CAPÍTULO 1: LAS AGRUPACIONES SECTORIALES TERRITORIALES (AST):
1.4. EL CONCEPTO DE DISTRITO INDUSTRIAL
1.4.1. Definiciones de distrito industrial
El distrito industrial se define como “una entidad socioterritorial caracterizada por la presencia simultánea activa, en un área territorial limitada desde el punto de vista natural e históricamente determinada, de una comunidad de personas y de una población
22
Becattini (2002:10) comenta que Marshall “se opone a la conclusión estándar según la cual el sistema de fábrica (factory system) con la concentración de todas las operaciones productivas en un mismo lugar y un elevado grado de integración vertical, sería sistemáticamente superior a los métodos de producción más dispersos en el territorio y menos integrados.”
23
Puede consultarse el texto de Becattini (2002) para una excelente introducción en castellano a la génesis de los distritos industriales contemporáneos y a la moderna teoría del distrito industrial.
de empresas industriales. En el distrito, a diferencia de lo que ocurre en otros ambientes (la ciudad manufacturera, por ejemplo), la comunidad y las empresas tienden, por así decir, a interrelacionarse mutuamente” (Becattini, 1989a:59). Dicha comunidad de personas comparte un sistema de valores y de puntos de vista comunes, los cuales se difunden a todo el distrito a través de las costumbres y el entramado institucional (mercados, empresas, escuelas profesionales, sindicatos, asociaciones de empresarios, etc.). Más concretamente, el distrito industrial se define como un sistema productivo localizado geográficamente, donde se ubican un gran número de empresas que se dedican a la elaboración, en sus distintas fases, de un producto homogéneo, formando un todo social y económico. Esto quiere decir que existe una estrecha interrelación entre las esferas social, política y económica; donde el funcionamiento de una de ellas está determinado por el funcionamiento y organización de las otras (Pyke y Sengenberger, 1993). Para Bellandi y Dei Ottati (2001) se trata de una entidad socioeconómica territorial caracterizada por la ubicación en un mismo territorio de un gran número de empresas especializadas (en una o en pocas fases del proceso económico-productivo de una industria o sector) y de una comunidad de personas que han interiorizado un sistema de valores y reglas de comportamiento que favorecen la competencia y la cooperación entre las empresas locales.
Por su parte, Rabelloti (1998) considera que un distrito industrial: a) es una agrupación de empresas, principalmente de pequeña y mediana dimensión, concentradas espacialmente y especializadas sectorialmente; b) unidas por un conjunto de vínculos hacia adelante y hacia atrás, basados en relaciones de mercado y extra mercado, para el intercambio de bienes, información y recursos humanos; c) con un entorno cultural y social común que vincula a los agentes económicos y permite la creación de códigos de comportamiento comunes, tanto explícitos como implícitos, y d) amparadas por una red de instituciones públicas y privadas locales de apoyo a las empresas.
Para Camisón y Molina (1996), puede considerarse el distrito industrial como una concentración de empresas en un ámbito geográficamente delimitado donde se realizan actividades productivas interrelacionadas, existe una inserción de las actividades económicas en el sistema social local, con un dominio de las pequeñas empresas, identificándose como una comunidad cognoscitiva donde los diferentes agentes comparten valores y creencias. Las relaciones que se establecen entre los
participantes son de carácter cooperativo y competitivo. Y existen una serie de instituciones externas a las empresas (asociaciones empresariales y agencias de política industrial) que juegan un papel activo en el desarrollo del sistema.
Los distritos industriales son definidos por Marshall (1923) como una concentración de empresas e industrias especializadas, localizadas en áreas geográficas particulares que, aprovechando la división del trabajo en fases productivas y especialización sectorial generada, logran alcanzar ventajas de escala frente a la producción de gran tamaño concentrada en una única unidad productiva. En la misma línea argumental, según Quintar y Gatto (1992), los distritos industriales son conjuntos de firmas industriales pequeñas y medianas con experiencias exitosas de desarrollo dinámico y altamente competitivo a nivel internacional, que logran armonizar eficiencia productiva en actividades tradicionales con innovación tecnológica y crecimiento de firmas y de empleo; evidenciando un desarrollo económico y social significativo en los últimos treinta años. Pero, además, los distritos no constituyen experiencias aisladas de pymes industriales, sino que se trata de experiencias organizativas socio-económicas comunitarias exitosas que les concede un rasgo claramente distintivo.
También puede identificarse el distrito industrial como un tipo determinado de colectividad de organizaciones: la colectividad aglomerada (Astley y Fombrun, 1983); la cual esta constituida por múltiples pequeñas empresas que compiten unas con otras, pero que ocupan un mismo nicho y comparten un mismo destino, donde la información es un recurso compartido que fluye entre todas las organizaciones.
Una definición en sentido amplio de los distritos industriales es la dada por Markusen (1996a), para quien se trata de áreas delimitadas espacial y dimensionalmente de actividades económicas orientadas al comercio, que poseen una especialización económica distintiva sobre la base de recursos, manufacturas o servicios.
El ingrediente clave de los distritos industriales es un complejo heterogéneo de empresas mutuamente interdependientes que compiten y cooperan. Su viabilidad a largo plazo depende de la capacidad del conjunto de empresas de minimizar costes y de innovar en los productos y servicios que elaboran. El resultado es que cada empresa depende de la existencia de las otras. También es importante la existencia de una base
institucional que establezca la identidad colectiva: sólo así se puede realizar la coordinación requerida para desarrollar la especialización y las habilidades precisas para adaptarse de forma continuada a los nuevos retos (Best, 1990). En el distrito industrial predominan las pequeñas y medianas empresas; Harrison (1994) enumera sus rasgos estilizados: sus propietarios y directores tienen un sentido de compartir intereses a largo plazo, existe una mutua confianza derivada de la contratación de negocios mutuos de forma repetitiva, la inserción dentro de unas enraizadas relaciones sociales locales y con la vida política y familiar, y la práctica reciprocidad entre todos los actores de la comunidad.
Beccatini (1989a) conceptualiza el distrito industrial como una entidad socio- territorial de producción y “de vida” donde se conjugan en forma relativamente indiferenciada aspectos económicos, sociales, históricos, éticos y culturales. Así, la interpenetración y la sinergia entre la actividad productiva y la vida cotidiana es un rasgo dominante y característico del distrito industrial en su funcionamiento. Este enfoque permite percibir que el desarrollo no tiene por qué estar concentrado en las grandes ciudades, sino que puede estar difuso en núcleos urbanos de distintas dimensiones (Becattini, 1979). El empresario, tanto individual como colectivo, juega un papel singular en los proceso de desarrollo del distrito industrial que lo convierten en el principal motor de crecimiento y cambio estructural, debido a su capacidad creativa y a su carácter innovador (Fua, 1983). Se concede, por tanto, un papel relevante a los aspectos sociológicos en el desarrollo y articulación de los distritos industriales.
Desde una perspectiva más centrada en los aspectos económicos, se define el distrito industrial como un gran complejo productivo de pequeñas empresas, en el que la coordinación entre las distintas fases del proceso productivo y el control de su funcionamiento regular no se lleva a cabo a través de reglas preestablecidas y/o mediante mecanismos jerarquizados, sino mediante la confianza de sanciones sociales impuestas por la comunidad. De esta manera, la proximidad territorial permite al sistema de empresas gozar prácticamente de una economía a gran escala ligada al complejo productivo, sin perder flexibilidad y adaptabilidad a las diversas coyunturas de mercado que se desprenden de su fragmentación (Quintar y Gatto, 1992).
Tal y como han señalado Crewe (1996), Russo (1997), Paniccia (1998) o Harrison (1992), la ventaja más importante de los distritos industriales reside no tanto en las economías de aglomeración como en la existencia de una comunidad de personas.24 El conocimiento mutuo, las relaciones comerciales continuas y la experiencia fomentan la confianza relacional (Harrison, 1992; Russo, 1997; Paniccia, 1998), y esta confianza relacional limita el oportunismo entre socios en el mercado comunitario del distrito industrial (Lorenz, 1992; Dei Ottati, 1994a; Foss y Koch, 1995). De hecho, la confianza relacional es fundamental para explicar el resultado neto más importante, la combinación paradójica de cooperación y competición en el distrito industrial (Harrison, 1992).