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estrés porcino (SEP) comparten una misma base genética: ambos trastornos son, en parte, hereditarios. Varios estudios han revelado que la

predisposición genética sumada a una experiencia traumática aumentan las probabilidades de sufrir TEPT . Por ejemplo, un amplio estudio sobre

gemelos veteranos de Vietnam llevó a los investigadores a afirmar que «el TEPT tiene un gran componente genético». Del mismo modo, el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Asuntos Rurales de Ontario afirma que el desarrollo de SEP en cerdos es consecuencia de una combinación de factores genéticos y de estrés.7

A los lechones que nacen en confinamiento solo se les permite mamar durante dos o tres semanas y lo hacen a través de las barras de una jaula que los separa de la madre. Muchos mueren antes de que se les destete de enfermedades que van, desde la inanición a la diarrea. A veces, si el lechón consigue introducirse en la jaula de la madre, para satisfacer su necesidad instintiva de cercanía y calor, la madre le aplasta accidentalmente. Independientemente del motivo, las muertes de las crías son inevitables. Sencillamente, hay demasiados animales para que los trabajadores puedan cuidar de ellos adecuadamente. Una planta de cría porcina promedio emplea a unas quince personas para que se ocupen de tres mil cerdas.

Después del destete y durante seis meses, los cerdos jóvenes se hacinan en pocilgas, a menudo inmundas, de explotaciones porcinas de cría intensiva. Los edificios están saturados de gases pestilentes procedentes de los excrementos de los cerdos y el aire es denso debido al polvo y a los pelos en suspensión. Tanto los propios cerdos como las personas que trabajan en edificios de confinamiento porcino sufren enfermedades respiratorias crónicas y muchos cerdos mueren prematuramente debido a enfermedades pulmonares.

Cuando los cerdos están listos para el matadero, se los carga en camiones. Para ahorrar, se suben tantos cerdos como sea posible en el camión y el hacinamiento, así como el no recibir comida ni agua ni abrigo durante el trayecto, que puede durar más de veintiocho horas, provoca tasas de mortandad elevadas. Según The National Hog

Farmer, una publicación del sector, «la incidencia nacional registrada de cerdos

muertos a la llegada (MAL) [en 2007] fue del 0,21 por ciento… En base a veintidós estudios de campo comerciales, la tasa de cerdos no caídos (clasificados como

fatigados o heridos) antes de llegar a la báscula de pesado en la planta de despiece fue de un 0,37 por ciento. No hay cifras nacionales para cerdos no caídos».8

La investigadora agrícola Gail Eisnitz, que entrevistó a múltiples trabajadores de matadero, recibió esta explicación sobre el proceso de transporte:

Sea como sea, en el tráiler se pierden cerdos… Durante la época en la que trabajé en el muelle de descarga, cada día llegaban muchos cerdos muertos… Cuando bajan del camión, están duros como un trozo de hielo… Una vez fui a buscar cerdos para pasar por la sierra de una pila de treinta que se habían congelado y me encontré con dos [que estaban]… congelados, pero aún vivos… Supe que estaban vivos porque levantaron la cabeza, como pidiendo ayuda… Cogí el hacha y los descuarticé.9

Se traslada a los cerdos que sobreviven al viaje a pocilgas de tránsito, hasta que los matan. Cuando llega el momento, se les empuja a lo largo de un pasillo estrecho, por el que avanzan en fila india hasta el punto de sacrificio. Los animales al final del pasillo oyen los chillidos de los cerdos que han pasado delante y que ya han llegado a la fila del matadero, además de los gritos de los trabajadores de la ruidosa línea de producción. Schlosser explica lo que vio al llegar a este punto de su visita: «El ruido es cada vez más atronador. Los ruidos de la fábrica, el de las herramientas eléctricas y la maquinaria, los estallidos de aire comprimido… Pasamos por unas viscosas escaleras de metal y llegamos a una pequeña plataforma, donde empieza el proceso de producción. Un hombre se giró hacia mí y me sonrió. Llevaba gafas de seguridad y casco. Tenía la cara salpicada de sangre y materia gris».10

No es en absoluto sorprendente que muchos cerdos se nieguen a avanzar. Tal como explicó uno de los trabajadores del matadero:

Cuando los cerdos huelen la sangre, no quieren avanzar. He visto golpear, azotar y patear la cabeza a cerdos para que avanzaran hasta el

retenedor. Una noche, vi a un conductor que se enfadó tanto con un cerdo que le rompió la espalda con un tablón de madera. He visto a conductores meterles la vara por el ano a los animales para hacer que avancen. Y no me gusta porque eso significa que, para cuando llegan a mi posición, están el doble de enloquecidos.11

Se supone que debe aturdirse y dejar inconscientes a los animales de cría antes de matarlos. Sin embargo, hay cerdos que aún siguen conscientes cuando se les cuelga boca abajo con grilletes y dan patadas e intentan escapar mientras avanzan a lo largo de la cinta transportadora hasta la zona de degüello. Debido a la velocidad a la que se supone que se debe aturdir y matar a los animales, y también porque los trabajadores suelen recibir una formación insuficiente, hay cerdos que sobreviven al degüello y que siguen vivos cuando llegan a la siguiente estación, donde se les sumerge en agua hirviendo para eliminar el pelo. Eisnitz describe cómo los trabajadores dejaban a cerdos vivos y chillando, colgados de una pierna, para irse a comer y que miles de cerdos eran sumergidos en agua hirviendo aún vivos. Y uno de los trabajadores a los que entrevistó le dijo: «Estos cerdos… llegan al agua y empiezan a chillar y a patalear. Algunos se revuelven tanto que salpican agua fuera del tanque… Hay un brazo rotatorio que los sumerge por mucho que se resistan, así que no tienen la menor probabilidad de escapar. No estoy seguro de si mueren quemados antes de ahogarse, pero tardan un par de minutos en dejar de patalear».12

Eisnitz también descubrió que el estrés que los trabajadores sufren al tener que pasar horas en una misma estación, para matar (o aturdir) a un cerdo cada cuatro segundos provocaba que atacaran violentamente a los animales. Un trabajador describió uno de estos incidentes:

Un día, los cerdos me estaban volviendo loco… [cuando] un animal te hace enfadar [aunque vayas a matarle]… Pero no te limitas a matarlo, hay que darle fuerte, empujar fuerte, golpearle en la tráquea, hacer que se ahogue en su propia sangre, romperle el hocico. Un cerdo, aún vivo, empezó a correr por la plataforma. Me miraba, así que saqué el cuchillo

*

y le rajé el ojo mientras él estaba ahí, sentado. Y empezó a gritar. Una vez, saqué el cuchillo, que está muy afilado, y le rebané el extremo de la nariz a un cerdo, como si fuera salami. Se volvió loco durante unos segundos. Y luego se quedó ahí quieto, como tonto. Así que cogí un puñado de sal y le froté la nariz. Entonces sí que se volvió loco, se frotaba la nariz contra todo… Aún me quedaba algo de sal en la mano (llevaba un guante de goma), así que se la metí por el trasero. No sabía si cagar o quedarse ciego.13

Las cerdas que se usan para criar también acaban en el matadero, pero antes han pasado la mayor parte de sus vidas en diminutas jaulas de metal, llamadas jaulas de gestación.*

Las jaulas de gestación se consideran tan inhumanas que se han prohibido en varios estados de EE. UU. y en varios países. La Unión Europea acordó eliminarlas por completo en 2013 y tanto Smithfield Foods como Maple Leaf Foods, los mayores productores porcinos de EE.UUy de Canadá,

respectivamente, afirmaron en 2007 que también las eliminarían. La presión de clientes como McDonald’s y Burger King les llevó a tomar esta decisión.

Tienen unas dimensiones de poco más de medio metro de ancho, demasiado pequeñas para que las cerdas ni siquiera puedan darse la vuelta y el suelo está cubierto de heces y de orina. Este confinamiento les provoca múltiples problemas, pero unas de las enfermedades más dolorosas que sufren son las infecciones del tracto urinario, que llegan a ser tan graves que pueden resultar fatales. Estas infecciones aparecen porque, cuando las cerdas se tienden en el suelo, quedan cubiertas de deshechos infectados de bacterias que entran en el tracto urinario. Cada cerda es fertilizada a la fuerza en ciclos rápidos de cinco o seis meses, hasta que pierde la capacidad reproductiva, momento en que se la sube a un camión en dirección al matadero.

«Quien define el problema controla el