Marco teórico y empírico de la investigación
Capítulo 2 Marco conceptual: diversidad cultural,
2. La educación intercultural como respuesta a la diversidad cultural
2.1. Delimitación conceptual: educación multicultural vs educación intercultural
Las diferentes políticas educativas sobre la atención a la diversidad han llevado a que la respuesta e intervención educativa se haya realizado desde diferentes perspectivas y planteamientos (Cardona, Reig y Ribera, 2000). Del mismo modo, la producción bibliográfica sobre temas relacionados con diversidad cultural se ha articulado alrededor de enfoques diversos que han dado como resultado el uso de dos términos claramente relacionados y conexos, pero con significados un tanto diferentes. Estos dos términos son “multicultural” e “intercultural”. Como estos dos vocablos con frecuencia han tendido a solaparse y a confundirse, en las siguientes líneas se realiza una aclaración conceptual y semántica de los mismos.
El término “multicultural” implica un contexto, un escenario culturalmente diverso. En este caso, cuando se habla de una
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sociedad, mercado de trabajo u organización multicultural se está haciendo referencia a la existencia de personas procedentes de diversas culturas en ese entorno social u organizativo. Por otro lado, cuando se emplea el término “intercultural”, el concepto va más allá de la mera descripción del contexto y da nombre a las interacciones que las personas de diversas culturas establecen entre sí. De esta manera, lo “intercultural” implica un horizonte de diálogo y negociación, donde entender a otras culturas es indispensable para comprender la propia y donde a partir del conocimiento y respeto por lo propio, se construye la capacidad de conocimiento y respeto de lo diferente (De Santos, 2004). Para García Martínez (1998), el “multiculturalismo” es más americano, y el “interculturalismo” más europeo; el primero es más descriptivo o sociológico, en cuanto pretende reflejar una realidad pluricultural innegable, y el segundo es más prescriptivo o pedagógico.
El Consejo de Europa y los documentos emanados de organismos oficiales europeos durante las décadas de los ochenta y noventa han utilizado preferentemente el término intercultural cuando se ha tratado de plantear la educación en contextos plurales. Paralelamente, la palabra “multicultural” referida a la educación, ha ido adquiriendo una carga de valoración negativa, al plantearla con frecuencia en contraposición al término “intercultural”. Mientras la
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educación multicultural describe la formación recibida/impartida en contextos multiculturales, la educación intercultural define la acción pedagógica adoptada. La educación intercultural parte de un enfoque o proceso dinámico de naturaleza social, en el que los participantes son impulsados a ser conscientes de su interdependencia, por lo que además implica una filosofía, una política y un pensamiento que garantiza tal enfoque. Esta situación típica de Europa no puede transportarse a la literatura norteamericana ni anglosajona, donde el término intercultural no ha arraigado. En esos países, hablar de educación multicultural puede significar tanto adscribirse al modelo compensatorio, al pluralista, al que valora y promueve la diferencia cultural o al que apuesta por un planteamiento crítico y antirracista.
En los países de habla inglesa la expresión más común es “multicultural education” mientras que en los países europeos el término más utilizado es “education interculturelle”. Así, en España, resulta más coherente hablar de educación intercultural, ya que el prefijo “inter” hace referencia a la idea de intercambio, valoración y enriquecimiento mutuo entre las culturas en contacto. Por el contrario, el término multicultural no es tan preciso, ya que el prefijo “multi” hace referencia a la existencia en un lugar determinado de un cierto número de culturas diferentes que conviven, pero resaltando
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que dicha convivencia no implica, en principio, relación. Existen otros términos afines como educación multiétnica y, sobre todo, educación antirracista. Este término se emplea en los Estados Unidos, país en el que se habla directamente de educación antirracista o de multiculturalismo teórico, pero, sobre todo, se utiliza en Inglaterra e implica una concepción más beligerante sobre la función de la educación respecto a las relaciones que se producen entre los grupos étnicos en la vida cotidiana. Por ello, la preocupación de la educación antirracista no es crear en los alumnos actitudes de respeto y tolerancia hacia la diversidad cultural, sino ayudarles a descubrir el racismo social, a explorar los prejuicios y discriminaciones y a comprometerse en la erradicación de cualquier práctica racista en la vida escolar y social.
Atendiendo a las aportaciones de Fermoso (1992), la educación multicultural y la educación intercultural suelen tomarse como expresiones sinónimas y, sin embargo, presentan matices que las diferencian conceptualmente. Para este autor, lo multicultural se refiere a una situación dada, mientras que lo intercultural apunta ya a su solución, puesto que interrelaciona cultura con actitudes de mutuo conocimiento y aprecio por parte de las etnias que conviven en la escuela, como base de una comprensión y aceptación recíprocas. El concepto multicultural se refiere a la presencia en una sociedad de
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dos o más culturas mientras que, por el contrario, el término intercultural se emplea para designar la acción y la comunicación entre individuos, entre grupos, entre instituciones pertenecientes a culturas diferentes, o procedentes de culturas diferentes.
La educación multicultural nace de la preocupación pedagógica por la presencia en las escuelas de minorías étnicas o culturales, de tal modo que cuando la sociedad de acogida percibe la realidad multicultural como un problema para el mantenimiento de la cohesión social, empieza a diseñar programas que intenten mejorar las condiciones de escolarización, promuevan el respeto hacia la cultura de origen y consigan la integración de las minorías en la cultura de recepción (Alegret, 1992). La educación intercultural supone un paso más, una respuesta por parte de la escuela ante el aumento del alumnado procedente de otras culturas, y una atención pedagógica acorde con esta nueva realidad. En este contexto, la variedad cultural en las aulas se ha de entender como una invitación a elaborar currículos menos restrictivos, a poner en práctica métodos más diferenciados y creativos, a ejercer una actividad docente más reflexiva y comprometida y a desarrollar actitudes positivas en los alumnos hacia cualquier compañero “diferente”. No se trata de una moda más, ni de un conjunto de soluciones ante una situación social multicultural, a veces desconcertante, sino de una conquista
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pedagógica que, a partir de la circunstancia multicultural, pretende conseguir una educación más rica e integral. El objetivo principal de la educación intercultural es capacitar al alumnado para vivir y convivir de una manera armónica y enriquecedora en una sociedad multicultural, fortaleciendo una identidad cultural razonable y adoptando una actitud de abertura en relación con círculos culturales más amplios (Jordán, 2001: 7).
2.2. La educación intercultural y las declaraciones de principios