, al contrario, en ocasiones se convierten en dificultades o verdaderos obstáculos para la misma.
Los efectos de cada mecanismo son ambiguos. Dependen de la legitimidad otorgada por la población afectada o de las necesidades y circunstancias de cada situación en concreto. Podemos sostener por tanto que ningún tipo de justicia es capaz de promover un proceso de reconciliación por sí mismo. Habitualmente, como señalaban los casos históricos antes mencionados, la implantación de un mecanismo ya sea legal, correctivo o distributivo, puede llegar a significar un elemento perturbador para la estabilidad futura, todo depende del carácter de su implantación.
No es fácil calcular hasta que punto es conveniente para la estabilidad de una nación que acaba de salir de un periodo de guerra o violencia política aplicar inmediatamente los mecanismos de justicia que habitualmente durante un periodo estable se aplicarían. Incluso reconociendo que la justicia es un elemento crucial en todo proceso de reconciliación, su aplicación concreta puede ser parcialmente perjudicial si no se miden bien sus efectos sobre la estabilidad nacional alcanzada. Lo mismo ocurre con la revelación de la verdad, la cual siendo una demanda absolutamente legítima e incluso necesaria, puede traer en ocasiones consecuencias tales como la reapertura de heridas y la proliferación de actitudes de venganza.
Para alcanzar un estado de reconciliación a nivel individual, nacional e internacional es necesario efectuar una apropiada combinación entre el conocimiento de la verdad y la asunción de responsabilidades que implica cierta rendición de cuentas.
Este es en conclusión el dilema implícito en el debate en torno a cuestiones de justicia y reconciliación. Tal debate se refiere a la controvertida relación que existe entre el objetivo a corto plazo de acabar con la violencia y el objetivo a largo plazo de garantizar la paz estable y duradera en sociedades rotas. La reconciliación es claramente un objetivo a largo plazo que ni puede verse forzado ni se alcanza con facilidad e inmediatez, así que cualquier mecanismo de justicia que pretenda lograr este objetivo debe adaptar sus características a los requisitos del proceso reconciliador.
Por otro lado, dado que estamos frente a un trauma psicosocial, generado y mantenido por unas determinadas relaciones y estructuras sociopolíticas, la reparación no puede limitarse al ámbito individual, precisamente porque ésta involucra un
“procesamiento individual y social del trauma, implica un reconocimiento que permite a las víctimas dejar de ser marginales, y cuya verdad pueda ser integrada dentro de la verdad oficial compartida responsablemente por el conjunto de la sociedad” (González en Restovic, 2004, p 81).
Desde esta perspectiva, la reparación debe ampliarse, involucrando en esta tarea tanto a la sociedad como al Estado, pues los logros que se puedan alcanzar al interior del espacio terapéutico requieren inseparablemente de avances en la esfera sociopolítica chilena con respecto al reconocimiento, justicia y reparación de las violaciones a los Derechos Humanos. De lo contrario, seguiremos manteniéndonos en un contexto que constantemente retraumatiza a la población, impidiendo una reparación integral y efectiva para todos los/as chilenos/as.
Ante todo lo expuesto nos encontramos, entonces, con el desafío de abrir más y mejores espacios, tanto individuales como sociales, que faciliten los procesos elaborativos de las problemáticas señaladas y nos permitan avanzar en la reparación del daño que la represión dejó en nuestra sociedad. Por una parte, el Estado debiera asumir un mayor compromiso con respecto a los Derechos Humanos, invirtiendo mayores recursos y buscando de una manera más activa la verdad, teniendo una posición más clara y fuerte sobre el reconocimiento del daño y la justicia.
Al juicio de este tesista, la no inclusión de temáticas respecto de los Derechos Humanos como parte de la instrucción o curriculum de la educación estatal se relaciona directamente con el silencio social inducido por el Estado respecto del daño producido por el Régimen Militar y la consiguiente identificación alienada con este mandato por parte de la sociedad y las instituciones.
Como se ha podido apreciar a través de este estudio, se han realizado grandes avances desde Europa y Latinoamérica en la comprensión de las consecuencias de las catástrofes sociopolíticas; en nuestro país, varios autores han aportado a esta comprensión desde distintos ambitos, por lo que existe ya en Chile un amplio trabajo.
Una limitante alude a la exhaustividad de la información a la que pude acceder; por una parte, al estudiar un fenómeno que tiene importantes raíces en el ámbito
individual y familiar, el testimonio de los padres y/u otros familiares podría haber sido una contribución esencial a la investigación. Por otra parte, la desconfianza o resistencia de parte de algunos/as entrevistados/as al momento de profundizar en su historia y, sobretodo, en las relaciones y calidad de sus vínculos, dificultó el acceso a vivencias significativas que pueden hacer enriquecido los datos.
Finalmente, en él ámbito de los Derechos Humanos en Chile, considero que aún falta mucho por delante en términos de validación y justicia para los/as afectados/as y la sociedad chilena en su conjunto, pues muchos/as todavía no han sido reconocidos/as, no obstante, siguen formando parte de nuestro país e intentan mantener la memoria histórica viva.
En el ámbito judicial, se ha tendido a remitir la reparación a retribuciones económicas, dejando la tarea de la reparación subjetiva a los/as profesionales de la salud mental en desmedro del reconocimiento social; lo anterior constituye una amenaza para la índole dinámica de la sociedad misma pues al no reconocer el daño continuarán existiendo deudas sin saldar y dinámicas sociales y familiares que se perpetuarán de generación en generación.
Los intentos por olvidar la historia continúan marginando a quienes sufrieron las más crueles violaciones a sus Derechos Humanos, atribuyendo su insistencia por la búsqueda de la verdad y reparación a “venganzas” o distorsiones estructurales psíquicas que los determinan; el concepto de justicia y cómo éste provoca desequilibrios en los